Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix?

Instituciones educativas relevantes en el siglo XIX – A pesar de todos los cambios que se estaban produciendo a nivel nacional e internacional, lo que se establecía en el papel a veces costaba que se viese plasmado en la realidad. Con esto no pretendemos generalizar, pues hubo instituciones, como ahora veremos, y personas que consiguieron llevar dichos aspectos a la práctica.

Pero hay que ser conscientes de que hablamos de experiencias minoritarias, muchas de ellas desconocidas porque es difícil conocer qué se hacía dentro de cada una de aquellas escuelas. Antes de que se promulgase la Ley Moyano, Pablo Montesino fundó la primera escuela de párvulos (1838), junto con la Sociedad para Propagar y Mejorar la Educación del Pueblo.

Montesino no solo pretendía instruir a los niños, sino también formar a los maestros de esta etapa quienes o carecían de formación o no tenían una formación adecuada. Para ello redactó el Manual para los maestros de escuelas de párvulos, Esto fue todo un hito, ya que los antecedentes de esta escuela son las «escuelas de amigas» donde mujeres sin formación o con una formación muy escasa enseñaban en sus casas, y a cambio de una módica remuneración, doctrina cristiana, escritura y lectura a niños y niñas (Diego, 2013).

Pero no solo la formación de los maestros de párvulos era escasa. No fue hasta el siglo XIX cuando se crearon las Escuelas Normales (1839), centros donde los futuros maestros de primaria cursaban Religión y Moral; Aritmética y Geometría; Lengua Castellana; Física; Historia Natural; Lectura; Escritura; Métodos de enseñanza y Pedagogía; entre otros.

Asignaturas centradas en los aspectos culturales y no tanto (o casi nada) en los pedagógicos, pues muchos eran antiguos alumnos de la educación primaria, por lo que tenían un nivel cultural muy pobre. En definitiva, sus funciones como maestros estribaban en «moralizar a los hijos de las capas más bajas de la sociedad» (Fernández-Soria, 2020, p.88). Instituto Lope de Vega, antigua Escuela Normal de Madrid. Fuente: Wikimedia, Referencias bibliográficas Diego Pérez, C. (2013). La con-formación de la profesión de maestro en educación infantil. Tabanque: Revista Pedagógica, 26, 55-70. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4754521 Fernández-Soria, J.M.

(2020). De aprendices a universitarios. La configuración del oficio de maestro. En E.S. Vila Merino e I. Grana Gil (coords.), Investigación educativa y cambio social (pp.83-103). Octaedro. Sevilla Merino, D. (2007). La Ley Moyano y el desarrollo de la educación en España. Hespérides: Anuario de investigaciones, 15, 625-640.

Autora: María Dolores Molina Poveda Cargo: Coordinadora académica de los Grados en Educación Infantil y Primaria Editor: Universidad Isabel I Burgos, España ISSN: 2659-5222
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¿Cómo era la escuela del siglo XIX?

Durante buena parte del siglo XIX, en México no hubo un sistema formal de enseñanza pública, por lo que esta quedó en manos de asociaciones de beneficencia y academias particulares nacionales o extranjeras. Tras obtener su independencia en 1821, México mantuvo parte de la estructura educativa de la época virreinal.
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¿Cómo era la pedagogia en el siglo 19?

PEDAGOGÍA IDEALISTA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX – 1801 – 1850 La filosofía idealista ha ejercido gran influencia en la teoría y práctica pedagógicas. Sin embargo, desde el siglo XIX, el idealismo ha ido declinando en influencia en educación. Los idealistas consideraban que el principal fin de la educación debe ser la búsqueda de las ideas verdaderas.
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¿Cómo es la escuela en el siglo XXI?

La educación del siglo XXI se centra en la personalización, la igualdad, la colaboración, la comunicación y las relaciones comunitarias, Estas habilidades son necesarias en una economía global que cambia rápidamente y los estudiantes se capacitarán para trabajos que aún no existen.
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¿Qué escuelas se construyeron en el siglo XIX?

Jesús Márquez Carrillo Centro de Estudios Universitarios Facultad de Filosofía y Letras Benemérita Universidad Autónoma de Puebla PRESENTACION A principios de los años setenta, los historiadores de México que pensaban acercarse a la historia de la educación con una lente innovadora tenían en su haber dos legados, uno que provenía del erudito historiador Joaquín García Icazbalceta y se remontaba a finales del siglo XIX y otro de los años cuarenta, proveniente de 1) etnólogos y antropólogos (Boas, Redfield, Gamio, Mendizábal) que buscaron aplicar conceptos sociológicos a los datos históricos, y 2) la filosofía historicista que se había dedicado a explorar la historia de las ideas y la vida de las instituciones coloniales desde un doble punto de vista, su especificidad jurídica y su funcionalidad social, política y económica. Sin embargo, fue en el campo de la sociología y las ciencias políticas donde comenzó a emerger la historiografía crítica de la educación, mientras -por otra parte- la universidad pública mexicana experimentaba un importante aumento demográfico, que condujo al surgimiento de la profesión académica. Una década más tarde, en los ochenta, la historia de la educación se convirtió en un campo de trabajo cultivado por un grupo heterogéneo de profesionales (filósofos, analistas políticos, pedagogos, químicos, antropólogos, abogados, sociólogos, economistas, psicólogos sociales, contadores públicos, etc.), influido de manera muy diversa por los desarrollos disciplinares de Europa y los Estados Unidos, a más de las inquietudes que manifestará la historiografía crítica de la educación. En esta medida, la historiografía tradicional de la educación centrada en la historia de: 1) las ideas y los pensadores preocupados por la educación; 2) las instituciones y los sistemas educativos en cuyo marco se habían puesto en práctica o desviado ciertos principios y, 3) la legislación y las políticas públicas que habían favorecido o mermado el desarrollo de las acciones -fundamentalmente estatales- en materia educativa, experimentó un lento tránsito hacia nuevos temas, problemas y enfoques.

Las cuestiones de quienes accedieron a la educación, cómo enseñaron los maestros y qué aprendieron los alumnos o cómo la institución escolar se relacionó con las estructuras más profundas y permanentes de la sociedad y la cultura -entre otras preguntas- le dieron sentido a una nueva forma de hacer historia, denominada, para diferenciarla de la anterior, historia social de la educación.

Hoy en nuestro país hay más de 25 instituciones que investigan o enseñan historia de la educación. Esto nos muestra su importancia, aunque quienes se dediquen a ella conformen un contingente con distintas trayectorias personales y posiciones desiguales en el establishment académico. La vitalidad del campo, sin embargo, no nos remite a la educación superior; la mayoría del cuerpo académico se ocupa de investigar o enseñar historia de la educación básica. Con excepción del Centro de Estudios sobre la Universidad, en ninguna otra parte del país hay un equipo de trabajo para impulsar la realización de investigaciones sobre la Universidad en todas las “facetas y elementos que constituyen su experiencia, su situación actual y su perspectiva.” A lo más, existen esfuerzos individuales que en cierto modo son apoyados institucionalmente, sobre todo cuando se avecina algún aniversario digno de memoria, hay el interés de respaldar la hechura de una tesis o surge algún proyecto temporal de investigación, De hecho, varios de los trabajos que han profundizado en el acontecer de la educación superior mexicana son tesis de grado. Frente a una visión uniforme del desarrollo de la educación superior -que suponía la permanente influencia del centro del país en los destinos educativos estatales-, ha comenzado a surgir un mundo mucho más complejo; el problema es que hoy sabemos más de ciertos procesos e instituciones, pero ignoramos la mayor parte del acontecer educativo mexicano; cuestiones como los de la periodización, el estudio de nuevos actores, el uso de nuevas fuentes o la historia de la vida cotidiana en los establecimientos apenas empiezan a tocarse.

  • El presente artículo se propone mostrar de manera sucinta la idea de educación superior que privó en México durante el siglo XIX y los niveles educativos en que ésta fue dividida.
  • Su base es la producción bibliográfica regional a que tuve acceso.
  • Me hubiera gustado salir del ámbito descriptivo y proponer un trabajo analítico de las instituciones, sus saberes y sus culturas.

Pero, falto de información, tiempo, dinero y fuerzas, recojo mis velas para ocasiones más benignas. EL CONCEPTO DE EDUCACION SUPERIOR Durante la época colonial los estudios menores o de “primeras letras” se impartieron en la casa del alumno con algún maestro contratado ex profeso o en escuelas de diversa índole (particulares, del clero secular y regular, del ayuntamiento o de sociedades filantrópicas en el último tercio del siglo XVIII), supervisadas en su mayoría por el cabildo civil, mediante el control que ejercía sobre el gremio de maestros. Pero, fuese en la casa o en la escuela, los niños aprendían -además de la doctrina cristiana- los rudimentos para hablar, leer y escribir en latín, entre los cuatro y diez o doce años. Al dominar estos principios podían ingresar a los colegios, instituciones donde vivían y a veces se impartían los estudios mayores o de educación superior, comenzando por los cursos de gramática, cuyo propósito era mejorar y enriquecer los conocimientos adquiridos de latín. A partir de entonces, los cursos y los exámenes se ganaban con certificados de asistencia; actos públicos en los que el estudiante sustentaba una tesis y respondía a las objeciones que le formularan y, en el caso de la licenciatura, con disertaciones preparadas en veinticuatro horas sobre puntos sacados a suerte de los textos clásicos.

  1. Las disputas públicas eran los ejercicios más frecuentes.
  2. En éstas los alumnos tenían que acreditar sus conocimientos y el manejo fluido del latín; su ingenio para imaginar y defender unas tesis con frecuencia originales o paradójicas, y en fin la agudeza mental necesaria para contradecir los argumentos de los profesores, condiscípulos y coopositores.

