Sí Llegó Tarde A La Escuela Cuál Es La Consecuencia?

Sí Llegó Tarde A La Escuela Cuál Es La Consecuencia
Logros Académicos : Los estudiantes que llegan tarde son frecuentemente tienen menores promedios, menores calificaciones en las evaluaciones estandarizadas, y menor oportunidad de graduación. Tardanza crónica en la escuela primaria y secundaria también está relacionado con el fracaso en la escuela secundaria.

¿Cómo afecta la impuntualidad en la escuela?

Llegar tarde a la escuela Archivo Paula es maestra de una escuela pública de nivel primario de Bernal. Cuenta que la directora hace esperar a los chicos que llegan tarde en el patio hasta que el resto termine de saludar a la bandera y entre al aula. “Es su forma de sancionarlos. No les permite que entren una vez que sonó el timbre, pero suele pasar que hay días, sobre todo los lunes, en los que quedan más chicos afuera que adentro”, dice a LA NACION.

  • Viviana vive en Belgrano y lleva a su hijo a una escuela privada, de las más caras de zona norte;
  • “Lo llevo en auto y, a veces, por el tráfico, llegamos tarde;
  • Su horario de entrada es a las 8, pero si nos retrasamos más de 5 minutos lo sancionan con un cuarto de falta y lo hacen esperar en la Biblioteca hasta las 8;

50, el horario del primer recreo. Recién ahí puede ingresar al aula. Me parece mal que pierda toda la hora, pero la escuela es inflexible con esto”, cuenta. Como toda actividad masiva, la escuela requiere de organización y necesita normas de concordia que docentes, alumnos y familias deben respetar.

Una de ellas es la puntualidad en el horario de entrada, una regla que en los últimos tiempos comenzó a ser cada vez más infringida. Desde el Ministerio de Educación porteño entienden que éste no es un problema menor: “Estadísticamente en educación inicial y en el primer ciclo de la educación primaria, 3 de cada 10 alumnos llegan tarde habitualmente.

Este porcentaje baja en el segundo ciclo de la primaria y en el primero de la secundaria y vuelve a subir a esos niveles en los últimos años de la educación media”. Las autoridades consideran que no da lo mismo dejar pasar las impuntualidades porque es el pase previo al ausentismo.

Por eso se trabaja en las escuelas primarias con los padres para construir hábitos de convivencia. “La escuela también debe ayudar a construirlos en aquellas familias que no los tengan incorporados”, consideran.

Pero la impuntualidad no sólo se da en el horario de ingreso: también existen casos en los que los papás llegan tarde a buscar a sus hijos a la salida de la escuela, sobre todo en el nivel inicial. “Muchas veces me tuve que quedar esperando a alguna mamá que no llegó a horario a retirar a su hijo al jardín”, cuenta Pamela, maestra de un establecimiento privado de Belgrano.

  1. “Cuando hay alguna actividad escolar a contraturno, a veces, para retirar a sus hijos, se retrasan hasta una hora”, agrega;
  2. Daniela Lamanna es maestra de primer grado de las Escuela Nº 24 de Parque Avellaneda y comenta que desde que es docente, nota cambios negativos con el correr del tiempo;

“En los últimos 10 años el tema de la puntualidad empeoró. Tengo 28 alumnos en mi grado, pero casi todos los días tengo sólo cinco o seis a la hora de entrada. El resto se va sumando durante la jornada”, comenta. Además, relata que en la reunión de padres lee el reglamento para recordarles que tienen 15 minutos de tolerancia, pero no lo respetan.

  • “Muchos padres llegan muy tarde y dejan a sus hijos con los auxiliares para que los entren a clase;
  • Creen que la escuela debe adaptarse a sus horarios y no ellos a la norma”, afirma;
  • Karina Mattivi lleva 25 años de antigüedad en la actividad docente;

Fue maestra, directora y ahora trabaja como inspectora de nivel primario en La Matanza. Mattivi cree que la impuntualidad se da ahora porque “se humanizaron las reglas. Antes llegar tarde era punitivo. Un alumno llegaba al límite de faltas, quedaba libre y la escuela no lo veía más y ahora hay una reglamentación que apunta mucho al cuidado del chico para garantizar su permanencia en la escuela”.

  1. “Hay muchas razones para la impuntualidad, eventuales y crónicas;
  2. Por eso la diferencia la hacen los directores;
  3. Conozco dos escuelas, en una la directora recibe a los chicos en la entrada, invita a los padres a saludar la bandera y charla con ellos;

Allí la impuntualidad es baja. En cambio en la otra, la directora no se toma ese trabajo y la impuntualidad crece considerablemente. Curiosamente las dos pertenecen al mismo barrio”, explica Mattivi. Vanesa Casal es supervisora del distrito 20 de la Ciudad.

Está convencida de que el problema pasa porque “cambió el lugar que ocupa la escuela para la sociedad”. “Ya no es ese lugar sagrado. Además, ahora se toma la educación como un derecho y está bien que así sea porque no podemos dejar sin educación a los chicos, es por eso que hay que redefinir el rol institucional”, dice.

