Que Es La Competencia Motriz En Educacion Fisica?

Que Es La Competencia Motriz En Educacion Fisica
Las habilidades motrices se definen como los ‘bloques de construcción’ de movimientos más complejos y necesarios para participar en deportes, juegos u otra actividad física específica (Gallahue, Ozmun, y Goodway, 2012; Logan, Ross, Chee, Stodden, y Robinson, 2018).
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¿Qué es la competencia motriz?

La competencia motriz es una adquisición de conductas motrices manifiestas en acciones corporales, que cobran sentido en el conocimiento y los resultados de la acción ; es un actuar sistémico, en el que cognición, la motricidad, la interacción social, las emociones y las actitudes positivas conducen a un aprendizaje
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¿Qué es la competencia motriz en Educación Física ejemplos?

El Plan de Estudios 2002 de la Licenciatura en Educación Física pretende formar profesores que desempeñen su labor profesional dentro y fuera de las escuelas de educación básica con niños de preescolar, de primaria y con adolescentes que cursan la secundaria (incluidos en cada nivel los alumnos con necesidades educativas especiales).

Los futuros profesores de educación física, desde el campo de la motricidad —entendida como el movimiento corporal intencional, consciente, ejecutado de acuerdo a ideas concretas que implican un razonamiento continuo sobre las experiencias y acciones propias—, contribuirán con su labor docente al logro de los propósitos de la educación básica señalados en los programas de estudio vigentes en los tres niveles que la conforman.

En especial, trabajarán para que todos los niños y los adolescentes, según sus características y condiciones personales, desarrollen su motricidad; específicamente, promoverán que los alumnos desarrollen sistemáticamente sus habilidades y competencias motrices; mejoren sus niveles de desarrollo físico y su expresión corporal; adquieran conocimientos, hábitos y actitudes para el fomento de su salud y se desenvuelvan en el campo intelectual, así como en los campos afectivo y de socialización, para alcanzar una formación integral que contribuya a elevar su nivel de vida.

Para formar nuevos maestros que logren dichos propósitos por medio de la educación física, es fundamental analizar la ubicación de esta asignatura en el contexto de la escuela, estudiar lo que se requiere para aplicarla como materia escolar y situarla en el lugar que le corresponde dentro del conjunto de los campos de estudio del preescolar, la primaria y la secundaria.

El escenario educativo en el que trabajará el futuro docente de educación física es la escuela de educación básica, caracterizada por la complejidad, la diversidad y la masificación; en ella todos los niños y adolescentes, sin distinción, ejercen su derecho a la educación.

  • La escuela, para ser pertinente, requiere promover la construcción de conocimientos, el desarrollo de competencias y propiciar comportamientos: componentes necesarios de una cultura básica para continuar la formación escolarizada y seguir aprendiendo durante la vida.
  • Nuestro país necesita una institución que haga corresponder el crecimiento espectacular de la matrícula que se dio en las recientes décadas, con el incremento de la calidad de los aprendizajes indispensables para desenvolverse en la época actual.

Frente a una sociedad cambiante y compleja, que entre otros aspectos se caracteriza por la incertidumbre, la escuela requiere abrirse y poner más atención en los sujetos que aprenden, así como garantizar una educación de calidad para todos mediante una base común de competencias, conocimientos y actitudes que permitan al sujeto desempeñarse satisfactoriamente en la sociedad.

  • Al mismo tiempo se debe considerar la individualidad y las diferentes formas de aprender de los educandos, particularmente a aquellos alumnos que presenten capacidades diferentes.
  • Estos aspectos constituyen el mayor desafío de la educación básica.
  • Atender la diversidad supone un mejor conocimiento del alumno, fomentar su interés por lo que aprende y hacer que lo mantenga durante y después de su escolaridad.

Se requiere que el maestro trabaje hacia el logro de las metas comunes de la escuela y guíe a los educandos hacia el aprendizaje. De ahí que formarse para la enseñanza adquiere un gran significado: el profesional de la docencia será sensible para educar a todos atendiendo sus diferencias individuales y culturales y estará preparado para trabajar con distintos enfoques que posibiliten modos diferenciados de aprender.