Incluso, para estimular la continua intervención de catedráticos y alumnos en los actos públicos, la Universidad pagaba una propina a los debatientes En aquella época las instituciones de educación superior comprendían tres niveles no siempre diferenciados: la universidad, que otorgaba grados académicos de bachiller, licenciado, maestro y doctor; los colegios mayores, que tenían facultad de impartir cátedras para el otorgamiento de grados, y los colegios menores que preparaban a los estudiantes para el ingreso a los colegios mayores o a la universidad, En la Nueva España, la Universidad de México, los colegios jesuitas y los seminarios conciliares se ocuparon en primer lugar como colegios menores y excepcionalmente fueron colegios mayores. La Real y Pontificia Universidad de México retuvo para sí durante casi todo el dominio colonial el monopolio en el otorgamiento de los grados académicos; los estudios que se realizaban en los colegios mayores novohispanos sólo tenían validez si los alumnos presentaban exámenes en ella y en ella se graduaban, Esto no significa que la Universidad determinara lo que se debía estudiar. “Cada institución educativa contaba con sus propios métodos, reglas y planes de enseñanza, los cuales dependían de la ideología y de las finalidades de cada uno de los establecimientos; la corporación universitaria. sólo otorgaba los grados previo examen de suficiencia” Por eso, la relación de la universidad con los colegios novohispanos fue bastante libre. Si quisiéramos reconstruir la trayectoria escolar de un alumno desde su ingreso al colegio menor hasta su salida de la universidad, tendríamos que su carrera se iniciaba entre los diez y los doce años., Es de mencionar que conforme a los estatutos de la Real y Pontificia Universidad de México, negros, mulatos y chinos no podían ser matriculados ni, de este modo, optar por grados académicos: en opinión común de la época, la mezcla de razas aceleraba la descomposición del orden político vigente. Tanto las instituciones de educación superior que se establecieron durante el siglo XIX en las diversas entidades del país como las provenientes de la época colonial, no modificaron la edad y el nivel de estudios para recibir a sus alumnos; en el transcurso, si heredaron o se hicieron de una estructura escolar completa -como el Colegio del Estado de Puebla o el Instituto Literario de Zacatecas-, conjugaron en un solo espacio los antiguos colegios y la idea universidad, si por tal entendemos la enseñanza de una profesión y el otorgamiento permisos (grados académicos), para su ejercicio, patente ésta que en el trayecto del siglo pasó a ser una facultad exclusiva del Estado., En Chihuahua, conforme a un decreto de 1828, era requisito indispensable para inscribirse en la cátedra de latinidad (antecedente del Instituto Literario) presentar el certificado de primeras letras y el consentimiento de los padres, En la década de los treinta, el Colegio Guadalupano Josefino (1826-1853) de San Luis Potosí, iniciaba su plan de estudios con las cátedras de mínimos y menores, como en la época colonial, En el Colegio del Estado de Puebla, el gobierno de la entidad decidió en 1829 unir las cátedras de mínimos y menores, con el propósito de economizar fondos y mantener a flote la vida académica de la institución, También el Colegio de San Nicolás (Michoacán), al reabrirse en 1847, recibió a niños recién salidos de las escuelas de primeras letras, En 1851, el gobernador del estado de Guanajuato, Octaviano Muñoz Ledo, aprovechando el certamen público de las escuelas primarias en la capital, estableció que el primer premio al mérito de los alumnos consistiría en una pensión o en pensiones para todos aquellos quisieran ir al Colegio de la Purísima Concepción, nombre del que después sería Colegio del Estado de Guanajuato, En 1867, el Instituto Literario de Yucatán imponía como requisitos de ingreso: saber leer y escribir y tener instrucción en aritmética, gramática castellana y religión; mas tarde, en 1870 se añadirían al mismo los estudios de primaria inferior (cuatro años) y superior (dos años) Igual sucedía por 1888 en el Instituto Literario del Estado de Tamaulipas, donde el requisito para ser admitido en calidad de alumno era tener al menos diez años cumplidos y haber cursado las materias de lectura correcta, escritura ejercitada en copia de modelos y al dictado, aritmética en las operaciones de números enteros, quebrados, mixtos, denominados y decimales, y gramática castellana en sus dos primeras partes, analogía y sintaxis, En el Colegio Rosales de Culiacán, Sinaloa, los profesores tuvieron que impartir, de 1874 a 1882, materias de primaria (lectura, escritura, aritmética) a los alumnos de preparatoria Caso similar ocurrió en el Instituto Veracruzano, cuyo plan de estudios de 1870 comprendía en su primer año la enseñanza de gramática castellana (analogía y sintaxis), aritmética (quebrados mixtos, decimales y denominados), geografía (física y política) y nociones de moral., El hecho de aceptar en las instituciones estatales de educación superior a estudiantes recién egresados de las escuelas de primeras letras se prolongó hasta el siglo XX, pues apenas en 1926 se creó la Escuela Secundaria, con el propósito de extender las oportunidades de estudio y al mismo tiempo disminuir el acceso directo de los alumnos a la educación superior, En el Colegio del Estado de Puebla, este tipo de instrucción perduró hasta diciembre de 1937, cuando el gobernador del estado decretó que en lo porvenir las escuelas de igual categoría y nivel pasarían a depender del poder ejecutivo, por conducto de la Dirección General de Educación Pública, En Zacatecas, la Universidad Autónoma todavía ofrece estudios de secundaria, una inequívoca señal de que el proceso de cambio tuvo sus bemoles. Hoy, desde hace años existe la propuesta académica e institucional de separar a las preparatorias de las universidades públicas del país, y por razones de orden político tampoco se ha procedido. Esto llegó a los responsables de la política educativa a concebir un sitio intermedio entre la instrucción primaria y la profesional: la escuela secundaria o preparatoria. Hacia 1867, para ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria bastaba con que el aspirante presentara examen o mostrara la carta de un maestro público de primeras letras, certificando que el candidato contaba con aptitudes en lectura, escritura, elementos de gramática castellana, estilo epistolar, aritmética, sistema métrico decimal, moral, urbanidad, nociones de derecho constitucional, y rudimentos de historia y geografía Fundamentalmente, el egresado de este establecimiento se prepararía después para cursar en una carrera profesional. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, en las instituciones mexicanas de educación superior con una estructura escolar completa, se mantuvo el requisito de haber concluido la primaria para formar parte de ellas; por sus orígenes sociales, destrezas académicas y capital cultural, era casi seguro que el estudiante que llegaba a esos establecimientos terminara una carrera o un oficio, si se limitaba a especializarse para el trabajo sin haber cursado previamente la preparatoria. En esta perspectiva, hablar de las instituciones de educación superior en el siglo antepasado es hablar de los establecimientos postprimarios, y caben bajo esta denominación desde las escuelas universitarias -que impartían clases para el ejercicio posterior de una profesión- hasta las de artes y oficios -que habilitaban para el desempeño de un oficio o capacitaban para el trabajo-, pasando por las normales -formadoras de profesores y profesoras- y las de bellas artes -semillero de artistas: pintores, arquitectos, etc.- Habría que reconocer, por lo tanto, que estas instituciones fueron un verdadero eje del desarrollo educativo a nivel regional y que en consecuencia estuvieron ligadas a la economía, la sociedad, la política y la cultura de su tiempo., En 1869, por su parte, el gobernador de Durango facultó al director del Colegio Civil del Estado para que pudiese establecer y reglamentar talleres de carpintería, herrería, zapatería, sastrería e imprenta. En Hidalgo, el Instituto Literario no se abrió solo, sino con una escuela de artes y oficios, que conservó de 1869 a 1890. Las carreras que ofreció en dicha escuela fueron las de: agrimensor, mecánico, agricultor, veterinario, farmacéutico, comerciante, maestro de obras y diversos oficios, como el de carpintero y sastre. El Instituto se propuso impartir los cursos preparatorios para las carreras de medicina y abogacía. En 1890 se transformó en Instituto Científico y Literario del Estado de Hidalgo, Finalmente, el Instituto Literario de Oaxaca, comenzó a ofrecer en 1862 talleres de tipografía y litografía. Muchos años más tarde, en 1914 ofrecería las carreras de taquígrafos y mecánicos electricistas Con el fin de abundar en el concepto de educación superior, tal como se la concebía en 1900 el médico y pedagogo Luis E. Ruiz señaló: “En cuanto a la enseñanza profesional se ha subdividido en dos partes, según que el objeto se alcance precisamente con amplísima preparación científica, o bien que los conocimientos sean tan limitados que se concreten a lo indispensable, dando a la actividad práctica la mayor amplitud. Así, adentrarnos en las instituciones y la educación superior -si equiparamos ésta con la enseñanza profesional- del siglo XIX es viajar hacia un mundo muy distinto al de hoy. Pero ¿cómo se fue organizando y bajo qué supuestos? LOS NIVELES A diferencia de España y Francia, en México no hubo -con honrosas excepciones en el último tercio del siglo XIX- individuos dedicados ex profeso a pensar el problema educativo y su reforma., En nuestro país, uno de los personajes que más peso tuvo en el ánimo de lo que sería el ámbito organizativo de la educación pública liberal durante las primeras décadas del siglo XIX fue sin duda alguna Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811); sus ideas educativas influyeron en las Cortes de Cádiz y se retomaron en ordenamientos educativos posteriores. Derogada la carta de Cádiz en 1814 y puesta en vigor hasta 1820, el comité encargado de redactar El reglamento general de instrucción pública para la metrópoli y sus dominios (decretado por las Cortes el 29 de junio de 1821), ratificó y profundizó en los mismos conceptos liberales vertidos por Manuel José Quintana: La enseñanza impartida por el Estado debería ser gratuita, pública y uniforme, emplear un sólo método de estudio, iguales libros de texto y no propagar principios contrarios a la doctrina cristiana y a la Constitución de Cádiz (1812); dividirse, al mismo tiempo, en tres clases: la elemental, indispensable a todos los niños de escuelas públicas; la secundaria o superior, dedicada a cubrir los conocimientos preparatorios para estudios más profundos (profesionales) y también los básicos -útiles- para el desarrollo productivo de la nación (formación de artesanos) y, la de estudios mayores o de facultades, destinada a instruir individuos para el libre ejercicio de alguna profesión., La importancia de las Cortes de Cádiz para la política educativa del México independiente radica en el hecho que a este ensayo asistieron por la Nueva España más de 60 personas -Miguel Ramos Arizpe (1775-1843), Lucas Alamán (1792-1853), Lorenzo de Zavala (1788-1853), etc.- Incluso tres diputados novohispanos -Pablo de la Llave, José Francisco Guerra y Antonio M., Así, no es raro que en 1823, después de la caída de Agustín de Iturbide, varios individuos y grupos políticos se propusieran aplicar a la realidad mexicana los ordenamientos educativos de Cádiz. Incluso, retomando el reglamento español de 1821, en diciembre de ese año se formuló en México el primer Proyecto de Reglamento general de instrucción pública Quizá el mejor ejemplo del influjo gaditano sea el Plan general de instrucción pública, hecho por el gobierno de Jalisco en 1826, siendo gobernador de la entidad Prisciliano Sánchez. Este Plan siguió al pie de la letra las ideas expresadas en los reglamentos español y mexicano de 1821 y 1823 y asimismo la Constitución, pero fundó cuatro clases de enseñanza o niveles., Asimismo, para impartir el último nivel clausuró la Universidad de Guadalajara (1826) y estableció en ese sitio el Instituto de Ciencias (1827), cuyo programa de cátedras fue el más completo de cuantos institutos se fundaron durante la primera república federal (1824-1835).

