Tonucci La Escuela Que Queremos?

Tonucci La Escuela Que Queremos
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¿Qué escuela propone Tonucci?

Ayer al mediodía concluyó el Congreso Aprender a Pensar para Actuar con la ponencia La escuela que queremos , de Francesco Tonucci. A lo largo de su intervención Tonucci destacó las claves que debería tener la escuela, tal como él la imagina: una escuela que escucha, diversa, abierta a todo tipo de lenguajes, rica en estímulos, creativa, cooperativa, científica y democrática. El momento educativo y la escucha al alumno Desde su perspectiva, “un momento educativo debería empezar siempre por la escucha y nunca por la propuesta.

Siempre tendríamos que empezar escuchando a los niños”, lo que les daría una idea de lo importante que es para la escuela cada uno de ellos y lo que puede aportar. “Antiguamente los niños iban a la escuela solo para escuchar, un poco como está ocurriendo ahora, presumiendo que quien escucha no sabe y el que habla es el que sabe”.

Tonucci propone exactamente lo contrario,” una escuela en la que sea el profesor el que escuche a los alumnos” para conocer lo que saben, lo que piensan, lo que esperan, lo que pueden aportar. Un amplio abanico de lenguajes Considera igualmente que “la escuela debe ofrecer un abanico amplio de lenguajes y no seleccionar algunos por considerarlos más importantes, como leer, escribir y contar”.

  • Esto indica una forma de evaluación restringida que no recoge toda la diversidad de los alumnos;
  • Por el contrario, la escuela debería ofrecer una amplia variedad de lenguajes que no destacara unos sobre otros;

Entonces dibujar, bailar, hacer manualidades, practicar deportes, realizar experimentos científicos, o cualquier otra forma de expresión, sería igualmente relevante para comunicarse, aprender y valorar la aportación del alumno. Recordó que “El artículo 13 de la convención de los derechos del niño, que se debería conocer de memoria por parte de los profesores”, habla de la libertad de expresión, por cualquier medio elegido por el niño, cualquier forma de expresión, incluida la artística.

  • Lo que propone es “ofrecer a niños distintos oportunidades distintas” para que cada uno se sienta reconocido en aquello que para él es fundamental;
  • “El desafío de la educación consiste en ayudar a cada alumno a descubrir lo que es lo suyo”, destacó;

Espacios con sentido En su opinión, “la escuela debería ser también un lugar especial integrado por espacios con sentido, como sucede en Infantil, en donde se cuenta con un gran espacio abierto formado por rincones”. Esto se pierde al pasar a la primaria, en donde se introduce el concepto cerrado de aula.

  1. “El aula es ese lugar antinatural en donde los alumnos, sentados durante horas, aunque estén cansados, hacen de todo en la misma postura, las mismas disciplinas”, con transiciones de tiempo tan breves para pasar de unos temas a otros que no permiten al alumno prepararse para cambiar de un aprendizaje a otro;

“El niño en el aula, en un minuto tiene que cambiar el chip porque ha salido la señora de lengua y ha entrado la señora de matemáticas. No tiene sentido. Ellos necesitan un tiempo”, explicó. Una escuela de talleres y laboratorios Y al exponer su alternativa de escuela comentó: “Me parecería importante tener una escuela de talleres y de laboratorios.

Convertir los espacios en lugares significativos. La escuela goza de la diversidad porque la hace rica. Debe ser científica y no dogmática; no puede seguir un libro de texto, que es lineal; creativa; que eduque a los niños en el placer y la emoción de buscar nuevas salidas y nuevas soluciones; una escuela cooperativa, democrática, donde los niños son escuchados por los profesores para saber qué saben y para participar en el gobierno de la escuela”.

La formación de profesores, clave del cambio A su modo de ver la clave del cambio está en los profesores. “Nuestros países, en estos 40 años han intentando cambiar la escuela cambiando las leyes. Cambiaron todo, nombre, contenidos, arquitectura, horarios.

Lo único que no cambió fue la escuela. La escuela que he hecho yo se parece demasiado a la de mi nieto. Con lo que ha cambiado el mundo, la escuela se ha quedado casi igual. Tener una buena escuela es un derecho, no debe ser una suerte.