La educación física tiene mucho que aportar a estos fines porque puede ayudar a los alumnos a desinhibirse, a expresarse, a descubrir y apreciar el cuerpo como elemento valioso de la persona. Para el profesor de educación física de la escuela básica la masificación significa considerar a todos los alumnos que le corresponde atender: conocerlos a través del trabajo que realice y por lo que sabe sobre la infancia y la adolescencia, por lo que le puedan comunicar los otros maestros, los directivos y, por supuesto, los padres de familia; este conocimiento es la base para orientar su labor hacia lo que sus alumnos son y pueden hacer y a fortalecer las capacidades que tienen, así como a desarrollar otras.

El educador físico necesita crear ambientes de aprendizaje favorables a los alumnos —de respeto, buen trato, aliento, apoyo mutuo, entusiasmo e interés, seguridad, confianza, de gusto por realizar la actividad, abiertos a las sugerencias, con sentido y claridad de lo que se va a llevar a cabo y para qué, en los que haya un aprovechamiento efectivo del tiempo en lo que es prioritario— y dar atención a las diferencias individuales y a los distintos intereses por la actividad física.

La planeación y la realización de actividades idóneas, con sentido para los alumnos, tienen que ser congruentes con este entorno de trabajo. La escuela necesita una gestión, organización e impulso de la educación física que haga a ésta más flexible, capaz de adaptarse a las realidades y necesidades locales o regionales, que sea considerada como un derecho a la práctica de la motricidad en condiciones adecuadas, como un espacio para atenuar ciertas desigualdades o para evitar que se sigan profundizando.

La educación física requiere, por tanto, de una práctica pedagógica diversa, amplia e incluyente. En la escuela se propone que cada alumno, mediante la educación física:

  • Desarrolle sus capacidades para expresarse y comunicarse.
  • Sepa adquirir y utilizar información.
  • Desarrolle el pensamiento y las habilidades para resolver problemas.
  • Mantenga la disposición para el estudio y el gusto por ir a la escuela.
  • Se sienta seguro y competente en el plano motriz.
  • Desarrolle las capacidades que le permitan enfrentar desafíos y fortalezcan su creatividad, autoestima y motivación.
  • Sea capaz de adaptarse y manejar los cambios que implica la actividad cinética; es decir, tener el control de sí mismo, tanto en el plano afectivo como en el desempeño motriz, ante las diversas situaciones y manifestaciones imprevistas que se dan en la acción.
  • Sepa apreciarse y respetarse a sí mismo y a los otros.
  • Proponga, comprenda y aplique reglas para la convivencia y el juego limpio.
  • Se integre a un grupo y al trabajo en equipo; es decir, desarrolle el sentido comunitario.
  • Sea responsable y ejerza la autonomía personal.
  • Conozca sus derechos y deberes, y sepa aplicarlos o hacerlos valer.
  • Cuide su salud mediante la adquisición de información, el fomento de hábitos, la práctica regular de la actividad motriz y la prevención de accidentes.
  • Desarrolle actitudes tanto para conservar el ambiente y hacer un uso racional de los recursos naturales, como para preservar el patrimonio cultural.
  • Sea capaz de seguir aprendiendo fuera de la escuela y aplique lo que sabe.

Así, cada sesión de educación física que se planeé, realice y evalúe en las escuelas de educación básica, será una oportunidad para acercarse a esos aprendizajes; cada sesión que se desaproveche —dado el tiempo escolar asignado— irá en detrimento de su logro.

Los contenidos, los métodos, las actividades motrices y los procedimientos de evaluación que se desarrollen en la escuela según el nivel de los alumnos servirán para alcanzar dichos aprendizajes. En el contexto real de una escuela, alcanzar estas metas implica realizar una labor común entre todos los profesores, utilizar estrategias que hagan posible una educación física más plena para todos, y buscar tiempos, formas y mecanismos para comunicarse y planificar.

