La Escuela Como Aparato Ideologico Del Estado Resumen?

La Escuela Como Aparato Ideologico Del Estado Resumen

La Escuela como aparato ideológico del Estado La Escuela se presentó como un lugar ‘despolitizado’ y ‘desideológizado’, pero evidentemente responde a la ideología predominantes. Es en ella que, desde la más temprana edad, nos enseñan a ‘mirar’ el mundo.

¿Qué es la escuela como aparato ideológico del Estado?

Althusser, plantea en Ideología y Aparatos ideológicos del Estado , que en éste se presentan: 

  • los Aparatos  Represivos del Estado (ARE)
  • los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE)

Los A paratos I deológicos del E stado a diferencia de los ARE funcionan por la ideología y secundariamente por la represión. “¡No se confunden con el aparato (represivo) de Estado. Recordemos que en la teoría marxista el aparto de Estado (AE) comprende: el gobierno, la administración, el ejército, la policía, los tribunales, las prisiones, etc. , que constituyen lo que llamaremos desde ahora el aparato represivo de Estado.

Represivo significa que el aparato de Estado en cuestión “funciona mediante la violencia”, por lo menos en situaciones límite (pues la represión administrativa, por ejemplo, puede revestir formas no físicas).

Designamos con el nombre de aparatos ideológicos de Estado cierto número de realidades que se presentan al observador inmediato bajo la forma de instituciones distintas y especializadas. Proponemos una lista empírica de ellas. AIE religiosos (el sistema de las distintas Iglesias), AIE escolar (el sistema de las distintas “Escuelas”, públicas y privadas), AIE familiar,  AIE jurídico, AIE político (el sistema político del cual forman parte los distintos partidos), AIE sindical, AIE de información (prensa, radio, T.

, etc. )   (pág. 14) La escuela como AIE reproduce las relaciones de producción de tipo capitalista, a través de la inculcación de la ideología dominante (” la ideología es una “representación” de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia “, pág.

29). Althusser se pregunta:  ¿Qué se aprende en la escuela? Es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.

  1. Se aprenden “habilidades” (savoir-faire);
  2. Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase;

Se aprende también a “hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros, etcétera. (pág. 6).

¿Qué dice Althusser de la escuela?

Introducción El presente escrito consta de dos objetivos generales. El primero de ellos es determinar en qué sentido la propuesta althusseriana acerca de los Aparatos Ideológicos de Estado (AIE) se ajusta a lo que en ciertas teorías de la educación se denomina reproductivismo.

En segundo término, y en estrecho vínculo con el objetivo anterior, nos proponemos avanzar sobre la perspectiva althusseriana respecto del Estado capitalista, particularmente en algunos de los escritos de la segunda mitad de la década del setenta.

Este objetivo nos impone realizar un rodeo que ilumine la teoría del Estado supuesta en aquellos críticos de Althusser que aseguran que su enfoque sobre los Aparatos Ideológicos niega toda capacidad de resistencia en el ámbito educativo. A los fines de cumplir con los objetivos trazados, nuestro escrito estará dividido en tres partes fundamentales.

En la primera de ellas, repondremos la teoría althusseriana sobre los Aparatos Ideológicos, haciendo especial énfasis en el papel que dicho filósofo le asigna a la educación en la reproducción de las relaciones de dominación.

En segundo lugar, revisaremos las críticas realizadas al enfoque althusseriano, en particular aquellas que indican que Althusser soslaya la capacidad de resistencia de las clases dominadas en el espacio educativo, cayendo, de este modo, en un paradigma que tildan de reproductivista.

En este segundo apartado, procuraremos identificar qué conceptualización del Estado capitalista sostiene a dichas críticas. Es decir, pretenderemos mostrar cómo categorizan al Estado aquellos que consideran a Althusser como reproductivista.

Por último, en nuestro apartado final, recuperaremos las críticas de Althusser a aquellas teorías del Estado que sostienen que éste se encuentra atravesado por la lucha de clases, deteniéndonos particularmente en dos de sus escritos, Marx dentro de sus límites y El marxismo como teoría “finita”.

Consideramos que en dichos textos Althusser avanza en la crítica a la teoría del Estado que sostiene a aquellos que lo consideran reproductivista, toda vez que estos enfoques se comprometen con una perspectiva que atenúala dominación que tiene lugar en los Aparatos Ideológicoscomo tales.

Esto es, contra aquellas perspectivas que plantean la capacidad de resistencia de las clases dominadas en la arena de los aparatos de Estado, Althusser enfatiza su carácter formal, su condición de agentes de la reproducción en tanto aparatos. Por lo cual, y como conclusión de nuestro trabajo, afirmaremos que Althusser no niega que las clases dominadas tengan capacidad de resistencia en el seno de los Aparatos Ideológicos de Estado -y entre ellos, en el educativo-, sino que acentúa que dichos aparatos traducen la lucha de clases de modo tal de reproducir las relaciones de dominación.

  1. De ahí que rechace que el Estado capitalista se encuentre atravesado por la lucha de clases y destaque su aspecto formal: la continuidad existente entre la finalidad que sirve y la materialidad de sus aparatos;

De esta manera, intentaremos mostrar que, si la de Althusser es una teoría reproductivista de los aparatos educativos, no lo es porque rechace la capacidad de resistencia de las clases dominadas en su ámbito, sino porque enfatiza la materialidad particular de los Aparatos de Estado: su capacidad para traducir de un modo específico la lucha de clases en aras de la explotación de una clase por otra.

  1. Los Aparatos Ideológicos de Estado y el campo educativo El célebre texto Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado, escrito por Althusser en el año 1970, ha sido un puntapié para la discusión en diversos ámbitos de las ciencias sociales;

Ha colaborado en la reconfiguración del cruce entre marxismo y psicoanálisis, en particular a través de la noción de ideología (Zizek, 2009; Laclau y Mouffe, 2011; Butler, 2011), ha contribuido a la discusión en torno a la metáfora marxiana sobre el vínculo entre estructura y superestructura, incluyendo en ella la cuestión del Estado capitalista (Balibar, 1984; Jessop, 1990; Poulantzas, 1980y 1986; AA.

VV, 1983), ha revitalizado, también a través de la noción de ideología, el cruce entre marxismo y spinozismo (Montag, 1995;Fourtounis, 2013; Romé, 2011)y ha jalonado el desarrollo de la teoría marxista sobre la educación (Baudelot y Establet, 2003; Bowles y Gintis, 1976; Finkel, 1975).

En este último terreno, dicho texto fue adscripto a lo que se conoce como paradigma reproductivista (Giroux, 1992, pp. 117 118; Gómez y Kaplan, 2014, p. 81;’Rikowski, 1997, p. 425). Antes de abordar qué se entiende por reproductivismo, repasemos los puntos fundamentales del texto en cuestión.

  • En Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Althusser plantea que la reproducción de las relaciones sociales de explotación y dominación necesita de la intervención de las instancias política e ideológica, instancias relativamente autónomas respecto de la económica;

Estas instancias aparecen como las encargadas, entre otras cosas, de producir a la fuerza de trabajo con los atributos materiales y morales necesarios para reproducir a las relaciones de producción capitalistas. A los fines de realizar esta tarea, Althusser hace especial referencia al rol de la educación, cuya actividad se plasma en un conjunto de aparatos de Estado, tanto ideológicos como coercitivos.

Con lo cual, dentro del marco más general del problema de la reproducción del todo social gobernado por el modo de producción capitalista, Althusser aborda la especificidad del Estado y, en él, la propia de la educación.

Althusser afirma que desde el punto de vista del capital, la fuerza de trabajo reproducida debe ser “apta para ser utilizada en el complejo sistema del proceso de producción” (2002, p. 69). Esto es, debe ser reproducida con los atributos productivos necesarios que el capital demanda de ella.

Para eso, el capitalismo, a diferencia de otras formaciones sociales (concepto con el que Althusser plantea que una determinada sociedad puede estar habitada por diversos modos de producción), separa un ámbito específico en el que producir esta fuerza de trabajo cualificada de un modo particular: el ámbito escolar.

Así, al capital no le alcanza ya con el aprendizaje que se desenvuelve en el proceso de producción y valorización misma. Necesita producir él mismo a la fuerza de trabajo que va a explotar. Ahora bien, esta primera determinación del sistema escolar bajo el modo de producción capitalista da lugar, en el texto althusseriano, a otra, que es la que el autor tematizará con mayor detenimiento.

El sistema escolar no solo produce a la fuerza de trabajo con determinados atributos -Althusser dirá habilidades-, sino que en él se aprenden estas otras habilidades tan necesarias como las primeras para la reproducción de las relaciones sociales de producción: aquellas reglas que hacen a la sumisión al orden, al respeto por la ideología dominante.

Así, el sistema escolar produce las habilidades requeridas por el capital, tanto las que se demandan en el proceso de producción como las que se exigen para someterse ideológica y por lo tanto voluntariamente al orden establecido. Ahora bien, el sistema escolar, encargado de reproducir la ideología que somete a quienes portan la fuerza de trabajo a la condición de clase explotada, goza no simplemente del estatuto de sistema, sino del de Aparato Ideológico.

Es decir, el sistema escolar reproduce la ideología porque ésta se realiza como un conjunto de prácticas determinadas, que tienen lugar en el contexto de Aparatos de Estado determinados. Puesto de otro modo, para Althusser la ideología se reproduce en la materialidad de un conjunto de prácticas que tienen lugar en determinados Aparatos.

En el caso del sistema escolar, este conjunto de Aparatos forma parte de los Ideológicos. Los Aparatos Ideológicos de Estado (AIE de aquí en adelante) constituyen un conjunto de instituciones, tanto públicas como privadas, en las que existen materialmente las prácticas que producen la ideología encargada de reproducir el sometimiento de la clase obrera al orden burgués.

Entre ellos, Althusser cuenta al aparato religioso, al jurídico, al familiar, al sindical, al político, al cultural y al que nos compete, el escolar. Entonces, como síntesis, el escolar es uno de los múltiples Aparatos Ideológicos de Estado, aparatos en los se realiza la ideología dominante, que es la de la clase dominante (Althusser, 2002, p.

81). Nuevamente, esta ideología tiene por norte reproducir el sometimiento a la explotación, pues afirma Althusser: “1) Todos los aparatos ideológicos de Estado, sean cuales fueren, concurren al mismo resultado: la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación” (2002, p.

88) y entre ellos, según el mismo Althusser, el escolar es el aparato ideológico dominante (Althusser, 2002, p. 87). Hasta aquí, tal como ha sido afirmado en diversas ocasiones y estudios por la literatura especializada, Althusser ubica al sistema escolar como un agente reproductor de la ideología dominante (Hirsch y Rio, 2015), sin capacidad para oficiar como lugar de la resistencia a esta dominación.

Al mismo tiempo, Althusser especifica que los Aparatos Ideológicos de Estado son también lugares en los que la lucha de las clases explotadas (Althusser habla aquí en plural) resuena, dado que desborda a estos aparatos ideológicos (Althusser, 2002, p.

  • 82);
  • Pero sin embargo, para hacer esta tesis compatible con aquella que indica que todos los AIE coadyuvan en la reproducción de la explotación,debemos asumir que hay un funcionamiento intrínseco de estos aparatos que neutralizan los efectos de la lucha de clases que ocurre en ellos, puesto que los hacen concurrir a la reproducción de la explotación;

Antes de detenernos en este punto, pongamos en claro los argumentos con los que se lo tilda a Althusser de reproductivista, para profundizar luego sobre la teoría del Estado que sostiene esta calificación. Reproductivismo, hegemonía y teoría del Estado Como dijimos más arriba, la acusación central que se le lanza a Althusser es la de reproductivista.

Esta categoría refiere a que los AIE en el planteo althusseriano aparecen destinados a reproducir la ideología dominante y así la dominación. El sistema educativo, en sentido amplio, consistiría entonces en un conjunto de instituciones cuya razón de ser es la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, tanto por inculcar las habilidades que el capital reclama de la fuerza de trabajo, como, fundamentalmente, por producir sujetos que asienten voluntariamente a su dominación.

Resume Henry Giroux: “Althusser afirma que las escuelas en el capitalismo avanzado han llegado a ser la institución dominante para lograr la subyugación ideológica de la fuerza de trabajo, ya que son las escuelas las que enseñan las habilidades y la manera de aprender, que constituyen la subjetividad de generaciones futuras de trabajadores.

” (1992, p. 110) Según los críticos de Althusser, entonces, el sistema escolar produce la ideología que sujeta a los individuos a las relaciones sociales que los oprimen, siendo garante de la reproducción del capitalismo (Giroux, 1992, p.

105; Gómez y Kaplan, 2014, p. 85; Rikowski, 1996, p. 425). Pues bien, la literatura que trata a Althusser como reproductivista confluye al señalar que el nudo de su debilidad teórica es su incapacidad para dar cuenta de la resistencia que ejercen los dominados en el seno de los AIE, y en particular en el aparato escolar (Finkel, 1975, p.

36;Gómez y Kaplan, 2014, pp. 89-90; Rikowski, 1997, pp. 556-557 ; McLaren, 2005, p. 265; Giroux, 1992, pp. 117-118). Citamos nuevamente a Giroux, quien sintetiza los ejes centrales de este tipo de crítica: En resumen, tanto Althusser (1971) como Bowles y Gintis (1976) fallaron tanto en su definición de hegemonía, al no hacerla en términos que postularan un relación dialéctica entre poder, ideología y resistencia, como al no ofrecer un marco de referencia para desarrollar una forma viable de pedagogía radical.

Ambas posturas relegan la intervención humana a un modelo pasivo de socialización que hace demasiado énfasis en la dominación, mientras que ignora las contradicciones y las formas de resistencia que también caracterizan a los sitios sociales como son las escuelas y el lugar de trabajo La literatura que aquí revisitamos insiste en que la perspectiva althusseriana acerca de los AIE, y en particular sobre el sistema escolar, niega toda capacidad de resistencia a los agentes.

La ideología dominante se materializa en ellos con tal grado de unificación que, según estos autores, impide el desarrollo de contradicciones en su seno. Por lo tanto, aparecen como espacios que inhabilitan toda lucha, limitados a producir los sujetos que portan la reproducción de las relaciones capitalistas.

En resumen, los AIE funcionan para Althusser, según sus críticos, de modo unilateral, negando su condición de espacios en los que intervienen la lucha y la producción de ideologías opuestas a la dominante (Giroux, 1992, p. 113; McLaren, 2005, p. 277). Nuestra intención al recuperar este tipo de críticas es señalar que las atraviesa una cierta lectura del concepto de hegemonía, lo cual nos permitirá reponer la teoría del Estado que desde nuestra perspectiva las recorre.

Martin Carnoy, en el mismo tono que los autores mencionados, es explícito al señalar que la educación no solo conserva las “estructuras capitalistas”, sino que representa, también, un lugar para la “contrahegemonía” (Carnoy, 1986, p.

75). En el mismo sentido, Finkel(y Gómez y Kaplan al comentar su trabajo), contrapone la idea de hegemonía gramsciana a la perspectiva althusseriana, como cifra que permite enfatizar el aspecto contradictorio del sistema escolar (Gómez y Kaplan, 2004, pp.

  1. 89-90);
  2. Es decir, algunos de los autores que consideran a Althusser reproductivista por soslayar la lucha que tiene lugar en el seno de los AIE, le contraponen el concepto de hegemonía, ya que le adjudican la capacidad para pensar la resistencia que ocurre en ellos y su posible contribución a la producción de ideologías que aspiren a transformar las relaciones sociales;

En resumidas cuentas, como resumen Gómez y Kaplan, el concepto de hegemonía, para algunos de los críticos del reproductivismo, otorgaría centralidad a la lucha de clases que atraviesa el sistema escolar(Gómez, 2017, pp. 219-20). Dice Peter McLaren: Las escuelas y otros espacios sociales y culturales raramente se encuentran cautivos del proceso hegemónico puesto que ahí también encontramos lucha y confrontación.

Es por esto que las escuelas pueden ser caracterizadas como terreno de transacciones, intercambios y luchas entre los grupos subordinados y la ideología dominante. Hay una relativa autonomía dentro de los espacios escolares que permite emerger hacia ciertas formas de resistencia y romper la cohesividad de la hegemonía.

(2005, pp. 277-278) Nuestra pregunta es: ¿qué teoría del Estado supone esta concepción? ¿Qué implica, a los fines de entender al Estado capitalista, asumir que el terreno educativo contribuye a romper la hegemonía de la clase dominante para producir un espacio de contrahegemonía? A los fines de responder estas preguntas, es menester detenernos en una de las dimensiones que a nuestro modo de ver abre el concepto gramsciano de hegemonía, aquella que destaca el carácter sintetizador de la esfera estatal como cristalización de relaciones de fuerza que atraviesan el conjunto de la sociedad civil.

En Estatolatría, (que aparece en el cuaderno veintiocho), Gramsci sostiene que la clase burguesa se distingue de las clases dominantes anteriores porque aspira a ampliarse. Este objetivo la obliga a “absorber toda la sociedad, asimilándola a su nivel cultural y económico: toda la función del Estado se transforma; el Estado se hace ‘educador'” (Gramsci, 2004, p.

316). La referencia al carácter educador apunta a que la burguesía procura asimilar a las clases dominadas, para dirigirlas. Este enfoque se precisa en Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerza (cuaderno treinta), en donde se enfatiza que el concepto de hegemonía alude al tránsito de la fase económico-corporativa a la “estrictamente política”, fase en la que la contraposición y lucha de partidos da lugar a una “sola combinación” ideológica.

Esta combinación implica que una determinada clase o fracción de ella consigue expandir sus intereses, con la expresión ideológica que los articula, enraizándose en los del resto. Nuevamente, Gramsci destaca que la expansión en cuestión supone que una fracción de clase consiga presentar sus intereses como universales, “determinando, además de la unidad de los fines económicos y políticos, también la unidad intelectual y moral, planteando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha no ya en un plano corporativo, sino en un plano ‘universal’, y creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados” (Gramsci, 2004, p.

415). Así, uno de los pliegues del concepto de hegemonía hace referencia a esta difusión de la ideología de un grupo social sobre la de los otros, cimentando, así, la totalidad social bajo la coordinación de una fracción de clase entonces dirigente. Y vale aclarar que esta ideología incluye, como superado, el momento económico-corporativo y el de partido en el que dicho momento se cristaliza.

De aquí que la noción de hegemonía albergue, como una de sus dimensiones, la fusión del momento económico con el político bajo la dirección ideológica de una determinada fracción de clase. Se trata, insistimos, de la expansión que toda clase dirigente debe realizar para difundir “por toda el área social” su carácter particular, imponiendo su cosmovisión en todos los planos de la actividad social (Ibid.

La hegemonía enfatiza, así, que la totalidad social existe como tal cuando una fracción de clase emerge como universal, cuando cimenta al conjunto social bajo su dirección. Ahora bien, esta expansión que toda clase debe realizar para detentar el carácter dirigente, implica que para Gramsci no haya un lugar exclusivo en el que se desarrolla la lucha de clases, puesto que la ideología abraza todas las prácticas sociales (BuciGlucksmann,1978, pp.

79-80). Dado que la hegemonía se construye a través de esta expansión y difusión de la lucha ideológica hasta sintetizarse en una fórmula que la cristaliza, las relaciones de confrontación pasan a atravesar al conjunto social.

