Lo Que Significa Vivir Para El Señor?

Lo Que Significa Vivir Para El Señor

¿Qué es vivir para el Señor?

Nuestra vida debe estar centrada en Cristo con exactitud si queremos hallar verdadero gozo y paz en esta vida. El mundo en que vivimos presiona a las personas buenas de todas partes para que rebajen e incluso abandonen las normas de una vida recta. Sin embargo, a pesar de las maldades y tentaciones que nos rodean a diario, hallamos y hallaremos gozo verdadero al vivir una vida centrada en Cristo.

  1. El centrar nuestra vida en Jesucristo y Su evangelio nos brindará estabilidad y felicidad, como ilustra el ejemplo siguiente.
  2. Al élder Taiichi Aoba, de los Setenta, quien reside en el pueblito montañés de Shikoku, en Japón, se le pidió que enseñara una clase en una conferencia para la juventud.
  3. Permaneced en lugares santos” fue el tema seleccionado para la conferencia.

Tras considerar el tema y qué enseñar, el élder Aoba decidió usar su vocación como herramienta de enseñanza. Él es alfarero. Imagen El élder Aoba cuenta que su clase de jóvenes cobró vida cuando lo vieron transformar casi de manera mágica la pieza de barro que tenía en las manos y convertirla en platos, tazones y tazas. Después de su demostración, preguntó si alguien quería intentarlo y todos levantaron la mano.

El élder Aoba invitó a varios jóvenes a acercarse y probar su nuevo interés. Asumieron que, después de verlo a él, sería algo sencillo. Sin embargo, ninguno logró hacer siquiera un tazón sencillo. Todos dijeron: “¡No puedo hacerlo!”, “¿Por qué cuesta tanto?”, “Es muy difícil”. Hacían estos comentarios mientras el barro volaba por el cuarto.

Preguntó a los jóvenes por qué les estaba costando tanto la alfarería y ellos dieron varias respuestas: “No tengo experiencia”, “Nunca me han enseñado” o “No tengo talento”. Según el resultado, todo lo que dijeron era verdad; sin embargo, el motivo más importante de su fracaso era que no habían centrado el barro en la rueda. Imagen Esta vez, el élder Aoba colocó el barro en el centro exacto de la rueda y entonces empezó a girarla, haciendo un agujero en medio del barro. Varios jóvenes volvieron a intentarlo y esta vez todos comenzaron a aplaudir cuando dijeron: “¡Vaya! Ya no se mueve”, “Puedo hacerlo” o “¡Lo logré!”.

Claro que las formas no eran perfectas, pero el resultado fue totalmente diferente al del primer intento. El motivo del éxito fue que el barro estuvo perfectamente centrado en la rueda. El mundo en que vivimos es similar a la rueda giratoria del alfarero y la velocidad de ella va en aumento. Al igual que el barro en la rueda del alfarero, también nosotros debemos estar centrados.

Nuestro núcleo —el centro de nuestra vida— debe ser Jesucristo y Su evangelio. Vivir una vida centrada en Cristo significa que aprendemos acerca de Jesucristo y Su evangelio, y entonces seguimos Su ejemplo y guardamos Sus mandamientos con exactitud. El antiguo profeta Isaías declaró: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro, y tú nuestro alfarero; así que obra de tus manos somos todos nosotros” 1,

  • Si nuestra vida está centrada en Jesucristo, Él puede moldearnos con éxito en quienes necesitamos ser a fin de regresar a Él y a la presencia del Padre en el reino celestial.
  • El gozo que experimentemos en esta vida será directamente proporcional a lo bien que esta esté centrada en las enseñanzas, el ejemplo y el sacrificio expiatorio de Jesucristo.

Hermanos y hermanas, yo nací en una familia Santo de los Últimos Días multigeneracional, por lo que las bendiciones y el gozo de tener el evangelio de Jesucristo como la base de nuestra cultura familiar estaban entretejidas en nuestra vida cotidiana.

  1. No fue hasta que serví de joven en una misión de tiempo completo que me di cuenta del impacto increíblemente positivo que tiene la plenitud del evangelio de Jesucristo en quienes nunca antes han experimentado sus bendiciones en la vida.
  2. Este versículo de Mateo refleja el proceso por el que pasan las personas que se convierten al evangelio de Jesucristo: “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y lleno de gozo por ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo” 2,

Permítanme compartir con ustedes un ejemplo del Libro de Mormón que ilustra lo que estuvo dispuesto a pagar un converso para recibir el gozo asociado con encontrar el tesoro que mencionó Jesús en la parábola del tesoro oculto en el campo. Recuerdan que en el libro de Alma, capítulo 20, Ammón y Lamoni estaban viajando a la ciudad de Middoni para encontrar a Aarón, el hermano de Ammón, y sacarlo de la prisión.

  1. Durante el viaje se encontraron con el padre de Lamoni, quien era el rey lamanita de toda la tierra.
  2. El rey se enojó mucho porque su hijo Lamoni estaba viajando con Ammón, un misionero nefita, al que consideraba un enemigo.
  3. Creía que su hijo debía haber asistido a la gran fiesta que había organizado para sus hijos y su pueblo.

El rey lamanita estaba tan enfadado que mandó a su hijo Lamoni que matara a Ammón con la espada. Cuando Lamoni se negó, el rey desenvainó su propia espada para matar a su hijo por desobediente. Sin embargo, Ammón intercedió para salvar la vida de Lamoni y, finalmente, derrotó al rey y hasta pudo haberlo matado.

  • Esto es lo que le dijo el rey a Ammón al hallarse en esa situación entre la vida y la muerte: “Si me perdonas la vida, te concederé cuanto me pidas, hasta la mitad del reino” 3,
  • El rey estaba dispuesto a pagar el precio de la mitad de su reino para salvar su vida.
  • Debió de quedarse atónito cuando Ammón le pidió solamente que liberara a su hermano Aarón y a los compañeros de este que estaban en la prisión y que Lamoni, su hijo, retuviera su reino.