Por las razones anteriores, es necesario reorientar la formación académica de los futuros maestros de la especialidad mediante seis grandes líneas que contienen el enfoque pedagógico pertinente para lograr el cumplimiento de dichos propósitos. Estas líneas son las siguientes:

  1. La corporeidad como base del aprendizaje en educación física La educación física, dentro de la educación básica, contribuye al desarrollo integral de los educandos por medio de la corporeidad. Cuando un niño o un adolescente se mueven, actúan como un ser total, es decir, manifiestan su unidad corporal, conformada por conocimientos, afectos, motivaciones, actitudes, valores, y por una herencia familiar y cultural. La interrelación de estos aspectos confiere un estilo propio de motricidad a cada individuo, a la vez que lo dota de una identidad corporal, es decir, de un conocimiento de sí mismo. La corporeidad es parte constitutiva de la personalidad. Por ello es necesario considerar al alumno en formación, y al futuro profesor, no sólo como un grupo de músculos a los que hay que adiestrar para que tengan fuerza y precisión en aras de realizar una acción específica; por el contrario, se requiere considerar la infinita posibilidad de movimientos intencionados, creativos e inteligentes que caracterizan al ser humano. Esta concepción del cuerpo y de lo motriz implica repensar la educación física, pues tiene que dar respuesta al ser completo, con toda su complejidad; esto es, en la intervención pedagógica directa con los niños y adolescentes es necesario que las acciones respondan a este principio de integralidad, atendiendo a los procesos cognitivos, afectivos y valorales del alumno —y no sólo a los biológicos y físicos. La integración de la corporeidad persigue el conocimiento del propio cuerpo, dentro del proceso evolutivo individual: la representación que la persona hace de él, su cuidado, aprecio y manejo y el uso de todas sus facultades (esta integración de la corporeidad abarca el género y el conjunto de las diferencias individuales). El docente en formación debe construir y experimentar el concepto de corporeidad, para aprender y comprender que un alumno de educación básica necesita participar e involucrarse en actividades en las que intervengan todos los aspectos de su personalidad.
  2. La edificación de la competencia motriz La competencia motriz se debe entender como la capacidad de un niño o adolescente para dar sentido a su propia acción, orientarla y regular sus movimientos, comprender los aspectos perceptivos y cognitivos de la producción y control de las respuestas motrices, relacionándolas con los sentimientos que se tienen y añaden a las mismas, y la toma de conciencia de lo que se sabe que se puede hacer y cómo es posible lograrlo. Con la integración de la competencia motriz los niños y adolescentes desarrollan sus capacidades al percibir, interpretar, analizar y evaluar los actos motrices personales; amplían diversos tipos de saberes en relación con sus acciones individuales; mejoran sus capacidades para solucionar problemas motrices de manera autónoma; y exploran sus propios recursos para actuar de manera eficaz, confiada y segura. La competencia motriz es un proceso dinámico que se manifiesta a través del manejo que hace un sujeto de sí mismo y de sus acciones en relación con los otros o con los objetos del medio; evoluciona y cambia según la edad de la persona, sus capacidades y sus habilidades. La competencia motriz desarrolla la inteligencia operativa, que supone conocer qué hacer, cómo hacerlo, cuándo, con quién y en función de las condiciones cambiantes del medio. En la escuela preescolar y primaria, de los tres a los 12 años, la educación física contribuye a cimentar la competencia motriz, la exploración y el reconocimiento de los patrones básicos de movimiento; en la escuela secundaria, de los 12 a los 16 años, se afina ese proceso. Una buena educación física de base propicia que los niños pequeños realicen una motricidad global, que los niños mayores consoliden su movimiento corporal y los adolescentes se identifiquen con su cuerpo y desarrollen una motricidad más compleja. El mejoramiento de la competencia motriz requiere de una práctica variable y abundante en la que se presenten problemas a resolver antes que modelos a ejecutar. Esto tiene como finalidad afinar y desarrollar a plenitud los patrones básicos de movimiento. Los educandos aprenden a ser competentes cuando interpretan mejor las situaciones que reclaman una actuación eficaz y utilizan los recursos necesarios para responder de una forma que se ajuste a las demandas de la situación, problema o tarea motriz. Una predicción importante para la enseñanza es que aumentando la cantidad y la variedad de experiencias motrices se recupera la riqueza cinética previa, se emplea una mayor cantidad de recursos perceptivo-motrices, se incrementan las