Dice Althusser: “Gramsci ha comprendido muy bien que ‘todo es político’; que por lo tanto no existe una ‘esfera de la política’; que, (. ) la distinción entre sociedad política (o estado) y sociedad civil define correctamente las formas impuestas por la ideología y la praxis burguesas” (AA.

  • VV;
  • , 1983, p;
  • 15);
  • La expansión de la lucha, supuesta en esta dimensión de la noción de hegemonía, implica el estrechamiento de las relaciones entre, al menos, política y economía, toda vez que se horadan los contornos entre ellas en la medida en que la ideología, al abrirse abre paso por los canales de la sociedad civil, las cimenta (di Giovanni, 1981, p;

146; Buci-Glucksmann, 1978, p. 136). Dicho de otro modo, al dilatarse o ensancharse el papel de las superestructuras, penetra los límites de la instancia económica (di Giovanni, 1981, p. 153). En esta ampliación emerge, entonces, la cuestión del Estado: “Digamos, entonces, que la problemática de la ampliación del Estado se insertará en la de las relaciones de fuerza, y la sociedad civil será atravesada, de lo económico a lo ideológico, por la lucha de clases” (Buci-Glucksmann, 1978, p.

97). Así como en el concepto de hegemonía se desvanecen los límites entre formas económicas y formas políticas, su prolongación permite tomar al Estado como una condensación material de relaciones de fuerza (fórmula que le pertenece a Poulantzas, 1986, p.

192) (Buci-Glucksmann, 1978, p. 89). La difusión de la lucha ideológica por todas las trincheras de la sociedad, implica, a la vez, que el Estado no agota la politicidad, ahora diseminada. Con lo cual, a la ampliación de la política le sigue la del Estado. Escribe Buci-Glucksmann “La ampliación del Estado pasa entonces por una incorporación de la hegemonía y de su aparato al Estado” (1978, p.

93). El señalamiento de que la constitución de una clase social en dirigente supone su capacidad para echar raíces en todos los ámbitos de la totalidad social, expandiendo los alcances de la lucha de clases,tiene por contrapartida la ampliación del Estado.

Toda vez que a partir de la noción de hegemonía el Estado deja de agotar la lucha política, es menester reformular su concepto, incorporando su ampliación. Así, una de los abordajes del Estado que habilita el concepto de hegemonía es el que subraya que, como cualquier otro conjunto de instituciones, el Estado se encuentra atravesado por la lucha de clases, siendo una condensación material de la correlación de fuerzas que surca todas las prácticas sociales.

Puesto al revés, dado que para establecer su hegemonía, la clase dirigente despliega sus posiciones “por toda el área social”, la conceptualización gramsciana extiende los contornos de la lucha de clases, incorporando al Estado a esta ampliación.

Así, la ampliación de las relaciones políticas lleva consigo la del Estado, y la capacidad de dirección de una clase o fracción, al unificar al todo social detrás de la ideología que la expresa, se coagula materialmente en el Estado. Por lo tanto, el Estado pasa a consagrar la capacidad de dirección ideológica de una clase o fracción de clase al condensar materialmente su hegemonía, lo cual supone que se esfumen los límites entre relaciones económicas y relaciones políticas bajo la dirección una combinación ideológica determinada.

  • Recuperamos las palabras de Buci-Glucksmann: para elevarse al nivel político propiamente dicho, es necesario llegar a la hegemonía, a la relación plena entre clase, Estado y sociedad (;
  • )Esta fase implica que la hegemonía de clase inviste al conjuntode las superestructuras («unidad de fines económicos ypolíticos, pero también unidad cultural y moral»);

Ello es imposiblesin una expansión estatal de clase (toma del poder) (. )Ese Estado es un «Estado pleno», que ha superado la faseeconómico-corporativa. En estas condiciones «existe homogeneidad entre estructura y superestructura». En estas condicionesel bloque histórico se hace real, se convierte en un bloque históricoen el poder (1978, p.

120) Nuestra interpretación de la noción de hegemonía, con la homogeneidad entre estructura y superestructura que supone, procura rescatar su proximidad con la problemática del Estado. En línea con lo que según Buci-Glucksmann constituye una lectura hegelianizante de Gramsci-y que ella se propone combatir- (1978, p.

96) , sostenemos que la ampliación de la lucha de clases a todos los espacios de la sociedad civil conduce a tratar al Estado como la expresión material de las relaciones de fuerza que atraviesan al conjunto social. En otras palabras, creemos que esta arista de la noción de hegemonía supone acentuar el papel de la lucha de clases en la constitución y configuración del Estado, desplazando aquellas lecturas que subrayan su condición intrínsecamente reproductora para tratarlo como un conjunto de instituciones que condensan la correlación de fuerzas sociales, incluso si suponen el avance de fuerzas revolucionarias.

Así, la ampliación del Estado, a nuestro modo de ver, no solo disipa sus límites con la instancia económica e ideológica, sino que, en este mismo movimiento, lo transforma en la prolongación material de la hegemonía de una clase o fracción, siendo entonces su manifestación en el armazón institucional.

La progresiva homogeneidad entre estructura y superestructura que implica la constitución de una clase o fracción en hegemónica arrastra consigo, desde nuestra perspectiva, al Estado, que pasa a ser la expresión material de esta hegemonía. Por lo tanto, el Estado pasa a estar surcado por la lucha de clases, que se inscribe en su armazón.

  1. Di Giovanni consagra esta articulación entre hegemonía y atravesamiento del Estado por la lucha de clases;
  2. Escribe: la ampliación de la relación entre el estado y las masas, que se opera luego de que éstas han salido de la pasividad política, amplía el terreno de equilibrio entre estado y grupos subordinados, y sitúa los efectos de la acción de las clases subalternas directamente en relación con el estado;

Esto permite comprender por qué también los grupos antagonistas están empeñados en la lucha por la hegemonía. La ampliación real del estado, y su difusión a lo largo de la trama ‘privada’ de la sociedad, reduce su inmediata identificación con el efecto de dominio de una clase, en la misma medida en que el terreno del estado se vuelve territorio de la lucha política de masa.

(1981, p. 177) Di Giovanni refuerza esta lectura de la noción de hegemonía y extrae de ella una estrategia política (que es aquella que Althusser impugna). Dado que el Estado se amplía, se convierte en el territorio de la lucha política, sin identificarse necesariamente con el dominio de una clase.

Así, el carácter de clase del Estado pasa a depender de la relación de fuerzas que en él se cristaliza y no de una condición que le sea intrínseca. Por eso, enfatiza que la ampliación del Estado lo transforma en una arena de lucha, que no reproduce ineluctablemente la explotación de una clase por otra.

De lo cual se sigue que no hay nada en el armazón del Estado que lo haga necesariamente garante de la dominación burguesa. Como afirmamos al principio de este escrito, procuramos echar luz sobre la teoría del Estado que suponen aquellos que tildan a Althusser de reproductivista.

Dado que muchos de estos críticos rescatan la noción de hegemonía frente a la supuesta unilateralidad del concepto de AIE, que pareciera soslayar la resistencia y la lucha de las clases dominadas, revisamos ciertas recepciones del concepto gramsciano de hegemonía y su vínculo con la teoría del Estado capitalista.

La categoría de hegemonía aparece opuesta a la de AIE porque supone que el sistema educativo en particular es una arena de lucha, que su condición de Aparato de Estado no implica que necesariamente reproduzca las relaciones de dominación, sino que, potencialmente, puede transformarse en un recinto contrahegemónico o, en principio, un ámbito desde el cual producir una ideología que se oponga a la dominante.

El punto que nos interesa mostrar es, entonces, que aquellos que impugnan a Althusser por reproductivista rescatan la noción de hegemonía porqueésta habilita un tratamiento de los Aparatos de Estado que los hace permeables a la lucha de clases y, por lo tanto, rebate que en su materialidad haya alguna condición que los transforme en agentes necesarios de la reproducción de las relaciones de dominación.

En otras palabras, la oposición entre AIE y hegemonía responde a una cierta interpretación de este concepto -plausible, según nuestra consideración, desde el punto de vista textual-, con arreglo a la cual el Estado resulta una cristalización de relaciones de fuerza.

De esta perspectiva se desprende que no hay nada en el armazón del Estado que levante un límite específico a la lucha de las clases dominadas, toda vez que éste pasa a ser la expresión material de relaciones de fuerza que surcan al conjunto social. Por lo tanto, el contenido de los Aparatos de Estado pasa a depender de la lucha de clases o, según lo expuesto, de la resistencia que sean capaces de levantar las clases dominadas.

De ahí que, de cara al sistema educativo, recuperar la noción de hegemonía permita mostrar que la dirección concreta del sistema educativo y su materialización institucional (contenidos, formas didácticas, planes de estudio, disciplina escolar, condiciones de trabajo docente, reglamentación de cargos, actividades burocráticas, presupuesto educativo, etc.

) dependen de la lucha de clases, en tanto la ampliación del Estado inherente al concepto de hegemonía supone que el carácter material de éste pase a cristalizar las posiciones de las fuerzas sociales. En este sentido, escribe Gramsci: La relación pedagógica no puede limitarse a las relaciones específicamente ‘escolares’, mediante las cuales las nuevas generaciones entran en contacto con las viejas (.

) Esta relación existe en toda la sociedad en suconjunto y para cada individuo respecto a los otros individuos, entrecapas intelectuales y no intelectuales, entre gobernantes y gobernados,entre élites y seguidores, entre dirigentes y dirigidos, entre la vanguardiay el grueso del ejército.

Toda relación de ‘hegemonía’ es, necesariamente,una relación pedagógica. (1984, pp. 31-32) Nuestro énfasis está puesto en que, si toda relación de hegemonía encierra una relación pedagógica, no hay pedagogía que no se lleve a cabo en el marco de la hegemonía de una determinada clase o fracción de clase.

  • Por lo tanto, una pedagogía que potencie los destacamentos de la clase dominada, implica ya, inmediatamente, la construcción de otra hegemonía, más allá de los límites que levante a estos fines la actividad estatal;

Así, nos proponemos destacar que la distancia entre la posición althusseriana y la de sus críticos, apoyados en una cierta lectura del concepto de hegemonía, se abre a la hora de identificar los límites específicos que levanta el Aparato de Estado a la posibilidad de desarrollar una ideología revolucionaria.

Althusser, a nuestro modo de ver, no niega que exista lucha de clases en los Aparatos de Estado, sino que enfatiza que estos aparatos establecen límites específicos a la lucha de clases, para intervenirla en aras de la reproducción de las relaciones de dominación.

La acusación de reproductivismo, acompañada del rescate del concepto de hegemonía, a los fines de destacar la resistencia y la lucha de la clase dominada, pasa por alto esta limitación que levanta el Aparato de Estado -y en particular el educativo- a la posibilidad que tiene la clase dominada de inscribir su huella en él, habitándolo para la construcción de otras relaciones pedagógicas.

  1. El propio Althusser, en un texto denominado “Notas sobre los Aparatos Ideológicos de Estado”, del año 1976, se acerca a aquellos enfoques que piensan el atravesamiento de los AIE por la lucha de clases: se puede extraer de esta primera tesis acerca de la primacía de la lucha de clases sobre la ideología dominante y los aparatos ideológicos de Estado, una segunda tesis que es consecuencia directa de la anterior: los aparatos ideológicos de Estado son necesariamente el lugar y el marco de una lucha de clases que prolonga, en los aparaos de la ideología dominante, la lucha de clases general que domina la formación social en su conjunto;

(Althusser, 1978, p. 86) Esta tesis subraya, en la línea de aquella de Poulantzas recuperada más arriba, la capacidad que tiene la lucha de clases de materializarse en el aparato del propio Estado. Esto es, de atravesar al Estado y de tomar forma en su propia armazón (Althusser, 2003, p.

  • 90);
  • Justamente, esta tesis, que el propio Althusser levanta, es la que sus desarrollos posteriores impugnan, marcando una tensión en el propio dispositivo teórico del filósofo francés;
  • Pasemos a justificar nuestro punto, que consiste en reponer la siguiente hipótesis: la presencia del Estado en la lucha de clases, la no separación entre Estado y sociedad civil, necesaria para que el Estado intervenga en la lucha de clases, hace que el Estado se separe de ella;

La separación en cuestión tiene por resultado que la materialidad del Estado sea impermeable a la lucha de clases. Por lo tanto, el armazón del Estado, dentro del que se cuenta el sistema educativo, no resulta la condensación de la lucha de clases, si por condensación se entiende que la coraza del Estado prolonga la relación de fuerzas entre las clases.

  1. El Estado como máquina En sus textos de la segunda mitad de la década del setenta, El marxismo como teoría finita y Marx dentro de sus límites, Althusser discute, en franca disputa con las posiciones eurocomunistas de la izquierda de su tiempo, la tesis de la autonomía de la política y la del atravesamiento del Estado por la sociedad civil;

En el primero de estos textos, respecto del pensamiento de Gramsci, Althusser sostiene que la separación entre sociedad civil y sociedad política es un resultado de la ideología jurídica burguesa, toda vez que “el Estado ha penetrado siempre la sociedad civil (en sus dos sentidos), no solo a través del dinero y del derecho, no solo con la presencia e intervención de sus aparatos represivos, sino también a través de sus aparatos ideológicos” (AA.

VV, 1983: 14). Es decir, suponer que hay una esfera en donde se ejercen las relaciones políticas y otras en donde ellas llegan a partir de la acción estatal, esconde que esta división de tareas responde ya a la perspectiva jurídica burguesa de la política, bajo la cual el individuo privado goza de un ámbito de libertad y los asuntos públicos se deciden en función de la sumatoria de las voluntades individuales.

Esto es, supone la distinción entre ámbito privado/sociedad civil-ámbito público/sociedad política. Frente a esta distinción, Althusser sostiene que el Estado siempre-ya forma parte de la sociedad civil y, en el mismo sentido, que no cesa jamás de integrar y unificar a la ideología en ideología dominante, al servicio de la explotación.

Sin embargo, en el mismo texto, plantea que el partido revolucionario debe situarse por fuera del Estado para practicar la política de otro modo, para “estar a la escucha de la política allí donde la nace y se hace” (AA.

VV, 1983: 16), entre las masas. Por lo cual, pareciera abrirse un espacio interior a la política pero exterior al Estado, desde el cual se construiría una política otra, una política revolucionaria. Ese espacio, entonces, podría ser, desde nuestra inquietud, aquel en el que un sistema escolar sustraído a la reproducción de la explotación podría hundir sus raíces.

No obstante, a partir de la argumentación condensada en Marx dentro de sus límites , la exigencia althusseriana, al plantear como tarea del partido revolucionario su constante independencia respecto del Estado, se dirige a destacar, no la autonomía de lo político frente al Estado, sino el no agotamiento de la actividad estatal en su aparato político.

En el texto en cuestión, Althusser sostiene que el Estado es una máquina especial que, para operar sobre la lucha de clases, necesita presentarse como exterior a ella, a los fines de dotar de unidad a los intereses de la clase dominante e impedir que los de la clase dominada tomen cuerpo (Althusser, 2003: pp.

128 y 135). Ahora bien, esta separación, absolutamente real y efectiva, no responde a que el ámbito político esté agotado por el Estado o a que el Estado intervenga sobre la sociedad civil, penetrando en ella.

El Estado está y “siempre ha estado ampliado” (AA. VV, 1983, p. 15), es decir, es porque el Estado está absolutamente inserto en la sociedad civil, y Althusser precisa que no se trata simplemente de la sociedad civil sino de su principio articulador, la lucha de clases, que se presenta como exterior a ella, como una máquina para transformar la violencia involucrada en la lucha de clases en poder y en leyes.

Escribe Althusser en Marx dentro de sus límites: Las repetidas páginas de Lenin sobre la destrucción del Estado son, sin duda, las más avanzadas que el marxismo nos ha legado sobre la cuestión del Estado.

Hacen aparecer la unidad orgánica existente entre el ‘metal’ de ese cuerpo y sus funciones. También ahí, una vez más, el Estado aparece como un ‘aparato’, justamente porque su cuerpo está tan bien adaptado a sus funciones que sus funciones aparecen como la prolongación natural de sus órganos.

(p. 135) Esto es, el Estado está siempre-ya en la lucha de clases, aunque no la agote (Althusser, 2003, p. 88). Y es esta interioridad la que demanda que tome la forma de un aparato de un material especial, separado de la lucha de clases, aparato cuyo envite es transformar la violencia en poder de la clase dominante.

Por lo cual, el aparato del Estado jamás está “atravesado” por la lucha de clases, justamente porque su materialidad es la prolongación natural de sus funciones. Puesto de otro modo, es porque el Estado interviene en la lucha de clases, porque es inmanente a ella, que se corporiza en una maquinaria que se separa de ella.

Así, Althusser reúne la crítica a la autonomía de lo político, y su consiguiente asociación entre Estado y política -lo cual, va de suyo, vacía a la sociedad civil de este carácter-, con la del atravesamiento del Estado por la sociedad civil (que, como dijimos, justificaba hacer del Estado una instancia que el partido revolucionario podía permear, tesis, según Althusser, cara al reformismo eurocomunista); porque no hay separación entre sociedad civil y sociedad política, porque el Estado siempre ha estado ampliado, es que se levanta como un aparato que necesita separarse de la lucha de clases en aras de operar sobre ella.

La determinación del Estado por la lucha de clases es lo que explica el metal especial del que está hecho su aparato y la consiguiente finalidad exclusivamente reproductiva de este aparato. Esta posición es la que, decíamos, vuelve sobre aquello postulado en Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado.

  1. Nuevamente, aparece la materialidad del Estado como un cuerpo que reproduce la dominación, aunque habiendo introducido, ahora, el papel determinante de la lucha de clases;
  2. Así, si bien esta materialidad es un resultado de la lucha de clases, como materialidad no se encuentra atravesada por ella, en una veta en la que reverbera la noción del Estado como forma;

Las siguientes palabras de Bonnet iluminan nuestro punto: En este sentido, hay que distinguir entre el Estado como forma, es decir, como modo de existencia de las relaciones sociales capitalistas en tanto relaciones de dominación, diferenciado del modo de existencia de esas mismas relaciones sociales capitalistas en tanto relaciones de explotación, y el Estado como aparato, esto es, como institucionalización de esa existencia particularizada de las relaciones de dominación.

Y la diferencia tiene implicancias. El carácter capitalista del Estado no depende de esas relaciones de fuerza particulares entre clases y fracciones de clases que cristalizan en su aparato, sino de su existencia misma como relación de dominación separada de la relación de explotación.

El Estado capitalista, en consecuencia, no puede definirse a partir de su aparato, sino de su forma. ( Bonnet , 2016) Desde nuestra perspectiva, si bien Althusser no trata al Estado como una forma que se deriva de las relaciones capitalistas, el énfasis en la materialidad específica del Estado, que se encuentra adaptada a las funciones que debe realizar, para las cuales, a su vez, necesita separarse de la lucha de clases en la que está inserto, procura insistir sobre los límites de la permeabilidad del aparato de Estado de cara a la acción revolucionaria.