Más adelante, y debido a ese encuentro, Aarón, el hermano de Ammón, fue liberado de la prisión de Middoni. Tras su liberación, fue inspirado a viajar a donde gobernaba el rey lamanita, ante el que se presentó y a quien tuvo el privilegio de enseñar los principios del evangelio de Jesucristo, incluso el gran plan de redención.

  • Las enseñanzas de Aarón inspiraron profundamente al rey.
  • La respuesta del rey a las enseñanzas de Aarón se halla en el versículo 15 del capítulo 22 de Alma : “Y aconteció que después que Aarón le hubo explicado estas cosas, dijo el rey: ¿Qué haré para lograr esta vida eterna de que has hablado? Sí, ¿qué haré para nacer de Dios, desarraigando de mi pecho este espíritu inicuo, y recibir el Espíritu de Dios para que sea lleno de gozo, y no sea desechado en el postrer día? He aquí, dijo él, daré cuanto poseo; sí, abandonaré mi reino a fin de recibir este gran gozo”.

Sorprendentemente, en vez de ceder la mitad de su reino para salvar su vida, ahora el rey lamanita estaba dispuesto a dar todo su reino para tener el gozo que se recibe al entender, aceptar y vivir el evangelio de Jesucristo. Mi esposa, Nancy, también es conversa a la Iglesia y a lo largo de los años me ha hablado muchas veces del gozo que sintió en su vida desde que encontró, aceptó y vivió el evangelio de Jesucristo.

  1. La siguiente es una reflexión de la hermana Maynes acerca de su experiencia: “Siendo una joven adulta de unos veinte años, me hallaba en un punto de la vida en el que sabía que debía cambiar algo para ser una persona más feliz.
  2. Sentía como si careciera de sentido y dirección, y no sabía a dónde ir para encontrarlos.

Siempre había sabido que el Padre Celestial existía y ocasionalmente en mi vida había dicho oraciones, sintiendo que Él escuchaba. “Al iniciar mi búsqueda, asistí a varias iglesias diferentes, pero siempre me volvían los mismos sentimientos y el desánimo.

  1. Me siento muy bendecida porque mi oración en la que pedía dirección y sentido para mi vida tuvo respuesta y conocí la plenitud del evangelio de Jesucristo.
  2. Por primera vez sentí que tenía un propósito y el plan de felicidad brindó un gozo real a mi vida”.
  3. Otra experiencia del Libro de Mormón ilustra claramente cómo el vivir una vida centrada en Cristo nos llena de gran felicidad aun cuando estemos rodeados de adversidades increíbles.

Después de que el profeta Lehi y su familia partieran de Jerusalén en el año 600 a.C., vagaron unos ocho años por el desierto hasta que finalmente llegaron a una tierra a la que llamaron Abundancia, cerca de la costa. Nefi describe así su vida de tribulación en el desierto: “Habíamos sufrido numerosas aflicciones y mucha dificultad tantas que no podemos escribirlas todas” 4,

Mientras vivían en Abundancia, el Señor encargó a Nefi la responsabilidad de construir un barco que los llevaría a través del océano a la tierra prometida. Después de llegar a la tierra prometida, siguieron surgiendo grandes conflictos entre las personas que centraban su vida en Cristo y los incrédulos que seguían los ejemplos de Lamán y Lemuel.

Al final, el riesgo de violencia entre ambos grupos era tan grande que Nefi y los que seguían la enseñanza del Señor se separaron y huyeron al desierto para estar a salvo. En ese entonces, unos treinta años después de que Lehi y su familia salieran de Jerusalén, Nefi hace una declaración bien documentada y algo sorprendente, en especial después de registrar en las Escrituras las muchas tribulaciones y aflicciones que habían padecido por tan largo tiempo.

  • Estas son sus palabras: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz” 5,
  • A pesar de sus dificultades, pudieron vivir de una manera feliz porque estaban centrados en Jesucristo y en Su evangelio.
  • Hermanos y hermanas, como el barro en la rueda del alfarero, nuestra vida debe estar centrada en Cristo con exactitud si queremos hallar verdadero gozo y paz en esta vida.

Los ejemplos del rey lamanita, de mi esposa, Nancy, y del pueblo nefita respaldan este principio verdadero. Comparto con ustedes mi testimonio de que también nosotros podemos hallar esa paz, esa felicidad, ese gozo verdadero si elegimos llevar una vida centrada en Cristo.

¿Cómo se debe vivir la vida según la Biblia?

Amar a los demás y vivir con las diferencias Como seguidores de Cristo debemos vivir en paz con los demás que no compartan nuestros valores ni acepten las enseñanzas basadas en ellos. En los últimos días de Su ministerio terrenal, Jesús dio a Sus discípulos lo que Él llamó “un mandamiento nuevo” ().

Ese mandamiento, que repitió tres veces, era sencillo pero difícil: “Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (; véase también el ). La enseñanza de amarse los unos a los otros había sido una enseñanza esencial del ministerio del Salvador. El segundo grande mandamiento era “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” ().

Jesús incluso enseñó: “Amad a vuestros enemigos” (). Pero el mandamiento de amar a los demás tal como Él había amado a Su rebaño fue para Sus discípulos —y lo es para nosotros— un desafío singular. “De hecho”, el abril pasado el presidente Thomas S. Monson nos enseñó, “el amor es la esencia misma del Evangelio, y Jesucristo es nuestro ejemplo.

  1. Su vida fue un legado de amor”.
  2. ¿Por qué es tan difícil sentir amor cristiano los unos por los otros? Es difícil porque debemos vivir entre aquellos que no comparten nuestras creencias, valores y obligaciones de los convenios.
  3. En Su gran oración intercesora, que hizo poco antes de Su crucifixión, Jesús oró por Sus seguidores: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” ().

Después, suplicó al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (). Debemos vivir en el mundo pero no ser del mundo. Debemos vivir en el mundo porque, como Jesús enseñó en una parábola, Su reino es “semejante a la levadura”, cuya función es leudar toda la masa con su influencia (véase ; ; véase también ).