“Antes se respetaba más la puntualidad. Ahora se naturalizó que se puede llegar tarde y así el más perjudicado es el niño”, insiste Casal. Para Silvina Gvirtz, especialista en educación y secretaria de Políticas Educativas de La Matanza “es esencial que los padres respeten tanto el horario de entrada como el de salida” y completa: “En el caso del horario de entrada hay varias razones.

  1. La primera es educativa;
  2. Los estudiantes tienen que educarse en una cultura en la que se respeten los horarios como parte de la convivencia social y como parte de su formación a futuro para el trabajo;
  3. Cuando los chicos llegan tarde, se pierden parte de la clase, no pueden aprender bien e interrumpen el trabajo colectivo que se está haciendo en el aula porque, entre otras cuestiones, generan distracción en los otros estudiantes que ya están en tarea;

También cuando los padres llegan tarde a la salida y no fue debidamente informado con antelación, se produce en el menor angustia y los educadores tienen problemas porque se les dificulta el cumplimiento de otros compromisos extra escolares. Es una falta de respeto al tiempo de los otros y un daño al propio hijo”.

  1. Gvirtz sugiere abordar el caso citando a los padres incumplidores y hablando con ellos tantas veces como sea necesario;
  2. Considera que sancionar al estudiante no sirve si el problema es que lo llevaron tarde;

“Sí corresponde ponerle la media falta. En el caso de estudiantes adolescentes, que van solos a la escuela, de nuevo el consejo es ver qué está pasando con su familia y con él, y luego citar a los padres para definir acciones conjuntas. Resulta útil que el propio director sea quien reciba a los estudiantes demorados y aproveche el momento para marcar a los padres la importancia de la puntualidad”, explica.

  1. La impuntualidad también alcanza a los docentes, mucho más a los profesores de educación media;
  2. Un dato preocupante que reportó la OCDE luego de tomar la última Prueba PISA, es que el promedio mundial de ausentismo docente afecta al 13% de los estudiantes, pero en la Argentina este porcentaje asciende al 59%, uno de los más altos del mundo;

Además, en el mismo test, el 23% de los directores de escuelas medias argentinas encuestados coincidieron en que la impuntualidad de los profesores afecta los aprendizajes. “No tengo problema con que le pongan media falta o lo hagan esperar afuera si mi hijo llegó tarde”, explica Noelia, mamá de una escuela secundaria pública de Villa Lugano.

“Pero cuando los profesores faltan o llegan tarde, los chicos se quedan esperando en el aula, muchas veces sin hacer nada y nadie nos da una respuesta a los padres”, se queja, y agrega: “La impuntualidad es un mal ejemplo que a veces dan muchos docentes”.

“La impuntualidad no es un tema menor -afirma Gvirtz-. Tiene que ser planteado claramente por la escuela y dialogado de modo tal que las familias entiendan que no se trata de un capricho escolar sino de medidas claves para el aprendizaje y el desarrollo de la tarea”..

¿Qué hacer cuando un alumno llega tarde a la escuela?

Si el niño llega tarde, justo es que no entre a clase para no interrumpirla, pero en su lugar sí deberían de permitirle la entrada a su plantel y solicitarle que haga actividades diversas que le ayuden a mejorar sus hábitos y a disfrutar su estancia en la escuela, para que por sí mismo decida llegar más temprano.

¿Cuando tus estudiantes llegan tarde a clase cuáles son las razones que comentan?

Los estudiantes presentan esa impuntualidad porque seguramente no les importa el estudio, les gusta ser impuntuales, se levantan tarde o las malas compañias las cuales no los motivan llegar a el colegio puntual. Esa impuntualidad los pueden afectar mas tarde ya que pierden mucha clase y pueden perder el año.

¿Qué pasa si no mando a mi hijo ala escuela en USA?

En los Estados Unidos el tema de los chicos que se ratean del colegio está generando protestas y debates. Por eso, en varios distritos escolares del país se están comenzando a aplicar medidas extremas para forzar la asistencia a clase de los alumnos más rebeldes: mandar a sus padres a la cárcel.

Las penas varían de estado a estado, pero pueden llegar a ser de hasta seis meses, mientras que las multas pueden ascender a mil dólares. Aunque las leyes que dictaminan prisión para los padres de los chicos que faltan a clase no son todas nuevas, ahora se las está aplicando vigorosamente en aquellos lugares donde la deserción escolar es endémica.

Por supuesto, esto afecta a las escuelas públicas, que en los Estados Unidos sufren de un gran deterioro, no sólo porque los edificios muchas veces están a punto de venirse abajo, sino también porque el nivel académico de los alumnos es tal vez el peor de todos los países industrializados.