Esto no implica que Althusser niegue la resistencia de los explotados ni su capacidad para inscribir su huella en la actividad estatal, sino que subraya que el aparato de Estado traduce esta resistencia de un modo particular, le impone ciertos límites: modos de organización y de decisión, juridificación de las prácticas, vínculos con el aparato represivo, mediación burocrática, etc.

Otro modo de decir que el Estado expresa en su coraza institucional la finalidad para la que se encuentra organizado, que establece condiciones particulares para una acción que se proponga tomar sus recursos a los fines de transformar revolucionariamente las relaciones sociales.

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Por eso, la presencia de las clases explotadas en la actividad de la autoridad pública no se opone, en el dispositivo althusseriano, a tomar al Estado como un órgano que reproduce las relaciones capitalistas.

Por el contrario, creemos que Althusser recoge una dimensión del concepto gramsciano de hegemonía, aquel que toma al Estado en un sentido amplio, pero a los fines de señalar que esta ampliación el Estado la realiza al separarse de la lucha de clases. Es decir, que la ampliación del Estado en la sociedad civil, supuesta en el concepto de hegemonía, no conduce a tomar al Estado como la cristalización de las relaciones de fuerza entre las clases, sino que fundamenta la necesidad de que el Estado se separe de la sociedad civil para reproducir las relaciones capitalistas.

De ahí que para Althusser la autoridad pública sea una maquinaria hecha de una materialidad específicamente adaptada a su lugar en la sociedad capitalista, materialidad que traduce de un modo particular la resistencia de la clase dominada y le señala límites a la posibilidad de ser utilizada a otros fines.

Nuevamente, consideramos que el punto que separa a Althusser de sus críticos no reside en la ampliación del concepto de Estado. Althusser afirma abiertamente que el Estado siempre-ya ha penetrado en la sociedad civil, apoyando de esta manera algunas de las dimensiones de la noción de hegemonía.

Lo que impugna el filósofo francés es que de esta ampliación se siga que el Estado cristaliza relaciones de fuerza entre las clases que hilvanan a la sociedad civil. De ahí que la divergencia no pase por el carácter conflictivo que encierran los AIE, por la capacidad o no de resistencia de las clases dominadas.

El punto es qué implica que el Estado materialice esta resistencia, esto es, qué consecuencias se siguen de tomar al Estado como la expresión de las relaciones de fuerza entre las clases o de conceptualizarlo como un aparato cuya materialidad se ajusta a la reproducción de las relaciones de explotación.

Así, a nuestro modo de ver, la distancia de Althusser con esta recepción de la noción de hegemonía pasa por la tesis del atravesamiento del Estado por la lucha de clases, frente a la cual el filósofo francés sostiene que el armazón de la autoridad pública levanta límites específicos a la agencia revolucionaria de la clase trabajadora, toda vez que su cuerpo institucional se ajusta a la finalidad a la que sirve.

El sistema escolar, como parte de los AIE, se sitúa en el dispositivo althusseriano como garante de la explotación, toda vez que de la tesis de la presencia del Estado en la lucha de clases se desprende la realización de su separación de ella como maquinaria de una materialidad particular.

  1. De este modo, frente a la acusación de reproductivismo, Althusser no niega que exista lucha de clases dentro del sistema educativo, sino que señala, nuevamente, que este sistema, como AIE goza de una materialidad tal que impone ciertas formas a la resistencia de los explotados;

Así, no se trata, siguiendo este enfoque, de ocupar el aparato educativo y ponerlo al servicio de la producción de una conciencia revolucionaria, toda vez que la materialidad de este aparato y su repertorio de formas pedagógico- didácticas traduce en sí misma la finalidad a la cual dicho sistema concurre.

  • Otro modo de decir que el énfasis althusseriano está puesto en recordar que el aparato institucional educativo no se limita a expresar una relación de fuerzas que lo excede, sino que es en sí mismo una forma, que impone condiciones a la lucha que tiene lugar en él;

Conclusiones A lo largo del presente escrito, perseguimos recoger algunos de los señalamientos realizados por Althusser acerca del sistema educativo. En primer lugar, indicamos cómo se lo plantea en su célebre texto Ideología y Aparatos ideológicos de Estado.

En éste, el sistema escolar aparece como parte del concierto de aquellos aparatos destinados a reproducir, mediante la ideología, la explotación de una clase por otra. En un segundo momento, recuperamos los argumentos de aquellos que tratan a Althusser como reproductivista.

Procuramos destacar que dicha acusación responde a que, según diversos autores, Althusser no hace lugar a la resistencia y a la lucha ideológica que tiene lugar en el espacio educativo, por lo cual, para superar esta dificultad, sus críticos recurren al concepto gramsciano de hegemonía.

Así, tras plantear sucintamente algunas de las aristas de esta categoría, pretendimos echar luz sobre la teoría del Estado que habita en algunas de sus recepciones. En este sentido, subrayamos que de la ampliación de las relaciones políticas a todo el espectro de la sociedad civil, se desprende una vía categorial que trata al Estado como la cristalización de las relaciones de fuerza entre las clases, la cual surca al conjunto de la totalidad social.

De esta perspectiva, entonces, recuperamos el énfasis en el atravesamiento del Estado por la lucha de clases, atravesamiento que hace depender el carácter del Estado de la relación de fuerzas que expresa y no de una condición que le sea intrínseca como Estado capitalista.

En la última parte de nuestro trabajo nos propusimos recuperar, a grandes rasgos, algunas de las coordenadas del pensamiento de Althusser en torno al Estado. Afirmamos que Althusser es tajante a la hora de sostener la no exterioridad entre sociedad civil, caracterizada por la lucha de clases, y Estado.

Conforme a esta perspectiva, vimos que Althusser indica que la materialidad del aparato de Estado, como tal, no se encuentra atravesada por la lucha de clases. La imbricación entre lucha de clases y Estado, la intervención necesaria sobre la lucha de clases, para Althusser, demanda que el Estado se levante como una maquinaria especial, separada de la lucha de clases que lo configura, a los fines de transformar la violencia en poder de clase.

  • Por lo cual, creemos nosotros, la afirmación de que hay lucha de clases en los AIE no lleva a Althusser a decir que el resultado de la lucha de clases en el Estado se plasme en su coraza institucional;

Esta lucha -necesaria según Althusser-, no quita que se trate de una maquinaria que refleja el objeto para el cual sirve ni que su carácter capitalista se materialice en su articulación institucional. En otras palabras, para Althusser, el estatuto capitalista del Estado y por lo tanto su actividad en aras de la reproducción de la explotación, no depende de las relaciones de fuerza entre las clases, ya que en su aparato, aunque haya resistencia de los dominados, toma forma la fUnción a la cual sirve.

De ahí que hayamos sostenido que el filósofo francés no rechaza la necesidad de la lucha en los Aparatos de Estado, sino que enfatiza los límites que estos aparatos levantan para una acción revolucionaria, los cuales se plasman en su organización institucional y en las prácticas que éstas habilitan.

Por último, de cara a la cuestión del sistema educativo, sostuvimos que la distancia entre Althusser y quienes lo tildan de reproductivista no responde a que el primero rechace la posibilidad de tomarlo como una arena de lucha o de construcción de una ideología revolucionaria.

El punto, a nuestro modo de ver, pasa por la teoría del Estado supuesta al conceptualizar al sistema educativo como AIE o como ámbito para la construcción de hegemonía -o contrahegemonía: mientras que los señalamientos de Althusser van en dirección de mostrar que, en tanto AIE, el sistema educativo impone ciertas condiciones a las posiciones que los dominados puedan desarrollar en él, aquel sendero abierto por la noción de hegemonía que toma al Estado como una cristalización de relaciones de fuerzas, hace depender el contenido del sistema educativo de la lucha de clases que tiene lugar en su seno.

Desde nuestra perspectiva, este sendero no enfatiza lo suficiente que, como parte de la coraza institucional del Estado, el sistema educativo impone límites particulares a la agencia que los dominados pueden ejercer en él, toda vez que soslayan que el carácter capitalista del Estado se inscribe en la forma misma de este sistema, en sus reglamentaciones y en el conjunto de sus prácticas organizativas.

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¿Cuál es la función de los aparatos ideologicos del Estado?

Aparatos ideológicos de estado [ editar ] –

  • Los aparatos ideológicos de Estado funcionan con la ideología como forma predominante
  • Los aparatos ideológicos son múltiples, diversos y relativamente autónomos y susceptibles de ofrecer un campo objetivo a contradicciones que expresan los efectos de los choques entre la lucha de clases capitalistas y las luchas de clases proletarias.
  • En los aparatos ideológicos del Estado la unidad está asegurada, en formas contradictorias, las la ideología dominante y la clase dominante.

¿Cuál es la teoria de Althusser?

Filosofía [ editar ] – Otros trabajos de Althusser incluyen el volumen colectivo Para leer El Capital (en francés: Lire Le capital , 1965), el cual consiste en un intenso trabajo de relectura, en clave estructuralista, de El Capital , la obra más importante de Karl Marx.

  1. En su edición española el libro está dividido en dos partes; en la primera de ellas Althusser realiza una fuerte crítica a la lectura de El Capital de forma empirista, y en general, a toda forma de empirismo que ataque las ciencias;

En la segunda parte Etienne Balibar analiza el objeto teórico de El Capital y la teoría de la transición de una sociedad a otra que hay allí. En la recopilación de ensayos La revolución teórica de Marx (en francés: Pour Marx , 1965), Althusser intenta establecer una periodización estricta de la obra de Marx, separando al Marx maduro, “marxista”, del Marx de juventud, aún bajo la fuerte influencia idealista de Hegel y Feuerbach.

Esta periodización ha sido sometida a fuertes críticas por el pensamiento marxista posterior, que ha intentado revalorizar el pensamiento político del primer Marx. Quizá la tesis central de toda la filosofía de Althusser es que la historia es un proceso sin sujeto ni fines, cuyo motor son las fuerzas productivas (y la lucha de clases determinada por ellas).

La historia no tiene sentido. Para Althusser todos somos sujetos, y en calidad de éstos, marionetas de la historia, pero esta historia no es movida por alguien, lo que desemboca en su famosa tesis de que todos somos marionetas de algo que no va a ningún lado, de algo sin sentido.

Otra famosa tesis de Althusser en filosofía es que, al contrario de lo que comúnmente se piensa, la filosofía siempre viene después de la ciencia. Esta tesis rechaza que la filosofía haya sido la madre de todas las ciencias, sino que, más bien, la filosofía es la hija de las ciencias.

Esto quiere decir, la filosofía no es una ciencia, sino una reacción a las ciencias en el campo teórico. De esta forma, la matemática ( Tales de Mileto ) engendró la filosofía de Platón , la física ( Galileo ) engendró la filosofía de Descartes , la ciencia de la historia (Marx) engendró su propia filosofía y el psicoanálisis ( Freud ) comienza hasta ahora a engendrar su propia filosofía.

Lo interesante de este proceso es que la filosofía marxista, engendrada por la ciencia de la historia es, para Althusser, “correcta” (no verdadera, pues la filosofía no dice verdades, no es una ciencia, sino una ideología).

Esto quiere decir, la filosofía se ubica correctamente en posiciones que defiendan a las ciencias, ya que la ciencia de la historia le permite el conocimiento científico de la producción filosófica e ideológica, le permite el conocimiento científico de la producción de sí misma.

¿Qué filósofo afirmaba que la educación es un instrumento ideológico del poder?

Introducción La educación constituye un acto político en el pensamiento de Antonio Gramsci. Al respecto, el autor realiza un aporte transcendental a la discusión de este fenómeno mediante el estudio del concepto de hegemonía. En efecto, la reflexión gramsciana nos aproxima al concepto de hegemonía y sus vinculaciones ineludibles con la educación y la política.

  • Esta relación la analizamos resaltando tres cuestiones centrales: la “función intelectual”, que según el filósofo italiano es inevitablemente educativa y política a la vez; el “bloque histórico” y “lo ético” como constituyentes principales de la educación;

La tesis del artículo es poner de relieve el imperativo ético-político de la educación como fundamento del desarrollo y del progreso humano. El presente trabajo se inicia con la revisión del concepto de hegemonía, intelectual orgánico y bloque histórico como conceptos gramscianos esenciales.

  • Seguidamente, hacemos una reflexión respecto de cómo estos conceptos se vinculan a la educación;
  • Finalmente, ofrecemos una lectura, en código gramsciano, de la educación como ejercicio ético-político, aplicable a la sociedad actual;

El concepto de hegemonía en la obra de Gramsci El autor define hegemonía como “la capacidad de guiar, por lo tanto, implica dirección política, intelectual y moral” (Gramsci 1981:25). De esta manera, el concepto de hegemonía es un principio central en el desarrollo del pensamiento político y educativo de Gramsci.

En efecto, para este autor la hegemonía supone un proceso de dirección política e ideológica donde una «clase» o un sector social logra una apropiación preferencial de las instancias de poder. En otras palabras, la hegemonía supone la capacidad de un bloque dominante de configurar la vida económica, civil y cultural de un colectivo.

Aunque parezca paradójico, en código gramsciano esta «dominación» debe conseguir el logro de la «unidad social», ya que la constitución del «bloque histórico» (concepto que abordaremos en el siguiente apartado) se sustenta en el consenso que logre articular las fuerzas políticas y sociales diferentes, con el fin de mantener ese ensamble.

En consecuencia, en el pensamiento de Gramsci pareciera que uno de los elementos clave para comprender la hegemonía es que ella requiere de estrategias que oculten la intención explícita de la clase dominante de dirigir política, intelectual y moralmente a la clase dominada, propiciando la naturalización de esta forma de explotación a través del «consenso manipulado».

Por consenso manipulado podemos entender ese proceso social a través del cual el poder se sustenta en la persuasión. Conforme con lo anterior, la hegemonía utiliza estrategias de convencimiento, más que estrategias violentas, aunque no es posible sostener la ausencia absoluta de estas últimas.

Lo expresado nos permite decir que, logrado el consenso, la clase dominante puede reducir la cantidad de coerción necesaria para reprimir y someter a sus subalternos. Reafirmando lo anterior, Gramsci (1981) plantea que para perpetuar una sociedad basada económicamente en la explotación de clase (sociedad burguesa), está obligada a servirse de formas de hegemonía que oculten dicha circunstancia y naturalicen esa explotación.

De este modo, la hegemonía tiene necesidad de estrategias apropiadas para suscitar un «consenso manipulado», emergiendo así la construcción cotidiana del consentimiento otorgado al orden social imperante. Podemos confirmar entonces que, en el pensamiento del autor, una «clase» que consigue dirigir y no sólo dominar en una sociedad basada económicamente sobre la explotación, para poder perpetuar tal explotación está obligada a servirse de formas de hegemonía que oculten esa circunstancia.

  • En otras palabras, tiene necesidad de formas de hegemonía apropiadas para suscitar el llamado «consenso manipulado», es decir, un consenso de aliados subalternos;
  • En definitiva, una relación de alianza en una sociedad estructurada sobre la explotación de clase no es posible de otra forma (Gramsci 1990);

La inevitable consecuencia de lo descrito anteriormente es que el mantenimiento de un sistema hegemónico de poder se perpetúa por el grado de consenso que obtiene de las masas populares a las que domina. En palabras de Gramsci, “es cuestión de vida, no el consenso pasivo e indirecto, sino el activo y directo; la participación, por consiguiente, de los individuos, incluso si esto provoca una apariencia de disgregación y de tumulto” (Gramsci 1981:35).

Para este autor, por tanto, la hegemonía exige una constante capacidad para renovar la legitimidad y para construir nuevas esferas de consenso y de productividad cultural. Consecuentemente, sostiene que “una conciencia colectiva, es decir, un organismo vivo, no se forma sino después de que la multiplicidad se ha unificado a través de las fricciones entre los individuos” (Gramsci 1981:42).

De esta forma, el conflicto por la hegemonía queda siempre abierto. Lo expresado nos permite afirmar la presencia de la dialéctica en la obra de Gramsci, una dialéctica que recupera a un sujeto (individual o colectivo), que se niega constantemente y en esa negación se despliega su ser otro.

Esto supone un sujeto inmerso en una red de relaciones que lo modifican y lo reconstituyen en su proceso de desarrollo. Dialécticamente, por tanto, un proceso social es y al mismo tiempo no es, porque continuamente se niega y se supera.

A partir de esta disquisición, la hegemonía está regulada por las leyes de la dialéctica. Otro elemento constitutivo de la hegemonía es el compromiso, la capacidad para sacrificar ciertos intereses, para matizar la «concepción de mundo». En palabras de Gramsci, la hegemonía se manifiesta: “como un continuo formarse superarse de equilibrios inestables (…) entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios en los que los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea no hasta el burdo interés económico-corporativo” (1981:37).

  1. Lo expresado nos permite sostener que a la hegemonía le subyace la construcción de la «concepción de mundo», que se sostiene en una articulación como una práctica de relaciones de influencia recíproca entre los sujetos (individuales o colectivos), provocando que la identidad de éstos sea modificada;

A no dudarlo, esta articulación incluye siempre momentos de fuerza y represión, donde los agentes sociales concretos, situados históricamente y «articulados» en relaciones sociales, se relacionan en lógicas de dominación/sumisión; coerción/consenso. Logrado el consenso, la clase dominante puede reducir la cantidad de coerción necesaria para reprimir y someter a los subalternos.

  1. De esta forma, los mecanismos de control para asegurar el consenso residen en una red ramificada de instituciones culturales (escuelas, iglesia, partidos, asociaciones, entre otros);
  2. En consecuencia, para Gramsci la hegemonía no es estática, sino que es disputada por las distintas fuerzas sociales, de manera viva y constante;

El concepto de bloque histórico en Gramsci Para Gramsci (1971) el bloque histórico puede ser considerado como el punto de partida del análisis acerca de cómo un sistema de valores culturales (lo que Gramsci llama ideología) penetra, se expande e integra un sistema social.

En esta línea de interpretación, un sistema social está integrado sólo cuando se construye un sistema hegemónico. Cuando ocurre lo descrito estaríamos en presencia de un «bloque histórico». Para el autor, el bloque histórico está formado por la estructura y las superestructuras.

La infraestructura es la base material de la sociedad que determina la estructura social, el desarrollo y el cambio social. Incluye las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La estructura social son «las clases» que dependen de las fuerzas productivas.

De ella deriva la superestructura, es decir, el conjunto de elementos de la vida social dependientes de la base o infraestructura, como por ejemplo, las formas jurídicas, políticas, artísticas, filosóficas y religiosas de un momento histórico concreto.

En palabras de Gramsci: “El análisis de estas afirmaciones, creo, lleva a reforzar la concepción de ‘bloque histórico’ en cuanto las fuerzas materiales son el contenido y las ideologías la forma, siendo esta distinción de contenido y de forma puramente didascálica, puesto que las fuerzas materiales no serían concebibles históricamente sin forma y las ideologías serían caprichos individuales sin la fuerza material” (1971:57).