oportunidades para practicar y se consiguen progresivamente avances en la edificación de la competencia motriz de los niños y de los adolescentes: aprender el procedimiento para realizar una tarea motora (saber hacer), aplicar este procedimiento o conocimiento en diversas situaciones problemáticas o de aprendizaje (saber actuar) y asumir conductas o valores durante la realización de un juego o acción motora (saber desempeñarse). Progresivamente el niño o el adolescente aprenden a tomar decisiones, y a explicar cómo realizaron determinada acción y cuáles fueron los procedimientos empleados para llevar a cabo una secuencia motriz. El alumno adquiere el sentimiento de competencia (saber actuar) y confianza sobre su capacidad de movimiento a partir del conocimiento de sus propias limitaciones y posibilidades en cada situación; aprende a reconocer lo que le es posible o no realizar, a ajustar las soluciones a las diferentes situaciones y a evaluar la consecuencia de sus acciones. Todo esto favorece el desarrollo cognitivo de los escolares desde el campo de la motricidad.
  3. El juego motriz como medio didáctico de la educación física La educación física cuenta con diversos medios para lograr sus propósitos educativos. El juego motriz organizado es un medio fundamental que se destaca en la escuela, porque proporciona a niños y adolescentes placer, un espacio para expresar afectos y emociones, y una variedad de oportunidades para lograr aprendizajes. Como herramienta didáctica, el juego es una actividad placentera y catártica, que no responde a metas extrínsecas y proporciona a los niños y a los adolescentes medios para la expresión y la comunicación. Además, aporta beneficios de tipo cognitivo, afectivo y social, que contribuyen a la formación e integración de la corporeidad y a la edificación de la competencia motriz. Al propiciar el juego en la escuela se deben tomar en cuenta las condiciones y conocimientos previos de cada niño y adolescente. El juego permite poner en el centro de la actividad pedagógica a los alumnos y a sus necesidades formativas, sirve para relacionarse, colaborar y compartir durante el tiempo de ocio, realizar actividad motriz para estar en forma, y ayuda a relajarse. Se debe, entonces, atender y aprovechar el gusto de los escolares por el juego para mejorar la educación física actual y modificar con ello la concepción de la especialidad y de un profesor que sólo pone a jugar a sus alumnos. El juego motriz contribuye al reforzamiento y vinculación de los contenidos aprendidos en el aula, por medio de las actividades al aire libre. El juego educa a los futuros ciudadanos porque representa una experiencia para la interacción social en el marco de la escuela, por lo que es deseable que el futuro especialista valore al juego motriz por la contribución que hace al aprendizaje de los alumnos.
  4. La diferenciación entre educación física y deporte Hoy en día las investigaciones asignan al deporte varias intenciones formativas. Así, la atención docente dirigida a satisfacer las necesidades de aprendizaje motor aprovecha el deporte con los escolares según distintas perspectivas: a) educativa, b) de orientación y promoción, c) social y organizativa, y d) de iniciación deportiva. Es indispensable tomar en cuenta lo que el deporte escolar aporta desde estas perspectivas a la formación de los alumnos, para así poder sacar provecho de esa práctica en la mejora de la competencia motriz, la formación en valores, la identidad y la autoestima; se requiere, entonces, impulsar una práctica deportiva donde participen todos y no sólo quienes destacan en dichas actividades. El deporte es un medio de la educación física; para que el deporte sea educativo es necesario impulsar el sentido de cooperación. Se trata de generar y orientar el deporte en la escuela para desarrollar las competencias motrices, no de seguir impulsando el enfoque competitivo del mismo —competir para vencer al adversario— en detrimento de valores y actitudes positivas. La finalidad del deporte educativo es poner a prueba los distintos dominios motrices, aprovechar el agón —sentimiento de vencer obstáculos, miedos e incertidumbres, de conocerse o enfrentarse consigo mismo y disfrutar lo realizado—, recuperar el sentido lúdico, promover el cuidado de la salud, así como transmitir valores, normas y contenidos éticos para la convivencia social y el trabajo en equipo.