  1. Esto, desde luego, no es garantía de que efectivamente así haya ocurrido, según lo muestra la experiencia de Chihuahua y el informe que rindiera el gobernador de Jalisco en 1831: “.
  2. El gobierno es de los primeros en ansiar que se fomente cuanto sea posible la enseñanza de las ciencias, no sólo necesarias, sino meramente agradables y de lujo; mas no duda.
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en darle preferencia a la que sea más extensa en todo el Estado.” Para el liberal republicano José María Luis Mora, el Instituto de Jalisco fue “el ensayo más feliz y perfecto que por entonces se hizo, no sólo para despojar de todos sus vicios a la educación y la enseñanza, sino para introducir los nuevos métodos que facilitan la una y la otra en los países adelantados en la civilización.” Sin embargo, la tentativa sólo se conservó hasta 1834, “en que la reacción de la oligarquía militar y sacerdotal. En Zacatecas, donde se llevó a la práctica el espíritu liberal y tuvo una participación activa Valentín Gómez Farías como legislador, el Plan general de instrucción pública (1831) consideró, así mismo, tres niveles, pese a que sólo estableció las bases generales para su desarrollo y normó la primera enseñanza, sin que hasta ahora haya noticia que se hubiesen elaborado las partes correspondientes a la segunda y tercera, Zacatecas y Jalisco fueron los pioneros en promulgar leyes de avanzada con miras al fomento educativo, inspirados en los acuerdos, reglamentos y discusiones de las Cortes, tal vez debido a la directa influencia intelectual del profesor y periodista Francisco Severo Maldonado, quien asimismo difundió, entre otras, las ideas de Gaspar Melchor de Jovellanos, Pero no únicamente se percibe la influencia liberal de Cádiz y Jovellanos en estas entidades. En marzo de 1824, el congreso de Yucatán decretó que el seminario conciliar de San Ildefonso, en Mérida, se convirtiera en universidad de segunda y tercera enseñanza y en ella se dieran las cátedras de gramática castellana y latina, física, teología escolástica y moral y derecho civil y canónico; desde antes de la independencia, el obispo había hecho gestiones para abrir una institución de estudios superiores, Por su parte, el gobierno de Guanajuato estableció en 1828 tres niveles de enseñanza: primeras letras, secundaria y profesional En Chihuahua, a principios de los años treinta, los alumnos podían estudiar, después de las primeras letras, dos años de latinidad y luego tres de filosofía, pero desde 1834 se iniciaron los estudios profesionales con las cátedras de teología escolástica y dogmática, si bien no se matriculó nadie en ellas. Lo importante a percibir es el establecimiento de cuatro niveles de enseñanza, uno correspondiente a las primeras letras y el resto a la educación superior. En Tabasco, el gobernador propuso en 1826 instalar escuelas de primeras letras en cada cabecera de partido, y en la capital un colegio -el de San Juan Bautista- para la enseñanza de latinidad, filosofía y teología., En Veracruz, el Reglamento general de instrucción pública (1821), dispuso que se fundase en la villa de Orizaba una universidad de provincia, donde se impartirían cátedras de segunda y tercera enseñanza, pero el acuerdo no se llevó a cabo por la situación política del país, habiéndose consumado la Independencia, En 1824, el congreso local aprobó crear en ese sitio un colegio nacional; éste, con el nombre de Colegio del Estado Veracruzano, abrió sus puertas un año después. Más realista que otros, acordó empezar por las cátedras de gramática castellana y latina, y conforme fueran avanzando los alumnos se ofrecerían los siguientes niveles En suma, durante la primera década del México independiente, debido a la influencia de las Cortes de Cádiz y al reglamento de instrucción pública -sin descartar la lectura directa o mediada de Jovellanos y algunos otros autores franceses-, se instituyeron en la educación superior mexicana tres y hasta cuatro niveles de enseñanza, gracias, sobre todo, al trabajo político de los grupos liberales, republicanos y monárquicos, Invariablemente -además- se creo en los estados una Dirección General de estudios o Junta Directiva, con el propósito de vertebrar un sistema educativo, según ya se había previsto en la constitución de Cádiz y el reglamento español de 1821, El problema es que después de 1823 se inició un debate sobre qué camino debía seguir el país, mientras prosperaba por todos lados un movimiento autonomista que desembocó en el nacimiento de la primera República federal (1824-1835) y la presencia cada vez más activa de los grupos de poder regionales, nacidos en el último tercio del siglo XVIII La Constitución federal de 1824 decretó que sin perjudicar el derecho de las legislaturas para el arreglo de la educación pública, era obligación exclusiva del Congreso general promover “la ilustración. estableciendo colegios de marina, artillería e ingenieros, exigiendo uno o más establecimientos en que se enseñen las ciencias naturales y exactas, políticas y morales, nobles artes y lenguas”, Así, se mantenía a salvo la soberanía de los estados, mientras la federación podía intervenir en la apertura de instituciones educativas; pero también integraba una propuesta tanto del reglamento español de 1821 como del mexicano primer Proyecto de Reglamento general de instrucción pública (1823), En la primera década del México independiente, el congreso no hizo uso de sus prerrogativas; jamás estableció siquiera alguna escuela: las instituciones educativas de la época colonial continuaron con vida y sin arreglo alguno, en relación, incluso, con lo que había previsto el proyecto de reglamento de 1823 Según José María Luis Mora, en 1830 la decadencia de los colegios y la Universidad era tan obvia que el ministro de Relaciones Interiores y Exteriores, Lucas Alamán, propuso a las Cámaras un plan de reformas, consistente en: la división y clasificación de la enseñanza, repartida en tantas escuelas cuantos eran los ramos que debían constituirla; el establecimiento de la enseñanza en ramos antes desconocidos y sin objeto en el sistema colonial; la supresión de una multitud exorbitante de cátedras de teología; y, la dedicación exclusiva de cada colegio a un sólo ramo de enseñanza o a los que con él tuviesen alguna relación. En 1832 -como resultado de una alianza entre una fracción del ejército y las milicias cívicas federalistas de Zacatecas-, llegaron al poder los liberales republicanos; Manuel Gómez Pedraza se hizo cargo de la presidencia. Con un ministerio ayuno de unidad -Gómez Farías, González Angulo, Ramos Arizpe, Parrés-, el ejercicio del poder trastrabilló y tomaron el mando los liberales republicanos radicales, en alianza con otra fracción del ejército, encabezada por Antonio López de Santa Anna, quien llegó a la presidencia y llevó como vicepresidente a Valentín Gómez Farías, secretario de hacienda en la administración anterior, “Cancelar inveterados privilegios -especialmente del clero-, dominar a los grupos armados disidentes y reorganizar la educación fueron las tareas que con mayor vehemencia emprendió el nuevo gobierno”, El vicepresidente, aprovechando la ausencia temporal de Antonio López de Santa Anna recibió del Congreso facultades extraordinarias para arreglar todos los ramos de la enseñanza, en el distrito y los territorios federales, Una Junta de Instrucción Pública, formada de políticos e ideólogos, señalados por su radicalismo, planteó destruir cuanto de inútil o perjudicial tenían la educación y la enseñanza; establecer una y otra en relación con “las necesidades determinadas por el nuevo estado social”; y, difundir “entre las masas los medios más precisos e indispensables de aprender” Y fue a partir de estas directrices que se emprendió la “reforma de la enseñanza y el modo de distribuirla”. Tradicionalmente se concebía a la universidad como un espacio en el que se enseñaban varias facultades y se otorgaban grados académicos. Luego de 1821, los colegios de la ciudad de México y de los estados en donde se brindaban estudios superiores desde la época colonial (Puebla, Michoacán, Oaxaca, Nuevo León, Durango), se transformaron en instituciones universitarias que -en la perspectiva de los liberales- impartían conocimientos poco útiles y prácticos.

Si estos recintos podían representar, además, focos de oposición política, era obvia su clausura o cuando menos su reforma. Aun cuando las medidas de la vicepresidencia sólo serían aplicables en el distrito y los territorios de la federación, era seguro que los grupos políticos de liberales lucharían por hacerlas extensivas en sus dominios, habida cuenta que contaban con el apoyo del Congreso.