  • Sus seguidores no pueden hacer eso si se relacionan sólo con personas que compartan sus creencias y prácticas.
  • No obstante, el Salvador también enseñó que si lo amamos, guardaremos Sus mandamientos (véase ).
  • El Evangelio tiene muchas enseñanzas en cuanto a guardar los mandamientos mientras vivimos entre personas que tienen diferentes creencias y prácticas.

Las enseñanzas relacionadas con la contención son fundamentales. Cuando el Cristo resucitado encontró a los nefitas que disputaban acerca de la manera de bautizar, Él dio instrucciones claras en cuanto a cómo se debía efectuar esa ordenanza. Después enseñó este gran principio:

  • “no habrá disputas entre vosotros, como hasta ahora ha habido; ni habrá disputas entre vosotros concernientes a los puntos de mi doctrina, como hasta aquí las ha habido.
  • “Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros,
  • “He aquí mi doctrina es ésta, que se acaben tales cosas” (; cursiva agregada).
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El Salvador no limitó Su advertencia contra la contención a aquellos que no estaban guardando el mandamiento del bautismo. Él prohibió la contención por parte de cualquier persona. Incluso aquellos que guardan los mandamientos no deben irritar los corazones de los hombres para que contiendan con ira.

El “padre de la contención” es el diablo; el Salvador es el Príncipe de Paz. De igual manera, la Biblia nos enseña que “los sabios apartan la ira” (). Los apóstoles de los primeros días enseñaron que debemos ” lo que conduce a la paz” () y ” la verdad en amor” (), “porque la ira del hombre no produce la justicia de Dios” ().

En la revelación moderna, el Señor mandó que las buenas nuevas del Evangelio restaurado se debían declarar “cada hombre a su vecino, con mansedumbre y humildad” (), “con toda humildad no denigrando a los que denigran” (). Aun al procurar ser humildes y evitar la contención, no debemos abandonar ni debilitar nuestro compromiso con las verdades que comprendemos.

No debemos ceder en nuestra postura ni en nuestros valores. El evangelio de Jesucristo y los convenios que hemos hecho inevitablemente nos colocan como combatientes en la eterna batalla entre la verdad y el error. En esa batalla no hay un punto medio. El Salvador mostró el camino cuando Sus adversarios lo confrontaron con la mujer que había “sido sorprendida en el acto mismo de adulterio” ().

Al sentirse avergonzados por su propia hipocresía, los que la acusaban se alejaron y dejaron solo a Jesús con la mujer. Él la trató con bondad al negarse a condenarla en ese momento, pero a la vez le indicó firmemente “no peques más” (). Es necesario tener bondad amorosa, pero un seguidor de Cristo —al igual que el Maestro— será firme en la verdad.

Al igual que el Salvador, Sus seguidores a veces se enfrentarán a una conducta pecaminosa, y hoy día cuando proclaman el bien y el mal, según ellos lo entienden, a veces se les tilda de “intolerantes” o “fanáticos”. Muchos de los valores y las prácticas mundanas presentan ese tipo de desafíos para los Santos de los Últimos Días.

Entre ellos se destaca hoy día la fuerte tendencia que está legalizando el matrimonio entre personas del mismo sexo en muchos estados y provincias de Estados Unidos y Canadá, y muchos otros países del mundo. También vivimos entre personas que no creen en el matrimonio; algunos no creen en tener hijos; otros se oponen a cualquier restricción que se imponga a la pornografía o a las drogas peligrosas.

Otro ejemplo, que reconocerán la mayoría de los creyentes, es el desafío de vivir con un cónyuge, familiar, o relacionarse con compañeros de trabajo, que no sean creyentes. En lugares que han sido dedicados, como los templos, los centros de adoración y nuestros propios hogares, debemos enseñar la verdad y los mandamientos de manera sencilla y completa, según nuestro entendimiento de ellos en el Plan de Salvación que se ha revelado en el Evangelio restaurado.

Nuestro deber de hacerlo está protegido por las garantías constitucionales de la libertad de expresión y la libertad religiosa, así como por las leyes de privacidad que se practican incluso en países que no tienen garantías constitucionales formales.

  • En público, lo que las personas religiosas digan y hagan implica otras consideraciones.
  • El libre ejercicio de la religión protege la mayoría de los actos públicos, pero está sujeto a restricciones que son necesarias para dar cabida a las creencias y a las prácticas de los demás.
  • Las leyes pueden prohibir la conducta que por lo general se reconoce como equivocada o inaceptable, como la explotación sexual, la violencia o conducta terrorista, incluso cuando la lleven a cabo extremistas en nombre de la religión.

Las conductas menos graves, a pesar de que sean inadmisibles para algunos creyentes, tal vez simplemente se tengan que soportar si se legalizan de acuerdo con lo que un profeta del Libro de Mormón llamó “la voz del pueblo” (). Sobre el tema del diálogo público, todos debemos seguir las enseñanzas del Evangelio de amar a nuestro prójimo y evitar la contención.

  • Los seguidores de Cristo deben ser ejemplos de civismo.
  • Debemos amar a todas las personas, ser buenos oyentes, y demostrar interés por sus creencias sinceras.
  • Aunque podamos estar en desacuerdo, no es apropiado ser desagradables.
  • Nuestra postura y comunicaciones relacionadas con temas polémicos, no deben ser contenciosas.

Debemos ser prudentes al explicar y poner en práctica nuestras posturas y al ejercer nuestra influencia. Al hacerlo, pedimos que los demás no se sientan ofendidos por nuestras sinceras creencias religiosas y el libre ejercicio de nuestra religión. Exhortamos a todos para que pongamos en práctica la regla de oro del Salvador: “las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” ().

Cuando nuestras posturas no sean convincentes ante la oposición, debemos aceptar con gentileza los resultados desfavorables y poner en práctica la cortesía con nuestros adversarios. En cualquier caso, debemos ser personas de buena voluntad hacia todos, rechazando la persecución en cualquiera de sus formas, incluyendo la persecución basada en raza, origen étnico, creencia religiosa o incredulidad, y diferencias en la orientación sexual.