  • Las autoridades escolares están buscando la manera de reformular los programas de estudio para elevar el grado de conocimiento de sus estudiantes tan mal instruidos;
  • Pero, si éstos no van a clase, el esfuerzo queda en el vacío, argumentan los defensores de los duros castigos contra los padres de los desertores;
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Por eso, en muchas partes del país creen que llegó la hora de aplicar mano ultradura. Es decir: cárcel en vez de libros. Ausencias injustificadasPor ejemplo, en Detroit, la capital de la industria automotriz de los Estados Unidos, 63. 000 de los 180. 000 estudiantes del sistema público faltaron el año pasado un promedio de un mes de clases, lo que impulsó a las autoridades a llevar a la Corte esta semana a los padres de los 67 chicos con mayor número de ausencias.

  • Cada uno de sus hijos perdió entre 100 y 180 días de asistencia escolar (el año académico tiene justamente esta última cantidad de días), por lo que ahora los padres pueden terminar durante tres meses tras las rejas;

A estos padres primero se les hará una advertencia formal. Pero si sus hijos siguen faltando a clase, se los condenará a prisión en suspenso. Y si a pesar de eso los chicos siguen sin aparecer por el colegio, tendrán que ir a la cárcel. Pero, si alguno de estos chicos comienza a tener una asistencia regular, aunque sea insuficiente, serán condenados a hacer trabajos comunitarios.

  1. Estas leyes se están aplicando, entre otros, en Maryland, Florida, Pennsylvania, Michigan, Kentucky y California;
  2. En mayo, en el condado de Escambia, Alabama, diez padres fueron procesados por las rateadas de sus hijos, pero sólo uno de ellos se declaró culpable, y tuvo que pasar 60 días en la cárcel;

El fiscal de ese distrito, Michael Godwin, opina sin embargo que contra la deserción escolar hay una herramienta más efectiva que mandar a los padres a prisión: sentarlos junto a los rateros en una misma aula. A esos chicos no les importa si los padres van a la cárcel, dijo Godwin al diario The New York Times, más les preocupa tener a sus padres en la misma aula; eso los llena de pánico.

En Virginia, el gobernador James Gilmore acaba de sancionar una ley que castiga con seis meses de prisión a los padres de hijos que faltan a clase, mientras que en varios condados de Florida se aprobaron leyes que dictaminan dos meses en la cárcel y multas de 500 dólares.

En Ohio, se encuentra ante la legislatura una medida similar. Esto afecta a gente muy pobre, que no sólo no tiene plata para contratar un abogado defensor sino tampoco capacidad para entender qué hacer con sus hijos. En ese sentido, es ilustrativo el caso de Angela Hesse, de Springfield, Illinois, que fue sentenciada dos veces por las faltas a clases de sus rebeldes hijos adolescentes.

Esto destruyó mi familia, dijo. No sólo le quitaron la custodia de sus hijos, sino que la despidieron del trabajo. Ahora se está divorciando de su marido, y tiene antecedentes en su prontuario policial, lo que le hará todavía más difícil conseguir un nuevo empleo.

Mi hijo era uno de esos adolescentes difíciles, que se metió con los chicos equivocados. No sólo no lo podía sacar de la casa, ni siquiera lo podía levantar de la cama, contó la señora. Hesse pertenece a un grupo de seis madres que fueron procesadas en febrero, en Illinois.

¿Cuáles son las consecuencias por falta de puntualidad?

En ocasiones muchos profesionales ocasionan conflictos laborales debido al mal hábito de la impuntualidad, no siendo capaces de ver las consecuencias. Si sufres de este mal hábito, aquí te presentamos algunas desventajas por los que conviene revertir esa situación.

  • Desanima y desmotiva: Llegar impuntual siempre suele tener una implicancia sobre el otro, sobre todo en el tema de la confianza, generando la pérdida de interés.
  • Mala imagen empresarial y personal: Cuando llegamos tarde nuestro prestigio e imagen se ve dañada. Los otros al ver nuestra actitud nos tratarán como personas irresponsables e incluso puede ser motivo del despido laboral.
  • Pérdida de ritmo: Llegar con retraso a una reunión, sobre todo si es de trabajo, ocasionará la pérdida de ritmo, ocasionando fastidio y malestar en el auditorio. De seguro más de una queja se escuchará, pues para que el “tardón” comprenda lo que se está hablando se tendrá que recapitular otra vez.
  • Provoca tensiones: si sueles llegar impuntual es probable que más de uno se encuentre tenso, ansioso y lo primero que aparezca no sean los buenos modales.
  • Nos hace ser desordenados y deficientes: El ser impuntuales crea una imagen interna, que poco a poco se va incrementando con el pasar del tiempo. Mientras más tiempo pase más difícil será cambiar el hábito.

Por ello,  sugerimos o rganizarse con anticipación, e vitar las reuniones seguidas y a costumbrarse a medir el tiempo. Todos podemos sufrir con un problema vehicular al ir al trabajo o no llegar a un almuerzo porque teníamos bastante trabajo, o algo se salió de control. Ante estos casos recomendamos dar una llamada de teléfono para alertar que llegaremos tarde. De tal manera que quien nos está esperando, no se encuentre malhumorado o ansioso.

¿Cuáles son las consecuencias de ser puntual?