  5. La orientación dinámica de la iniciación deportiva La reorientación de la educación física precisa de un enfoque dinámico de la iniciación deportiva para atender y canalizar las distintas motivaciones que niños y adolescentes tienen con respecto a la práctica de la actividad deportiva. En este sentido interesa: a) el desarrollo de las habilidades motrices de tipo abierto o básicas —permiten resolver múltiples situaciones de motricidad en las que impera un alto grado de incertidumbre y en las que hay que adecuar la respuesta motriz a un entorno cambiante—, que promuevan una formación genérica y polivalente en el campo del comportamiento motriz y de la iniciación deportiva, a través de principios pedagógicos que favorezcan la adquisición de capacidades, habilidades, destrezas, conocimientos y actitudes que son necesarios para desenvolverse y desempeñarse de manera eficaz; b) la canalización del agón, sin perder la dinámica de los juegos de oposición; es decir, una educación del agón para favorecer en los escolares el sentimiento de superación, aprender del triunfo y de la derrota, saber jugar limpiamente y en colaboración con los otros; c) la vigorización física, para promover un estilo activo y saludable de vida y contrarrestar el sedentarismo; y d) el aprovechamiento o la recuperación del placer que los niños y los adolescentes experimentan al jugar. Este proceso debe llevarse a cabo en forma paulatina y acorde con las posibilidades y necesidades de cada uno de los niños y de los adolescentes, al tiempo que propicia la participación amplia de todos los alumnos. La finalidad es que cada educando adquiera hábitos y actitudes que fortalezcan sus capacidades y mejoren su condición física, pero sobre todo que logren la depuración y mejora de sus habilidades motrices básicas, es decir, el trabajo con las habilidades de tipo abierto. Para ello, la iniciación deportiva debe orientarse según distintas posibilidades didácticas y aplicar diferentes modalidades para encauzar acciones motrices con un grado de complejidad creciente, que desarrollen las habilidades de pensamiento y la resolución de problemas en el plano motriz. La aplicación de los recursos dinámicos de la iniciación deportiva ha de incidir en la edificación de la competencia motriz de niños y adolescentes y afianzar la corporeidad en cada uno de ellos. Con esta orientación, el sentimiento de vencer obstáculos, conocerse o enfrentarse consigo mismo y disfrutar de la competencia se convierte en un fin pedagógico de la educación física y motivo de la iniciación deportiva, a través de tres posibilidades y modalidades didácticas: los juegos modificados, los juegos cooperativos y la propia iniciación deportiva.
    1. Los juegos modificados aprovechan este sentimiento de vencer obstáculos, conocerse a sí mismo y disfrutar lo que se realiza; y permiten el desarrollo de las habilidades motrices básicas abiertas de los alumnos en escenarios más complejos y diversos, así como la valoración de los éxitos y realizaciones que van alcanzando en sus desempeños personales. Retoman, además, el móvil básico de los deportes —cooperación-oposición— y sus reglamentos, con la característica y condición de transformarlos de acuerdo con los propósitos educativos, las necesidades y motivaciones de los escolares mediante el ajuste de tiempos, espacios y roles. El interés de los juegos modificados no es la formación previa a los deportes, sino la canalización y satisfacción cinética del aquí y ahora de quienes los practican. Una de las finalidades de este tipo de juegos es el desarrollo del pensamiento estratégico y divergente; es decir, propiciar formas alternativas, mediante distintas actividades y juegos, para la acción motriz y tener más claros y precisos los movimientos personales dentro de la zona en que se desarrolla la actividad; el conocimiento de recorridos y trayectorias, tanto del jugador que posee la pelota —o el instrumento de uso: raqueta, pelota, bastón, críquet— como de quien no la tiene, la actuación estratégica (colocación en la zona de juego) y la depuración de los patrones de movimiento, por ejemplo: correr; correr y batear; correr, batear y hacer capturas.
    2. Por otra parte, los juegos cooperativos tienen como propósito desarrollar y promover múltiples aprendizajes —que se pueden lograr a partir de la oposición y la incertidumbre— tales como: valorar el trabajo en equipo; desarrollar habilidades para solucionar problemas; aprender a jugar con otros mejor que contra otros; gozar con la propia experiencia del juego. En este tipo de juegos ningún jugador tiene que mantener o sobrevalorar su estima por encima de la de otro; su esencia es la cooperación entre todos los participantes para conseguir los objetivos propios de la actividad.
    3. La iniciación deportiva promueve las habilidades motrices de tipo abierto, y se encarga también de desarrollar en los niños las habilidades motrices cerradas o específicas —que se realizan en entornos fáciles de prever, en situaciones estables y ante las que se tiene una respuesta motora prevista; además se caracterizan por depurar o perfeccionar ciertos patrones motores— al mismo tiempo que estimula el pensamiento estratégico y la anticipación motriz, las decisiones cinéticas y la mejora de algunas capacidades motrices como la fuerza, la resistencia, la velocidad y la flexibilidad.