La vicepresidencia acordó, entre otras cosas, suprimir las universidades y formar escuelas de cada ramo en donde fuesen examinados los alumnos que “aspiran a obtener los grados académicos o a ejercer alguna de las profesiones”, según ya lo había propuesto en 1830 el ministro Lucas Alamán El mismo decreto que suprimió a la Universidad de México (octubre 19 de 1833) estableció una dirección general de instrucción pública para el Distrito y Territorios de la Federación, cuyo propósito era no sólo acabar con el monopolio de la Universidad en cuanto al otorgamiento de los grados académicos -que todavía pesaba en los colegios-, sino instituir una dependencia encargada de los aspectos académicos, técnicos, administrativos y financieros de la instrucción pública en todos sus tipos y modalidades; o sea, formar un sistema educativo organizado de manera jerárquica y centralizada, rector -dirían los políticos liberales de aquella época- de la educación y la enseñanza públicas, En palabras de Mora, una Dirección general de “donde partan todas las medidas relativas a la conservación, fomento y difusión de la educación y enseñanza; un fondo público formado de los antigua y nuevamente consignados al objeto, administrado, conservado e invertido bajo la autoridad de la expresada Dirección; para cada uno de los ramos principales de la educación científica y literaria y para los preparatorios, un colegio, escuela o establecimiento; una inspección general para las escuelas de primeras letras, normales, de adultos y niños de ambos sexos, de las cuales debía haber por lo menos una en cada parroquia; un establecimiento o escuela de bellas artes, un museo nacional y una biblioteca pública” Propuesta administrativa poco novedosa si recordamos que esta Dirección ya había sido creada con funciones parecidas en varios estados y que respondía a los planteamientos de Cádiz y por supuesto al primer Proyecto de Reglamento general de 1823. Antes que en el distrito y los territorios federales, las reformas a la educación se habían sucedido con mayor éxito en las entidades gobernadas o influidas por liberales republicanos, Porque, desde las cortes de Cádiz había no sólo una continuidad de ideas, sino también de personas preocupadas por resolver los grandes problemas heredados de la colonia, ya fuese mediante la forma republicana o centralista Entonces, ¿cuál fue la novedad de 1833? Fruto del poder central y obra de liberales republicanos que saldrían avantes e impondrían su proyecto de país -negando las contribuciones de sus adversarios políticos-, son de mencionar entre sus logros: el haber diseñado una nueva organización de los estudios; el propósito de impartir los conocimientos científicos y sociales de su tiempo y, también el haber instituido una nueva concepción de los niveles educativos, porque a pesar de que en varias entidades, durante la primera década del México independiente -con apoyo en los documentos de Cádiz- se había planteado dividir la educación en tres y hasta cuatro clases o niveles, aún no era clara su idea de ruptura con el pasado En armonía con la idea de “sistemar la enseñanza”, por decreto de octubre 23 de 1833 se formaron seis escuelas, “la primera de estudios preparatorios, la segunda de estudios ideológicos y humanidades, la tercera de estudios físicos y matemáticos, la cuarta de estudios médicos, la quinta de estudios de jurisprudencia y la sexta de estudios sagrados; a todas estas escuelas se dio el nombre de establecimientos, excluyendo el intento de colegios, para que no sirviera de precedente a efecto de reclamar el uso o abuso de las rutinas establecidas en ellos”, El valor de esta medida reside en que por primera vez apareció, para el distrito y los territorios de la federación, un ciclo de estudios como soporte de los profesionales -la escuela preparatoria-. La idea fue reunir en este establecimiento la “enseñanza de todos los conductores de las ciencias, o más claro, de todos los medios de aprender; así, pues, se fijó en el estudio de las lenguas sabias, antiguas y modernas, el del idioma patrio y los más notables de las antiguas naciones indianas, más por instrucción que por el uso que se haga de ellos en un país donde la lengua castellana es común a todos los miembros de la sociedad”, Según el reglamento, los estudios preparatorios tendrían “por ahora” (sic) las cátedras siguientes: 1 y 2 de latinidad; una de idioma mexicano; una de otomí; una de francés; una de inglés; una de alemán; una de griego; una de principios de lógica, aritmética, álgebra y geometría y, una de teología natural, neumatología y fundamentos filosóficos de la religión La constitución de un nivel con el propósito de servir de puente entre las primeras letras y los estudios profesionales de carrera influyó en el ánimo de las legislaturas. En 1834, por ejemplo, la de Jalisco dictó un nuevo Plan. Según éste, la enseñanza media o de segunda clase se daría exclusivamente en Guadalajara, en el Liceo de Jalisco y en el Instituto del Estado. Instituto conforme lo disponga el reglamento” De esta manera se estableció con mayor precisión que en el reglamento federal, un nivel de estudios indispensable para proseguir una carrera profesional. En tiempos de la República restaurada, esta providencia se fue haciendo extensiva en el país. La importancia de este decreto, con su bando y respectivo reglamento, estriba también en que por vez primera se configuraron los estudios no a la usanza de los colegios y las universidades -por cátedras y facultades-, sino a partir de una ordenación por cátedras y profesiones., Una novedad más de la reforma fue el orden sucesivo de los estudios, su duración y los requisitos académicos para acceder a cada escuela y, en general, adquirir un título, Para ingresar a jurisprudencia, el alumno debería haber hecho y aprobado dos cursos de latinidad, uno de francés, uno de inglés, uno de ideología en todos sus ramos y uno de moral natural; para medicina, dos de latinidad, uno de francés, uno de ideología en todos sus ramos, uno de matemáticas puras, uno de historia natural, uno de botánica y uno de química, Mientras que en primer caso el alumno debía aprobar cursos que se impartían en los establecimientos de estudios preparatorios y de estudios ideológicos y humanidades, en el segundo, era requisito indispensable aprobar algunos otros, dictados en la escuela de estudios físicos y matemáticos Esto nos muestra la profundidad con que fue pensado el plan de reforma, también apunta hacia la importancia de los estudios previos al aprendizaje de una carrera. De hecho los establecimientos mencionados se consideraron el punto medular para las profesiones de medicina, jurisprudencia y estudios sagrados, pero con excepción de los estudios preparatorios, en el resto de las escuelas se pensaba en preparar profesionistas; en el de estudios físicos y matemáticos se pretendía formar a los técnicos ensayadores y beneficiadores de metales, también a los estudiantes de ingeniería civil o de minas., Por último -a diferencia de la estructura universitaria anterior en donde los grados se ganaban luego de un tiempo de pasantía-, en las nuevas disposiciones del decreto, el bando y su reglamento, además de los exámenes que en cada curso deberían aprobar los estudiantes, ellos no podrían solicitar el título de profesor, ni el grado de doctor sin haber aprobado todos los cursos de su profesión en el establecimiento respectivo, En Puebla, el Plan de estudios para el Colegio del Estado (1834), también de corta vida, precisó que “para ser admitidos los alumnos de la primera en la segunda clase, y los de ésta en la tercera o la cuarta, presentarán certificaciones de haber cursado en ellas todo el tiempo prevenido, o sufrirán examen de sus materias” Si bien las reformas no se llevaron a cabo porque el Congreso decretó el cese de las facultades extraordinarias concedidas al vicepresidente (23/IV/1834) y unos meses más tarde -en junio de 1834- Santa Anna las derogó, en lo fundamental sentaron las bases institucionales sobre las que gravitaría la educación pública mexicana en el transcurso del siglo XIX., Sobre esta base, las aperturas y cierres que a manos “liberales” y “conservadores” experimentaron las instituciones de educación superior entre 1833 y 1867, no reflejan sólo conflictos de orden político, sino también las precarias condiciones económicas por las que atravesó la educación superior mexicana durante ese periodo, amén de otros problemas “Parece que los desengaños, la repetida ausencia de fondos aun para los gastos más indispensables y la inestabilidad política iban matando, poco a poco, el entusiasmo por la enseñanza superior. Con pocas excepciones, todos los centros sucumbieron durante el segundo imperio y destinaron sus locales a otros propósitos., En este sentido, los dos ensayos “conservadores” para reorganizar la educación -el de 1843 y el de 1854-, si bien retomaron las ideas generales enunciadas por el intento liberal reformista y republicano de 1833, jamás pudieron enraizar a porfía debido al permanente clima de inestabilidad política. La reforma de 1843 planteó, entre otras cosas, actualizar la enseñanza media y universitaria; dar mayor uniformidad a los estudios preparatorios en las cuatro carreras (foro, eclesiástica, de medicina y de ciencias naturales); extender por el país el modelo de los colegios de la capital, con el objeto de uniformar la enseñanza; fundar una Junta directiva general de estudios, formada por el ministro de instrucción pública, el rector de la Universidad y un cuerpo de directores de colegios, con tareas y obligaciones específicas en el campo administrativo, financiero y académico, Pero, pese a que de 1843 a 1851 se crearon las escuelas de agricultura y de artes y oficios (1843), se infundió una vida más vigorosa a la academia de las tres nobles artes, se especializaron carreras en el Colegio de Minería, se efectuaron cambios importantes en los estudios médicos y se declararon nacionales todos los establecimientos de educación oficial, los avances fueron mínimos El siguiente ensayo conservador (1854) distribuyó a la instrucción pública en primaria, secundaria o preparatoria, superior y especial y propuso también una Dirección de instrucción pública, a cargo inmediato y económico de la Universidad. Los institutos o colegios nacionales se dedicarían a la segunda enseñanza, que dividida en dos periodos de tres años cada uno duraría seis años y serviría de base a los estudios superiores., En cuanto a su enseñanza, el currículo hizo hincapié en las disciplinas filosóficas y religiosas, lo mismo que en las humanidades. El “contenido de los cursos de matemáticas: aritmética, álgebra, geometría y trigonometría, geometría analítica, cálculo, física, química e historia natural nada tendrán que perdirle al plan de 1867 de Barreda”, Pero la revolución de Ayutla que puso fin a la dictadura santanista impidió siquiera su puesta en marcha. En julio de 1867 entró Juárez en la ciudad de México y poco tiempo después se constituyó un grupo encargado de discutir una nueva ley de instrucción, la cual estableció las siguientes escuelas: secundaria para personas del sexo femenino; de estudios preparatorios; de jurisprudencia; de medicina, cirugía y farmacia; de agricultura y veterinaria; de ingenieros; de naturalistas; de bellas artes; de música y declamación; de comercio; de normal; de artes y oficios, y para la enseñanza de sordomudos, un observatorio astronómico; una academia nacional de ciencias y literatura, y un jardín botánico Esta nueva ley sería el coronamiento de un liberalismo triunfante. Mucho se ha insistido en que la reforma de Gabino Barreda, su principal artífice, descansó en el positivismo, pero una lectura atenta de Auguste Comte echa por tierra esa pretensión. Nuestro personaje necesitaba del liberalismo sin cuya alianza “el positivismo no habría pasado de ser una doctrina más y los liberales necesitaban aliarse a una doctrina al servicio del orden material; por ello fue posible hacer ajustes. preparatoria, tarde o temprano habría de provocarse el rompimiento y empezarían los ataques liberales”, En esta época se concibió a la escuela preparatoria como la columna vertebral de la nueva ley. La enseñanza en ella se dividió en cuatro áreas: abogacía, medicina y farmacia, agricultura y veterinaria e, ingeniería, arquitectura y metalurgia. Las tres primeras a realizarse en cinco años; la última en cuatro, En 1869 se hizo un ajuste: se suprimieron la metafísica y el derecho eclesiástico y se uniformaron con ligerísimas variantes los estudios preparatorios para todas las carreras, convirtiéndose así a la Escuela en “un plantel donde podía adquirirse una ilustración superior completa y bien organizada con finalidad propia, y no sólo como preparación de estudios superiores En 1875 José Díaz Covarrubias, ministro de Justicia e Instrucción Pública durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, escribió: “El error de considerar la instrucción secundaria como encaminada únicamente a preparar una carrera profesional, produce la lamentable anarquía que se observa en los países donde las ideas de instrucción están poco avanzadas cuando se presenta el problema de fijar los estudios preparatorios para las diversas profesiones, De esta suerte, en la medida que se concibió a la preparatoria, no sólo como lugar de paso entre la educación primaria y la profesional, sino como un nivel con fines propios, la organización educativa en las entidades se diversificó. Durante el régimen porfirista, los institutos o colegios de Toluca, Yucatán, Sonora, Chihuahua, Aguascalientes, Tabasco, Guerrero y Tamaulipas, por ejemplo, se convirtieron en preparatorias; los de San Luis, Guanajuato, Michoacán Durango, Zacatecas, Hidalgo, Querétaro y Puebla adecuaron sus marcos de funcionamiento a la ley, y unos más, como Nuevo León, separaron preparatorias y escuelas, Hasta podríamos decir que durante el régimen porfirista, la educación en México fue positivista, si nos atenemos al modelo que se inició en tiempos de la República restaurada. Pero según lo muestran los estudios de Sinaloa y Puebla, este positivismo fue de nombre, una fachada que cobijó haberes y quehaceres muy diversos Nadie sabe la profundidad de las aguas hasta que se sumerge en ellas. EPILOGO Aun cuando la historiografía mexicana de las últimas décadas subraya que puede y debe establecerse una línea de continuidad entre los procesos económicos, sociales y culturales de mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, pocos son los estudios o balances al respecto.

Quizá el predominio de una periodización, que es copia de la historiografía política tradicional, ha impedido profundizar en esta línea y establecer los cortes históricos pertinentes para la individuación de cada proceso, pues el hecho de plantear que existe una línea de continuidad, no implica reconocer que permanecen sin cambios la economía, la sociedad y la cultura.