  • Por consiguiente, en el pensamiento gramsciano la sociedad humana se nos presenta como una totalidad y esta totalidad se expresa en todos los ámbitos de la vida social;
  • En esta mirada holística, es la hegemonía la que construye un bloque histórico, o sea, contribuye a articular una unidad de fuerzas sociales y políticas diferentes y tiende a mantenerlo ensamblado a través de la «concepción del mundo» que ella ha trazado y difundido;

En consecuencia, la lucha por la hegemonía debe involucrar todos los niveles de la sociedad: la base económica, la superestructura política y la superestructura espiritual. Por consiguiente, es posible afirmar que el concepto de «bloque histórico» se crea para Gramsci en el contexto de las relaciones entre intelectuales y pueblo-nación, entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados, cuando se logra una adhesión orgánica en la cual el sentimiento-pasión deviene en comprensión y, por lo tanto, en saber (entendido como algo vivo y viviente).

  1. Según el autor, solo entonces la relación es de representación y se produce el intercambio de elementos individuales entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos; solo entonces se realiza la vida de conjunto, la única que es verdadera fuerza social (Gramsci 1971);

Si nos detenemos en la idea de «bloque histórico» es posible sostener que su comprensión requiere sumergirse en tres niveles de análisis: a) el análisis de las relaciones entre estructura y superestructura; b) el estudio dinámico de cómo estas relaciones son fundantes en la construcción de sistemas sociales y c) el análisis del quiebre de la hegemonía de la clase dirigente, lo que nos lleva al terreno de la acción política.

Respecto de las relaciones entre estructura y superestructura, es posible sostener que Gramsci no le otorga supremacía a ninguna sobre la otra, al contrario, enfatiza en las relaciones, en los vínculos que ocurren entre ellas para la materialización de su unidad.

De esta manera, siendo Gramsci un teórico marxista, sostiene que el bloque histórico debe ser entendido como una situación histórica global. Dicho lo anterior, podríamos inferir que Gramsci le otorgaba más importancia a los estudios históricos que a los económicos.

  1. En consecuencia, dedica gran parte de su obra al estudio histórico de los fenómenos sociales que observaba;
  2. Su respuesta a la clave de la vinculación entre estructura y superestructura son «los intelectuales», especialmente los que él denomina «intelectuales orgánicos» (concepto que será revisado en el próximo apartado);

Gramsci plantea que los intelectuales que operan en la superestructura (o son «funcionarios de la superestructura») son la clave en la configuración de los vínculos y la unidad entre estructura y superestructura. En cuanto al estudio dinámico de las relaciones entre estructura y superestructura, Gramsci propone un análisis acerca de cómo la ideología, entendida como sistema de valores culturales, circula, se propaga y se reproduce en los sistemas sociales.

En palabras del autor “los hombres toman conciencia de su posición social en el terreno de las ideologías” (1999:78), advirtiéndonos que le asigna al concepto de ideología un significado asociado a la «concepción del mundo», como expresión de diversas manifestaciones (arte, derecho, actividad económica), tanto individuales como colectivas.

En esta línea de interpretación, un sistema social logra la integración sólo cuando se construye un sistema hegemónico, o sea, un bloque histórico. Finalmente, respecto del quiebre de la hegemonía de la clase dirigente, esto supone necesariamente subvertir el bloque dominante e instalar un bloque emergente.

En consecuencia, la irrupción de un nuevo bloque histórico requerirá no sólo de la ruptura de la estructura con respecto a la superestructura, sino también de la consolidación de un nuevo bloque ideológico, de una nueva hegemonía.

A no dudarlo, el surgimiento de un nuevo bloque histórico estará antecedido de la separación, por parte de la clase subalterna fundamental, del sistema hegemónico dominante, en el mismo seno de la sociedad que se quiere cambiar. En consecuencia, subvertir el orden establecido y crear uno nuevo a través de una nueva conciencia ideológica y organización política aparecen como dos elementos ineludibles de un proceso re-evolucionario.

Esta dimensión nos instala en el análisis de la acción política, que Gramsci entiende como la ética de lo colectivo. Los Intelectuales e «intelectuales orgánicos» en la obra de Gramsci El concepto de intelectual y particularmente el de «intelectual orgánico» también forman parte de las nociones claves del planteamiento educativo de Gramsci.

Según el autor: “No hay actividad humana de la que pueda excluirse toda intervención intelectual: no se puede separar al homo faber del homo sapiens ” (1970:392). Según lo anterior, es posible inferir que en el pensamiento gramsciano la noción de intelectual es una visión amplia.

  1. Así lo afirma el propio autor: “Todo hombre fuera de su profesión despliega alguna actividad intelectual, es un ‘filósofo’, un artista, un hombre de buen gusto, participa de una concepción de mundo, tiene una idea consciente de conducta moral y contribuye, por tanto, a sostener o modificar una concepción del mundo, o sea, a suscitar nuevos modos de pensar” (1970:392);

De acuerdo a lo señalado anteriormente en este trabajo, es posible confirmar que el autor asigna una función intelectual a todas las personas, en tanto cada uno de nosotros disponemos de una «concepción de mundo». Asimismo, es posible decir que toda «concepción de mundo» es una concepción filosófica, en tanto está vinculada a percepciones, creencias, ideas sobre la vida y el mundo.

  1. En palabras de Gramsci: “Por intelectuales es preciso entender no sólo aquellas capas comúnmente designadas con esta denominación, sino en general toda la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo” (1981:412);

Como podemos apreciar, los intelectuales desempeñan un papel fundamental en las concepciones de Gramsci. No obstante, podríamos afirmar que todos los seres humanos somos intelectuales, pero no todos cumplimos en la sociedad una función intelectual. En este sentido, el autor distingue que la verdadera función intelectual es ejercida por aquel que denomina «intelectual orgánico».

Respecto del adjetivo orgánico, el autor señala: “Se podría estimar lo orgánico de las distintas capas de intelectuales, respecto su mayor o menor conexión con un grupo social básico, fijando una graduación de las funciones y de la superestructura desde abajo hacia arriba, desde la base estructural hasta lo alto” (1967:30).

Hecha la distinción anterior y parafraseando al filósofo, podemos declarar que los «intelectuales orgánicos» serían «funcionarios de la superestructura» y cumplirían dos funciones: a) lograr el «consenso espontáneo» que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta por el grupo dominante y b) ser funcionales al aparato de coerción estatal que asegura «legalmente» la disciplina de aquellos grupos que no «consienten», ni activa ni pasivamente, la dirección del grupo dominante.

  1. En la interpretación de Dias (2006), los intelectuales –en la acepción gramsciana– son aquellos que, independientemente del título académico, son capaces de enfrentar los problemas que afectan a las clases sociales y dar respuesta a ellos;

En este sentido, podemos decir que el «intelectual orgánico» aparece cuando se comporta desde la solidaridad de clase, es decir, asume la relación estrecha que lo une con la clase de la que es representante. En nuestra interpretación, el «intelectual orgánico» requiere de altos niveles de conciencia para impulsar el disenso y el cuestionamiento al ya explicado «consenso manipulado».

  1. Ahora bien, en el pensamiento gramsciano, una cuestión a resolver es justamente la generación de intelectuales orgánicos conscientes y críticos;
  2. Sobre el particular Gramsci sostiene: “El problema de la creación de una nueva capa intelectual consiste, por tanto, en elaborar críticamente la actividad intelectual que existe en cada individuo con cierto grado de desarrollo” (1970:67);

Consecuentemente, para el autor, la escuela como institución de la superestructura y el educador como funcionario de la superestructura, son los instrumentos por excelencia en la preparación de intelectuales. Si aceptamos la idea planteada por Gramsci, parece posible afirmar que estos intelectuales formados en las escuelas, pueden contribuir al mantenimiento del sistema ideológico dominante o participar de un proyecto de disenso y cuestionamiento del sistema establecido, constituyéndose en indiscutibles «intelectuales orgánicos».

  1. Utilidad de los conceptos de hegemonía, bloque histórico e intelectual orgánico para comprender el fenómeno de la educación Una vez examinados los conceptos de hegemonía, bloque histórico e intelectual orgánico, intentaremos comprender su utilidad en el análisis del mundo educativo;

En efecto, en el pensamiento de Gramsci existe una relación dialéctica entre las ideas de hegemonía y educación. Tomando como base lo expresado en los apartados anteriores, a nuestro juicio, la dialéctica en Gramsci recupera a un sujeto (individual o colectivo), que se niega constantemente y en esa negación se despliega su ser otro.

Esto supone un sujeto inmerso en una red de relaciones que lo modifican y lo reconstituyen en su proceso de desarrollo. Para Gramsci, en eso consiste el devenir. En este devenir, la contradicción es permanente, entendiendo la dialéctica como la unidad de los opuestos.

Desde esta perspectiva, podemos plantear que la hegemonía “se hace” en un proceso contradictorio que involucra a los sujetos dominados desde el conformismo y a los sujetos dominantes desde la persuasión. A no dudarlo, desde el pensamiento gramsciano la hegemonía adquiere ribetes de complejidad, ya que supone una renegociación permanente del «sentido común» como lugar primario de la lucha ideológica.

En efecto, este proceso lo entendemos no como algo exterior y que sucede fuera de los sujetos, sino como un proceso donde los sujetos son protagonistas, incluyendo ideas diversas y hasta antagónicas. En este sentido, para Bonal (1998) el concepto gramsciano de hegemonía aplicado a la educación define una forma de dominación que ejerce el control social a partir del uso de instrumentos ideológicos, con el propósito de imponer una determinada y única visión del mundo sobre los dominados.

Retomando algunas ideas previas, lo peculiar de la hegemonía, en el sentido gramsciano, es justamente que esta dominación no se ejerce por imposición o inculcación ideológica, sino que ella radica en la naturalización del control social mediante un proceso de saturación que se vuelve cotidiano y por tanto naturalizado y no cuestionable.

  • En este sentido, la hegemonía hace uso del «consenso manipulado», esto es, una alianza con los subalternos para perpetuar la dominación, por medio del «sentido común»;
  • Este sentido común es el que alimenta el «conformismo social», provocando así un estado de aceptación, de naturalización de las condiciones impuestas por la ideología hegemónica;

En suma, la dominación se consolida a través del equilibrio entre consenso y coerción. En atención a lo expresado, podemos afirmar que la relación entre hegemonía y educación se traduce en la utilización de un dispositivo de transmisión ideológica que eleva el capital cultural de los individuos para la adquisición de la conciencia de clase.

Este proceso, para Gramsci, lo realizan «los intelectuales» y particularmente los intelectuales que él llama «orgánicos». Como lo mencionáramos anteriormente, estos «intelectuales orgánicos» al actuar como «funcionarios de la superestructura» cimientan la unidad de la estructura y la superestructura, que constituye un «bloque histórico» determinado, mediante la elaboración y difusión de la ideología de la clase dominante, dando lugar a la hegemonía.

De aquí la importancia de la educación, ya que ella desempeña un rol esencial en la formación de los intelectuales del bloque emergente, como ya lo había desempeñado en la gestación del bloque dominante. Por consiguiente, el proceso educativo es trascendental en la construcción de un nuevo sujeto, de un nuevo ciudadano con conciencia de clase.

En palabras de Gramsci: “La realización de un aparato hegemónico, en cuanto crea un nuevo terreno ideológico, determina una reforma de las conciencias y de los métodos de conocimiento, es un hecho de conciencia, un hecho filosófico.

En lenguaje crociano: cuando se logra introducir una nueva moral conforme a una nueva concepción del mundo se concluye por introducir también tal concepción, es decir, se determina una completa reforma filosófica” (1971:46). En este sentido, el mensaje central de Gramsci lo encontramos en el hecho que la organización de la cultura es orgánica para el poder dominante.

Considerando esta perspectiva, los intelectuales no pueden definirse como tales por el trabajo que hacen, sino debido al rol que desempeñan en la sociedad. Esta función es siempre, de modo más o menos consciente, la de liderar técnica y políticamente un grupo, sea el grupo dominante o bien otro grupo que tiende a asumir una posición dominante.

Ahora bien, entendiendo que los intelectuales no necesariamente operan “intelectualmente” en el mundo en sentido gramsciano, resulta evidente que la actividad educativa, como una contribución neutra al desarrollo y progreso del ser humano, es una falacia.

  • En efecto, los diversos movimientos del marxismo han denunciado el carácter ideológico y clasista de la actividad educativa, en el sentido que los usos (o no) de los saberes disponibles por parte de la educación dependen de la correlación de fuerzas hegemónicas en la sociedad;

En esta línea, Tello (2012) afirma que al estudiar la práctica del intelectual insertado en un amplio contexto histórico, emergen nuevos elementos de análisis. Entre estos elementos, se destacan las opciones y las posiciones del intelectual frente a la relación de las fuerzas políticas.

  1. En este ámbito, interesa el análisis de las concepciones ideológicas inherentes a las prácticas que realizan los intelectuales;
  2. Ya hemos señalado que el concepto «ideológico» nos remite –en clave gramsciana– a una concepción del mundo, a una visión de la sociedad;

Si aceptamos que la educación se encuentra indefectiblemente vinculada a la realidad cultural, social, económica y política de cada sociedad y que esta realidad como «concepción de mundo» está sedimentada en la ideología dominante, parece posible pensar que la educación no es neutra.

A partir de esta “no neutralidad” pretendemos acercamos a nuestra tesis de la educación como acto político. Ahora bien, parece relevante aclarar que la política en Gramsci alude a la ética de lo colectivo y tiene su expresión esencial en las acciones que impulsa o permite el Estado.

En palabras de Gramsci: “El político de acción es un creador, un suscitador, más no crea de la nada ni se mueve en el turbio vacío de sus deseos y sueños. Se basa en la realidad efectiva. Aplicar la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de las fuerzas realmente existentes y operantes, fundándose sobre aquella que se considera progresista, y reforzándola para hacerla triunfar, es moverse siempre en el terreno de la realidad efectiva, pero para dominarla y superarla (o contribuir a ello).

  1. El ‘deber ser’ es por consiguiente lo concreto o mejor, es la única interpretación realista e historicista de la realidad, la única historia y filosofía de acción, la única política” (1990:38);
  2. De este texto podemos inferir una estrecha relación entre política y ética, reafirmándonos la noción de que para nuestro autor, la política es la ética de lo colectivo;

En este contexto y en el entendido que el intelectual actúa como «funcionario de la superestructura», el educador es visto como un intelectual que puede asumir una función política en la construcción del «bloque histórico». Así, la pedagogía y la política van de la mano, como los mecanismos que pueden conducir a la construcción de sociedades que favorezcan los más altos niveles de desarrollo humano.

Esta relación entre educación y política devela otro componente que nos parece insoslayable: la relación pedagógica es una relación de hegemonía. Para Gramsci, esta relación hegemónica es además dialéctica.

Conforme a lo anterior, la práctica pedagógica como vínculo entre el maestro y el aprendiz es una conexión activa, construida por relaciones recíprocas y donde el maestro es aprendiz y el aprendiz es maestro. Podemos inferir que en la obra del autor están presentes las ideas de autonomía del educando, la interrelación permanente entre maestro y aprendiz y la configuración de una relación de respeto, pero que deja abiertos espacios para la co-construcción de un proceso donde el maestro puede aprender del aprendiz y el aprendiz puede aprender del maestro.

  • En efecto, el aprendizaje-enseñanza se percibe en el autor como un proceso vivo, donde existe autoridad, pero una autoridad que es legitimada por acciones de confianza y grados crecientes de libertad para la formación del ciudadano consciente;

Por consiguiente, el educador, tal como lo entiende Gramsci, requiere de altos niveles de conciencia y de formación para que pueda interpretar las fuerzas en pugna por la hegemonía y, por otra parte, para valorar el grado de correspondencia entre los discursos, las ideologías y las realidades que son impulsadas por el grupo que se encuentra en el poder en un momento determinado.

  • Esta interpelación nos trae algunas interrogantes respecto de la función de cualquier educador, en cualquier cultura: ¿el educador debe liberar al educando? o ¿el educador debe adaptar al educando al sistema hegemónico establecido? Para Gramsci, el educador (en tanto intelectual orgánico), puede y debe realizar una elección libre y responsable de su función;

En efecto, el educador puede generar los vínculos orgánicos para perpetuar la ideología del grupo dominante en el poder o puede elevar su nivel de conciencia para construir el disenso o el cuestionamiento a esta forma de organización social. Este tipo de educador, entonces, sería capaz de asumir posiciones de liderazgo y contribuir a la consolidación de sociedades más democráticas.

Función política y ética de la educación en el pensamiento gramsciano Ahora, considerando los planteamientos realizados, intentaremos responder la pregunta cómo piensa Gramsci la escuela en el sentido de cumplir su función política y ética.

Gramsci se muestra partidario de socializar la educación estrechando los lazos entre la escuela y la vida. En este contexto, la tarea de la escuela –y dentro de ella el papel activo del educador como «intelectual orgánico»– es realizar el nexo entre instrucción y educación.

  • Para Portanteiro (1988), este proceso implica un grado de coacción disciplinaria;
  • Conforme a ello, planteamos que la educación en el pensamiento gramsciano articula dialécticamente dominio y dirección, coerción y consenso;

Podríamos decir, entonces, que la escuela opera desde la hegemonía, pero en un proceso de transformación social, donde el «intelectual orgánico» actúa concertadamente en todos los medios de socialización y comunicación, para construir un sistema de valores culturales (ideología en Gramsci), que reemplace al establecido.

En este acto de transformación, educador y educando participan activamente como protagonistas de un proceso bidireccional, vivo y constante, es decir, en un proceso dialéctico. Respecto de la relación entre política y ética o entre lo ético-político, es posible constatar que en la obra de Gramsci la ética debe constituirse en una norma de conducta de toda la humanidad, es decir, se le asigna un carácter universal.

El pensamiento gramsciano, entonces, implica la reafirmación de la universalidad en un marco histórico concreto. En este sentido, podemos afirmar que Gramsci recupera de la concepción griega aristotélica esta noción de vinculación estrecha entre ética y política, pero también agrega la extensión del concepto maquiaveliano, especialmente en lo relativo a la doble moral burguesa.

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Con todo, en la obra de Gramsci, se le da supremacía a «lo político», entendiendo como inevitable la participación del «individuo ético» en los asuntos colectivos de la ciudad. En este escenario, el autor postula que debería existir coherencia entre lo privado y lo público, aunque no renuncia a la división permanente entre las «clases», ya que como buen marxista incluye la conciencia historicista de los procesos sociales, lo que supone que esta proximidad entre ética y política sólo se lograría en un orden nuevo, en una sociedad alternativa, en una nueva hegemonía.

En este contexto, si la escuela opera desde una función ética y política, su imperativo es organizar los aspectos centrales de la tarea formativa del Estado (como parte de la superestructura), guiada por la elaboración de un consenso hegemónico. Esta tarea consiste, como ya lo habíamos aseverado, en elevar a la gran masa de la población a un determinado nivel cultural y moral, en correspondencia a las necesidades del desarrollo de las fuerzas productivas y, por consiguiente, a los intereses de las clases dominantes.

  • Para Portanteiro (1988), esta adecuación no puede ser formal, ni se agota en la instrucción referida a alguna “especialidad” ya que se trata de un proceso más complejo que compromete la formación de la personalidad;

Consecuentemente, para Gramsci el proceso educativo, para alcanzar la igualdad social, debe ser gradual, destacándose en los primeros años de estudio un carácter activo y estimulante de la disciplina para el aprendizaje y la libertad. En una segunda etapa, la escuela activa debe dar paso a la escuela creativa.