    Es así como la iniciación deportiva puede contribuir a la adquisición, experimentación y contacto con la práctica deportiva en los niños y en los adolescentes, lo que permite: la participación de todos, sin excluir a los menos hábiles; lograr la confianza y seguridad en sí mismos; tener un mejor equilibrio personal, cognoscitivo y social; alcanzar conquistas tanto a nivel individual como colectivo; y mejorar sus patrones básicos de movimiento como: caminar, trotar, lanzar, atrapar y transportar, entre otros. Es fundamental que la formación académica de los futuros profesores de educación física les ofrezca el conocimiento básico de los objetivos de la actuación motriz con esta orientación dinámica de la realización de los juegos modificados, de los juegos cooperativos y de la iniciación deportiva, y que los dote de herramientas para que conozcan y manejen los procesos de enseñanza y de aprendizaje adecuados, con el fin de identificar las posibilidades, necesidades y motivaciones de sus alumnos para, posteriormente, ofrecerles ambientes de aprendizaje que estimulen su creatividad y la práctica de uno o varios deportes de manera más específica, según sus propios intereses.

  6. Promoción y cuidado de la salud La práctica regular de la educación física propicia un desarrollo sano y seguro. En la realización de actividades físicas es preciso tomar en cuenta aspectos cualitativos como los siguientes: procurar que la experiencia sea positiva para los niños y los adolescentes; que al llevar a cabo la práctica de una sesión se les brinde seguridad y orientación para que realicen los ejercicios de una manera correcta; proponer actividades que estén a su alcance y evitar sobrecargas y ejercicios contraindicados, considerando las características, necesidades y diferencias individuales que se pueden presentar en un grupo de alumnos. Es importante resaltar que los beneficios saludables de la actividad física se alcanzan ejerciéndola y no buscando altos niveles de excelencia atlética o comparando los movimientos propios con los de otro compañero; los beneficios saludables se logran en el proceso de la actividad, no en el producto asociado al resultado. La educación física promueve el cuidado de la salud de los escolares cuando los maestros revisan la seguridad que ofrece el espacio en que sus alumnos realizan las actividades; toman en cuenta las condiciones naturales, climáticas y el estado del tiempo para decidir dónde trabajar, en qué horario y con cuáles alumnos; actúan con suficiente flexibilidad y adaptan sus estrategias en beneficio de los educandos. Someter a los alumnos a condiciones inadecuadas es poner en riesgo su seguridad y su salud porque se pueden obtener resultados contrarios a los que originalmente persigue la educación física. Aprender habilidades motrices esenciales para la vida y adquirir una base de conocimiento práctico evitará el sedentarismo. Una preocupación central de la educación física es hacer que los alumnos aprendan a interesarse por la actividad motriz, reconozcan su valor como un medio para aumentar su capacidad personal y su salud, a partir de incorporarla en el propio estilo de vida. Mantener la salud es una condición indispensable para el desenvolvimiento individual y social. Fortalecer el respeto y la responsabilidad hacia el cuidado del propio cuerpo requiere como base la formación de hábitos y actitudes relacionados con la higiene personal y la alimentación. La actividad motriz en general, la alimentación equilibrada y el descanso, así como la prevención de enfermedades, accidentes y adicciones, son medidas que en conjunto favorecen una salud integral. Para promover actitudes de autocuidado en los alumnos se requieren docentes que proporcionen información oportuna y veraz, combinada con experiencias pertinentes y adecuadas al nivel de comprensión de los niños y de los adolescentes; que consideren, además, la realidad en que se encuentran laborando, que tomen en cuenta el contexto familiar y social de los alumnos para que éstos aprendan a cuidar su salud a partir de sus propios recursos y medios. Es pertinente que los educadores físicos contribuyan en la educación básica a crear una cultura para la prevención, principalmente ante los altos índices de accidentes y enfermedades entre los niños y adolescentes, que pueden evitarse mediante acciones educativas intencionadas y oportunas. La reorientación expuesta en estas seis líneas es una pauta fundamental para la reformulación del plan de estudios dirigido a la formación inicial de profesores que atenderán la educación física en la educación básica.