He hablado sobre principios generales; ahora hablaré en cuanto a la forma en que esos principios se deben llevar a la práctica en una variedad de circunstancias comunes en las que las enseñanzas del Salvador se deben seguir con más fidelidad. Empiezo con lo que nuestros niños pequeños aprenden en sus actividades de juego.

Con mucha frecuencia, las personas de aquí de Utah que no son mormonas se han sentido ofendidas cuando algunos de nuestros miembros se han distanciado de ellas y no permiten que sus hijos se hagan amigos de niños de otras religiones. Seguramente podemos enseñar a nuestros hijos valores y normas de comportamiento sin que se alejen ni muestren falta de respeto hacia cualquier persona que sea diferente.

Muchos maestros de la Iglesia y de las escuelas se han lamentado por la manera en que algunos adolescentes, incluyendo jóvenes SUD, se tratan mutuamente. El mandamiento de amarse unos a otros ciertamente incluye el amor y el respeto entre diferentes religiones y también entre razas, niveles culturales y económicos.

Instamos a todos los jóvenes a que eviten el acoso, los insultos o el lenguaje y las prácticas que de manera deliberada causen dolor a los demás. Todas esas cosas quebrantan el mandamiento del Salvador de amarse los unos a los otros. El Salvador enseñó que la contención es una herramienta del diablo. Eso ciertamente nos enseña en cuanto al lenguaje y a la práctica de la política en la actualidad.

El vivir con diferencias políticas es esencial para la política, pero las diferencias políticas no tienen que conllevar ataques personales que interfieran con el proceso del gobierno y castiguen a los participantes. Todos debemos deshacernos de las comunicaciones llenas de odio y practicar el civismo hacia las diferencias de opinión.

El entorno más importante donde evitar la contención y practicar el respeto por las diferencias es en nuestros hogares y en nuestras relaciones familiares. Las diferencias son inevitables —algunas leves y otras mayores. Con respecto a las mayores, supongamos que un familiar esté en una relación de cohabitación.

Eso supone un conflicto entre dos importantes valores: nuestro amor por el familiar, y nuestro compromiso hacia los mandamientos. Al seguir el ejemplo del Salvador, podemos demostrar bondad y aún ser firmes en la verdad al abstenernos de acciones que faciliten o que parezcan aprobar lo que sabemos que está mal.

  1. Finalizo con otro ejemplo de una relación familiar.
  2. En una conferencia de estaca del Medio Oeste de Estados Unidos, hace más o menos diez años, conocí a una hermana que me dijo que su esposo, que no era miembro, la había estado acompañando a la Iglesia durante doce años, pero que nunca se había unido a la Iglesia.

¿Qué debía hacer?, preguntó. Le aconsejé que siguiera haciendo todo lo correcto y fuera paciente y amable con su esposo. Más o menos después de un mes me escribió lo siguiente: “Bueno, pensé que doce años eran suficiente muestra de paciencia, pero no sabía si yo estaba siendo muy amable.

  • De modo que me esforcé mucho durante un mes, y se bautizó”.
  • La bondad es algo potente, en especial en un entorno familiar.
  • En la carta, continuó: “Me estoy esforzando aún más para ser bondadosa porque nos estamos preparando para sellarnos en el templo este año”.
  • Seis años más tarde me escribió otra vez: “A mi esposo lo acaban de llamar y apartar como obispo de nuestro barrio”.

En tantas relaciones y circunstancias de la vida, debemos vivir con diferencias. En los casos de vital importancia, no debemos negar ni abandonar nuestra opinión respecto a esas diferencias, pero como seguidores de Cristo debemos vivir en paz con los demás que no compartan nuestros valores ni acepten las enseñanzas basadas en ellos.

  • El Plan de Salvación del Padre, el que conocemos por medio de la revelación profética, nos coloca en una situación terrenal en la que debemos guardar Sus mandamientos.
  • Eso incluye amar a nuestro prójimo de diversas culturas y creencias, así como Él nos ha amado.
  • Tal como enseñó un profeta del Libro de Mormón, debemos seguir adelante, teniendo “amor por Dios y por todos los hombres” ().

Por difícil que sea vivir en la agitación que nos rodea, el mandato del Salvador de amarnos los unos a los otros como Él nos ama, probablemente sea nuestro más grande desafío. Ruego que podamos comprender esto y procuremos vivirlo en todas nuestras relaciones y actividades.

  1. Thomas S. Monson, “El amor: la esencia del Evangelio”, Liahona, mayo de 2014, pág.91.
  2. Cartas a Dallin H. Oaks, 23 de enero de 2006, y 30 de octubre de 2012.

: Amar a los demás y vivir con las diferencias

¿Cómo debo vivir esta nueva vida en Cristo Gálatas 2 20?

Vivo yo, ya no yo; vive Cristo en mí (Gál 2, 20). De él desciende toda perfección; son más de él que mías mis virtudes (26). Queda clara, entonces, la iniciativa de la gracia en el programa de ‘ser Cristo’. Esto no quiere decir que el hombre no participe en este proceso.

¿Qué es vivir biblicamente?

A – Verbo – Jayah (2421, הָיָָה ), «vivir». Este verbo, que tiene cognados en la mayoría de las lenguas semíticas (excepto acádico), se halla 284 veces en todos los períodos del hebreo bíblico. La raíz básica del verbo connota «tener vida»: «Y vivió Adán 130 años» ( Gén.5:3 ).

  1. Un significado similar se encuentra en Núm.14:38 y Jos.9:21,
  2. La forma intensiva de jayah significa «preservar la vida»: «Dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo» ( Gén.6:19 ).
  3. El término puede significar también «vificar» («dar vida») o «reavivar»: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados» ( Isa.57:15 RV-95 ).

«Vivir» es más que existencia física. Según Deut.8:3, «no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre». Dijo Moisés a Israel: «Yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios para que vivas y seas multiplicado» ( Deut.30:16 ).

¿Donde dice si vivimos para el Señor vivimos?