La primera tiene como propósito nivelar los conocimientos, la segunda, debe promover la asunción de una personalidad autónoma y creativa. Para ello, el educador deberá erigirse en un guía que oriente los aprendizajes, ya que el niño no es un recipiente mecánico y pasivo, por el contrario, se lo debe tratar como un ser activo.

Nuestro autor propugna así un sistema escolar desde una escuela única inicial de cultura general, humanística, formativa, que conforma el desarrollo de la capacidad del trabajo (técnica o industrialmente), y el desarrollo de la capacidad del trabajo intelectual.

  • De este tipo de escuela única, a través de repetidas experiencias de orientación profesional, se pasará a una escuela especializada o al trabajo productivo;
  • En este esquema, lo formativo “desinteresado” de la escuela humanística y lo especializado de la escuela profesional, que en el pasado marcaban la separación entre la educación para los ricos y la educación para los pobres, se articulan en una unidad que reconoce la necesidad de vínculos entre cultura y producción, superando así la contradicción entre humanismo y técnica;

Como síntesis de este apartado, podemos constatar la existencia de una relación orgánica entre los conceptos de hegemonía, intelectual orgánico y bloque histórico, y su estrecha vinculación con la educación, y específicamente con la escuela como institución que forma parte de la superestructura.

  • Esta escuela imparte un sistema de valores, creencias y saberes, elegidos y determinados por la clase dominante;
  • Por tanto, ella transmite ideología, ejerciendo una función política en la sociedad;
  • Entonces, desde el pensamiento gramsciano, la política nos remite indefectiblemente a la esfera del poder, pero también nos ofrece la posibilidad de ampliar la mirada hacia los dispositivos de transformación social;

En efecto, la interrogante de Gramsci nos abre a una mirada de la esencia de la educación y su relación con la política, esto es, la generación de nuevas y mejores condiciones de desarrollo humano. Este desarrollo debería acontecer en condiciones de igualdad social y de respeto por los derechos humanos.

En suma, la política y lo político deberían ser vistas, desde el pensamiento gramsciano, como elementos esenciales de la vida humana y dotadas de un profundo sentido ético. Consideraciones finales En el pensamiento gramsciano la educación cumple una función política.

Ahora bien, cuando el autor italiano esgrime esta afirmación, supone el subverso de lo ético, ya que bajo su planteamiento lo político implica lo ético, al ocuparse del bienestar de lo colectivo por sobre los intereses individuales. En efecto, la educación como dispositivo ético-político o político-ético, se constituye como tal cuando una de sus funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de población a un determinado nivel cultural y moral.

Asimismo, bajo su componente político, la educación promueve una forma de guía intelectual y moral. En el ideario de Gramsci esto constituye la hegemonía. En consecuencia, la educación constituye un acto ético y político y se configura en una función inherente al Estado como parte de la superestructura.

Por consiguiente, si todo Estado tiende a crear y mantener cierto tipo de civilización y de ciudadano (y por lo tanto de convivencia y de relaciones individuales), tiende a hacer desaparecer ciertas costumbres y actitudes y a difundir otras. La escuela es uno de los dispositivos de que se vale el Estado para realizar esta función.

Releer a Gramsci nos ayuda a entender el rol de la educación como acto político y el papel transformador del educador, en cuanto «intelectual orgánico». El filósofo italiano se basa en una profunda creencia en la capacidad humana de cambiar al mundo, por lo tanto, en la negación del determinismo histórico.

Es un pensamiento que defiende un determinado proyecto de sociedad, que afirma la politicidad como carácter inherente a todo lo que es humano, que reconoce la legitimidad del saber popular, de la cultura popular, del buen sentido popular. Por consiguiente, Gramsci postula un proceso educativo que para alcanzar la igualdad social, debe ser gradual, destacándose en los primeros años de estudio por un carácter activo y estimulante de la disciplina para el aprendizaje y la libertad.

  1. En una segunda etapa, la escuela activa debe dejar paso a la escuela creativa;
  2. La primera tiene por principal fin nivelar los conocimientos, la segunda, debe promover la asunción de una personalidad autónoma y creativa;

Para ello el educador debe erigirse en un guía que oriente los aprendizajes ya que el niño no es un recipiente mecánico y pasivo. Para Gramsci los intelectuales tienen un papel significativo, ya que son los que se encargan de la construcción teórica ideológica que legitima al grupo hegemónico.

En lo que respecta a educación, entonces, ésta puede servir para mantener una estructura social o para transformarla a través del disenso; en este proceso cumplen una función trascendental los intelectuales orgánicos.

Así, el papel del educador –en tanto intelectual orgánico– es fundamental, pero no como el que enseña en la escuela sino como representante de la conciencia crítica de la sociedad que asume el papel de mediador entre la sociedad general y la comunidad educativa.

Finalmente, podemos apreciar la vigencia del pensamiento gramsciano en el actual contexto económico y político. Esto es, la educación se constituye en un dispositivo ético-político dónde el Estado establece el proyecto de persona, de individuo, de ciudadano que formará.

Para Gramsci este proyecto de sociedad implica la trasformación social y el progreso humano, lo que implica el desarrollo de todas las potencialidades del individuo, desde su creatividad y autonomía hasta su conciencia social y política. Sin embargo, en el actual contexto económico y político nacional y mundial este ideal de sociedad se ve conculcado, ya que la hegemonía del Estado capitalista se contrapone al ideario gramsciano.

  • El conformismo social con el modelo de desarrollo neoliberal provoca un estado de paralización frente a la desigualdad educativa que observamos en nuestro entorno;
  • La interpelación –como reflexión final– se dirige, entonces, a los educadores en tanto intelectuales orgánicos;

En efecto, para poder reinstalar la idea de una educación que forme personas y ciudadanos autónomos, solidarios, creativos, reflexivos y críticos, se requiere de educadores que, en su condición de intelectuales orgánicos, realicen un ejercicio de su práctica pedagógica orientada a generar las condiciones necesarias para la elevación de la conciencia social, ética y política de los educandos.

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¿Cuáles son los aportes de Althusser a la educación?

Althusser sostiene que, nece- sariamente, el sistema educativo y particularmente el sistema escolar, en cuanto aparatos ideológicos del Estado, contribuyen a la reproducción de las relaciones de producción.

¿Cuáles eran las ideas de Althusser?

Louis Althusser (1918-1990) PERFIL BIOGRÁFICO Y ACADMICO Nacido en Birmandreis, Argelia, en 1918, de familia alsaciana. Realiza sus primeros estudios en Argel y, a los doce años, viaja a Francia. Estudia el bachillerato en Marsella. Luego, en 1936, prepara en Lyon el ingreso en la Escuela Normal, después de abandonar la idea de ingresar en la orden de la Trapa. Estudió en Argelia, Marsella y Lyon.

En 1939 se matriculó en la Escuela Normal Superior de París, pero la guerra mundial interrumpió sus estudios. Prisionero de los alemanes, pasó cinco años en un campo de concentración nazi (Schleswig). Tras concluir sus estudios en la Escuela Normal, prepara su tesis sobre Hegel.

En 1947 sufre su primera crisis mental y es hospitalizado como consecuencia de una psicosis maniaco-depresiva. Personalidad compleja, con sucesivas crisis depresivas y una visión atormentada que, aferrada a unas creencias ideológicas tenidas como ortodoxas, se destila en sucesivos procesos de autocrítica del pensamiento.

Creyente religioso y miembro de la Acción Católica hasta finales de los años 40, cuando ingresó en el Partido Comunista de Francia (1948), donde muy pronto se enfrentó a la estructura política de la organización y llegó prácticamente a la ruptura a finales de los años 70.

Profesor de la Escuela Normal Superior de París desde la conclusión de sus estudios universitarios, en 1976 fue nombrado secretario del centro. Poco amigo de comparecencias públicas, ese mismo año pronunció en Granada, España, su primera conferencia fuera de Francia.

  1. Sus últimos años de vida estuvieron marcados por la tragedia;
  2. En 1979, se entrevista con Juan Pablo II;
  3. En 1980, en plena crisis depresiva, estranguló a su mujer, permaneciendo en un largo silencio intelectual hasta su fallecimiento en 1990;

El pensamiento de Louis Althusser tuvo una fuerte influencia teórica en campos tan diversos como la filosofía, la sociología, la historia, la comunicación, la antropología, la crítica literaria, entre otros. Se dio a conocer al gran público a través de los ensayos aparecidos a mediados de los años 60, Pour Marx y Lire le Capital (Maspero, París, 1965), que le situaron entre la élite intelectual francesa y como figura destacada del ‘estructuralismo’.

Entre otras ediciones de sus obras traducidas a las lenguas española y portuguesa: Para leer el Capital , México, Siglo XXI, 1968; La filosofía como arma de la revolución , Siglo XXI, México, 1968; Lenin y la filosofía, Era, México, 1969; Montesquieu: a política e a história , Presença, Lisboa, 1972; Para una crítica de la práctica teórica.

Respuesta a John Lewis , Siglo XXI, México, 1973; Ideología e aparelhos ideológicos de Estado , Presença, Lisboa, 1974; La revolución teórica de Marx , Siglo XXI, México, 1976; Seis iniciativas comunistas. Sobre el XXII Congreso del PCF , Siglo XXI, México, 1977; Resposta a John Louis.

Elementos de autocrítica. Sustentação de tese em Amiens. Graal, Rio de Janeiro,1978; A favor de Marx, Zahar, Rio de Janeiro, 1979 ; Posiciones , Anagrama, Barcelona, 1979; Aparelhos ideológicos de Estado , Graal, Rio de Janeiro, 1983; Filosofía y marxismo , Siglo XXI, México, 1986;.

Ideología y aparatos ideológicos de Estado , Nueva Visión, Buenos Aires, 1988; Escritos sobre psicoanálisis, Freud y Lacan , Siglo XXI, México, 1996. PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN CIENTÍFICA Presenta el pensamiento marxista como una metodología científica de interpretación de la historia que rompe con las visiones humanistas e idealistas cuyas ejes centrales son las contradicciones inherentes en los modos de producción y la estructura dominante de las relaciones sociales. El marxismo no es tanto una cosmovisión como una ciencia revolucionaria de interpretación de la estructura social. A partir de Marx , Freud , Lacan y Kuhn , entre otros, Althusser creó su análisis estructural. Althusser sostuvo que el pensamiento de Marx no era hegeliano, negando así el carácter humanista o idealista del marxismo.

Abogó por un marxismo de rigor científico, que retornase a sus fuentes, ajeno a la práctica política de regímenes como el soviético, por ejemplo. La revolución teórica de Marx y Para leer El Capital , publicadas ambas en 1965, fueron las obras que dieron a conocer a Althusser ante el gran público.

Althusser amplía la definición del Estado planteada por Marx y reemplaza la idea de ‘aparato estatal’ -basado en la dialéctica de la lucha de clases- por una visión dual del mismo, donde se distinguen los instrumentos represivos (fuerzas armadas, policía.

  1. ) de las funciones de los aparatos ideológicos del Estado;
  2. Más que una relación causal entre la ideología y la lucha de clases, donde se produce la dominación de una clase sobre otra, Althusser recrea unas relaciones más complejas;

La sociedad aparece formada por una jerarquía de estructuras independientes entre sí, aunque sujetas a los valores dominantes. Los medios de comunicación son para Althusser instrumentos destinados a la reproducción de las relaciones sociales (v. Ideología y aparatos ideológicos de Estado ).

  • Aparecen como ‘aparatos ideológicos’ del Estado, que aseguran la adhesión inconsciente de los individuos a los valores que definen la estructura social y despliegan los mecanismos de la dominación social;

Junto a los medios, esa misión es cubierta por la escuela, la iglesia, el arte, los deportes y la familia. Los medios articulan el sistema de relaciones y dan significado a la estructura social, argumentando la dominación o el liderazgo cultural a través de su capacidad de seducción y persuasión para la implantación de los valores dominantes (políticos, económicos, religiosos.

), la creación de una opinión favorable, la inducción de hábitos, etc. Forman parte de una estructura de instrumentos redundantes que permite establecer las posiciones dominantes sin recurrir a los aparatos represivos convencionales (fuerzas armadas, policía, etcétera).

Althusser estudia otras expresiones del ‘aparato ideológico’ del Estado, como el arte o el cine. El arte permite descubrir la ideología de lo promueve, la huella del pensamiento que transmite. Ejerció una clara influencia en el desarrollo de los estudios culturales, especialmente a través de la figura de Stuart Hall. Perfiles biogrficos y acadmicos. Marcos epistemolgicos y tericos de la investigacin en Comunicacin. Plan Nacional de I+D, CSO2013-47933-C4-3-P | Ministerio de Economa, Industria y Competitividad

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¿Que producen los aparatos ideológicos del estado constantemente?

Los aparatos ideológicos del Estado reproducen constantemente: A) saberes y tradiciones. B) valores, principios, creencias. C) leyendas. D) tradiciones y costumbres. Respuesta correcta: B) valores, principios, creencias. El orden que defienden los aparatos ideológicos del Estado pertenece a: A) las clases dominadas.

B) las clases medias. C) las clases dominantes. D) los de todas. Respuesta correcta: C) las clases dominantes. Los aparatos ideológicos del Estado pueden expresar: A) la lucha de clases. B) los intereses individuales.

C) los intereses de los partidos políticos. D) los intereses individuales. Respuesta correcta: A) la lucha de clases. Los aparatos ideológicos del Estado utilizan mecanismos de control: A) Represivos B) Violentos C) Disuasivos D) Simbólicos Respuesta correcta: D) Simbólicos.

  1. Se conoce con el nombre de aparato ideológico del Estado al conjunto de entidades que ejercen el control sobre las personas principalmente mediante la ideología;
  2. El concepto fue desarrollado por el filósofo francés de orientanción marxista Louis Althusser (1918-1990) en su obra Ideología y aparatos ideológicos de Estado;

Althusser, siguiendo a Karl Marx , sostiene que el Estado es un conjunto de “aparatos” u organizaciones, públicas o privadas, al servicio de la clase dominante. Entre estos “aparatos” se encuentran diversas instituciones: familiares, educativas, religiosas, jurídicas, políticas (partidos y movimientos), sindicales, informativas y culturales.

  1. Todas ellas forman el aparato ideológico del Estado;
  2. A diferencia de los aparatos represivos del Estado (las Fuerzas Armadas y la Policía), que funcionan a través del uso de la fuerza, los aparatos ideológicos ordenan a los ciudadanos a través de la ideología y la persuasión;

No usan mecanismos de control físicos sino simbólicos. Sus discursos reproducen constantemente valores, principios y creencias que impulsan un determinado orden. Se trata de un orden que corresponde a la clase dominante ; esta necesita adaptar a la sociedad para que responda a la preservación de sus intereses.

Las personas no construyen su pensamiento de manera aislada. Lo hacen a través del influjo que reciben de los aparatos ideológicos del Estado, como la familia, la Iglesia, la escuela, el partido político, la televisión.

Estas instituciones dan forma a ideas, comportamientos, maneras de ver, vivir y aceptar la vida, y de ese modo promueven la adaptación al orden de cosas establecido. Se trata de instituciones con poder y, por eso, se dan luchas entre las clases sociales para controlarlas..

¿Qué es el Estado como aparato?

Dossier. Repensar el Estado El hiato entre Estado y aparato: capital, poder y comunidad Jaime Osorio Doctor en Sociología. Profesor-investigador adscrito al Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Autor, entre otros, de El Estado en el centro de la mundialización.

La sociedad civil y el asunto del poder, México, FCE, 2004. Especialista en América Latina y autor de múltiples artículos en revistas especializada. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores [ [email protected]

xoc. uam. mx ]. Resumen En este trabajo se asume como un problema teórico la distinción entre Estado y aparato, lo que reclama dar cuenta de sus especificidades en el orden que construye el capital, en términos del dominio y de la potencialidad de construir comunidad, a pesar de sustentarse en la explotación.

  • La reflexión busca dar cuenta del hiato, teórico y social, que prevalece entre Estado y aparato, las razones del mismo y las soluciones y nuevas contradicciones que aquella brecha genera;
  • Se analiza la relación entre clases dominantes y clase reinante y las operaciones de aquéllas para impedir que el hiato social se convierta en hiato político, cuando fuerzas sociales ajenas a las clases dominantes buscan desde el aparato estatal limitar o poner fin a la dinámica del capital;

Palabras claves: Estado, aparato de Estado, hiato, gobiernos populares. Abstract Throughout this document the distinction between State and Apparatus is assumed as a theoretical problem, which demands to give evidence of its specificities within the Order that Capital builds, in terms of Domination, and the Potential to build Community despite being based on Exploitation.

  1. The analysis aims to account for the hiatus, both theoretical and social, that prevails between State and Apparatus; the causes to this situation, and the solutions and new contradictions that this gap generates;

The relation between Dominant Classes and the Reigning Class is analyzed, as well as the operations of the former to avoid that the social hiatus may turn into a political hiatus when social forces, other than the dominant classes, aim to limit or put an end to Capital dynamic from within the State Apparatus.

  • Key words: State, Apparatus, Hiatus, Popular Governments;
  • INTRODUCCIÓN En los estudios sobre el Estado, las referencias al aparato por lo general tienden a quedar como un apéndice sobre éste, del que se dice algo, porque está ahí, pero sin asumir esta relación como un problema teórico;

No deja de ser curiosa esta situación a la luz de la significación que alcanza el hecho que dicho aparato, en la organización político-estatal del capital, tienda a quedar en manos de sujetos provenientes de clases sociales distintas a las dominantes, así como al carácter representativo de dicha organización.

  1. En este trabajo se postula que entre Estado y aparato existe un hiato, teórico y social, de enorme significación para el ejercicio del poder y la construcción de comunidad por parte del capital, a pesar de sustentarse en procesos de explotación;

Además de destacar los elementos definitorios del proceso entre el Estado y el aparato, se discute con algunas posiciones relevantes en torno a ellos, así como con corrientes que han formulado soluciones para la relación Estado-aparato y capital. Hacia el final se destaca la relación clases dominantes-clase política, para hacer presentes algunas particularidades que en un nivel de mayor concreción del análisis, permiten visualizar problemas teóricos y políticos de relevancia, como la emergencia de gobiernos populares en el seno del aparato de Estado.

EL HIATO TEÓRICO Estado y aparato de Estado conforman una unidad diferenciada. Entre ellos existe un hiato teórico que remite a distintos niveles de análisis y concreción, 1 y a que la forma Estado y la forma aparato dan cuenta, cada una, de aspectos específicos de las relaciones de dominio y de las bases para la construcción de comunidad por parte del capital.

Comencemos esta exposición tomando como punto de partida el capital, relación social desde la cual, como veremos, se despliegan Estado y aparato y su particular brecha. 2 1. CAPITAL: UNIDAD ECONÓMICA Y POLÍTICA QUE SE DESPLIEGA COMO RUPTURA En su expresión más abstracta, el capital constituye un proceso de relaciones sociales de explotación y de poder: apropiación de trabajo ajeno, sometimiento y poder despótico.

  • 3 Es una unidad económica y política;
  • Sin embargo, necesita desplegarse fracturando esa unidad, conformando lo económico y lo político como esferas independientes;
  • Adentrémonos en este proceso desde el núcleo de lo que hace posible la explotación y el dominio;

En tanto valor que se valoriza, el capital establece las condiciones de su propia existencia. De ello da cuenta el pauper, es decir, un hombre libre, despojado de los lazos de servidumbre, pero también de medios de vida y de producción, el cual en su doble desnudez se constituye en premisa y al mismo tiempo en un producto genuino de la producción capitalista.