Si las leyes fueran capaces de cambiar la realidad sería lo más rápido e inteligente. Italia tiene una legislación escolar estupenda, pero esto no consigue cambiar las prácticas. La solución es cambiar a los maestros, formar buenos maestros”. Según Tonucci, lo que se transmite a los futuros maestros para provocar el cambio “son conceptos bastante compartidos que encontramos en casi todos los libros de pedagogía que los profesores proponen en la universidad, pero lo hacen como antes, enseñando desde una tarima a personas que lo están escuchando para tomar apuntes y repetir en el examen.

La formación debería ser coherente con el modelo educativo, en taller, no en aulas, con grupos de debate, con creatividad, con metodología científica y no dogmática”. Para finalizar, Tonucci evocó la figura del maestro Lorenzo Milani, autor de Carta a una maestra , libro del que leyó un fragmento que habla del alumno capaz de cuestionar su propia escuela.

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Y concluyó con este deseo: “Ojalá seamos capaces de educar a alumnos rebeldes desde los tres años”. Francesco Tonucci Francesco Tonucci (Fano, Italia, 1941), también conocido por el seudónimo «Frato», es un psicopedagogo, escritor, dibujante e investigador del Instituto Psicológico del Consejo Nacional de Investigación de Italia.

Sus investigaciones se centran en el desarrollo cognitivo de los niños, su pensamiento, su comportamiento y la relación entre la cognición de los niños y la metodología educacional. En 1991 llevó a cabo en su pueblo natal el proyecto Ciudad de los Niños , que consistía en hacer una ciudad cuyo punto de referencia sean los niños.

El proyecto tuvo mucho éxito y se extendió a distintos puntos del mundo..

¿Cuál es la escuela que queremos?

Ir hacia ‘la escuela que queremos ‘ implica fortalecer los espacios de participación de los distintos actores para promover la formación de sujetos de derechos. Ir hacia ‘la escuela que queremos ‘ requiere un abordaje de la convivencia escolar puesto que implica generar lazos sociales y aprender a vivir con otros.

¿Como debe de ser la escuela?

Docentes comprometidos –

Tonucci La Escuela Que Queremos Una buena escuela requiere de un personal docente comprometido con sus labores. Al mismo tiempo, una buena escuela debe apostar por una enseñanza académica de calidad , para lo cual requiere de un personal docente comprometido con sus labores, con el propio crecimiento y la actualización del saber que manejan. Ello implica también la formación en áreas pedagógicas extracurriculares , de manera de disponer de herramientas variadas para la enseñanza que atajen a tiempo las dificultades puntuales y variadas que pueda presentar el alumnado.

  1. .

    ¿Qué dice Francesco Tonucci?

    Tonucci como científico [ editar ] – El libro sobre «La ciudad de los niños» es un experimento que realizó Tonucci en la ciudad de Fano, en la costa sin mar de Italia, hogar de nacimiento de su amigos y mentores Marco Piñeirini y Daniele Pousini. Este libro pretende criticar la forma en que las ciudades están estructuradas; aconseja que las ciudades sean estructuradas y creadas pensando en los niños, en cierta medida «protegidos» por el resto de la población.

    ¿Cuál es la misión de la escuela hoy?

    Tras la decisión del Papa Francisco: las voces que el Opus Dei no pudo silenciar – Sin demasiada originalidad -esto se ha hecho ya un millar de veces- se vuelca en la opinión pública esta receta que supone, primero, un diagnóstico de aquello que a todos nos preocupa: la creciente pobreza, la falta de empleo y la detención del desarrollo de la economía de nuestro querido país.

    Luego señala la causa, con impresión de ser determinante y excluyente: la pésima calidad de la educación. Y entonces, casi sin vacilar, sigue la reflexión que señala la urgente necesidad de que la educación sepa transmitir con eficacia las competencias y capacidades laborales que hoy exigen las empresas y/o el mercado.

    Pronto asisten a esta “verdad” los resultados de investigaciones de prestigiosas instituciones internacionales que -ahora llamativamente conmovidas por la dramática situación de nuestro país- concluyen que el aumento de la productividad y la capacidad competitiva de nuestro país depende de la mejora en las condiciones de la formación para el empleo.