Romanos 14:8-9 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para | Biblia Reina Valera 1960 (RVR1960) | Descargue La Biblia App ahora YouVersion utiliza cookies para personalizar su experiencia.

¿Qué valores nos pide vivir la Palabra del Señor?

Los valores del reino de Jesús Hoy, último domingo del año litúrgico, la Iglesia celebra la festividad de Jesucristo Rey del Universo. Una festividad de alto contenido teológico, pero que aún no ha llegado a ser una fiesta popular, ni parece que tenga especial significación para la espiritualidad de la gran mayoría de los cristianos.

  • Y es que el título de «rey» aplicado a Jesús, tropieza con dos dificultades: primera, la secular «mundanización»; segunda, el exagerado «misticismo».
  • El título de rey es un título secular que, además, está asociado, en la mentalidad de mucha gente, a las antiguas monarquías absolutas.
  • Por eso, aplicarle a Jesús el título de «rey» tiene el peligro de evocar el poder político que tuvo la religión de Israel y el poder temporal que, desde el emperador Constantino, la Iglesia ha ejercido con tanta frecuencia.

Y el exagerado «misticismo» se puede dar en aquellas personas que, cuando piensan en Jesucristo Rey, lo ven clavado en la cruz y asocian la cruz solamente con el sufrimiento y no con «la lucha contra el sufrimiento». Jesús murió crucificado, no porque Dios quiere el sufrimiento, sino porque no lo quiere.

  • Jesús vivió para hacer el bien y aliviar el dolor del mundo.
  • Eso, llevado hasta las últimas consecuencias, es lo que llevó a Jesús a la cruz.
  • La fiesta de hoy nos invita a contemplar la realeza de Cristo y los valores de su reino.
  • «El reinado de Dios consiste -nos dice el obispo de la diócesis, Demetrio Fernández, en su carta semanal- en el desbordamiento del amor de Dios sobre los hombres, en el amor a toda la humanidad, sin excluir a nadie.
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Un amor que brota del corazón de Dios y se ha hecho carne en el corazón de Cristo. Un amor que no busca el dominio despótico, ni ejerce la violencia, ni tiene a su servicio los ejércitos y las armas de guerra, sino un amor que se propone para que el hombre libremente corresponda por su parte con un amor del mismo calibre.

El amor de Dios es un amor provocativo de nuestro amor, al que libremente se responde, dejando que Dios reine en nuestro corazón». Esta es la esencia de la fiesta de Cristo Rey. Y estos son los valores de su reino: verdad, amor, justicia y libertad. La verdad nos hará libres; el amor nos unirá como hermanos; la justicia nos hará solidarios; y la libertad nos hará sentirnos «hijos de Dios».

El reinado de Cristo no es la imposición de una monarquía en la sociedad, es el afianzamiento de la fe en Jesús, el único que salva. Tras épocas en que la imagen de Jesucristo Rey del Universo acercaba a la Iglesia a los poderosos de este mundo, las palabras y los gestos del Papa Francisco nos han ayudado a restituir esta imagen a su justo lugar: «Los pobres, los mendigos, son los protagonistas de la historia.

  1. En mitad de un mundo que duerme agazapado entre pocas certezas, los humildes preparan «la revolución de la verdad».
  2. El poeta Carlos Aganzo, en su libro Arde el tiempo, pone en labios de Jesús esta plegaria, desde la cruz: «¿Cómo has podido, Padre,/ dejarme aquí tan solo,/ oyendo únicamente la voz de los soldados/ que se juegan mi túnica/ y ese sordo lamento/ de los que esperan la muerte/ sin remisión posible?/ ¿Por qué este aliento amargo/ de hiel que hay en mi boca/ rota de ángel caído?».

Pero será ese amor de Cristo Rey, implantado en una nueva «civilización», la «civilización del amor», la que salve a la humanidad. : Los valores del reino de Jesús

¿Cómo debo vivir mi vida en Cristo?

Jesucristo ejemplifica características tales como la fe, la esperanza, la caridad, la paciencia, la humildad, la pureza, la diligencia y la obediencia. Al aprender de Él e intentar desarrollar Sus atributos llegaremos a ser los poseedores del sacerdocio que Él y nuestro Padre Celestial desean que seamos.

¿Cómo podemos vivir en amor de Dios?

Llenos de Su amor podemos sobrellevar bien el dolor, disipar el temor, perdonar libremente, evitar la contención, renovar la fortaleza y bendecir y ayudar a los demás.

¿Como dijo Pablo para mí el vivir es Cristo?

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  1. 1 Pablo y, de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los y los :
  2. 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
  3. 3 Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros,
  4. 4 siempre en todas mis oraciones, ruego por todos vosotros con gozo,
  5. 5 por vuestra hermandad en el evangelio, desde el primer día hasta ahora,
  6. 6 estando convencido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la hasta el día de Jesucristo;
  7. 7 como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y del evangelio, sois todos vosotros participantes conmigo de la,
  8. 8 Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el amor de Jesucristo.
  9. 9 Y esto pido en oración: que vuestro abunde aún más y más en conocimiento y en todo discernimiento,
  10. 10 para que aquilatéis lo mejor, a fin de que seáis e irreprensibles para el día de Cristo;
  11. 11 llenos de frutos de, que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
  12. 12 Y quiero, hermanos, que sepáis que las cosas que me han sucedido, han redundado en el mayor progreso del evangelio;
  13. 13 de tal manera que mis prisiones en Cristo han sido evidentes en todo el, y a todos los demás;
  14. 14 y la mayoría de los hermanos en el Señor, cobrando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin,
  15. 15 Y algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros, de buena voluntad.
  16. 16 Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones;
  17. 17 pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio.

18 ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me regocijo, y aún me regocijaré.