  1. 4 Ahí intervienen los masivos procesos políticos y económicos de despojo (realizados con violencia, y que conllevan acumulación) de medios de producción, particularmente de la tierra, pero también de herramientas;

Al quedar estos medios monopolizados por los expropiadores, ello obliga a la clase de los expropiados a vender su capacidad de trabajo como condición para hacerse de un ingreso y, con ello, de medios de subsistencia. Una vez establecido aquel despojo -premisa y resultado del capital- 5 la presencia cotidiana del pauper en el mercado se lleva a cabo sin que la violencia política del capital se haga visible.

  1. Será simplemente la necesidad de aquél de alcanzar medios de vida, la que lo lanzará de manera cotidiana, un día con otro, hasta cubrir toda su existencia, a los brazos del capital;
  2. 6 Economía y política quedan así escindidas en el mundo del capital;

LA NEGACIÓN Y RECREACIÓN DE HOMBRES LIBRES En la venta de la fuerza de trabajo opera un poderoso mecanismo de coacción: sus propietarios no pueden negarse a llevarla a cabo ya que en ese proceso es la propia vida la que se encuentra en juego, al constituir dicha venta el medio para poder adquirir medios de vida.

  • Pero en el mercado las relaciones se presentan de otro modo;
  • Ahí las encarnaciones del capital y del trabajo “contratan como hombres libres e iguales ante la ley”; ambos son “poseedores de mercancías” que intercambian por equivalentes; cada cual dispone libremente en términos de propiedad de lo suyo;

Por ello el mercado puede presentarse como “el verdadero paraíso de los derechos de los hombres”, en donde “sólo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad”. 7 Despojado de medios de producción y de vida, el pauper “pertenece al capital antes de venderse al capitalista”; 8 es objeto de una “esclavitud encubierta”, 9 al encontrarse “sometido a la férula de su propietario por medio de hilos invisibles” 10 que mantienen, sin embargo, la ficción jurídica del hombre libre y de los iguales que intercambian.

En el mercado opera un segundo mecanismo que refuerza el imaginario de libertad de los paupers. Los trabajadores pueden elegir a qué capital venden su mercancía, pueden optar y hacer valer su libertad como vendedores.

A diferencia del esclavo, pueden decidir con quien trabajan. En realidad, y más allá de lo que señalen las leyes, los paupers pertenecen al capital, con independencia de la personificación que éste alcance. De ello da cuenta Marx cuando señala: La reproducción de la fuerza de trabajo, obligada [.

  • ] a someterse incesantemente al capital, [;
  • ] que no puede desprenderse de él y cuyo esclavizamiento [;
  • ] no desaparece más que en apariencia porque cambien los capitalistas individuales a quienes se vende, constituye en realidad uno de los factores de la reproducción del capital;

11 La libertad del pauper de vender su capacidad de trabajo trastoca la noción universal de libertad, en tanto aquella “es lo opuesto mismo de la libertad efectiva”, ya que “el contenido real de este acto libre de venta es la esclavitud del obrero al capital”.

12 Tenemos entonces “una fisura, una asimetría, un cierto desequilibrio ‘patológico'”, —el síntoma— que funciona como elemento constitutivo del universalismo de los derechos y deberes burgueses, pero “que subvierte su propio fundamento universal”, haciendo presente “un caso específico que rompe su unidad [y] deja al descubierto su falsedad”.

13 La moderna esclavitud se proyecta sin embargo como su reverso: el reino de la libertad. El capital pone de manifiesto su capacidad de suturar aquello que subvierte y -más importante- en el mismo proceso que subvierte. Aquí reposan fundamentos de la fuerza de su dominio.

Pero se produce un segundo velamiento con un peso significativo en el problema que nos ocupa. En el intercambio de equivalentes, en la relación mercantil, la realización de una jornada de trabajo a cambio del pago del valor de la fuerza de trabajo, 14 el capital logra ocultar, como negación, la explotación, producto de la no-equivalencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor producido en la jornada, y la capacidad del salario de presentarse como pago de todo el trabajo.

15 Tenemos aquí, nuevamente, un síntoma, que muestra que el universal “del intercambio de equivalentes” presente en la compra-venta de fuerza de trabajo, con la producción de plusvalía “se convierte en su propia negación”. 16 Pero también se hace presente de nuevo la capacidad del capital de suturar lo que violenta, recreando la ficción de un intercambio de equivalentes en el mismo proceso de llevar adelante la no-equivalencia.

En los dos casos señalados, hablar de sutura no supone ninguna situación “superadora” (o “cicatrización de la herida”) que borra toda huella de lo desgarrado. Opera más bien “la lógica de la ‘negación de la negación'” que “no implica ningún retorno a la identidad positiva, ninguna abolición, cancelación de la fuerza desgarradora de la negatividad, reducción a un momento pasajero en el proceso automediador de identidad”.

Por el contrario,”en la ‘negación de la negación’, la negatividad conserva todo su potencial desgarrador; de lo que se trata es de que experimentamos que este poder negativo, desgarrador, que amenaza nuestra identidad es al mismo tiempo una condición positiva de ella”.

17 3. LOS FUNDAMENTOS DEL ESTADO Una nueva forma de esclavizar, una particular forma de explotación. Desde los niveles más abstractos donde nos hemos ubicado, se hace presente la unidad económico-política del capital y las relaciones de poder y explotación que lo constituyen, al tiempo que los procesos que desgarran aquella unidad.

También las condiciones que -como negación de las relaciones anteriores- permiten al capital establecer las bases de su dominio y mando, al reforzar el imaginario de operar en un mundo de libres e iguales, lo que sienta las bases para la conformación de una comunidad.

Tenemos así, en la propia dinámica del capital, y desde dichos niveles, los fundamentos de lo que denominamos Estado: relaciones de poder y dominio, relaciones de mando que alcanzan obediencia, capacidad de construir un imaginario de comunidad.

Explotar y dominar en un mundo de hombres libres y fetichizar ambos procesos, 18 como negación, constituyen particularidades del orden social que construye el capital y de su dimensión político-estatal. Por ello no parece acertada la afirmación de que “el proceso Estado no es inmediatamente relación de dominación”.

19 El proceso dominio de clases 20 no constituye un componente exterior al Estado, un algo que se le agrega o que podría estar ausente. Es, por el contrario, una relacionalidad fundamento del Estado, a partir de la cual se construye la vida en común.

21 Desligar ambos procesos es ubicarse en la fetichización del Estado que realiza el capital. EL DESPLIEGUE DEL ESTADO En sus determinaciones lógicas, los fundamentos del Estado, en tanto condensación de relaciones de poder y dominio, ya se hacen presentes en el capital mismo, en tanto éste no es sólo trabajo vivo impago, sino también poder despótico.

  • 22 A este nivel ya se vislumbran, a su vez, las condiciones para que se restituya el imaginario de comunidad, en tanto, como hemos visto, el capital no sólo niega la libertad y la igualdad, sino que también las recrea como ficción;

Pero será en el despliegue del capital hacia formas más concretas en donde el Estado del capital alcanzará formas maduras (y donde también se expresará como aparato) y con ello las tareas de sutura y de recomposición del imaginario de la comunidad alcanzarán nuevas formas, lo que permitirá que el Estado se constituya en la única institución (lo que nos remite al aparato) con capacidad de lograr que intereses de unos pocos, los sectores dominantes, puedan presentarse y ser asumidos por los dominados como intereses de toda la sociedad.

23 Si desde el nivel más abstracto del capital descubrimos los fundamentos del Estado, su despliegue alcanza forma plena cuando la unidad político-económica de aquél se fractura y sus relaciones se expresan como esferas independientes, a fin de que la presencia de los paupers en el mercado se manifieste como una simple operación económica, de sujetos libres, ajena a toda coacción política y de dominio.

El Estado es una forma de las relaciones sociales del capital en donde lo político emerge, entonces, como una esfera desligada de lo económico. La forma Estado termina por culminar lo que en la relación más abstracta del capital ya se manifiesta en ciernes: dominar y velar el dominio, ahora reforzado por la ruptura que el capital establece entre economía y política, desligando dominio y explotación.

Si consideramos tanto al capital como al trabajo en niveles de mayor concreción, como unidades de múltiples capitales y de múltiples fuerzas de trabajo, 24 que se encuentran en relaciones de explotación y dominio y de encubrimiento-negación de aquellas relaciones, se requiere como paso lógico que el orden de dominio y mando político-estatal se haya consolidado y que opere como una esfera independiente.

La violencia política inscrita en la separación de los productores de medios de producción y de vida y su sometimiento al poder despótico del capital que aquella desnudez conlleva, junto a la concentración social de esos medios, se constituyen así en premisa y resultado de las relacionalidades establecidas por el capital y su despliegue.

Como se ha indicado, el Estado es una forma que asumen las relaciones del capital en su despliegue. Parece, por tanto, un recurso inútil recurrir a las teorías contractualistas para constituir su concepto, y mucho más cuando ello conlleva separarse de una línea de reflexión que pretendió derivar lo político y al Estado “desde la lógica dialéctica”, desde la contradicción, 25 y no desde la conflictividad sobre base individual del contractualismo.

Instalado en esta última perspectiva, Ávalos señala que “el acuerdo fundador de lo estatal” se presenta como “la necesidad constitutiva del capital como sistema”, y se sigue de aquel acuerdo que “los individuos se someten a una gran autoridad central cuyo ámbito de acción deja de ser local, comarcal, regional o provinciano y llega a abarcar una gran extensión de territorio”.

26 El equilibrio (imposible) entre una y otra perspectiva filosófica y teórica termina finalmente por romperse en el análisis. 27 5. ESTADO Y PODER Desde un terreno donde lo que preocupa no es el Estado del capital, sino el Estado sin más, podemos decir que esta noción conjuga a lo menos tres procesos: las relaciones de poder y dominio donde intereses de agrupamientos humanos clasistas prevalecen sobre otros; las relaciones mando-obediencia que dan cuenta de las condiciones y modalidades que permiten que quien(es) ordena(n) encuentre(n) obediencia, porque quienes reciben órdenes reconocen en los primeros el derecho a mandar; y los referidos a la constitución de comunidad, que en condiciones de sociedades fracturadas, por la presencia de clases, no puede sino ser ilusoria.

Estos procesos no tienen la misma jerarquía en las relaciones estatales, siendo el primero el definitorio, sin que esto implique la ausencia, en mayor o menor grado, de los otros dos, los cuales se constituyen marcados de manera indeleble por aquél. El Estado del capital es la relacionalidad en donde se condensa la capacidad relacional de ejercicio del poder político, la que requiere de una fuerte centralización.

  1. Si entendemos por poder político la capacidad relacional que permite que determinados intereses y/o proyectos de clases prevalezcan y se impongan sobre —y en contra de— otros intereses y/o proyectos, no es difícil concluir que el proceso relacional Estado es la fundamental capacidad relacional de poder político;

Que dicha relación de poder se aplique con mayor o menor consentimiento, o con ninguno, esto no pone en discusión la relación Estado, y nos remite al problema de las formas posibles que puede asumir ese Estado, esto es, a la clásica pregunta referida al cómo se ejerce el poder.

  • Lo antes señalado se contrapone de manera radical a la afirmación que indica que “sin el proceso estatal la dominación en el orden social sería mero despliegue de poder, de fuerza bruta, o, para decirlo con Hobbes, sería el estado de naturaleza de la guerra de todos contra todos”, 28 en una abierta toma de partido por la visión contractualista y su asunción fetichista, que desdibuja el dominio de clases;

Remitámonos a un ejemplo cercano, en términos históricos y geográficos, y preguntémonos: “¿desapareció el Estado bajo las dictaduras militares en el cono sur latinoamericano en los años 60 y 70 del siglo XX?” La pregunta es pertinente porque en el señalamiento que comentamos el estado de naturaleza refiere justamente al momento no-estatal y no-político.

  • Lo que teníamos ahí, por el contrario, fue un Estado particular que hizo uso de la fuerza bruta y ello no implicó el regresó a la guerra de todos contra todos, sino más bien a un “despliegue de poder” necesario para que proyectos e intereses sociales específicos se impusieran sobre -y en contra de- otros;

No fue entonces una guerra indeterminada entre proyectos y objetivos sociales, de “todos contra todos”, sino la de algunos contra otros muchos. Si entendemos que el dominio es la relación en donde proyectos e intereses sociales se imponen sobre otros con consentimiento de los dominados, lo que tenemos es que el dominio no es algo ajeno o contrario al poder político.

La noción “dominio” constituye una modalidad de la noción “poder político”. 29 Si el fundamento de lo estatal es una relación de violencia clasista, 30 esto no niega que la lucha de clases puede asumir diversas modalidades estatales en función de la fuerza y el grado de los enfrentamientos, primero entre los agrupamientos humanos antagónicos, pero también en el seno de las clases dominantes, así como a las modalidades que asumirá la organización estatal, las relaciones entre sus instituciones, la capacidad del mando de ganar obediencia y las formas de construir comunidad.

Los primeros asuntos nos remiten a los problemas de la hegemonía y del bloque en el poder; en definitiva, a la pregunta sobre quién(es) dominan en las relaciones de —o detenta(n) el— poder. Los segundos nos remiten a las formas del Estado (o formas de gobierno, según la terminología clásica); esto es, a la pregunta ya señalada en torno al cómo se ejerce el poder.

  1. Importa destacar que el capital recrea, en su propia reproducción, las relaciones de dominio y explotación que lo constituyen, sin que sea necesaria violencia y coerción ajena a la relación misma capital-trabajo;

31 La dinámica de la acumulación produce una y otra vez no solo plusvalía sino reproduce también la propia relación capital-trabajo: sectores sociales que monopolizan los medios de producción y de vida, por un lado, y trabajadores desnudos y disponibles, por otro, 32 y con ello el mando, el sometimiento y el poder, así como su negación fetichizada.

Esta inmanencia del capital para reproducir relaciones de dominio y explotación constituye una cualidad que explica su particular poderío y nos ofrece claves para comprender los problemas a que se enfrentan las revoluciones contra el capital y nuevos elementos para volver a analizar las explicaciones sobre los reveses sufridos por muchas de esas experiencias.

33 6. EL CAPITAL COMO MUCHOS CAPITALES En su sentido más abstracto el Estado capitalista constituye un proceso relacional que expresa la fuerza del capital sobre el trabajo, por lo que a ese nivel están dadas las condiciones para que todo capital pueda reproducirse.

Pero en niveles de mayor concreción el capital se manifiesta como capitales diversos y en competencia, lo que implica una lucha encarnizada entre éstos por sobrevivir. Ello significa que no todos los capitales podrán hacer efectivas las relaciones estatales de explotación y dominio.

Por el contrario, muchos quedarán en el camino en aquella lucha, porque aquellas condiciones emanadas de la relación estatal son efectivas para el capital en tanto clase, no para capitales particulares. Los que sobrevivan, por otro lado, podrán impulsar y sacar adelante sus intereses en grados diferenciados, unos más plenamente, otros con resultados apenas necesarios para proseguir como capital.

  • Estamos en un nivel en donde se hace presente una heterogeneidad de intereses y proyectos en el seno de las clases dominantes, muchos de ellos discrepantes y con grados diversos de conflicto, lo que impide su realización conjunta;

Estas discrepancias en el seno del capital se dirimen por la fuerza diferenciada producida en la disputa entre clases antagónicas, pero también por la fuerza y debilidades que provienen de la propia acumulación, al fortalecer a algunas fracciones, sectores y grupos y debilitar a otros.

34 Hablar de la acumulación y de sus tendencias no significa instalarse en una esfera económica ajena a la política, sino, por el contrario, en expresiones de la lucha entre agrupamientos humanos antagónicos y de luchas en el seno del propio capital y sus tendencias.

En su despliegue, la relación Estado se complejiza como Estado-nación y como un sistema interestatal jerarquizado, con grados desiguales de fuerza y soberanía (expresión de la fuerza diferenciada a su vez entre capitales), más fuertes y plenas en el mundo imperial y menos fuerte y más acotadas —o subsoberanías— en el mundo dependiente.

35 En estos movimientos se alcanzan nuevas soluciones, así como nuevas contradicciones en el dominio del capital. SOBRE LA FORMA ESTADO A fuerza de ser redundantes, -pero con el objetivo de sintetizar algunas ideas centrales en lo que aquí nos ocupa- señalemos que el tema de la forma que asumen las relaciones sociales en el capitalismo (por ejemplo, mercancía, dinero, capital, Estado) es fundamental en el análisis, en tanto nos lleva a preguntarnos sobre las razones por las que dichas relaciones reclaman tales formas, preñadas de su negación.

36 Si el Estado es simultáneamente la negación del mundo de hombres libres e iguales que reclama el capital y el establecimiento de un proceso de relaciones de dominio, poder despótico y sometimiento, la forma Estado niega aquella negación y restablece las bases imaginarias de hombres libres y de no-explotación, sustento fundamental para la constitución de comunidad (ilusoria), 37 en tanto explotadores y explotados, dominadores y dominados, quedan atrapados en la fetichización de ese proceso.

  • Pero también dicha forma logra que lo económico se presente como lo no-político para que lo político se presente a su vez como lo no-económico, 38 a fin de negar la unidad constitutiva del capital, construir una esfera política autónoma y que las manifestaciones veladas de la explotación aparezcan desligadas de las manifestaciones veladas del dominio y viceversa;

39 Esto es lo que la forma Estado logra en el capitalismo. De ahí su importancia para las relaciones sociales constitutivas al mundo del capital. APARATO DE ESTADO El aparato de Estado es la cosificación de las relaciones de dominio, de mando-obediencia y de construcción de comunidad cosificadas.

  1. 40 Si a nivel Estado las relaciones de dominio se despliegan en la totalidad social, a nivel del aparato de Estado dichas relaciones se presentan condensadas y acotadas a instituciones (fundamentalmente aquellas que conforman los clásicos tres poderes del Estado moderno: Ejecutivo, Legislativo y Judicial), personeros y en un cuerpo de leyes;

Esa condensación y acotamiento de las relaciones estatales permite que instituciones como el mercado, la familia, iglesias, escuelas, medios de comunicación y fábricas, entre las más relevantes, se presenten como exteriores al aparato y también al Estado, a lo menos en las formas democrático-liberales.

Esto permite, en su fetichización, que la esfera de lo político se estreche aún más, ya no sólo separada de lo económico, sino también reducida al ámbito del aparato en sentido estricto. Esta es una las manifestaciones que propicia la forma aparato de Estado.

Con ello se obscurece (como negación) que el poder (en tanto relación) atraviesa la totalidad de la vida societal. Más aún, el aparato de Estado tiende a ser percibido como “el Estado” y emerge como una institución por encima de la sociedad. 41 En el aparato estatal el poder y el dominio se presentan institucionalmente jerarquizados y con una enorme capacidad de movilidad al interior del aparato, en función de las contradicciones antagónicas y de las necesidades económico-políticas del capital.