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El problema señalado para la historiografía mexicana en general se hace todavía más obvio en el caso de la historiografía de la educación. Aunque este campo disciplinar tiene una larga e ininterrumpida trayectoria y pese a que desde 1981 Anne Staples puntualizó que la “sorprendente continuidad de metas y métodos desde la reforma borbónica hasta por lo menos mediados del siglo XIX habla de una sociedad poco influenciada por los cambios políticos en cuanto a la educación de sus hijos”, los historiadores -salvo raras excepciones- siguen trabajando conforme a la periodización política tradicional Como si la guerra de Independencia o la Revolución mexicana hubiesen significado automáticamente, un corte histórico decisivo, un cambio estructural en su objeto de estudio. En el presente artículo sólo hemos tratado de seguir dos líneas de continuidad, la idea de educación superior y sus niveles.
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¿Qué pasa con los niños durante la primera mitad del siglo 19?

Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix Parece ser que la noción de infancia no es (ni ha sido) un concepto fijo. En realidad, varía enormemente en la historia y entre las culturas. En un libro de 1960 que me fascinó — El niño y la vida familiar en el antiguo régimen — su autor, Philippe Ariès, argumenta que antes del siglo diecisiete, la infancia no era un concepto reconocido.

  • Fue solo en algún momento entre 1600 y el siglo veinte que el término niño empezó a tener su significado actual.
  • El autor explica que en la sociedad medieval, a la edad de siete años los niños actuaban —y eran tratados— como pequeñas versiones de los adultos que los rodeaban (él escribe “miniadultos”).

En la sociedad moderna posmedieval, los niños no se asociaban con ciertas maneras específicas de hablar o con determinadas actividades (tales como juegos, canciones, exploración) y eran más bien introducidos al mundo adulto a una edad muy temprana a través de la explotación sexual y laboral.

Así, el estatus del niño como una fase distinta de la existencia humana es relativamente nuevo y surgió alrededor del siglo diecisiete, al mismo tiempo que las reducciones de la mortalidad infantil, cambios en el sistema educativo y la aparición de una unidad familiar separada. Durante la mayor parte de la historia humana era común que una proporción significativa de los niños no sobrevivieran hasta la edad adulta.

¡Siete de cada diez niños no vivían después de los tres años en la Edad Media! Esta alta tasa de mortalidad era una de las razones por las cuales se trataba a los niños con indiferencia emocional. Cuando los índices de sobrevivencia aumentaron, los padres empezaron a tratar a los niños con más interés y afecto.

Alguna evidencia anecdótica de nuestra región relata cierta indiferencia emocional hacia los niños incluso en tiempos recientes. El libro Historia de la infancia en el Chile republicano cuenta que en 1833 los niños no recibían un funeral apropiado y que solo en 1877 el castigo físico fue legalmente prohibido.

Hasta entonces, los padres consideraban que el castigo físico para los niños pequeños era aceptable e incluso ¡deseable! No obstante, esta percepción variaba según las culturas: los Mapuches, por ejemplo, pensaban que los niños no debían ser castigados pues castigarlos debilitaría su fuerza.

En el siglo dieciocho, el impacto de la industrialización intensificó la explotación de muchos niños. Aunque siempre trabajaron durante la sociedad preindustrial, el surgimiento del sistema fabril solo empeoró las cosas para los niños trabajadores, ya que muchas de las tareas que hacían eran peligrosas y las condiciones laborales eran insalubres.

Esta situación condujo a una nueva visión durante el siglo diecinueve: el niño como objeto de lástima o de filantropía. Los políticos se alarmaron por las condiciones en las cuales los pequeños trabajaban en las fábricas y establecieron una legislación que controlaría esas prácticas.

  • Fue el primer compromiso serio del Estado moderno con los niños: al controlar las condiciones del empleo infantil y fijar estándares mínimos en estas condiciones, el Estado se convirtió en el árbitro máximo del bienestar infantil,
  • Hacia fines del siglo diecinueve, la vida de muchos niños todavía estaba dominada por la pobreza y la enfermedad.

Sin embargo, la idea de los niños como un objetivo clave de la política se había arraigado firmemente, haciendo camino para la intensa atención que mereció el bienestar infantil en el siglo veinte. Durante ese siglo, una clara visión surgió en torno a que el bienestar infantil no era solamente una responsabilidad familiar.

  1. Cada vez más, los niños eran vistos como una responsabilidad del Estado, que intervenía en su educación, salud y crianza para mejorar el bienestar nacional a través del desarrollo de sus futuros ciudadanos.
  2. Este cambio en el paradigma del siglo veinte se reflejó en algunos hitos en materia de derechos.

En 1924, la Declaración de Ginebra sobre los Derechos de los Niños fue el primer texto histórico que reconoció sus derechos, pese a que no era vinculante para los Estados. Más tarde, en 1946, se creó el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF).

Luego de la Declaración de los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1959, la infancia se conviertió en una cuestión esencial en los programas de cooperación internacional y los niños comenzaron a ser vistos como titulares de derechos. No fue sino en 1989 que 140 Estados suscriben la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), el tratado sobre derechos humanos más ampliamente ratificado en el mundo y la base sobre la cual descansan en la actualidad muchas políticas sociales para la infancia,

¿Cómo son vistos los niños en tu país y qué trato se les da? ¿Consideras que se ha progresado con respecto a esto en América Latina y el Caribe? Cuéntanos en la sección de comentarios de abajo o en Twitter. To read this article in English, click here.
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¿Qué pedagogía nace en la segunda mitad del siglo XIX?

La pedagogía moderna. – La pedagogía como movimiento histórico, nace en la segunda mitad del siglo XIX. Reconoce serios antecedentes hasta el siglo XVIII, pero se afirma y cobra fuerza en el siglo XX, particularmente después de la primera Guerra Mundial (1.914 – 1.918). La colaboración amistosa entre maestro y alumno; la escuela al aire libre; la necesidad de dejar libre el desarrollo de las facultades espontáneas del alumno bajo el atento pero no manifiesto control del maestro, son ideales que propuso la pedagogía moderna.

Así como la incursión de la mujer en actividades educativas. La escuela única, intelectual y manual, tiene también la ventaja de que pone al niño en contacto al mismo tiempo con la historia humana y con la historia de las «cosas» bajo el control del maestro. Con el advenimiento de la Revolución Industrial la pedagogía mantiene su estado de evolución con autores como Juan Enrique Pestalozzi (1746 -l827) Zurich, Suiza; Juan Federico Herbart (1776 – 1841), Alemania, Federico Guillermo Adolfo Diesterweg (1790 – l866) Alemania; Roberto Owen (1771-1858) Inglaterra-Escocia.

Otros pedagogos: Celestin Freinet (1896-1966) Francés. Hellen Keller. En el entorno del fascismo la pedagoga Italiana María Montessori (1870-1952) funda en Roma la primer Casa de los niños, su método aspira a un desarrollo espontáneo y libre de la personalidad del niño.

Mientras que con el capitalismo surge el filósofo y pedagogo estadounidense John Dewey (l859 – l952). Ivan Ilich (1926- ) pedagogo estadounidense. En 1860 Berta Von Marenholtz Bülow inicio una activa obra mediante la difusión y expansión de los Kindergarden en todos los países, la norteamericana Emily Bliss Gould, pensaba en una educación del pueblo dirigida a contrastar la influencia ejercida por las familias populares; Elena Raffalovich Comparetti es la fundadora de un Jardín Froebeliano en Venecia.

La pedagogía experimental fue representada por el alemán Ernesto Meumann (1862-1915); el autor de Conferencias para la introducción de la pedagogía experimental. Con el objetivo de estudiar al niño en todos sus aspectos, acopió datos de pedagogía, psicología, psicopatología, anatomía y fisiología.

Meumann se manifestaba en contra del experimento pedagógico en el ambiente normal del aula, consideraba que además de las ciencias señaladas anteriormente, la base de la Pedagogía era la ética burguesa, la estética y una cierta ciencia de la religión, lo que hacía que sus conclusiones tuvieran un carácter reaccionario.

Sin embargo, actualmente presentan gran interés sus ideas sobre la educación intelectual, sus consideraciones sobre higiene escolar y sobre la influencia de la vida escolar y extraescolar en el trabajo del alumno. Analizó asiladamente las funciones del niño: la memoria, la atención, etc.
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¿Cómo llega la ciencia a las escuelas en el siglo 19?

La evolución del método científico – El Sr. Rudolph explicó que desde principios hasta mediados de 1800, la ciencia se introdujo a los estudiantes como una forma de interesarlos por la ciencia y por su utilidad. Los estudiantes aprenderían hechos sobre el mundo para poder «hacer cosas».

Pero a finales de 1800, este enfoque cambió y se incluyeron visitas al laboratorio para que los estudiantes pudieran «hacer ciencia». Así comenzaron los métodos de laboratorio en las escuelas. Y a medida que la educación se hizo más disponible para todos, John Dewey, pedagogo, psicólogo y filósofo estadounidense, introdujo la idea de enseñar ciencias como parte de la vida cotidiana utilizando el método científico popular.

Es decir, a través del proceso de observación de cinco pasos: hacer una pregunta, formular una hipótesis, hacer una predicción al reunir evidencia, probar la especulación y llegar a una conclusión. Tras del período de posguerra, la comunidad científica comenzó a argumentar que no es así como funciona realmente la ciencia y que el método científico no era una descripción precisa de su trabajo.

  • De acuerdo con sus argumentos, enseñar ciencia a través de este método da una idea equivocada al público, la idea de que cualquiera puede hacer ciencia.
  • Que las escuelas enseñen la pedagogía de la ciencia es problemático, sobre todo si el docente nunca ha hecho ciencia.
  • John Rudolph explicó: « No son científicos.

No tienen experiencia en investigación científica y, sin embargo, se supone que deben guiar a los estudiantes a través del proceso de la ciencia. Vuelven a la típica enseñanza basada en la memorización de los pasos del método científico”. John Rudolph continúa diciendo que el objetivo de su libro no es alejar a los estudiantes de la ciencia, sino alentarlos a que la entiendan.

Para lograrlo, los educadores necesitan ampliar sus clases, a partir de las grandes ideas y de las teorías sobre cómo funciona el mundo. “Lo que yo argumentaría es que los estudiantes tengan una variedad de métodos de la ciencia, y que comprendan que diferentes fenómenos usan diferentes tipos de metodologías y técnicas científicas, y aprecien que la ciencia es muchas cosas, no solo una», dijo.

El principal problema de reducir la ciencia al método científico, argumenta, es que invalida al público los principales procesos y conclusiones científicas. Por ejemplo, el cambio climático; no hay un proceso de cinco pasos para demostrar que es causado por los humanos; requiere una variedad de métodos diferentes.

  1. La gente pide experimentos para probar una teoría, y no es así como funciona la ciencia.
  2. Otro problema es que, entendiendo un solo método, se hace más difícil comprender la fuente y cómo el científico obtuvo un resultado específico.
  3. Esta problemática se convierte en un desafío tanto para los científicos como para los educadores, pasar de lo que los expertos saben a algo que el sistema educativo considera que debe enseñarse en las escuelas.