  • 19 Porque sé que por vuestra y la suministración del de Jesucristo, esto resultará en mi liberación;
  • 20 conforme a mi ferviente anhelo y de que en nada seré avergonzado; antes bien, con todo denuedo, como siempre, ahora también será Cristo en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
  • 21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
  • 22 Pero si el vivir en la carne me es fructífero para la obra, entonces no sé qué escoger;
  • 23 porque por ambas cosas me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor;
  • 24 pero en la carne es más necesario por causa de vosotros.
  • 25 Y convencido de esto, sé que me quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para provecho vuestro y gozo de la fe,
  • 26 para que crezca vuestro regocijo por mí en Cristo Jesús, por mi visita otra vez a vosotros.
  • 27 Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que, o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que firmes en un mismo espíritu, por la fe del evangelio,
  • 28 y en nada intimidados por los que se oponen, para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto, de Dios;
  • 29 porque a vosotros os es concedido por Cristo, no solo que creáis en él, sino también que por él,
  • 30 teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí.

¿Qué dice en Romanos 5 8?

Romanos 5

  • 1, pues, por la, tenemos para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,
  • 2 por medio de quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
  • 3 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las, sabiendo que la tribulación produce ;
  • 4 y la paciencia, ; y la prueba, esperanza;
  • 5 y la no avergüenza, porque el de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
  • 6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
  • 7 Difícilmente alguien muere por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
  1. 8 Mas Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún, Cristo murió por nosotros.
  2. 9 Mucho más ahora, habiendo sido justificados por su, por medio de él seremos salvos de la ira.
  3. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando ya reconciliados, seremos por su vida.
  4. 11 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio del Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la,
  5. 12 Por consiguiente, como el entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la pasó a todos los hombres, por cuanto todos,
  6. 13 Porque aun antes de la ley había pecado en el mundo; pero el pecado no se tiene en cuenta cuando no hay,
  7. 14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es del que había de venir.

15 Pero el don no es como la transgresión. Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, más abundó la gracia y el don de Dios para los muchos, por la gracia de un hombre, Jesucristo.

  • 16 Ni tampoco el don es como el pecado de aquel; porque a la verdad el juicio vino por un solo pecado para condenación, mas la gracia vino por muchas transgresiones para justificación.
  • 17 Porque si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la y del don de la justicia.
  • 18 Así que, como por la transgresión de uno solo vino la condenación a todos los hombres, así también por la justicia de uno solo vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida.
  • 19 Porque así como la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la de uno, los muchos serán constituidos justos.
  • 20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia,
  • 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la para por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

¿Qué es vivir en oración?

La oración: Vivir en Dios Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net El deseo de Dios en la oración Nosotros los cristianos tenemos en el corazón un deseo grande de tener contacto asiduo con el Dios que conocemos. Buscamos constantemente su rostro. A veces vamos en busca de Él en lo exterior y a veces entramos dentro de nosotros mismos para encontrarlo en nuestro interior.

  1. Necesitamos saber que está ahí, que no nos ha abandonado, que está a nuestro lado.
  2. Queremos escuchar su mensaje de amor; sabernos amados por Él.
  3. A eso le llamamos oración.
  4. Es frecuente escuchar de la boca de los cristianos esta frase: “No se orar”.
  5. A veces pensamos que la oración es algo complejo, inalcanzable, solo para algunos elegidos, que implica mucho tiempo.

Esos pensamientos nos pueden bloquear y no nos permiten tener una oración sencilla, llana, cercana, Para aprender a orar lo primero que hay que tener claro es qué es la oración. Es bueno permitir a Dios que nos rompa nuestros esquemas y nos abra nuestros horizontes para comprender cómo se nos quiere manifestar al corazón.

  • ¿Cuáles son algunos aspectos de la oración que nos permiten ampliar nuestro concepto de la misma y así aprender a orar? La oración es diálogo En primer lugar hay que aprender a considerar la oración como un diálogo.
  • Es ese momento de calidad en el que nosotros, hijos del Padre, levantamos la mirada a Él para entrar en un íntimo diálogo con Él.

Cuando uno esta acostumbrado a hacer una meditación de tipo discursiva puede caer en el peligro de pensar en ideas sobre Dios, Es decir, Dios es bueno, Dios es creador, Dios es salvador. Son reflexiones sobre Dios pero no son oración. Se hace un gran discurso sobre Dios pero no se relaciona uno con Él.

La oración, por tanto, no son ideas bonitas sobre Dios sino que es un diálogo con ese Dios que conozco también por las ideas. La oración es encuentro En segundo lugar, la oración es encuentro. No es el único lugar en el que el cristiano se encuentra con Dios ya que, los sacramentos, son por excelencia el lugar de encuentro con el Señor pero es un espacio privilegiado.

La oración no es una cierta interiorización para encontrarnos con nosotros mismo, con nuestro centro, con nuestro yo. Si no hay contacto con Alguien, no hay oración. Por eso es necesario comprender que la oración es encuentro. Y para hacer de la oración encuentro es bueno siempre poner el yo en juego.

  • Podemos pensar que Dios es creador y eso no necesariamente nos lleva a la oración.
  • Sin embargo, podemos pensar: “Dios es mi creador”.
  • Ese cambio de perspectiva nos permite tener ya un encuentro con alguien.
  • En este caso con mi creador.
  • Y así t odas las ideas sobre Dios se convierten en encuentro: Dios es mi Padre, Dios es mi salvador, Dios es el amor de mi alma.

La oración es la obra de Dios en nosotros En tercer lugar la oración es la obra de Dios es cada uno de nosotros. Es un espacio para que la gracia de Dios actúe en nosotros con toda su fuerza, A veces nos preguntamos: “¿Dónde acojo la gracia de Dios? ¿Dónde obtengo su fuerza? ¿Dónde recibo su consuelo? ¿Dónde me dejo transformar por Él?”.

  • Y la respuesta es clara: en la oración.
  • En la oración es donde Dios va saciando nuestros deseos, nos va transformando, nos va llenando con su gracia, con su presencia.
  • Dejar que Dios obre en nosotros es lo más importante.
  • Pasamos de una relación de simple comunicación a una relación que tiene un dinamismo de acción sobre nosotros.