5 Efectos negativos de la impuntualidad entre los empleados –

  • En primer lugar; la impuntualidad deja lugar para que algunos trabajadores abusen de la confianza de sus compañeros. Por ejemplo; cuando no llegan a tiempo y le piden a otros marcar la asistencia en su nombre.
  • Genera fallas en la comunicación. El empleado que llega tarde puede pierde el hilo de la instrucción; lo que afecta el desempeño de su labor.
  • La puntualidad de unos se ve afectada por la impuntualidad de otros. Cuando el que llega a tiempo debe asumir alguna responsabilidad que le fue asignada al impuntual. El primero lo puede tomar como una sobrecarga en su trabajo.
  • Desanima y desmotiva a los trabajadores puntuales. Crea resentimiento en contra de los impuntuales; lo que afecta el trabajo en equipo y el compromiso con la empresa. La persona que llega reiteradamente atrasada; tiende a ser aislada socialmente por los compañeros.
  • El imcumplimiento del horario trabajo genera estrés laboral. Pues el empleado está permanentemente sometido a una alta tensión.

¿Qué problemas de los estudiantes origina la inasistencia a clases?

¿Qué es lo que convierte a un estudiante en un “faltista habitual”? – Si bien el absentismo crónico mide el total de inasistencias, las justificadas y las injustificadas, cuando se habla de ausencias solo se incluyen las inasistencias injustificadas.

  • La cantidad de inasistencias injustificadas requeridas para que un estudiante sea considerado “faltista habitual” es diferente en cada estado;
  • Lea las políticas de su distrito escolar y los códigos estatales sobre asistencia;

Tiene que mantenerse bien informado respecto a cuántas inasistencias se permiten y lo que se considera inasistencia justificada e injustificada. Tómese en serio cualquier advertencia que reciba. ¿Por qué? Las consecuencias de tener demasiadas inasistencias son graves, no solo para los estudiantes sino también para los padres.

Aquí ofrecemos 10 consejos prácticos para hacer que su hijo vaya a la escuela a tiempo, todos los días:

  1. Fije objetivos de asistencia con su hijo y haga un seguimiento de la asistencia del niño en un calendario. Pruebe con dar pequeñas recompensas por no faltar nunca a la escuela, como atrasar la hora de ir a la cama los fines de semana.
  2. Ayude a su hijo a dormir bien por las noches. La falta de sueño está asociada con menos logros escolares a partir de la escuela secundaria, así como también con cifras más altas de faltas a la escuela y llegadas tarde. La mayoría de los niños necesitan entre 10 y 12 horas de sueño por noche, y los adolescentes (de entre 13 y 18 años de edad) necesitan entre 8 y 10 horas por noche.

    Las escuelas gestionan los problemas menores de faltas con cartas de advertencia, reuniones de padres con maestros, etc. Sin embargo, en algunos estados, se puede multar a los padres cuando los hijos faltan demasiado a la escuela.

    Verifique aquí cuántas horas necesita su hijo.

  3. Prepárese la noche anterior para optimizar sus mañanas. Saque la ropa que usará su hijo. Prepare las mochilas y los almuerzos. Elabore planes alternativos para ir a la escuela en caso de que ocurra un imprevisto, como perder el autobús o una reunión a primera hora de la mañana. Cuente con la ayuda de un familiar, un vecino u otro adulto de confianza que pueda tomar su lugar para llevar a su hijo a la escuela en el caso que usted no pueda.
  4. Intente programar las citas con médicos y dentistas antes o después del horario escolar. Si los niños tienen que faltar a la escuela por citas médicas, llévelos inmediatamente de vuelta a la escuela al terminar, para que no pierdan todo el día.
  5. Programe los viajes largos en época de vacaciones escolares. Esto ayuda a su hijo a estar al día con lo que aprende en la escuela y genera la expectativa de ir a la escuela durante todo el año escolar. Incluso en la escuela primaria, faltar una semana a clases puede atrasar el aprendizaje de su hijo.
  6. No deje que su hijo se quede en casa salvo que realmente esté enfermo. Los motivos para quedarse en casa incluyen temperatura de más de 101 ºF (38 ºC), vómitos, diarrea, tos seca o dolor de muelas. Tenga en cuenta que las quejas frecuentes de dolor de estómago o de cabeza podrían ser un signo de ansiedad y no constituir un motivo para quedarse en casa. Consulte Evadir la escuela : consejos para padres preocupados
  7. Hable con su hijo sobre los motivos por los cuales no quiere ir a la escuela. La ansiedad relacionada con la escuela puede provocar la evasión de la escuela. Hable con su hijo sobre sus síntomas e intente que le hable sobre cualquier dificultad emocional que esté teniendo con temas tales como el acoso, o el acoso , el temor al fracaso o hechos reales de daño físico.
  8. Si su hijo tiene un problema de salud crónico, como asma, alergias o convulsiones, hable con el pediatra sobre la elaboración de un plan de acción para la escuela. Reúnase con la enfermera de la escuela de su hijo y conózcala. Si necesita orientación y documentación para un Programa de Educación Individualizada (IEP) o un Plan 504, pida ayuda a su pediatra para acceder a los servicios en la escuela.
  9. Cumpla las reglas. Asegúrese de saber cuáles son los requisitos de su escuela cuando un niño falta o llega tarde. Si se supone que debe llamar, enviar un correo electrónico o entregar una nota del médico después de determinados días de inasistencia, hágalo. Si queremos que nuestros hijos sigan las reglas, debemos dar el ejemplo.
  10. Lleve un registro de asistencia de su hijo e averigüe los motivos cuando se acumulen las inasistencias. Averigüe por qué faltó a clases su hijo. Piense en el estado de ánimo de su hijo. ¿Ha estado pasando mucho tiempo solo últimamente? ¿Su afección crónica está empezando a ser más problemática? ¿Está rechazando la escuela? Usted es quien mejor conoce a su hijo.
    ​RELEVANCIA DEL CONTENIDO PARA LA COMUNIDAD HISPANA
    Los estudiantes latinos tienen una menor tasa de graduación de la escuela secundaria que otros grupos en los Estados Unidos. La inasistencia constante a la escuela afecta el progreso académico e influye en la deserción escolar, impactando las opciones de trabajo y desempeño en el futuro.