«Creo que los maestros deben intentar pensar ‘¿Qué necesita entender un ciudadano o un miembro del público en general?’ Y creo que eso tiene que ver más con el funcionamiento de la ciencia que con el contenido de las disciplinas científicas», concluyó John Rudolph. : Es hora de hablar sobre ciencia y cómo se está enseñando mal en las escuelas
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¿Que planteaban las principales escuelas del siglo XIX?

Centralización. uniformidad. secularización. libertad de enseñanza limitada.
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¿Cuál es el papel de la educación en el siglo XXI?

¿Cuáles son estos cambios, y en qué consisten? – En primer lugar, la relevancia que han adquirido las plataformas digitales en el aprendizaje, y su acceso a la información al instante, ha producido un replanteamiento en el rol del profesor, Al mismo tiempo que utiliza la tecnología para la formación, a través de videoconferencias, simulaciones virtuales, a su vez, el docente cumple con inculcar un pensamiento flexible para hacer frente a la cantidad abrumadora de información.
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¿Qué fue lo nuevo en materia de educación en los siglos xviii y xix?

Instituciones educativas relevantes en el siglo XIX – A pesar de todos los cambios que se estaban produciendo a nivel nacional e internacional, lo que se establecía en el papel a veces costaba que se viese plasmado en la realidad. Con esto no pretendemos generalizar, pues hubo instituciones, como ahora veremos, y personas que consiguieron llevar dichos aspectos a la práctica.

Pero hay que ser conscientes de que hablamos de experiencias minoritarias, muchas de ellas desconocidas porque es difícil conocer qué se hacía dentro de cada una de aquellas escuelas. Antes de que se promulgase la Ley Moyano, Pablo Montesino fundó la primera escuela de párvulos (1838), junto con la Sociedad para Propagar y Mejorar la Educación del Pueblo.

Montesino no solo pretendía instruir a los niños, sino también formar a los maestros de esta etapa quienes o carecían de formación o no tenían una formación adecuada. Para ello redactó el Manual para los maestros de escuelas de párvulos, Esto fue todo un hito, ya que los antecedentes de esta escuela son las «escuelas de amigas» donde mujeres sin formación o con una formación muy escasa enseñaban en sus casas, y a cambio de una módica remuneración, doctrina cristiana, escritura y lectura a niños y niñas (Diego, 2013).

Pero no solo la formación de los maestros de párvulos era escasa. No fue hasta el siglo XIX cuando se crearon las Escuelas Normales (1839), centros donde los futuros maestros de primaria cursaban Religión y Moral; Aritmética y Geometría; Lengua Castellana; Física; Historia Natural; Lectura; Escritura; Métodos de enseñanza y Pedagogía; entre otros.

Asignaturas centradas en los aspectos culturales y no tanto (o casi nada) en los pedagógicos, pues muchos eran antiguos alumnos de la educación primaria, por lo que tenían un nivel cultural muy pobre. En definitiva, sus funciones como maestros estribaban en «moralizar a los hijos de las capas más bajas de la sociedad» (Fernández-Soria, 2020, p.88). Instituto Lope de Vega, antigua Escuela Normal de Madrid. Fuente: Wikimedia, Referencias bibliográficas Diego Pérez, C. (2013). La con-formación de la profesión de maestro en educación infantil. Tabanque: Revista Pedagógica, 26, 55-70. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4754521 Fernández-Soria, J.M.

2020). De aprendices a universitarios. La configuración del oficio de maestro. En E.S. Vila Merino e I. Grana Gil (coords.), Investigación educativa y cambio social (pp.83-103). Octaedro. Sevilla Merino, D. (2007). La Ley Moyano y el desarrollo de la educación en España. Hespérides: Anuario de investigaciones, 15, 625-640.

Autora: María Dolores Molina Poveda Cargo: Coordinadora académica de los Grados en Educación Infantil y Primaria Editor: Universidad Isabel I Burgos, España ISSN: 2659-5222
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¿Cómo estudiaban y hacían tareas antes?

Cuando no había Internet para hacer la tarea Texto: Brenda Carreño y Vanessa Conde Foto actual: Mariana Nagore/Cortesía Diseño web: Miguel Ángel Garnica Realizar tareas es parte de la vida cotidiana como estudiantes, Investigar en enciclopedias, atlas, libros especializados, indagar biografías de personajes, hacer resúmenes o la preparación de algún tema o trabajo para exponer en equipo era la clásica forma de hacer los trabajos escolares.

Podrán cambiar las generaciones, los planes de estudio y las maneras de enseñar, pero el hecho se repite, todos hicimos y hacemos tarea, Quizá la mayor diferencia está en los métodos, Hoy, niños y jóvenes se ven envueltos en la era de la innovación tecnológica que permite el libre y rápido acceso a la información, pero ¿cómo se realizaba la tarea antes de que surgiera el internet ? Varias generaciones de estudiantes acudían a las bibliotecas, como única forma de poder consultar libros o enciclopedias para cumplir con las tareas de investigación que dejaban los maestros.

En México, las bibliotecas públicas tal como las conocemos ahora surgieron en junio de 1921 con José Vasconcelos, entonces rector de la UNAM y luego secretario de Educación Pública. El hombre de los libros,- como lo llamó Linda Sametz de Warlestein, en su libro Vasconcelos, el hombre del libro ; la época de oro de las bibliotecas creó un sistema, un nuevo movimiento de bibliotecas con la finalidad de nutrir de cultura y educación a todos los mexicanos a través de los libros. La Biblioteca Nacional en 1982. Foto: Especial. “Las bibliotecas tenían muchísimo auge, recuerdo que era como un restaurante porque las mesas estaban ocupadas y había quienes hacían fila para entrar, si se desocupaban cinco lugares entraban cinco personas más”, nos dice en entrevista María Concepción Hernández, quien es bibliotecaria desde hace 25 años y actualmente labora en la Biblioteca José Manuel Othón, de la colonia San Miguel Chapultepec, en la delegación Miguel Hidalgo.

Las bibliotecas son un lugar de respuestas, donde se pueden realizar grandes descubrimientos, entrar en contacto con otros mundos a través del papel, caminar entre los estantes como un viajero perdido en búsqueda de un destino. “Las bibliotecas se deben aprovechar como un santuario del saber, del conocimiento y de la diversión,

Aquí podemos hacer de todo”, comenta Enrique González Núñez, licenciado en biblioteconomía y también trabajador de la Biblioteca Othón. Menciona que en esta biblioteca “antes había actividades culturales como música, teatro, danza. En la actualidad no hay presupuesto de las dependencias gubernamentales, por ello nos encargamos de organizarlas con las herramientas o personas que tenemos”.

Antes los maestros también fomentaban las visitas a estos espacios de lectura e investigación. EL UNIVERSAL conversó con personas adultas, de entre 30 y 40 años, estudiantes hace dos décadas aproximadamente, y una persona mayor de 60 años, quienes vivieron esta manera de aprender: “Antes no había internet, lo hacíamos con biografías, monografías, investigaciones en enciclopedias, no había el modo de información como la hay ahora, teníamos que ir a las bibliotecas para poder investigar”, recuerda la Sra.

Imelda Vega. “Los niños estudiaban mucho antes y el maestro te obligaba a hacer la tarea, tenías que ir a la biblioteca, encontrar el libro de la materia, copiar lo que necesitabas en tu cuaderno y pedir el sello para que demostraras que fuiste “, comenta el Sr.

  1. Clímaco Avendaño, quien no dice hace cuánto iba a la escuela “porque ya llovió”.
  2. Investigábamos en los libros, buscábamos por título o tema, escribíamos a mano o con máquina (de escribir)”, afirma Lucía Ramírez.
  3. Cuando se acercaban el 20 de noviembre o el 16 de septiembre se veía a todos los niños buscar libros de historia para investigar el tema y copiarlo en el cuaderno, claro que algunos usaban la monografía, es curioso ver que aún existe este material”, asegura Francisco Salvador.

En algunas personas aún permanece esta costumbre de ir a la biblioteca por iniciativa propia como es el caso de un usuario de la biblioteca Lerdo de Tejada, quien nos narró que “cuando era estudiante, en los años 60 aproximadamente, iba a la biblioteca de la universidad, pero debido a la cercanía de esta biblioteca con mi trabajo, vengo todos los días desde hace 25 años. Hay usuarios que todos los días asisten a la biblioteca para mantenerse informados, es parte de su rutina. Crédito: Mariana Rojas/Cortesía.

  • En estos recintos existe una persona que se encarga de ordenar, guardar, buscar y distribuir información en el formato impreso: el bibliotecario, “quien te auxilia en tus tareas, aquella persona que por sus manos pasan todos los libros de la biblioteca “, afirma en entrevista el licenciado Francisco Salvador Nava, egresado de la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA) y actualmente Subdirector de bibliotecarios en la Biblioteca Vasconcelos, él ha trabajado en este lugar desde su inauguración hace 13 años.
  • “El bibliotecario te enseña a comprender el sistema de búsqueda y a convertirte en un usuario autónomo, aunque algunos dependen de nuestro consejo para hallar el libro que necesitan”, explica.
  • La máxima de los bibliotecarios en la actualidad es “Google te puede dar quince mil respuestas a tu pregunta en segundos, un bibliotecario te dará la respuesta exacta a lo que buscas”, comenta Francisco.
  • Asistir a la biblioteca también implicaba entrar en contacto de manera manual con los grandes ficheros que contenían fichas bibliográficas con autor, título o tema en orden alfabético. Francisco Salvador Nava creció e inició su carrera profesional en la biblioteca delegacional de Azcapotzalco “José María Morelos y Pavón”, él recuerda cómo funcionaban los ficheros:
  • “Si alguien no sabía el título del libro que quería, era necesario ir a buscar en las fichas por autor, pero si no lo encontrabas te ibas a las de tema, la consulta era un poco compleja y los ficheros difíciles de actualizar, la cantidad de fichas era tremenda, por cada registro podía haber hasta cinco fichas, por cada edición había que hacer una nueva, imaginemos lo que implicaba eso en papel y en producción, a veces se daba el caso y ¡se robaban las fichas! “

La consulta de ficheros era una de las principales experiencias al acudir a una biblioteca, aunque fuera complejo era la forma más confiable de encontrar un libro. En la imagen se observa un fichero que aún se conserva en la fototeca de EL UNIVERSAL. Crédito: Mario Caballero/EL UNIVERSAL. Emilio García lleva 20 años de ser bibliotecario e invita a los estudiantes a también aprender directamente de los libros como era antes. Crédito: Mariana Rojas/Cortesía. Emilio, quien era veterinario y decidió convertirse en bibliotecario por vocación, dice que las computadoras y el internet se “comieron” a los ficheros, “cuando se creó el catálogo electrónico tuvimos que checar las fichas con los libros, ver que los tuviéramos y empezar a vaciar la información”.
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¿Qué diferencia hay entre la escuela de antes y la de ahora?