    • Y continúan su “desinteresada y objetiva” sugerencia: la escuela debiera coordinarse con el sector privado para escuchar las demandas presentes y futuras de las empresas;
    • En el único caso en que tales discursos elevan el poder de la escuela a un lugar redentor es cuando necesitan hacer del recorrido por la educación formal el simple paso de capacitador de la futura mano de obra, sin vuelo ni aspiraciones, sin deseos ni sueños y sin consideración alguna de los valores o sentido que una sociedad pretende para sus ciudadanos;

    Algo me hace ruido… Educar para un mundo mejor Que la educación debe ir de la mano de las necesidades de su pueblo, nadie puede dudarlo. Que la capacitación profesional y técnica de los jóvenes es una prioridad, tampoco. Que un diálogo entre las distintas instituciones del país, estatales y privadas, es conveniente, está fuera de discusión.

    • Pero no por esto debemos perder de vista lo fundamental: ¿cuál es la misión más importante de la educación? Es imprescindible detenernos un segundo y preguntárnoslo, de otra manera podríamos tragar “verdades” sin antes cuestionarlas;

    La educación es seguramente el principal recurso para la construcción del progreso y el bienestar de una sociedad, pero lo es sólo en la medida en que nos enseñe a pensar, criticar, imaginar, soñar y planificar un mundo mejor para todos. La escuela es -o debería ser- el espacio donde los maestros puedan facilitarle al niño experiencias en las que aprendan a pensar, criticar y elegir, acompañándolos en la construcción de sentidos, valores, conocimientos y prácticas, animándolos a soñar con sociedades más justas e igualitarias.

    1. De esto se trata una educación en y con valores, de una herramienta de transformación;
    2. La medida nunca puede ser sola y exclusivamente la economía;
    3. Qué triste sería -es una mera opinión personal- que el tránsito por la escuela sea sólo un paso para la apropiación de aprendizajes útiles para una rápida y acomodada inserción a las oportunas necesidades de las empresas;

    Subordinar la escuela a las necesidades de un sector suena a una misión pobre, reduccionista y utilitarista: no olvidemos que son niños y adolescentes los que van a la escuela; son nuestros hijos los que habitan esas aulas, no simples piezas de una maquinaria con dueños anónimos.

    Miremos bien el mensaje y leamos críticamente, porque incluso cuando la medida es la economía, para revertir los altos índices de pobreza y desigualdad -si es que éste es un objetivo real de nuestra sociedad- más que capacitar a la amplia mayoría de los niños y adolescentes para ser mano de obra calificada, debemos enseñarles a ser personas sensibles y solidarias con lo que le pasa al otro.

    ¿No debe la educación aportar a la construcción y defensa de valores tales como respeto, tolerancia, cooperación, compasión, transparencia, honestidad, humildad, compromiso, responsabilidad y coraje? ¿No debe ser acaso la educación un factor de promoción de la igualdad y la justicia social? Como señalaba el inmenso pedagogo brasileño Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo, la educación cambia a las personas, y son ellas las que harán del mundo un lugar más digno y acogedor”.

    ¿Que defiende Tonucci?

    Francesco Tonucci defiende un sistema educativo inclusivo en el que todos los alumnos puedan recibir una educación de calidad. Para ello, es fundamental aceptar y respetar la diversidad, ya que cada niño tiene sus propia forma de aprender y sus propias potencialidades intelectuales.

    ¿Qué tipo de escuela queremos para nuestros hijos?

    ¿Por qué deben ir los niños y los jóvenes a la escuela? ¿Cuáles son los objetivos de la escolarización? ¿Para qué sirve todo este esfuerzo que hacemos, que hacen nuestros niños y jóvenes, sus familias, los docentes, las escuelas, la sociedad en su conjunto? ¿Qué vale la pena aprender en un mundo cambiante, crecientemente complejo, problemático y desigual? ¿Qué significa hoy estar alfabetizado? ¿Qué deberíamos enseñar hoy en la escuela? ¿Quién debe decidirlo? ¿Puede el currículo abarcarlo todo? ¿Qué da la escuela que no dan otros contextos educativos? ¿Es posible pensar en una educación a prueba de futuro? ¿Qué sentido tienen conceptos como las competencias o las habilidades? Porque, en definitiva, preguntarse por qué aprender es preguntarse por el sentido y el fin de la escuela.

    Y porque dependiendo de las respuestas que demos a estas preguntas orientaremos el sistema educativo en distintas direcciones y, en consecuencia, empujaremos la sociedad hacia futuros distintos. Preguntarse sobre  qué  debemos aprender tiene fuertes implicaciones  pedagógicas, metodológicas y organizacionales.