¿Cómo evitar llegar tarde a clases?

¿Cómo evitar llegar tarde a la escuela?

¿Cómo afecta la falta de disciplina en el aprendizaje?

Durante la clase, la indisciplina conlleva al estudiante y a sus compañeros a encontrarse en un clima de clase en el cual no impera el orden, y ello implica desorganizar la clase o afectar el desempeño de las actividades del aula (Corona, 2004), lo que representa una condición poco favorable para la enseñanza por parte.

¿Qué pasa si un profesor sale con una alumna?

Las relaciones entre profesores y alumnas mayores de edad, en un contexto como el universitario, son legales, legítimas, no son un delito ni deberían serlo, sin embargo, la pregunta es otra ¿Son éticas? ¿Son justas? En esa relación desequilibrada de poder ¿son consentidas? ¿Hay una responsabilidad del cuidado? 1.

El reglamento de la universidad es claro: no se permiten relaciones sexo/sentimentales entre alumnas y alumnos y profesores o profesoras mientras las primeras (el uso del femenino no es casual) cursen activamente las materias dictadas por los segundos.

Es lo que lógicamente puede regularse desde la norma y la prohibición, que finalmente no tiene ninguna relevancia a la hora de tejer relaciones humanas o resolver problemáticas sociales. Las relaciones entre profesores y alumnas mayores de edad, en un contexto como el universitario, son legales, legítimas, no son un delito ni deberían serlo, sin embargo, la pregunta es otra: ¿son éticas? ¿son justas? En esa relación desequilibrada de poder ¿son consentidas? ¿Hay una responsabilidad del cuidado? 2.

Tengo 18 años recién cumplidos. Me siento de muchos más, aunque parezco de 20. La diferencia es irrelevante, porque desde que tengo cédula la adultez da toda igual. Estudio en una universidad privada, privadísima, exclusivamente diseñada para que se eduquen ahí las élites de un ya muy elitista país.

En mi universidad hay un profesor: es lindo, rebelde, cool, canchero, fotógrafo y sensible. Además, posa de crítico de la ridícula opulencia y ostentación de la Universidad en la que él trabaja y yo estudio: no es una crítica contundente, que lo exponga, ni lo arriesgue, siquiera una crítica constructiva políticamente, pero sí que le sirve para construirse de un personaje interesante e inteligente: un hombre diferente.

  1. Muchas chicas de la universidad gustan de él y su estilo desparpajado;
  2. Tiene 38 años y una barba pareja, con algunas canas;
  3. Usa tenis y jeans sin preocuparse demasiado por nada;
  4. Las chicas le coquetean un montón, él siempre coquetea de vuelta;

Se rumorea que tiene una novia, o una ex novia, o varias ex novias, quienes también desfilan como alumnas por la universidad. Se rumorean muchas cosas. La post-adolesencia y primera adultez de las mujeres (y de las personas) se caracteriza por una enorme fragilidad y necesidad de aprobación y atención.

Por supuesto, que en la vida de las mujeres ese sentimiento de afirmación e importancia está dictado por la atención de los hombres. A las mujeres se nos enseña desde muy chiquitas que, mal que bien, nuestro destino debe ser gustarle a los tipos y que nos quieran y nos cuiden.

En mi generación el discurso era más que los hombres nos consideraran inteligentes y valiosas, pero que toda nuestra existencia fuera validada por ser elegibles para algún varón. Fuimos socializadas para priorizar y necesitar la atención de los hombres y para competir con otras mujeres con ese fin.

Yo estuve profundamente convencida de que yo era más inteligente que las demás porque él se había fijado en mí 4. El profesor me coquetea igual que le coquetea a todas, pero dice que soy muy inteligente, que soy especial.