En alguna ocasión hemos escuchado el término de escuela nueva. Dicho término se refiere a todo el conjunto de movimientos que surgen a finales del siglo XIX pero que no se afianzaron hasta el primer tercio del siglo XX en el que se buscaba una clara alternativa a la escuela tradicional. Este movimiento surgió a raíz de la construcción de una nueva sociedad, donde se comenzaron vislumbrar cambios tanto en lo político y social como en el industrial, por lo que una nueva sociedad necesitaba una nueva forma de entender la educación diferenciándose esta escuela nueva de la escuela tradicional. Algunos de las principales diferencias que podemos encontrar son:

En la escuela tradicional lo importante era adquirir cuanto más conocimientos mejor, mientras que con la escuela nueva se pretendía desarrollar las destrezas del alumnado así como sus habilidades de una manera mucho más abierta y dinámica a lo que se estaba acostumbrado. La figura del maestro en la escuela tradicional es la de una persona muy autoritaria que únicamente se dedica a desarrollar su clase de manera oral e inflexible, En la escuela nueva el maestro pretende ser un facilitador del aprendizaje, el guía que acompaña y facilita el aprendizaje al alumnado, por lo que se convierte en una figura mucho más cercana. Otro de las grandes diferencias es la figura del alumnado. En la escuela tradicional es una figura obediente y pasiva que se dedica únicamente a acatar las normas y a ser obediente, mientras que en la escuela nueva el alumno participa en las clases de manera activa, siendo parte también de su aprendizaje. El método de enseñanza en la escuela tradicional es totalmente expositivo y mecánico, sin cambios en las clases, mientras que en la escuela nueva se pretende ir un poco más allá educando para la sociedad e incorporando temas trasversales para educar al alumnado en todos los ámbitos a los que se enfrentará cuando sea adulto. La metodología en la escuela tradicional es totalmente conductista mientras que en la escuela nueva es constructivista, En la escuela nueva se comienzan a trabajar con otro tipo de recursos didácticos, alejándose por completo de los ya tradicionales como son los libros de texto, el cuaderno o la pizarra. La lengua utilizada hasta el momento para impartir las clases en la escuela tradicional era el latín, cosa que se modifica en la escuela nueva pasando a ser la lengua materna la que se utiliza para impartir las clases. En la evaluación lo realmente importante es el resultado obtenido por el alumnado, sin tener en cuenta el proceso ni si el aprendizaje ha sido realmente efectivo para los alumnos. Durante todo el proceso de aprendizaje en la escuela tradicional, el profesor es el elemento central como transmisor de conocimientos, mientras que en la escuela nueva pasa a ser el alumno, contando con mayor libertad y siendo su aprendizaje efectivo el principal fin de toda la educación.

Como vemos la escuela nueva supuso un gran avance en cuanto a la educación se refiere, y cada día salen a la luz nuevas metodologías innovadoras dejando aún más atrás la idea de la escuela tradicional. Aunque aún es usual encontrarnos con aulas en las que se siguen dando clases como en la escuela tradicional, cada vez son más los docente involucraos con la idea de que la educación crezca y avance al mismo ritmo que avanza la sociedad.
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¿Cómo educar a los estudiantes del siglo XXI?

Cambiar su enfoque de aprendizaje a uno centrado en los estudiantes y en su manera de aprender. Utilizar metodologías que fomenten el aprendizaje activo. Considerar los intereses de los estudiantes al momento de planificar su clase (utilización de TIC, trabajo en grupos, actividades prácticas, entre otros).
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¿Que deben aprender los alumnos del siglo XXI?

Asimismo, se destaca la importancia que revisten para el mundo laboral del siglo XXI las competencias personales, como la capacidad de iniciativa, la resiliencia, la responsabilidad, la asunción de riesgos y la creatividad; las competencias sociales, como el trabajo en equipo, el trabajo en red, la empatía y la
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¿Cómo ha cambiado la educación en el siglo XXI?

La educación en los cambios del siglo XXI Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix La educación se enfrenta a constantes cambios en el siglo XXI Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix Seis docentes resaltan los tres aspectos más importantes que han aprendido sobre la educación en los últimos 20 años. En un foro organizado por la organización Debates de Educación, que pertenece a la Universidad Oberta de Cataluña, docentes expusieron sus 3 aprendizajes más importantes sobre los cambios en el sistema educativo en el siglo XXI.

  1. Se tomaron en cuenta los cambios sociales, políticos y económicos alrededor del mundo para destacar los puntos clave que afectan a la educación y cómo estos pueden ser oportunidades de mejora.
  2. El objetivo es crear una conversación constante sobre la importancia de la educación para preparar a seres humanos críticos y activos en la sociedad.

Todo esto utilizando habilidades blandas que les ayuden a los estudiantes a desenvolverse a los cambios del futuro. Como docentes, el rol está en ser una guía para sus alumnos en este aprendizaje. “Tenemos que escucharlos, observar y volver a escuchar para entender qué saben, qué quieren y qué necesitan, por qué caminos los tenemos que acompañar y qué vías nuevas hay que abrir” dijo uno de los docentes que participó de este debate. Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix

La educación debe ser una celebración de la vida

Se necesita entender las necesidades dentro del contexto educativo de cada país, comunidad y colegio. De esta manera, podemos invertir más tiempo buscando cómo mejorar el futuro que arreglando el pasado. Esto se debe basar en el empoderamiento de los niños y jóvenes en convertirse en agentes de cambio, en vez de controlar su forma de aprender. Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix

Aprender debe ser divertido

“La educación debe ser una celebración de lo que puede lograrse” con el potencial de los jóvenes. La educación es el camino de descubrir y crear en un mundo de constantes cambios. “El proceso de aprendizaje debe incluir la capacidad de asombrarse y de maravillarse, debe estar lleno de posibilidades, y debe contar con maestros que disfruten enseñando y aprendiendo” (Richard Gerver).

Socialmente debemos aceptar que todos somos responsables de la educación

“Cualquier acto social es un acto educativo” (Pilar Urgidos). Todo lo que vemos en la televisión, los medios de comunicación, redes sociales, juegos virtuales, arquitectura, la publicidad, hasta las conversaciones en familia tienen el potencial de moldear a los jóvenes. Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix

La importancia de cada alumno como persona

Los verdaderos protagonistas del sistema educativo, de la sociedad en general, son los estudiantes. Son esas personas que a veces son generalizadas bajo un colectivo, un aula; sin tomar en cuenta la integridad del individuo, como agente de cambio. Se debe considerar a un estudiante “como persona que está en una etapa de su vida, y que evolucionará y se convertirá en miembro de la sociedad en la que vivimos, como aprendiz, como ciudadano” (Joan Badia).

Preparar a los alumnos de hoy para los retos del mañana

Los docentes deben empoderarse y creer en el poder que tiene su profesión sobre los más jóvenes. Ellos son los guías que los enseñan a “afrontar retos, para establecer vínculos positivos, para deshacerse de los negativos, para educar la voluntad y el esfuerzo, para aprender conocimientos y herramientas intelectuales para producir conocimientos, para afrontar los desengaños, para corregir los errores y aprender de ellos, para emprender, para crear e imaginar nuevas situaciones” (Joan Badia). Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix

La escuela actual está estresada y el modelo educativo en el que se basa esta agotado

El modelo educativo se tiene que adaptar a lo que el siglo XXI exige: las profesiones del futuro. Son esas que la tecnología no puede reemplazar, las que necesitan de liderazgo, empatía y habilidades sociales para ser ejecutadas. Por eso, el modelo educativo tiene que “integrar mediante la experiencia, conocimientos, habilidades, competencias y actitudes que impulse y cree conocimiento, retornando, a la vez, a los elementos básicos y vitales del aprendizaje significa romper inercias y avanzar juntos hacia entornos desconocidos” (Xavier Aragay).

Finalmente Todos estos aprendizajes son cruciales para crear estudiantes preparados para el siglo XXI. Estos cambios son necesarios para moldear a jóvenes líderes, empáticos, dispuestos a razonar, solucionar problemas, ser solidarios y sobre todo preparados para los cambios del futuro. Queremos que las aulas sean un lugar divertido para aprender a ser mejores personas, donde los docentes estén conscientes que el aprendizaje no solo viene del aula, sino del entorno de cada alumno.

Queremos que los estudiantes sean considerados individualmente y conocidos por sus habilidades personales y no parte de un colectivo. Estos seis aprendizajes pone en práctica Lab XXI porque sabemos que es necesario aplicar esto en las aulas del Ecuador para tener jóvenes preparados a ser agentes de cambio y ciudadanos del mundo. Como Era La Educacion Escolar En El Siglo Xix

  • Los docentes que participaron del debate:
  • Richard Gerver – Ex director de la escuela primaria Grange (Gran Bretaña) y experto en liderazgo, creatividad y cambio organizativo
  • Pilar Urgidos – directora de la escuela Miquel Bleach de Barcelona
  • Joan Domenèch – Maestro y director de la escuela Fructuós Gelabert
  • Joan Badia – Profesor de lengua y literatura en educación secundaria obligatoria
  • Núria Marín – directora de la comunidad de aprendizaje de la escuela Mare de Déu de Montserrat de Terrassa
  • Xavier Aragay – Economista y director general de la Fundación Jesuitas Educación

Revisa las noticias más recientes El programa nos ayudó a darnos cuenta de lo que somos capaces Las habilidades del siglo XXI, también conocidas como habilidades blandas Cuando pensamos en el futuro, a ¿qué realidad se van a enfrentar los niños de hoy? El 2020 ha sido un año lleno de sorpresas. De un momento al otro, el mundo se puso en pausa : La educación en los cambios del siglo XXI
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¿Cómo era la educación en 1850?

La educación se centró en un aprendizaje utilitario y en el conocimiento de las nociones básicas de matemática y lengua.
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¿Cómo era la educación en el siglo IX?

Educación

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24 de febrero de 2012 Publicado por Hilda Fingermann La fuerte impronta que puso la iglesia católica a la educación de la Edad media es el rasgo más significativo de esta etapa histórica, signada por el oscurantismo, aunque ya a partir del siglo IX resurgió la preocupación por la educación. En el siglo VIII tras la invasión musulmana a España, renació allí la vida cultural, especialmente en Córdoba y Toledo.

  1. Allí y en el resto de Europa, el cristianismo siguió impartiendo su enseñanza en los monasterios.
  2. A partir del siglo IX, se crearon las escuelas monacales.
  3. Las lecciones se daban en latín.
  4. El objetivo primario era la formación de hombres cultos para la iglesia, con método memorístico.
  5. Sin embargo, además de la formación de religiosos, se establecieron colegios exteriores para el resto de la población, como por ejemplo en Jarrow, San Martín de Tours, Cork o Montecasino.