  • Instituciones estatales que en algún momento expresan de manera concentrada la fuerza del capital, pueden pasar a planos secundarios en otros momentos;
  • Por ejemplo, en la etapa contrainsurgente de la segunda mitad del siglo XX en América Latina, los institutos armados del Estado ganaron creciente relevancia, ubicándose en muchos casos incluso a la cabeza del propio aparato y del poder Ejecutivo, dando vida a dictaduras militares, lo que dejó en lugares secundarios a instituciones del poder Legislativo y del Judicial;
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La significación del aparato de Estado y de la forma que asume en el orden del capital asume nuevas connotaciones desde el hiato social que alcanza con el Estado. Pasemos a su análisis. II. EL HIATO SOCIAL 1. CLASE REINANTE Y CLASES DOMINANTES Además de los niveles de análisis y las formas diferenciadas y de concreción que alcanzan Estado y aparato (hiato teórico), que permiten a las relaciones sociales del capital resolver problemas de poder y dominio específicos, existe entre ellos un hiato social.

  • Éste es resultado de un asunto nada despreciable: la burguesía es la primera clase dominante que se separa de la administración y manejo del aparato estatal, tendiendo a dejar esas tareas en manos de sectores sociales provenientes de otras clases;

La procedencia clasista de aquel sector social que administra el aparato es diversa. Importa señalar, para los fines de este análisis, algunas cuestiones referidas a aquella franja que ocupa las altas esferas del aparato, a la que denominamos clase reinante.

El término no es empleado en el sentido estricto de clase social (véase nota núm. 19), sino en tanto agrupamiento que, por “reinar” en un aparato estatal, con impronta de clases, desarrolla compromisos con —y expresa— los intereses del capital, lo que —junto a los privilegios de los cargos— propicia cohesión y un espíritu de cuerpo.

Importa recalcar que la clase reinante en el capitalismo es tendencialmente distinta, en términos sociales, a las clases dominantes. 42 ¿Qué propicia que las clases dominantes en el capitalismo apunten a delegar el manejo del aparato estatal en sectores sociales provenientes de otras clases? Hemos señalado que en las sociedades que precedieron al mundo del capital las clases dominantes fundamentaban y legitimaban su dominio bajo principios que no sólo requerían sino que reconocían la no-libertad y las distinciones clasistas.

Esto es radicalmente distinto en el mundo que construye el capital, donde debe dominar y explotar a hombres formalmente libres. Es desde aquí que alcanza significación el hecho que el aparato de Estado tienda a quedar de manera regular en manos de agrupamientos sociales distintos a las clases dominantes.

Este proceso que se refiere a la forma aparato en el capitalismo, permite a las clases dominantes reforzar como negación el carácter clasista del Estado y del aparato, lo que favorece su percepción como instancias que representan a la sociedad, en un proceso en que el aparato -hemos visto-, además termina constituyéndose en “el” Estado.

  1. La distancia social entre quienes dominan y quienes manejan el aparato de Estado se tiende a reproducir en el conjunto del sistema de dominio que reclama el capital, en tanto éste se constituye sobre la base de un sistema representacional;

La representación constituye fundamento de la organización política del capital, la que alcanza una de sus formas específicas justamente en la democracia representativa, la cual tiene como soporte fundamental a partidos políticos, los que compiten por el voto de la ciudadanía.

43 Con la forma ciudadano el dominio del capital alcanza un estadio relevante, en tanto ella se sustenta en el individuo, lo que atomiza a las clases sociales y las diluye, y consagra la igualdad de los mismos en la esfera política, bajo la ecuación “un ciudadano es igual a un voto”, sin importar su procedencia clasista, remachando la ruptura de la política con la economía en el mundo del capital.

A su vez fomenta el imaginario de que en las disputas electorales está en juego el curso de la vida en común y que el ciudadano tiene en sus manos el poder de decisión sobre esa vida en común, ocultando que el voto, en esas condiciones, opera sobre un campo de relaciones definido que establece lo posible y lo no posible, lo legal y lo ilegal, por las relaciones de poder y dominio imperantes.

  1. 44 El hiato social entre Estado y aparato, que implica establecer una diferencia entre quienes dominan en las relaciones de poder político y quienes administran el aparato y en general las principales formas de representación, nos instala frente a una pregunta necesaria: ¿cómo logran las clases dominantes que un aparato de Estado que se encuentra tendencialmente administrado por otras clases lleve a adelante sus intereses? 45 2;

APARATO DE ESTADO Y CLASES DOMINANTES En la respuesta a esta interrogación se pueden distinguir dos posiciones contrapuestas, las que reflejan en su interior corrientes diversas, que tienen en común la insuficiente problematización teórica de la distinción entre Estado y aparato, así como no ahondar en la especificidad del aparato de Estado capitalista y de su administración por personal proveniente de sectores sociales diferentes a las clases dominantes, y sobre el peso del elemento representacional de su organización política.

  1. La primera posición señala que es el personal del Estado -en particular aquel que ocupa los cargos con mayor jerarquía— proveniente de las propias clases dominantes o de otras clases, pero con un compromiso político con aquellas, el que desempeña un papel clave en la capacidad de que el Estado realice los intereses de los sectores dominantes;

El problema de esta corriente es que asume al Estado (y al aparato) como entidades exteriores a las relaciones de clases y sus disputas, 46 al tiempo que los concibe como entidades neutras, por lo que el aparato debe ser prácticamente copado por las clases dominantes y sus administradores para operar en determinada dirección clasista.

  • Las escuelas estructuralista y de la derivación lógica del capital reconocen que el Estado no es una entidad neutra, sino, por el contrario, estructuralmente de clases, para los primeros, o bien que deriva de las necesidades lógicas de la reproducción del capital, para los segundos, lo que explica el porqué opera realizando los intereses de quienes dominan;

El problema de estas respuestas es que termina por no problematizar Estado y aparato de Estado y su papel diferenciado en cuanto forma de las relaciones sociales de dominio en el capitalismo, ni sobre la particularidad de la clase reinante en el aparato y del proceso representacional.

  1. Por ello, sea por la lógica estructural del sistema, sea por la lógica del Estado derivado del capital, éste somete a la clase reinante a su dinámica, lo que termina convirtiéndola en “meros funcionarios y ejecutores de la política que les impone ‘el sistema'”, 47 lo que reduce esta posición a una versión invertida de la corriente instrumentalista;

48 El Estado-aparato somete a sus designios al personal y a la clase reinante, con lo cual deja de constituirse en un asunto problemático el hiato social, por lo que no amerita explicaciones. El aparato de Estado no es una entidad neutra. Constituye la reificación de las relaciones de dominio y poder llamada Estado.

Existen, por tanto, determinaciones relacionales en la connotación clasista del aparato de Estado. Pero en tanto reificación de relaciones sociales, el aparato es una entidad atravesada por luchas entre clases antagónica y por las luchas en el seno del propio capital, luchas que reclaman toma de posiciones de quienes lo administran, en un cuadro en donde existen —no una, sino— diversas alternativas en el seno de las relaciones e intereses de los dominantes que dicho aparato expresa.

En tanto condensación de relaciones y acotamiento de lo político-estatal, la forma aparato establece rigideces y a su vez mediaciones a las relaciones de dominio, por el manejo de aquél por sectores sociales distintos a las clases dominantes y por el papel de las instancias representacionales.

  • Para los dominados, esto se traduce en la capacidad del aparato de velar el dominio y de proyectar al (aparato en tanto) Estado como entidad por sobre la sociedad;
  • Para los dominantes, esa situación de rigidez y mediación del aparato provoca que se establezcan hiatos con y hacia las diversas fracciones y sectores del capital, lo que permite márgenes de acción a la clase reinante;

De esta forma, el aparato de Estado no es ni un simple instrumento ni un simple receptor de las demandas del capital y sus agrupamientos sociales. Esta situación obliga a todos los agrupamientos de los sectores dominantes a mantener políticas activas hacia el aparato, hacia la clase reinante y la clase política en general, a fin de impedir, en el escenario más serio y excepcional, que el hiato social se convierta en hiato político (esto es, que las políticas que se impulsen desde el aparato afecten los intereses del capital y en particular los de sus sectores hegemónicos), y en los casos más comunes, para lograr que las políticas definidas desde el aparato se orienten en determinada dirección dentro del mundo del capital, favoreciendo a unos agrupamientos y afectando a otros.

Las tendencias de la acumulación juegan en tal sentido, pero dichas tendencias se verán favorecidas o perjudicadas de acuerdo con las políticas definidas desde el aparato y desde los márgenes de acción que éste ofrece y permite a la clase reinante y a la clase política, más en general.

49 3. BIENVENIDOS AL DESIERTO DE LO REAL 50 Analizado el problema del hiato social en un nivel de mayor concreción se nos revela que parte sustancial del quehacer político de las clases dominantes en el aparato y en el sistema representacional debe hacerse sobre la base de la clase política 51 disponible, la realmente existente, aquella que administra el aparato estatal y que cumple con funciones de representación en momentos históricos específicos.

Esto implica para las clases dominantes atravesar el desierto de lo real, 52 esto es, ejercer el poder a nivel del aparato a través de instituciones y personeros específicos, partidos políticos y dirigentes, al igual que con presidentes o primeros ministros, secretarios de Estado y demás altos personeros del aparato estatal existentes.

Es con esos sujetos sociales con los cuales las clases dominantes deberán lidiar en situaciones concretas en su tarea de lograr que desde el aparato estatal, y bajo prerrogativas jerarquizadas, se impongan determinados intereses del capital por sobre otros, se haga frente a la lucha de los sectores dominados y se camine en las tareas de construir comunidad, procesos que, hemos visto, arrancan desde las instancias más abstractas del capital.

Con ello queremos destacar que la clase reinante y la clase política no parten de cero ya que la propia dinámica relacional del capital actúa para hacer efectiva la dominación en sus diversos aspectos, como poder, mando y construcción de comunidad.

Es posible que en situaciones determinadas emerjan en la clase reinante o en la clase política estadistas, grandes mandatarios y políticos de alto vuelo, lo que otorgará altura a la gestión política y facilitará las condiciones de legitimidad y la construcción de comunidad.

  1. Pero habrá situaciones, quizá las más recurrentes, en términos históricos, en donde serán personajes comunes y —en no pocos casos— opacos, en los que los intereses de las clases dominantes deberán encarnar para resolver los dilemas de la lucha de clases y de las disputas en el seno del propio capital;

53 El poder político como proceso relacional se enfrenta, así, a los dilemas teológicos presentes en el relato del Dios que se hizo hombre para lograr la redención de la humanidad, debiendo asumir por ello todas las vicisitudes de la condición humana, cargada de apetencias, pasiones, necesidades, dolores y también de la muerte.

  1. , pero para resucitar;
  2. El ejercicio del poder político reclama encarnar también en las virtudes y limitaciones de los miembros de la clase política, al igual que en las instituciones y reglas de juego vigentes en circunstancias históricas específicas;

No hay forma de eludir esta constricción en materia de poder. FRENTE DE PODER Con el fin de morigerar el hiato entre Estado y aparato, las clases dominantes despliegan políticas específicas hacia la clase reinante y hacia la clase política en general, a fin de construir relaciones fluidas entre quienes detentan el poder y quienes lo administran.

  1. Una de las políticas más relevantes en tal sentido pasa por la conformación de un frente de poder, la alianza entre las clases dominantes, o sus sectores más poderosos dentro del bloque en el poder, y la clase política (o sectores fundamentales de ésta);

Para las clases dominantes esta alianza busca impedir que el estilo personal de gobernar de la clase política y de la clase reinante, así como la distancia que establece el aparato y la clase reinante respecto a las clases dominantes en el capitalismo, se constituyan en una traba que impida la fluidez del aparato en la puesta en marcha de las políticas que reclaman los sectores hegemónicos en la lucha intercapitalista y contra los sectores dominados.

Para la clase política y su franja reinante la alianza implica prerrogativas en materia de prestigio social y de retribuciones materiales, junto a ascensos sociales asociados a la convivencia con -e incorporación al mundo de- los sectores dominantes.

ENCLAVES POPULARES EN EL APARATO DE ESTADO Ubicar desde una teoría del Estado el ascenso de gobiernos populares 54 en las últimas décadas en América Latina constituye una tarea prioritaria a fin de comprender su significación teórica y política. El asunto del hiato entre Estado y aparato de Estado desarrollado aquí puede ofrecernos una base para dicha tarea.

La brecha establecida entre administración del aparato estatal y poder del Estado en el orden político del capital, y la rigidez y las mediaciones que el aparato establece a las relaciones de dominio, permite comprender que es factible que arriben a algunas instituciones del aparato, y en particular al Poder Ejecutivo (o al gobierno en un lenguaje común), 55 fuerzas políticas y personeros contrarios a los intereses del capital.

Hasta un cierto punto es un tanto indiferente para las clases dominantes qué fuerzas políticas y personeros ocupan el aparato de Estado, en tanto el propio proceso institucional está estructurado para impedir que participen fuerzas que se constituyan en amenazas para el dominio, por lo que los dilemas se centrarán más bien en las representaciones más adecuadas, considerando los conflictos con las clases dominadas y los internos en el seno del propio capital.

El juego institucional constituye un campo minado que limita las posibilidades de que aquel peligro (fuerzas ajenas y contrarias al capital) se pueda presentar. No es casual en la historia del capital la excepcionalidad de gobiernos que puedan caracterizarse en tal sentido y que hayan arribado siguiendo aquellos procedimientos.

Esto pone de manifiesto la eficacia del filtro que el aparato estatal establece en tal sentido, a pesar de los temores iniciales de los sectores dominantes en las discusiones sobre el sufragio universal y la posibilidad de que los paupers, siendo mayoría social, pusieran en entredicho la dominación.

Pero rebasado ese punto, sea por divisiones internas de las clases dominantes que rompen la unidad del mundo del capital en momentos de ascensos de sectores populares, el arribo de fuerzas y personeros que amenazan el dominio efectivamente se constituye en un problema político serio para el capital y sus sectores hegemónicos, máxime en condiciones de movilización y ascenso social en sus luchas y de radicalidad de sus proyectos en contra de los del capital.

56 En términos estrictos, esos gobiernos constituyen verdaderos enclaves populares en el seno de aparatos de Estado burgueses. Estos gobiernos no constituyen ninguna concesión de los dominadores y deben ser vistos más bien como verdaderas conquistas sociales y políticas de los dominados.

Qué se hace con esas conquistas y por qué algunos gobiernos así entronizados no acrecientan su radicalización es un problema que escapa a los que aquí nos proponemos desarrollar. 57 En tanto el Poder Ejecutivo constituye el más dinámico de los poderes en regímenes presidencialistas como los existentes en América Latina, su control en manos de fuerzas políticas ajenas y contrarias a los intereses del capital termina generando un conflicto de significativa importancia entre el aparato estatal y el Estado, ya que deja a las clases dominantes con serias dificultades para poner en marcha e impulsar sus proyectos.

El hiato social entre Estado y aparato termina convirtiéndose en hiato político. Esta inadecuación no es factible que permanezca sine die. Por el contrario, reclama una resolución en el corto y mediano plazo, sea por la vía de la integración y asimilación de las fuerzas y personeros reinantes a la relación social de dominio estatal, con lo cual el Estado logra que el hiato con el aparato no se ensanche y, por el contrario, regrese a los equilibrios que la dominación del capital reclama; sea porque aquella asimilación no se produce y las fuerzas que han logrado incrustarse en el aparato estatal terminan generando desde esa posición condiciones para poner fin a la relación social de dominio existente.

  • Porque el aparato de Estado no es una entidad neutra, el ascenso de fuerzas populares al poder Ejecutivo de dicho aparato no puede entenderse como conquista del poder político y, por tanto, como ruptura de la relación social de dominio, esto es, como ruptura del Estado del capital;

Lo que deriva de esto es que el problema del poder sigue sin resolución y uno de los asuntos políticos clave y urgentes será cómo generar un proceso de acumulación de fuerzas que tenga como objetivo romper la columna vertebral del dominio del capital.

La presencia de enclaves populares tampoco implica suponer el establecimiento de un doble poder en el seno del aparato, porque dichos gobiernos están inscritos en un aparato de Estado clasista, que no está para reflejar o expresar la fuerza social de los dominados, ni mucho menos para alentarla en su interior.

Por el contrario, alcanzar posiciones en el aparato de Estado constituye para las fuerzas populares introducirse en un territorio que buscará empantanar su accionar en todo lo que refiera a su perspectiva rupturista de la dominación imperante. Por ello la acumulación de fuerza social en el sentido de generar un doble poder, necesariamente deberá realizarse en lo fundamental fuera del aparato estatal, apoyándose en lo que sea posible hacerlo en las posiciones que ofrece el aparato.

Para las clases dominantes el paso de núcleos dinámicos del aparato estatal a fuerzas antagónicas implica la cesión de espacios que reclaman un repliegue de posiciones a fin de reorganizar sus fuerzas.

Dicho repliegue y reorganización tiene como objetivo recuperar lo antes posible las pérdidas sufridas, y si la situación se agudiza, enfrentar en las mejores condiciones y en los momentos adecuados los avances de quienes ponen en entredicho su poder. Su acumulación de fuerzas operará tanto en el seno del aparato estatal mismo, fortificando y estableciendo guerras de posiciones desde los espacios que ahí aún controlen (poder Legislativo, poder Judicial, al interior de los aparatos armados del Estado, etcétera), como desde fuera de dicho aparato, alentando la organización de movimientos de masas, bandas paramilitares, estableciendo nuevos asientos territoriales, desarticulando la economía, combinando acciones legales e ilegales; todo ello apertrechado por una poderosa operación a través de los medios de comunicación.

  1. Esta es la estrategia que tienden a aplicar las clases dominantes en condiciones de una pérdida del gobierno;
  2. 58 CONCLUSIONES Estado y aparato de Estado constituyen una unidad diferenciada en tanto despliegue del capital y de las formas que requieren asumir las relaciones sociales del capital;

Su distinción permite reflexionar sobre las particularidades de cada uno en resolver aspectos específicos del dominio y del poder, al igual que sobre nuevas fisuras que de manera simultánea ellos abren en tal dirección. Entre Estado y aparato se establece un hiato teórico y social.

  • En la base de esa distancia se hacen presente problemas teóricos y políticos de gran significación, como su papel diferenciado dentro de la unidad en el dominio y el poder, la distinción entre clase reinante y clase dominante y la tendencia a que la administración del aparato quede en manos de sectores sociales diferenciados socialmente de las clases dominantes, lo que plantea la necesidad del capital a desarrollar políticas específicas hacia la clase reinante y la clase política, más en general;

El hiato mencionado también permite explicaciones sobre la potencial emergencia —como excepción— de gobiernos populares en el seno del aparato de Estado, así como precisar algunas coordenadas en torno a lo que estos gobiernos representan en términos del poder y del Estado capitalista, y de los problemas que aquellos gobiernos enfrentan en sus objetivos rupturistas.

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2 Lo que sigue contiene reformulaciones a mis propuestas sobre el Estado, vertidas en escritos anteriores. Para evitar discusiones innecesarias señalemos que sustentar el análisis del Estado desde el capital no implica ningún sesgo economicista.

La relación social capital-trabajo es económica, pero también es política y jurídica. Es explotación, pero también es dominio, poder, leyes y contrato mercantil. 3 “[. ] por su forma, la dirección capitalista es una dirección despótica”, esto es, “el alto mando [.