Me siento especial. Apenas termina el semestre, casi como si lo tuviera cronometrado y sin ninguna improvisación sobre la legalidad de sus deseos, me invita a salir. A mí, no a las demás. Siento como si hubiera ganado una especie de carrera y también tengo la certeza de que hay en ese “triunfo” un mérito personal.

  1. Tomamos café, charlamos, me manda mensajes tratándome de usted: porque eso hacían los hombres cool en Bogotá y al cabo de unos encuentros nos damos besos;
  2. Al cabo de otro par de encuentros empezamos a coger;

Él tiene una novia (otra alumna de la universidad, apenas un par de años mayor que yo) pero accedo al trato de oficiar como una especie de amante/amiga/pareja ocasional -claramente desfavorecedor-, porque no conozco de muchas más relaciones, ni modelos de relación, ni tengo tiempo para fundar mi propio paradigma, o entender que un trato unilateral es más una imposición que una negociación y porque no quiero parecer una niña remilgada.

Quiero que el profesor me quiera y me desee y siga convencido de que parezco una persona mayor, libre de los prejuicios de la conservadora sociedad Bogotana, de ser tan “diferente” a todas las demás, como me dice siempre, así él y yo sepamos que no lo soy.

No hay ningún delito en el hecho de que una mujer mayor de edad voluntariamente acceda a tener relaciones sexuales y afectivas con un hombre 20 años mayor, tampoco debería haberlo, no es una cuestión para el derecho penal. Sin embargo, el momento presente merece que hagamos otras preguntas.

La disparidad de poder entre un profesor, que es una figura de autoridad académica, simbólica y social, y una alumna, es sospechosa, como mediadora de deseo del primero ¿A partir de qué se constituye el deseo sexual con una persona de un rango social y simbólico tan inferior? Dicho de otro modo ¿Qué calienta tanto a tantos hombres docentes de salir con sus alumnas? Además, ¿por qué lo hacen en su mayoría sólo los hombres? La segunda pregunta es el contexto: las diferencias de edad pueden amortiguarse con los años, al alcanzar algún equilibrio profesional, adquisitivo, simbólico y de experiencias entre dos personas que se llevan 20 años de diferencia.

No es lo mismo una mujer de 45 con un hombre de 65 a una post-adolescente de 18 y un adulto de 38. No es un delito, ni es ilegal, pero ¿es ético? ¿Cuál es la gracia si no hay igualdad de condiciones? ¿Cuál es el gusto de los hombres por la vulnerabilidad de las mujeres jóvenes? 6.

Empezamos una especie de relación en la que siento que siempre estoy perdiendo. Es como jugar a las cartas con una mano de otro juego: nunca tengo ni siquiera posibilidades de ganar. Deja a su novia, no queda claro si es para estar conmigo y tampoco queda claro si la deja o no.

Ejerce una especie de tortura emocional constante a partir de compararme con todas las demás mujeres. Todo el tiempo. Yo nunca soy suficientemente linda, ni suficientemente flaca, ni suficientemente especial como las demás, pero me cuesta entender que es un ejercicio de crueldad: nunca grita, nunca levanta la voz, nunca deja de hablarme con suavidad y condescendencia.

Aparece y desaparece, cogemos cuando quiere, como quiere, porque quiere. No me niego porque no quiero dejar de ser especial y porque el “NO” es una construcción aprendida para la mayoría de las mujeres, no una posibilidad.

Es un vínculo tan cruel que siempre parece estar a punto de romperse, como un hilito frágil, sujeto únicamente por mi buen comportamiento y que yo haga lo que hay que hacer: lo que él diga. Tampoco me niego, porque negarse es de las chicas rogadas y yo soy chévere, parezco más grande, soy “distinta” a las demás, como dice él y eso me hace especial.

Hay una diferencia clara entre una relación en la que las cosas salen mal, porque simplemente no se dan, entre personas que están en igualdad de condiciones y la responsabilidad y el cuidado que conlleva sostener un vínculo sexoafectivo con alguien cuando la persona encargada de poner todas las condiciones está en una posición tanto más privilegiada de poder: económico, social, simbólico, estructural, histórico e institucional.

No escribo esto con el ánimo de condenar los vínculos con disparidad de edad, pero sí con la intención de indagar sobre el deseo que genera la vulnerabilidad de las mujeres menores y sobre la naturalización que se hace de las relaciones de mujeres muy jóvenes con hombres mayores.

También merece cuestionarse ¿Cómo se genera el consentimiento en esos vínculos? ¿Cuáles son las pautas para negarse a experiencias que una persona desconoce y la otra no? ¿Cómo construye la persona más joven su propio criterio de placer y deseo si está totalmente supeditada a las condiciones impuestas por quien sabe, puede y conoce más? ¿Cómo se formula un “NO” frente al chantaje emocional de saberse inferior? ¿Cómo se consolidan los límites, si una de las dos personas no tiene experiencias ante las cuales referenciar sus vivencias? La cultura occidental nos ha enseñado a naturalizar las relaciones entre mujeres menores y varones mayores desde la colonia, con los años se han adaptado los márgenes de la legalidad, pero el esquema de hombre mayor se sostiene ¿No es eso terriblemente patriarcal? Las grandes obras de la literatura se han dedicado a romantizar esos vínculos y con ellos resaltar la vulnerabilidad y fragilidad de las mujeres (dada necesariamente por menor experiencia y edad) como una virtud de la que gustan los varones.