Pasamos de una idea sobre Dios: “Dios es creador”. De un encuentro con Él: “Dios es mi creador”, A permitirle actuar: “Dios me está creando”. En ese momento de oración se está realizando lo que nuestra alma tanto desea. Dios, en ese espacio, nos está salvando, nos está sanando, nos está santificando.

La oración es amor Por último y quizá el objetivo de la oración y la razón de ser de la misma es que la oración es amor. “Dios y yo nos estamos amando”. Eso es lo importante. Nuestro corazón recibe el amor de Dios y nuestro corazón se entrega a Él, La clave del éxito de la oración no es si nos distrajimos poco o mucho, si terminamos la oración con grandes revelaciones del Señor, si sentimos bonito.

La clave del éxito es saber, en la fe, que Dios nos está amando y asegurarse que el corazón esta volcado a Él. Así el camino de la oración se vuelve camino de intimidad. Es estar con aquel que tanto nos ama y que tanto amamos. Esto hace que la oración se vuelva cada vez más sencilla.

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Es una oración de presencia. Estamos con Él, Él esta con nosotros y eso nos basta. | La oración que se hace vida Con esta amplitud de mira comprendemos que la oración no se reduce a un momento del día en el que dedicamos 15 o 20 minutos al Señor. Es evidente que quien desea tener una relación cada vez más profunda del Señor le dedicará tiempo.

Pero no siempre nuestra realidad nos permite tener ese tiempo. La vida laical exige compromisos del mundo que son irrenunciables. Una madre de familia tiene que atender su hogar, un padre de familia tiene que llevar el dinero a la casa, un profesionista tiene que realizarse en su profesión, un estudiante tiene que cumplir con su obligación e ir al colegio.

Es por eso que concebir la oración como diálogo, encuentro, la obra de Dios en nosotros y amor nos permite hacer de nuestro día oración. Todo lo que nos sucede en el día puede convertirse en diálogo con el Señor. Todo es espacio de encuentro con Él. Las circunstancias son las excusas para que Dios pueda obrar en nosotros.

Y si vivimos amando a Dios y nos unimos a Él en su voluntad somos oración. Es así como, progresivamente, nuestra vida se hace oración y nuestra oración vida. El punto de partida para orar: la propia situación existencial Ahora bien, la condición previa para que la oración sea diálogo, encuentro, la obra de Dios en nosotros, para que la oración sea amor, es presentarse como uno es.

Dios nos quiere hablar a nosotros, a nuestro hoy, a nuestra vida, a nuestra historia. A esto se le puede llamar: la situación existencial. A veces pensamos que para orar hay que hacer un cierto vacío de nuestra mente, no pensar en nada más que en Dios, hacer un silencio que deje espacio a que la voz de Dios se pueda percibir.

Es común escuchar que las personas dicen: “Yo no puedo orar porque me distraigo mucho”. Esto puede reflejar un concepto de oración en el que se cree que se entra en un especie de trance que nos hace solo pensar en Dios. Cuando estamos distraídos es bueno detenerse un poco y preguntarse ¿Qué refleja ese pensamiento que me distrae? ¿Por qué me viene a la mente constantemente? Puede ser una preocupación sobre algún familiar, puede ser un dolor por una traición, puede ser una decisión que tengo que tomar y que no se qué dirección elegir.

  • Esas distracciones en el fondo reflejan lo que más íntimamente nos esta preocupando.
  • Y dejar a un lado eso es dejarnos a un lado a nosotros mismos,
  • Esa es nuestra situación existencial y eso es lo que hay que presentar a Dios para que Dios nos responda.
  • Las distracciones se convierten en el contenido de nuestra oración.

Si no oramos así corremos el riesgo de estar creando una distancia entre nuestra vida y nuestra religiosidad. El peligro es grave porque Dios no logra ser parte de nuestra historia. Dios no irrumpe en nuestra cotidianidad. Dios no puede intervenir en nuestro día a día.

El Señor quiere ser parte, tan parte de nuestra vida, hasta llenarla de sentido introduciéndose dentro de ella y llenándola de su presencia de amor. Pero para que pueda realizar esto hay que darle entrada, espacio y lo hacemos al presentarle con sencillez nuestra situación existencial. Este es el primer paso en la oración.

Al estar ante la presencia del Señor lo primero que se aconseja es pedir mucha luz al Espíritu Santo para descubrir cómo venimos a la oración. Quiénes somos, qué vivimos, qué necesitamos. Y al haber individuado la propia situación existencial entonces si esperar de Dios una respuesta.

Si llegamos a la oración con el corazón herido por una traición esperamos de Dios su bálsamo que nos cura con su amor incondicional. Si llegamos a la oración sin saber qué camino debemos elegir, qué decisión tomar, esperamos del Espíritu su luz para discernir lo que es mejor para nuestra vida. Si llegamos a la oración con el dolor por la enfermedad de un ser querido y la impotencia de no poder hacer nada por él esperamos de Jesús que nos conceda un milagro.

Es así como la oración va permeando toda nuestra vida. Se va llenado la vida de Dios. Se lleva la vida a la oración y desde ahí se vive en Dios. Para un cristiano que ora así, que aprende a poner su vida en manos de Dios, la oración se convierte en una necesidad vital.

No podemos caminar, no podemos decidir, no podemos actuar, sin que antes toda nuestra vida haya sido presentada al Señor para que Él responda a través de la oración. Orar ya no es un deber religioso, ni una obligación, ni siquiera un gusto. Se vuelve el único modo en el que podemos ir afrontando nuestro caminar y todo lo que implica estar en este mundo peregrinando hacia la eternidad.

Podemos hacer esta oración al Señor para que nos enseñe a orar y hacer de nuestra vida oración y de la oración vida: “Señor Jesús, enséñanos a orar. Dirige nuestra mirada y nuestro corazón al cielo para reconocer la presencia del Padre celestial. Muéstranos el modo de entrar dentro de nosotros para encontrar en el santuario de nuestra alma a Dios que viene a hacerse uno con nosotros.