  • ] se convierte en atributo del capital;
  • Karl Marx, El Capital, t;
  • I, México, Fondo de Cultura Económica, 7a;
  • reimpresión, 1973, pp;
  • 267-268;
  • 4 “En el concepto de trabajador libre está ya implícito que el mismo es pauper: pauper virtual;

] En cuanto obrero sólo puede vivir, en la medida en que intercambie su capacidad de trabajo por parte del capital, que constituye el fondo de trabajo. Tal intercambio está ligado a condiciones que para el obrero son fortuitas, indiferentes a su ser orgánico.

Por tanto, virtualmente es un pauper”. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. 1857-1858, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 1972, vol. 2, p. 110. 5 Premisa, porque el despojo hace posible la presencia de trabajadores desnudos de medios de producción y de subsistencia, lo que obliga a la venta de la capacidad de trabajo.

Resultado, porque el salario sólo permite subsistir, no acumular, por lo que perpetúa la presencia en el mercado de los vendedores de fuerza de trabajo. 6 “Los sicofantes de la economía burguesa [. ] en lugar de asombrarse de que el obrero subsista, [. ] y en vez de considerar esto como un gran mérito del capital respecto al obrero, debieran centrar más bien su atención en el hecho de que el obrero, tras un trabajo siempre repetido, sólo tiene, para el intercambio, su trabajo vivo y directo.

La propia repetición, en los hechos, es sólo aparente. Lo que intercambia con el capital es toda su capacidad de trabajo, que gasta, digamos, en 20 años”. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica.

, op. cit. , vol. 1, p. 233. 7 Karl Marx, El Capital. , op. cit. , pp. 128-129. 8 Ibid. , p. 486 9 Ibid. , p. 646 10 Ibid. , p. 482. Diferente al esclavo romano, “sujeto por cadenas a la voluntad de su señor”. 11 Ibid. , p. 518. 12 Slavoj Zizek, El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI Editores, 2a.

ed. , 2002, p. 48. 13 S. Zizek, op. cit. , p. 47. 14 En este nivel lógico, donde lo que importa es explicar cómo es posible la explotación, es necesario asumir que el capital paga el valor de la fuerza de trabajo, premisa que no se sostiene en niveles históricos más concretos y que conducen a una violación de aquel valor, la superexplotación o explotación redoblada, que Marini define como la esencia de la dependencia.

Véase su Dialéctica de la dependencia, México, Editorial Era, 1973. 15 De ahí el énfasis de Marx cuando señala: “Júzguese [. ] la importancia decisiva que tiene la transformación del valor y precio de la fuerza de trabajo en el salario, es decir, en el valor y precio del trabajo mismo”.

  • Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica;
  • , op;
  • cit;
  • , p;
  • 452 (subrayado del autor);
  • 16 Sin embargo, “el punto crucial que no se ha de perder de vista es que esa negación es estrictamente interna al intercambio de equivalentes y no su simple violación: la fuerza de trabajo no es ‘explotada’ en el sentido de que su pleno valor no sea remunerado”;

Slavoj Zizek, op. cit. , p. 48. 17 Ibid. , p. 229 (el subrayado es del autor). 18 La fetichización da cuenta del proceso por el cual las relaciones sociales aparecen como relaciones entre cosas, las cuales nos dominan y nos fascinan, en tanto reificación (cosificación de relaciones sociales) internalizada.

Véase las distinciones entre estas categorías en Carlos Pérez Soto, Proposiciones para un marxismo hegeliano, Santiago de Chile, Arcis/Lom, 2008, pp. 73-92. 19 Gerardo Ávalos, Leviatán y Behemoth. Figuras de la idea del Estado, México, UAM-Xochimilco, 1996, p.

260 (subrayado del autor). 20 Las relaciones sociales de producción (en particular las de propiedad o no propiedad de medios de producción) y las de poder, constituyen agrupamientos humanos diferenciados, las clases sociales, con formas particulares de apropiación de la riqueza (plusvalía, renta, salario, etcétera), de control o no del proceso de producción y en tanto dominantes o dominados.

Para una visión sociológica sobre el tema clases sociales véase de Jaime Osorio, Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento, México, UAM/Fondo de Cultura Económica, 2001, cap. VI: “Articulación de la totalidad social: las clases sociales”.

21 En una obra posterior, Ávalos insiste en que los dos procesos van separados. De ahí que señale “que lo estatal es un proceso de unificación de los seres humanos bajo una autoridad común, en un territorio delimitado para la reproducción de la vida en común”, para agregar que “el sentido de tal unificación, [.

] si hay dominación, se dirige hacia la reproducción de la dominación misma”. Véase de Gerardo Ávalos y Joachim Hirsch, La política del capital, México, UAM-Xochimilco, 2007, pp. 93-94 (subrayado del autor).

22 Asumimos que la esencia del concepto Estado refiere a la relación de dominio y de poder de agrupamientos humanos, no a las labores de administración o de un monopolio de la violencia indeterminada en términos clasistas, como se desprende de la visión de Weber.

23 Jaime Osorio, El Estado en el centro de la mundialización. La sociedad civil y el asunto del poder, México, Fondo de Cultura Económica/UAM-Xochimilco, 2a. reimpresión, 2009. 24 ParaGerardo Ávalos “este nivel —el segundo en su análisis— en el que el capital se despliega como heterogeneidad y pluralidad, corresponde en el terreno de la teoría política (clásica), con el estado de naturaleza del contractualismo”, situación previa a la creación del Estado: la de “guerra de todos contra todos” de Hobbes, o “de inseguridad en la propiedad” señalada por Locke.

Será apoyándose en esa teoría clásica desde donde —este autor señala—, se podrá “proponer una forma de interpretación del proceso que lleva de la pluralidad de capitales hacia la constitución política [sic] del Estado”. Gerardo Ávalos y Joachim Hirsch, op.

cit. , p. 84. 25 “El aspecto fundamental del tránsito del capital desde una de sus determinaciones a otra es la contradicción, es decir, no sólo la diferencia y la contraposición de sus determinaciones formales, sino aquel movimiento en que los diferentes se oponen al grado de convertirse el uno en el otro”.

Ibid. , pp. 62-63. 26 Ibid. , p. 93 (subrayados del autor). 27 Lo que acontece particularmente a partir del punto “Breve fenomenología del capital”, en el capítulo II de su libro con Joachim Hirsch, ya citado. 28 Gerardo Ávalos, Leviatány Behemoth. , op. cit. , p. 260. 29 Asunto que, por ejemplo, Max Weber aborda desde los tipos de dominación y formas de legitimidad (p.

  1. 170) y desde la sociología de la dominación (p;
  2. 696), en Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 10a;
  3. reimpresión, 1996;
  4. Aquí señala que “la dominación es un caso especial de poder” (p;
  5. 695), en tanto “posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la conducta ajena” (p;

696) y señala que “entendemos por ‘dominación’ un estado de cosas por la cual una voluntad manifiesta (‘mandato’) del ‘dominador’ o de los ‘dominadores’ influye sobre los actos de otros” (del “dominado” o de los “dominados”), de tal suerte que en un grado socialmente relevante estos actos tienen lugar como si los dominados hubieran adoptado por sí mismos y como máxima de su obrar el contenido del mandato (“obediencia”), p.

  1. 699;
  2. 30 “Las clases dominantes llaman paz a los momentos en que van ganando la guerra, en que han logrado establecer su triunfo como orden de la dominación, y empiezan a hablar de violencia sólo cuando se sienten amenazadas”;

Véase C. Pérez Soto, Proposición de un marxismo hegeliano. , op. cit. , p. 184. 31 Las relaciones esclavistas y las serviles, por ejemplo, necesitan de un componente político o ideológico exterior a las mismas relaciones para su reproducción. En la relación esclavista, que el esclavo no pertenece a la condición humana del esclavista.

En la relación servil, por lazos de sujeción establecidos sobre el siervo. 32 Al elevarse la composición orgánica, este proceso genera capitales más poderosos por la concentración y la centralización, y mayor número de brazos disponibles (subempleados o desempleados) por el exceso relativo de trabajadores frente al capital variable movilizado.

33 Para regresar a una explicación que redimensione las referidas a aciertos y errores, siempre cargadas a estos últimos, y vaya a asuntos más de fondo, como el mencionado, así como a los propiciados por el desfase entre revoluciones con asiento en Estados nacionales, frente a relaciones del capital calificadas de globales.

34 A la división entre fracciones (por el lugar que ocupan en la reproducción del capital: financiera, industrial, agraria, comercial) y sectores (por el monto de medios de producción: gran, mediano, pequeño capital), en el seno de la clase burguesa, agrego aquí la de “grupo”, para dar cuenta de agrupamientos al interior de fracciones y sectores de clase.

35 Proceso inherente al despliegue del capital como sistema mundial, lo que muestra que la llamada “pérdida de soberanía” de muchas naciones por la acción de organismos supranacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial o transnacionales, en la mundialización, es un tema mal planteado.

Sobre el ejercicio desigual de soberanía en el sistema mundial capitalista, véase de Jaime Osorio, El Estado en el centro de la. , op. cit. ; en particular los capítulos V y VI. 36 Véase de Karl Marx, El Capital.

, t. I, op. cit. , p. 98, cita núm. 32. También de John Holloway, “Debates marxistas sobre el Estado en Alemania Occidental y en la Gran Bretaña”, en Crítica de la Economía Política, 16/17, México, Ediciones El Caballito, julio-diciembre 1980, y del mismo autor, Cambiar el mundo sin tomar el poder.

El significado de la revolución hoy, Buenos Aires, Herramienta-UAP, 2002, en particular el capítulo 4, “Fetichismo: el dilema trágico”. Nuestras visiones del Estado y particularmente del poder van en una dirección radicalmente distinta a las sostenidas en este último libro y, como consecuencia, de sus derivaciones políticas.

37 Refiriéndose a la comunidad “ilusoria”, Gerardo Ávalos señala “que [. ] el juicio según el cual es ilusoria la comunidad político-estatal, se postula desde un horizonte ético trascendental que toma la igualdad entre seres humanos como un principio a priori.

Sin embargo, [agrega nuestro autor] desde una perspectiva sociológica o politológica, la comunidad político-estatal es real, opera fácticamente y se traduce en la reproducción legitimada de un orden de dominación”.

Leviatány Behemoth. , op. cit. , p. 265 (subrayados en original). 38 Gerardo Ávalos y Joachim Hirsch, La política del capital. , op. cit. , p. 57. 39 Manifestaciones veladas, porque la forma Estado oculta (niega) la explotación y el dominio. 40 Proceso de reificación en definitiva: ya no sólo la cosificación de objetos, sino la cosificación de relaciones sociales.

  1. Véase de Pérez Soto, op;
  2. cit;
  3. , pp;
  4. 83-84;
  5. 41 Lo anterior ofrece algunas respuestas a los interrogantes de Pashukanis: “¿Por qué la dominación de clases no permanece como lo que es, es decir, la sujeción de una parte de la población a otra? ¿Por qué reviste la forma de una dominación estatal oficial, o lo que equivale a lo mismo, por qué el aparato de coacción estatal no se constituye como el aparato privado de la clase dominante, por qué se separa de esta última y reviste la forma de un aparato de poder público impersonal, separado de la sociedad?” E;

Pashukanis, La teoría general del derecho y el marxismo, México, Grijalbo, 1976, p. 142 (subrayado del autor). 42 Personeros de las clases dominantes, de manera excepcional, ocupan posiciones en el aparato estatal. Pero aun cuando ello acontece, por ejemplo, como presidentes del Ejecutivo o como primeros ministros, eso no significa que los miembros de esas clases copan el resto de altos cargos en el aparato, como ministros de la Corte, las cúspides del aparato militar, en el Parlamento o las secretarías de Estado, lo que otorga sentido a la diferenciación entre clases dominantes y clases reinantes.

43 El lugar central de los partidos políticos en el sistema político alcanza a cristalizar recién en la primera mitad del siglo XX, al igual que el sufragio universal, en largos procesos preñados de altibajos y luchas sociales.

Con esto, el dominio del capital alcanza formas más complejas en su espiral. Sobre las tesis del surgimiento de los partidos políticos en la temprana modernidad que alienta el capital y diversas taxonomías para su análisis pueden consultarse tres textos clásicos: Maurice Duverger, Los partidos políticos, México, Fondo de Cultura Económica, 1987; Angelo Panebianco, Modelos de partido, Madrid, Alianza Universidad, 1990; y Giovanni Sartori, Partidos y sistemas de partidos, Madrid, Alianza Editorial, 1980.

44 Por ejemplo, que la propiedad privada no sea objeto de discusión y de decisión de los ciudadanos, ya que se la asume como un derecho “natural” (siguiendo a Locke). 45 Es importante destacar que la pregunta se formula desde el análisis del aparato y no desde una suerte de indiferenciación entre Estado y aparato, como ocurre entre las principales corrientes que han participado en su respuesta.

El problema no es menor, ya que aquí se asume como un problema teórico y político la existencia de un hiato entre Estado y aparato, y discute que es un error no prestar atención a su necesaria distinción teórica y en tanto formas diferenciadas, en su unidad, de las relaciones de dominio que establece el capital.

  • 46 Ralph Miliband lo plantea así: “un modelo exacto y realista de la relación entre la clase dominante y el Estado [;
  • ] es el de asociación entre dos fuerzas diferentes y separadas, unidas entre sí por muchos lazos, aunque cada una posea su propia esfera de acción”;

Véase “Poder estatal e intereses de clases”, en Miliband, Poulantzas, Laclau, Debates sobre el Estado capitalista, Buenos Aires, Ediciones Imago Mundi, 1991, p. 198. 47 Es parte de la crítica que Miliband realiza a la propuesta estructuralista representada por Poulantzas.

  • Véase “Réplica a Nicos Poulantzas”, ibid;
  • , p;
  • 99;
  • 48 Ahora ya no el Estado, sino la clase reinante y la clase política como meros instrumentos de la lógica del capital, o del sistema;
  • 49 En México, en los dos últimos años, se asiste a un proceso que pone de manifiesto el proceso señalado;

Carlos Slim, dueño de un poderoso emporio económico, desarrolla una intensa presión para que sus negocios puedan operar en la televisión abierta, en medio de grandes conflictos con altos personeros del aparato de Estado. Cabe destacar que el campo de las comunicaciones es quizá hoy uno de los más disputados en el seno de los grandes grupos económicos, en donde se enfrentan el ya mencionado Slim, Emilio Azcárraga Jean (propietario de Televisa), Ricardo Salinas Pliego (propietario de Televisión Azteca), y grandes capitales españoles (Telefónica), que desean ingresar a su vez a la telefonía fija, campo fuerte del consorcio de Slim, el que busca entorpecer medidas en tal dirección.

Cabe recordar que la derogación por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el 2007, de algunos artículos de la Ley Televisa (aprobada en marzo de 2006), que otorga canonjías a las dos principales cadenas de televisión, (sectores de clase reinante contra sectores de clases dominantes) desató una feroz embestida de las televisoras contra sus impugnadores, muchos de ellos parlamentarios del partido en el gobierno (PAN), incluyendo al senador Santiago Creel, el cual fue objeto de programas de denostación e incluso “borrado” de imágenes televisivas.

La relación capital-clase reinante no es tan directa ni tan sin mediaciones y conflictos como algunos creen. 50 Retomamos el título del ensayo de Slavoj Zizek incluido en su libro A propósito de Lenin, Política y subjetividad en el capitalismo tardío, Argentina, Atuel, 2004, cap.

12. 51 Entendemos por clase política al conjunto de personeros que cumplen funciones de representación política, por lo que además de la clase reinante contempla a los dirigentes de corporaciones empresariales (la mayoría, simples funcionarios del capital) y sindicales, los intelectuales orgánicos, como directores de periódicos y revistas y creadores de opinión pública en general (articulistas, comentaristas en radios y televisión, conductores de programas noticiosos en estos medios, etcétera), el alto clero que interviene en los debates políticos, entre otros.

Para los fines de este trabajo la clase política se reduce a la clase reinante. Esta visión difiere de la formulada por Gaetano Mosca (La clase política, México, Fondo de Cultura Económica, 1984), referida a élites que se explican por su poderío económico, cultural, religioso o militar.

Para una crítica a las teorías de las élites véase de Göran Therborn, Ciencia, clase y sociedad, España, Siglo XXI Editores, 1980, y ¿Cómo domina la clase dominante?, México, Siglo XXI Editores, p. 19. 52 Slavoj Zizek señala que la frase “Bienvenido al desierto de lo real” la formula el líder de la resistencia, Morpheus, en la película Matrix, cuando se dirige al héroe (Keanu Reeves), quien despierta a “la realidad real” tras romper con la realidad virtual generada y coordinada por una mega-computadora y “observa un paisaje desolado, alumbrado por el fuego de ruinas ardientes —lo que quedó de Chicago después de una guerra global”.

Zizek, op. cit. , p. 150. Algo de este regreso a “la realidad real” acontece en el paso del poder a su ejercicio específico, con personeros, partidos e instituciones realmente existentes. 53 Un dicho popular mexicano grafica bien este significativo problema: “con estos bueyes hay que arar”.

54 La conceptuación es imprecisa ante la ausencia de una mejor caracterización, tarea que rebasa con mucho los objetivos de este escrito. 55 Como también al Legislativo y al Judicial. Pero nos interesa aquí el caso del Ejecutivo en tanto los regímenes presidenciales predominantes en América Latina le otorgan a ese poder un margen de operaciones particular.

56 Las reflexiones que siguen tienen presente a gobiernos populares, como el encabezado por Evo Morales, en Bolivia, que se organizan en tal sentido, y no a los que de manera genérica la literatura imperante en la región ha calificado como progresistas o de izquierda, en donde se incluye a los de Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Luis Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Fernando Lugo, etcétera.

  • 57 Sólo nos detendremos en aquellos aspectos que refieren a la naturaleza del aparato estatal y que inciden en entrabar una política de transformación del orden social imperante;
  • 58 Que recoge en lo fundamental la estrategia seguida por las clases dominantes y el imperio en Chile bajo el gobierno de Allende;

Véase de R. Marini, El reformismo y la contrarrevolución. , op. cit. , en particular el cap. 2 de la segunda sección..

¿Que entiende Althusser por aparato represivo y aparatos ideologicos?

1) Todos los aparatos de Estado funcionan a la vez mediante la represión y la ideología, con la diferencia de que el aparato ( represivo ) de Estado funciona masivamente con la represión como forma predominante, en tanto que los aparatos ideológicos de Estado funcionan masivamente con la ideología como forma predominante.

¿Cuál es la estructura del sistema educativo dominicano?

El sistema educativo de la República Dominicana se estructura en torno a cuatro niveles: inicial, primario, secundario y superior (Ley General de educación sancionada en 1997, Ordenanzas expedidas por el Consejo Nacional de Educación, promulgadas entre 2013 y 2017).

¿Qué es la teoria de la escuela dualista?

La denomino ‘teoría de la escuela dualista ‘ porque los autores se empeñan en mostrar que la escuela, pese a una apariencia unitaria y unificadora, es una escuela dividida en dos (y solamente dos) grandes redes, que corresponden a la división de la sociedad capitalista en dos clases fundamentales: la burguesía y el.