No por nada los medios llevan años repitiendo que los hombres se sienten amenazados por las mujeres “profesionales y seguras”. Hombres que cuidan a mujeres menores que no conocen el mundo ni pueden mediar solas sus deseos y sus decisiones y bueno, Lolita.

Ni hablar de los cánones de belleza hegemónica que representa la juventud. Ante ese desequilibrio de poder, de experiencia, de vivencia, de recursos económicos y sociales y de conocimiento ¿Es posible construir relaciones que no sean violentas? ¿No hay en ese inherente ejercicio de sometimiento un necesario ejercicio de violencia? 8.

Lo llevo a mi casa, a donde mi familia y amigos. Nadie dice nada de ese señor canoso conmigo, porque yo siempre fuí la excéntrica de la familia y porque es un tipo bien: goza de toda la legitimidad social que le da ser un hombre, blanco, escolarizado y heterosexual de la clase más privilegiada.

  • Entre las personas de clases acomodadas bogotanas hay una enorme cantidad de barbaridades permitidas a quienes son del mismo clan;
  • La gente lo quiere, sus amigos lo quieren y los míos también;
  • Todo el mundo quiere escucharlo hablar;

Trato de ser memorable para todas las personas de su círculo y trato de resultar interesante, inteligente, independiente y graciosa entre gente que me lleva 20 años. No quiero parecer un accesorio para mostrar, pero el lugar me resulta inevitable: no entiendo los chistes, ni las referencias y casi ni hablo el lenguaje que hablan esas personas tanto más mayores que yo que, además, son amigos suyos, no míos.

Es bastante la presión, pero acepto el reto: él dice que soy especial y yo le voy a creer. No quiero que nadie se de cuenta de que soy una niñita que apenas está pisando el mundo, así que finjo todo lo que debería saber.

No sé si algún amigo o amiga suya le habrá dicho algún día que yo parecía demasiado jovencita, me imagino que no, porque todo el mundo me mira con una especie de ternura, como se mira al perrito nuevo de algún conocido con el que no se intenta hablar, pero al que se le toca la cabeza al pasar.

  • Pasa un tiempo y empiezo a sentir que el trato es demasiado injusto;
  • Le gané una carrera a las demás mujeres que concursaban, pero el premio se me asemeja más a una trampa;
  • Siento pena, hoy, por esa infame competencia por el amor de los hombres -el suyo específicamente- y por ese revisar y sospechar de todas las demás: odiar a las mujeres es parte del machismo que nos moldeó el sentido común;

Al poco tiempo, mi vida con él se convierte en pura ansiedad y angustia, pero tardo demasiado en darme cuenta de que ya no sé cómo irme. No tengo las herramientas para salir de esa relación. A veces, cuando estamos juntos en el carro y para en un semáforo, me imagino abriendo la puerta y yéndome lejos.

  • Puedo sentir la libertad de abandonarlo, el aire fresco de dejar de soportarlo y de quererlo, puedo imaginar cómo va a ser mi vida sin ese peso insoportable sobre los hombros;
  • Sin embargo no lo hago: nunca me bajo del carro;

Nunca me voy, porque ya no sé cómo moverme de ese lugar y estoy llena de miedos, manías e inseguridades que no sentía antes de estar con él. Me pregunto si estará bien hablar en primera persona sobre algunos temas. Nunca lo resuelvo del todo, pero sí tengo la certeza de que el feminismo nos atraviesa la vida con la misma contundencia con la que lo hizo la violencia machista y que el diálogo y la teoría feminista nos obliga a revisarnos, re-vernos y narrarnos.

  • Lo personal es político y también es colectivo y nuestras preguntas íntimas suelen compartirse por otras mujeres;
  • Reivindico el valor de contar nuestras vidas y mirarlas desde ésta perspectiva, porque creo que las formas de violencia que naturalizamos y soportamos tienen que ser visibles para no repetirse, porque creo que en el ejercicio de escribirnos y leernos en otras hay una especie de reparación;

10. Cuando finalmente lo dejo, me dice que nunca estuvo enamorado de mí y nunca estaría enamorado de mí y que quizás nunca nadie me ame, porque a fin de cuentas soy muy complicada. El tono de su voz es tan dulce, que me tomó muchísimo tiempo entender las dimensiones innecesarias de ese insulto, pero lo siento como una especie de maldición que tiene una potencia metafísica y fundacional en mi vida, lanzada por el que yo considero y recuerdo como mi gran primer amor y que me representaba una autoridad, a pesar de tener la certeza de que no es una percepción recíproca y que seguramente él me recuerda como una más entre la galería de las ex alumnas con las que salió.