Luego surgieron las escuelas catedralicias o episcopales, como la de Reims, o la de Viena. En la Edad Media es posible reconocer la tarea educativa de Carlomagno. Creó las populares, donde los niños aprendían los rudimentos de la lecto-escritura, pues eran pocos los que se hallaban alfabetizados; escuelas superiores, y seminarios de música.

  1. Carlomagno fundó además, la Escuela Palatina, en Aquisgrán, para hijos de personas influyentes y futuros funcionarios.
  2. Allí el sistema educativo seguía estando en manos de la iglesia y comprendía el cuadrivium y el trivium.
  3. El cuadrivium estaba integrado por las siguientes asignaturas: aritmética, geometría, música y astronomía, mientras que el trivium contaba con gramática, retórica y dialéctica.

Eran religiosos tanto quienes las dirigían como quienes enseñaban, pero sus alumnos podían no ser aspirantes a clérigos. Se estableció una calificación numérica de 1 a 10. Alemania e Inglaterra fueron los países que se destacaron bajo la influencia de Carlomagno en materia educativa, bajo los reinados de Othon y Alfredo El Grande, respectivamente.
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¿Qué pedagogos nacieron en el siglo XIX?

Escrito por: Samanta González Horta El pasado lunes 15 de Marzo las alumnas de Ciencias de la Educación en la materia de Historia de la Educación compartieron las principales características de algunos pedagogos importantes del siglo XIX, con el objetivo de dar a conocer acciones importantes que cada uno logró y explorar sus aportaciones para la educación que conservamos actualmente.

  • Cada pensador fue expuesto por alguno de los equipos, los nombres son los siguientes: Joseph Lancaster (1778 – 1838), Gabino Barreda (1818 – 1881), Enrique Rébsamen (1857 – 1904), José María Luis Mora Lamadrid (1794), Carlos A.
  • Carrillo (1855 – 1893), Valentín Gómez Farías (1781 – 1858), Melchor Ocampo (1814 – 1861) e Ignacio Ramírez (El Nigromante) (1818 – 1879), en ese orden se fueron compartiendo sus biografías, características importantes y aportaciones hacia la educación.

Fui integrante del equipo donde se expuso Enrique Rébsamen, él fue de los principales pensadores que dio origen a las escuelas normales, lugar donde se formaban y se forman a los maestros de nivel primaria en aquella época y actualmente; dichos centro de formación empezaron teniendo teniendo tintes de libertad debido a que acaba de pasar la independencia de México.

Rébsamen fue reconocido por sus aportaciones en la mejora de la formación de docentes, fue encargado de varias normales y él junto con sus colaboradores fueron quienes les dieron a dichos centros de formación docente prestigio en nuestro país. Esta entrada fue publicada en Siglo XIX y etiquetada Pensadores siglo XIX,

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¿Cómo era considerada la pedagogía en el siglo XVIII?

El siglo XVIII se caracteriza por un optimismo pedagógico exagerado, que tiene como consecuencia la proliferación de obras y tratados -algu nos publicados, otros manuscritos y conservados por sus respectivos autores- sobre educación.
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¿Cómo fue la pedagogía en el siglo XVII?

la pedagogia del siglo XVII PRINCIPALES APORTADORES DE LA PEDAGOGÍA EN EL SIGLO XVII La pedagogía de esta época está influida por las dos grandes corrientes filosóficas que surgen en ella: la empírica, representada principalmente por Bacon, y la idealista, fundada por Descartes.

Ninguno de ambos escribe directamente sobre educación, pero sus ideas repercuten grandemente en ella. A estas corrientes hay que añadir el efecto del movimiento científico, naturalista y crítico que parte del Renacimiento. También la pedagogía del siglo XVII fue llamada pedagogía realista. Dentro de esta corriente otros personajes con sus aportes y así formaron parte en gran escala de la educación de este siglo.

Bacon (1561-1626) Considera que el conocimiento procede de la experiencia, de las percepciones sensibles, por lo cual hay que partir del estudio de la naturaleza, del conocimiento de las cosas. Para esto hay que emplear el método inductivo por el cual se agrupan los hechos particulares, se experimentan y comprueban para llegar a los conceptos generales, es decir, al conocimiento.

  • Descartes (1596-1649) Parte de la duda metódica, de cuestionar las ideas recibidas.
  • Afirma en cambio la sustantividad del yo y de la razón frente al mundo exterior.
  • Lo decisivo para el conocimiento son las ideas, no las cosas; el ser pensante, no el mundo exterior.
  • Su influencia en la pedagogía se debe sobre todo a sus ideas sobre el método, que llegan a constituir una de las bases de la nueva didáctica.

Empirismo e idealismo, aunque contradictorios en apariencia, se complementan en la educación y dan lugar a la pedagogía realista, que caracteriza a esta época. Esta pedagogía aspira a crear una nueva didáctica, dando normas para el empleo del método en la educación conforme a ciertas reglas.

Asimismo atiende a la individualidad del educando con más insistencia que las épocas anteriores. Finalmente, en el orden moral y social cultiva el espíritu de tolerancia, de respeto a la personalidad y la fraternidad entre los hombres. Juan Amós Comenio El más grande educador y pedagogo del siglo XVII y uno de los más grandes de la historia, Juan Comenio, nació en Moravia en 1592.

Ha sido el fundador de la didáctica y en parte de la pedagogía moderna. Pero además ha sido un pensador, un místico, un reformador social. Su nombre figura a la altura de los de Rousseau y Pestalozzi, es decir, de los más grandes de la educación y de la pedagogía.

La pedagogía de Comenio es una conjunción de ideas religiosas y de ideas realistas. Continúa en cierto modo la corriente religiosa de la Reforma y la empirista del Renacimiento. El fin de la educación para él es la salvación, la felicidad eterna. En realidad, los fines de la vida y por tanto de la educación son para todas las cosas, artes y lenguas; la virtud o buenas costumbres, que incluye no sólo las buenas maneras sino el dominio de las pasiones, y la piedad o religión, por la que entiende la interna veneración por la cual el alma del hombre se une al Ser supremo.

Asimismo considera como uno de los objetivos de la educación la humanidad; el hombre no puede llegar a ser hombre si no es educado. “Nadie puede creer que es un verdadero hombre a no ser que haya aprendido a formar su hombre”. Y esto ha de hacerse pronto, en la infancia.

  1. Por esto la educación ha de aplicarse a todos.
  2. En las escuelas debe admitirse “a todos por igual, nobles y plebeyos, ricos y pobres, niños y niñas”.
  3. Y no sólo esto, sino que han de ser educados conjuntamente en los mismos establecimientos.
  4. Con ello Comenio se adelanta a su tiempo y anticipa la idea de la escuela democrática unificada.

La principal contribución de Comenio ha sido, como se ha dicho, respecto al método, tanto en las ciencias como en las artes y en las lenguas. Además, dividió la escuela en seis clases, estableciendo así un principio de enseñanza graduada. Comenio no es sólo un pedagogo, sino también un pensador y un reformador.

  • Sus principales ideas fueron la del método conforme a la naturaleza, es decir, conforme al desarrollo del hombre, y la idea de la escuela para todos (escuela unificada).
  • Wolfgang Ratke
  • Fue un educador alemán nacido el 18 de octubre de 1571, sus estudios universitarios los hizo en la universidad Holstein. Ratke se educó en la universidad Rostock, su sistema educativo fue basado en la filosofía de Francis Bacon, su aporte fue establecer los siguientes principios dentro de la educación:
  • v Sigue la naturaleza de lo simple a lo complejo.
  • v Se aprende una cosa a la vez.
  • v Debe repetirse lo aprendido.
  • v Debe enseñarse en la lengua materna primero.
  • v Debe aprenderse gustosamente sin coacción.
  • v No deben imponerse reglas, ni aprenderse de memoria.
  • v Todo debe aprenderse por la experiencia.
  • v El maestro debe sólo instruir.
  • v Deben marchar de acuerdo a la disciplina escolar.
  • John Locke

John Locke, nació el 29 de agosto de 1632, en la ciudad de Wrington, Inglaterra. Fue uno de los pensadores Ingleses del Siglo XVII, considerado el padre del empirismo y del liberalismo moderno. Su estudio era referente a que las ideas no eran innatas ni el casualismo, su aporte a la educación fue su propuesta pedagógica que se fundamentaba con un Ensayo sobre el entendimiento humano, donde delineaba la Teoría de la mente, propuso que la mente del niño era una tabula rasa; esto significaba que no se contenían ideas innatas.

  1. Un carácter virtuoso.
  2. Elección de un programa de estudios o currículo académico apropiado.
  3. Conseguir el desarrollo de un cuerpo sano.
  4. También Locke hace énfasis en la educación del Gentleman (urbanidad) cultivo del espíritu, retoma la importancia de la educación física, preparar al ser humano para la virtud, someter el impulso a la razón y aplicar la psicología a la educación.
  5. En Locke, sin embargo de sus aciertos educativos, hay algunas ideas que nos aparecen hoy poco recomendables:
  6. En primer lugar su concepción aristocrática de la educación, que le lleva a preferir la educación privada, doméstica, por medio de un preceptor, a la educación en la escuela pública.
  7. No se encuentra en Locke un sistema de educación intelectual basado en las ideas empiristas que caracterizan a su filosofía, y que Ratke y Comenio expusieron tan brillantemente.
  8. La Pedagogía femenina de François Fenelón

La educación de la mujer no había sido muy atendida en las épocas de la Reforma y la Contrarreforma; ambas se habían preocupado esencialmente de la educación de los muchachos. Existían sin embargo algunos antecedentes humanistas en la educación de la mujer representados por Erasmo y Vives.

Éste escribió La educación de la mujer cristiana, en la que pedía que no limitara su cultura al conocimiento de las primeras letras y a las faenas domésticas, sino que debiera también estudiar las letras clásicas, la retórica, la gramática y la poesía, permitiéndole la lectura de las obras de Platón, Cicerón, Séneca y Plutarco.

En el ser sentido humanista trata la educación femenina Fenelón (Francisco de Salignac de la Motte-Fenelón), quien vivió en 1651 a 1715. Fenelón se ocupó de la educación no sólo teóricamente, sino también prácticamente. En efecto, fue primero director de un colegio de muchachas, las Nouvelles Catholiques, para convertir a las jóvenes protestantes a la fe católica; después fue preceptor del duque de Borgoña, nieto de Luis XVI, con quien tuvo un gran éxito como educador.

Los escritos pedagógicos de Fenelón son de dos clases: tinos dedicados a la educación de este príncipe, entre los cuales se encuentra su conocido Telémaco, impregnado de cultura clásica, y otro dedicado a la educación femenina, con el título de la educación de las niñas compuesto a instancias de los duques de Beauviliers para la educación de sus hijas.

Sus obras influyeron grandemente en la educación francesa. : la pedagogia del siglo XVII
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