  1. Unidos con Él y en Él en intimidad aprenderemos a vivir desde Él irradiando a nuestros hermanos el mismo amor de Dios.
  2. Llena nuestra vida con tu presencia que es fuerza, paz y consuelo.
  3. Manda tu Espíritu para que unidos en comunión seamos una sola cosa contigo.
  4. Enséñanos a hacer de nuestra vida oración y de nuestra oración vida para así vivir en Dios.

Amén” Este artículo fue escrito por ( [email protected] ) autora del libro: La oración: Vivir en Dios. : La oración: Vivir en Dios

¿Qué dice en Filipenses 4 8?

8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es a verdadero, todo lo b honesto, todo lo c justo, todo lo d puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay e virtud alguna, si hay algo digno de alabanza, f en esto pensad.

¿Qué dice Romanos 8 14?

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  • 1 Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, porque lo mismo haces, tú que juzgas.
  • 2 Mas sabemos que el de Dios contra los que hacen tales cosas es según la verdad.
  • 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, y haces lo mismo, que tú escaparás del de Dios?
  • 4 ¿O menosprecias las de su bondad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su bondad te guía al ?
  • 5 Mas por tu, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,
  • 6 quien a cada uno a sus obras:
  • 7 la a los que en hacer el bien y buscan gloria, y honra e,
  • 8 Pero a los que son, y no la verdad, antes bien obedecen la injusticia: enojo e ira.
  • 9 Y tribulación y sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente, y también el,
  • 10 pero gloria y honra y a todo el que hace el bien, al judío primeramente, y también al griego.
  1. 11 Porque no hay para con Dios.
  2. 12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley han pecado, por la ley serán juzgados;
  3. 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los de la ley serán,
  4. 14 Porque los gentiles que no tienen ley hacen por naturaleza lo que es de la ley; estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,
  5. 15 pues muestran la obra de la escrita en sus corazones, dando también testimonio su, mientras que sus pensamientos los acusan o los excusan;
  6. 16 en el día en que Dios los secretos de los hombres por medio de Jesucristo, conforme a mi,
  7. 17 He aquí, tú que llevas el nombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios,
  8. 18 y conoces su voluntad e, instruido por la ley, apruebas lo mejor,
  9. 19 y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,
  10. 20 instructor de los que no saben, maestro de niños, que tienes en la ley la de la ciencia y de la verdad.

21 Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que que no se ha de, ¿hurtas? 22 Tú que dices que no se ha de adulterio, ¿cometes adulterio? Tú que abominas los ídolos, ¿?

  • 23 Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?
  • 24 Porque el nombre de Dios es por causa de vosotros entre los gentiles, como está escrito.
  • 25 Porque la en verdad aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.
  • 26 De manera que, si el incircunciso guarda las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida en cuenta su incircuncisión por circuncisión?
  • 27 Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres transgresor de la ley.
  • 28 Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la que se hace exteriormente en la carne;
  • 29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.

¿Qué dice en Romanos 14 11?

Romanos 14:11-14 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzgue | Biblia Reina Valera 1960 (RVR1960) | Descargue La Biblia App ahora YouVersion utiliza cookies para personalizar su experiencia.

¿Que nos enseñó Jesús cuando dio su vida por nosotros?

Jesús es importante para nosotros porque mediante Su expiación, Sus enseñanzas, Su esperanza, Su paz y Su ejemplo, Él nos ayuda a cambiar nuestra vida, a afrontar las pruebas y a seguir adelante con fe en nuestro camino de regreso a Él y a Su Padre.

¿Cómo podemos vivir en amor de Dios?

Llenos de Su amor podemos sobrellevar bien el dolor, disipar el temor, perdonar libremente, evitar la contención, renovar la fortaleza y bendecir y ayudar a los demás.

¿Cómo puede una persona mantener viva su fe hoy?

¿Qué hacer cuando la FE, en medio de una crisis puede llegar a perderse? – El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 162 nos dice: La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; S. Pablo advierte de ello a Timoteo: “Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe” (1 Tm 1,1819).

Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que la aumente (Cf. Mc 9,24; Lc 17,5; 22,32); debe “actuar por la caridad” (Ga 5,6; Cf. SST 2,14-26), ser sostenida por la esperanza (Cf. Rom 15,13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia.

El Catecismo en este número nos da unas pautas para vivir en comunidad nuestra Fe, y estas pautas nos pueden ayudar a conservar la Fe en tiempos de Crisis; son cinco cosas que podemos realizar para vivir, hacer crecer y preservar la FE:

Alimentarla con la Palabra de Dios. Hoy más que nunca debemos recurrir a la Palabra de Dios. Estudiar, meditar, orar con la Palabra de Dios nos dará la fuerza para vivir la crisis.Pedirle al Señor que aumente nuestra Fe. De manera sencilla pero confiada podemos pedir al Señor nos aumente la Fe como lo suplicaron muchos personajes que aparecen en la Palabra de Dios. Esto lo podemos hacer a través de oraciones comunitarias.Actuar por la caridad. Cuando la Fe es compartida se acrecienta, el compartir con los más necesitados fortalece nuestra Fe. A través de actos de caridad por medio de las Obras de Misericordia fortalece nuestra Fe.Ser sostenida por la Esperanza. Es elevarnos, confiar en los bienes futuros, saber que el mal, la enfermedad, la crisis no tienen la última palabra. Tener la certeza de que tenemos un Dios que es Poderoso y que él no nos da más allá de lo que pueden soportar nuestras fuerzas. Saber que Dios es Padre.Estar enraizada en la Fe de la Iglesia. Tener la certeza de que nos estamos solos, que somos familia y que toda una Iglesia con su historia nos respalda. Debemos en estos momentos estar más unidos a la Iglesia que es nuestra Madre.

¿Cómo vivir feliz en Cristo?

La verdadera felicidad se halla en seguir el ejemplo de Cristo y desarrollar atributos divinos, como la obediencia, la bondad, la honestidad, la gratitud, la humildad, el amor, la caridad y el perdón. Viene al servir y ayudar a los demás a seguir a Jesucristo.