  1. Me cuesta muchos, muchísimos años, desmitificarlo del todo;
  2. No comprendo el daño, ni las violencias ejercidas en esa dinámica dispar de poder hasta mucho tiempo después;
  3. Estuve convencida de que era normal que las relaciones implicaran ese nivel de ansiedad e inseguridad, poca capacidad de negociación y diálogo y que la culpa siempre era toda mía;

También la responsabilidad. Sin embargo, apenas entiendo y reconozco que en el desbalance de nuestras biografías había implícito un gran ejercicio de violencia y, como mínimo, una falta de cuidado, se lo escribo. Se lo cuento de manera amable, con algo parecido a un cariño y una búsqueda de reivindicación en el reconocimiento de un daño que necesito que ratifique que yo no me imaginé.

O quizás porque pasó mucho tiempo y tengo -en el momento de escribirle- un ánimo constructivo y una fe renovada en que él puede cambiar y no va a salir con más post-adolescentes como lo era yo. Me responde que no lo ve así, que finalmente todo el mundo me veía como una persona mayor, él también, y que recuerde que yo era muy especial, “distinta a todas las demás”, repite.

Como si esa comparación odiosa tuviera hoy algún valor para mí, como si compararme con las demás mujeres tuviera algún valor. Por un minuto vuelvo a sentirme de 18 años: visible y deseada por una figura que me generaba admiración. Frágil y valorada por el criterio ajeno, valiosa únicamente por ser registrada por él y todo lo que representaba para la sociedad a la que pertenecí.

Pero después recuerdo todo lo demás y constato, a pesar de que me duela, que no había nada especial en mí, más que la ingenuidad de no reconocer la violencia y no haber aprendido -como nos enseñan los años- a poner límites, irnos a tiempo y formar relaciones en paridad.

Él debe saber bien que sus mediocres formas de manipulación no tendrían lugar con alguien más de su edad, al menos más de mi edad actual, o que la mayoría de sus encantos se desvanecerían fuera de la universidad, pero es claro que eso no le interesaba entonces. .

¿Qué cosas no pueden hacer los maestros?

¿Qué pasa si no asisto a la escuela?

Las escuelas exitosas atraen a sus estudiantes asegurándose de que vayan a clases con regularidad. Eso puede parecer obvio. Lo que no es obvio es que las consecuencias de faltar a la escuela son serias para todos los niños y para la comunidad, no sólo para los estudiantes que no van a clase.

La asistencia escolar es un indicador de la calidad de una escuela. ¿Cuán importante es la asistencia a clase? El índice de asistencia escolar es importante porque los estudiantes tienen más posibilidades de tener éxito académico cuando van a la escuela de manera consistente.

Es difícil para una maestra y para la clase aprender destrezas y progresar si muchos estudiantes faltan con frecuencia. Además de retrasarse académicamente, los estudiantes que no van a la escuela regularmente tienen más posibilidades de meterse en problemas con la ley y causar problemas en sus comunidades.

  • Un estudio hecho en 2008 por el programa Rodel Community Scholars de la Arizona State University siguió a estudiantes de kinder a secundaria y halló que los patrones de deserción escolar están estrechamente vinculados al ausentismo escolar;

Gregory Hickman, director del programa, dice que las diferencias en conducta entre quienes se gradúan y quienes abandonan la escuela ya son evidentes desde el kinder. Por otro lado, los presupuestos de las escuelas se ven afectados cuando los estudiantes no van clases, porque en algunos estados están basados en la asistencia diaria promedio.

¿Cómo aumentar la asistencia a clases? El ausentismo escolar se combate entre padres, líderes escolares y miembros de la comunidad enfocados en mantener a los niños en la escuela. A continuación algunos consejos de la organización Attendance Works : Involucrar a las familias – Muchos padres y estudiantes no saben cómo las ausencias en los primeros años pueden aumentar rápidamente los problemas académicos.

Miembros comunitarios y maestros pueden educar a las familias, creando una cultura de asistencia escolar, dando información temprana, incentivos y siguiendo estadísticas de asistencia. Hacer arreglos para llegar a la escuela – La falta de un carro o la dependencia de un bus escolar, que a veces se pueder perder, provoca que algunos niños no vayan a clase.

Las escuelas, agencias de transporte y miembros comunitarios pueden organizar viajes compartidos en carro ( carpool ), proveer pases para el bus u otras maneras para que los alumnos lleguen a la escuela.

Atender las necesidades de salud de los estudiantes – Los problemas de salud infantil, particularmente el asma y los problemas dentales, están entre las principales causas de ausentismo escolar durante los primeros años. Escuelas y médicos pueden trabajar juntos y proveer atención médica, y dar recomendaciones a los niños y las familias para que los alumnos se mantengan sanos.

Monitorear los datos correctos – Con frecuencia las escuelas ignoran las ausencias crónicas ya que monitorean el promedio de asistencia o ausencias sin excusa, y no cuántos niños faltan muchos días por cualquier razón.

Attendance Works tiene herramientas sin costo, para dar seguimiento a estos datos..