    También, evidentemente,  ideológicas y políticas. Porque modificar  los qué  supone repensar no sólo los contenidos del currículo, sino también nuestras concepciones sobre cómo aprendemos y cómo enseñamos, la organización escolar y las relaciones pedagógicas que establecemos con los otros.

    1. Preguntarnos qué debemos aprender en la escuela es preguntarnos por la escuela que queremos para nuestros hijos y es también preguntarnos por el mundo que queremos construir;
    2. La escuela, sostiene Carlos Skliar, tiene que ver con pasar el mundo a los nuevos para que hagan algo diferente con él, esperando que sea algo mejor;

    La escuela que queremos para nuestros hijos es aquella que les permita movilizar los conocimientos adquiridos para entender el mundo y poder actuar sobre él. Que les oriente para responder e intervenir de la manera más apropiada posible con respecto a los problemas que les va a deparar la vida.

    Aquella que les ayude no solo a construir su proyecto vital individual, sino también un proyecto de vida en común con los otros. La escuela es también el único y último lugar donde para muchos individuos se juega la invención de otro lenguaje y la concreción de otros destinos.

    El lugar donde existe la posibilidad de transformar ciertas existencias en otras y percibir que no hay destinos trazados de antemano (Carlos Skliar). Es el lugar por antonomasia de las posibilidades. La falta de reflexión compartida sobre estos asuntos, sostiene Daniel Brailovsky, conduce por lo general a la naturalización de los discursos dominantes, que tienden a ser los más conservadores.

    Decía Paulo Freire que “esperar a que la enseñanza de los contenidos, en sí misma, provoque mañana la inteligencia radical de la realidad es asumir una posición espontaneista y no crítica. Es caer en la comprensión mágica del contenido atribuyéndole una fuerza crítica por sí mismo.

    ” La escuela que necesitamos no puede, por tanto, quedarse solo en la enseñanza y aprendizaje de contenidos disciplinares. Tampoco como mero vehículo de transmisión de las habilidades básicas para ganarse la vida. La escuela que necesitamos debe buscar ante todo formar intérpretes críticos que se planteen preguntas: ¿Quién dijo esto? ¿Por qué lo dijeron? ¿Por qué deberíamos creerlo? ¿Quién se beneficia de que lo creamos y nos guiemos por ello? (Apple y Beane).

    1. Ni las competencias, ni las llamadas habilidades del siglo XXI agotan evidentemente aquello que es importante que nuestros hijos y jóvenes aprendan hoy en la escuela (la escuela es mucho más que una lista de conocimientos, es mucho más incluso que unos aprendizajes comprobables), pero conversar y debatir sobre ellas nos permitirá afrontar críticamente las preguntas que nos hemos planteado y, en último término, nos permitirá dar un sentido común y compartido a la escuela y sus aprendizajes;

    Decía Hannah Arendt que la educación es el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes, sería inevitable.

    • Eduquemos, por tanto, para que el mundo perdure más allá de nosotros mismos;
    • Luchemos contra la reproducción de las desigualdades;
    • Trabajemos por desnaturalizar los destinos truncados;
    • Abramos posibilidades para todos;

    Pensemos juntos la escuela que queremos. Carlos Magro, Presidente en Asociación Educación Abierta.

    ¿Cómo es la escuela de tus sueños?

    Los padres sueñan con elegir la mejor escuela para sus hijos y nosotros, [email protected] y [email protected], soñamos con trabajar en la “mejor escuela”. Pero ¿cómo es esa escuela? En la escuela que yo sueño el conocimiento no es una obligación, es un placer y por ello los alumnos tienen pasión por aprender , porque ¿acaso es posible aprender –de verdad o de forma significativa- sin pasión (ganas, voluntad, deseos de hacerlo)? Mi experiencia como docente me dice que no.

    • Los niños y jóvenes me han demostrado que el secreto del aprendizaje es el deseo de aprender;
    • Sin este deseo, se puede llegar a un aprendizaje superficial, a unas notas excelentes, pero no a un aprendizaje profundo y significativo;

    Para que este exista, es imprescindible ponerle pasión. Los alumnos que ponen pasión en lo que hacen son los que mejor asimilan conocimientos, los que mejor desarrollan nuevas capacidades y los que más se abren a seguir aprendiendo. En la escuela que yo sueño el aprendizaje es divertido.

    • Algunos conciben esto como “entretener” a los niños en clase;
    • No entienden que los alumnos que disfrutan aprendiendo tienen más posibilidades de creer en sí mismos y en sus posibilidades, de crear emociones positivas al aprender cosas nuevas, de autorregular los esfuerzos para perseverar en los intentos cuando las cosas no le salen a la primera, de ser más autónomos y, por supuesto, de ser más felices aprendiendo durante toda su vida sin preocuparse únicamente por alcanzar unos mínimos conformistas;

    En la escuela que yo sueño sí importan las emociones puesto que son las únicas posibilitadoras del aprendizaje de los alumnos ya que incentivan su motivación, predisponen a actitudes más positivas, mejoran sus relaciones y ayudan a obtener mejores resultados.

    En la escuela que yo sueño, se personaliza pero no se individualiza pues el proyecto último es ofrecer a cada uno el mejor lugar entre nosotros. Un buen lugar en la escuela. Y este lugar no puede ser un espacio excluyente sino un lugar común que se habita en clave de igualdad y dignidad.

    En la escuela que yo sueño caben todas las miradas. No se fragmenta el aprendizaje en áreas descontextualizadas e inconexas que, a la vez, están organizadas en un horario rígido y fragmentado que hace que los niños encuentren los aprendizajes alejados, poco útiles y aislados.

    En la escuela que yo sueño se engloban las diferentes miradas de las distintas disciplinas dando una visión general mucho más rica y consistente de los aprendizajes. En la escuela que yo sueño se trabaja a partir de vivencias y experiencias reales que interesan a los niños y que se convierten en grandes proyectos que potencian su creatividad y que implican desarrollar estrategias de emprendimiento, la motivación de los niños, su autonomía, el trabajo en equipo, el aprender a aprender, aprender a pensar… En la escuela que yo sueño los niños trabajan juntos, aceptando y respetando las diferencias, estableciendo relaciones positivas proponiéndose objetivos comunes que sólo se alcanzan si todos cooperan.

    En la escuela que yo sueño , cabemos todos y cada uno encuentra su lugar: grandes y pequeños, listos y torpes, trabajadores y vagos, porque juntos podemos mejorarnos y ser distintos. Porque todos los niños tienen derecho a alcanzar sus sueños. En la escuela que yo sueño cada alumno alcanza su mayor éxito posible.

    • Es una escuela en la que no hay vencedores ni vencidos;
    • Es una escuela de los descubrimientos, que permite a cada uno averiguar cuál es su camino y dónde están ocultos sus talentos para abrir esos “cofres en los que los tesoros tienen nombres y apellidos”;

    Una escuela capaz de ayudar a cada niño a encontrar la senda de su futuro, siempre distinta, siempre propia, siempre universal. Por eso, en la escuela que yo sueño se celebra el aprendizaje de todos y cada uno de los niños. En la escuela que yo sueño se integra de forma continuada y natural la educación en valores en los aprendizajes del día a día en el aula.

    1. En la escuela que yo sueño se aprende a pensar, se buscan razones, no “la razón” porque nuestros alumnos no están en ella para encontrar la verdad, sino para aprender a hacerse preguntas que solo la vida podrá responderles;

    En la escuela que yo sueño el aprendizaje se hace visible en todos y cada uno de sus espacios. Así, los alumnos saben qué están aprendiendo, por qué lo están aprendiendo, cómo sabrán que lo han aprendido y qué significa haber aprendido. En la escuela que yo sueño todos remamos en la misma dirección.

    Pero, sobre todo, en la escuela que yo sueño, veo niños felices y apasionados por aprender porque su educación parte de la calidad profesional y humana de todos los que enseñan. Y en ese sueño tienen un papel especial mis compañeros de viaje, los [email protected] y [email protected], que han estado y están junto a mí convirtiendo ese sueño en propósitos y en acciones concretas que hacen que cada día esté más convencida de que esa escuela es posible.

    Gracias. “Por la escuela de mis sueños” Elena Borjabad García Orientadora del Colegio Trilema Soria.

    ¿Qué debe ofrecer una escuela?

    ¿Cuál es la escuela ideal?

    Es un cole con pocos alumnos por clase y donde se ofrece una enseñanza totalmente individualizada y personalizada. Un colegio sin barreras, ni pedagógicas ni arquitectónicas. El colegio ideal para los educadores es inclusivo, diverso, justo y equitativo.

    ¿Que tiene que tener una escuela de calidad?