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¿Qué es la competencia motriz Cómo se construye?

Desde la perspectiva anterior, la construcción de la competencia motriz incide en el proceso de concreción de destrezas motrices de los alumnos ; y esta transgrede de manera directa el incremento o no del desempeño escolar de los estudiantes, permitiendo que cada uno de los niños adquiera una visión del mundo, una
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¿Qué es competencia motriz Wikipedia?

Fina – La motricidad fina hace referencia a movimientos voluntarios mucho más precisos, que implican pequeños grupos de músculos. Se refieren a las actividades que requieren la coordinación ojo-mano y la coordinación de los músculos cortos para realizar actividades cotidianas.

Recoger un pequeño elemento con el dedo índice y el pulgar. La escritura, Recortar figuras.

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¿Cuáles son los elementos de la competencia motriz?

La competencia motriz incluye conocimientos, procedimientos, actitudes y sentimientos que, coordinados, permiten al sujeto una práctica autónoma y eficaz, en términos de interpretación y respuesta a las situaciones que propone el medio.
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¿Qué es competencia y 2 ejemplos?

¿Qué es la competencia? – La competencia puede definirse como la aptitud que tiene una persona, formada por capacidades, habilidades y destrezas con las que cuenta para realizar una actividad o cumplir un objetivo dentro del ámbito laboral, académico o interpersonal.

El término competencia, es usado también para referirse a ciertos contextos en los que dos personas, equipos o empresas se relacionan en un medio e intentan superar una a la otra, Por ejemplo: una competencia deportiva en la que cada competidor intentará llegar a la meta antes de que otro lo haga. Además, la competencia puede ser de tipo biológica cuando se enfrentan uno o más individuos de igual o diferente especie para obtener un mismo recurso.

Ver además: Competitividad
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¿Cuáles son los tipos de competencia motriz?

Tipos de habilidades motrices – Existen tres tipos de habilidades motrices: locomotrices, no locomotrices y manipulativas. Vamos a ver ejemplos de cada una de ellas:

  • Habilidades locomotrices : andar, correr, rodar, reptar, nadar, gatear, saltar o nadar.
  • Habilidades no locomotrices : girar, saltar, empujar, balancearse, colgarse o traccionar.
  • Habilidades manipulativas : recoger, lanzar o golpear.

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¿Cómo se desarrolla la motricidad en Educación Física?

Caminar, correr y saltar en diferentes direcciones. Lanzar y golpear pelota de forma combinada. Escalar con coordinación. Trepar por un plano vertical.
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¿Cuál es la diferencia entre competencia motriz y habilidad motriz?

Introducción La inactividad física (AF) ha sido identificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el cuarto factor de riesgo de mortalidad después de la hipertensión arterial, el consumo de tabaco y los altos niveles de glucosa en sangre. En la misma línea, el sobrepeso y la obesidad, manifestaciones secundarias de la inactividad física, aumentan la probabilidad de ciertas enfermedades y son responsables de un 5% de la mortalidad mundial 1, Actualmente existe consenso en la literatura científica al apuntar que la AF regular durante la infancia y la adolescencia es uno de los medios más eficaces para mejorar y preservar la salud de los jóvenes y adultos. El aumento de la condición física en la juventud, concretamente la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza muscular, han demostrado mejorar los perfiles de riesgo de padecer enfermedades metabólicas, aumentar la densidad mineral ósea, reducir los síntomas de depresión 2, mejorar el bienestar emocional, social y cognitivo del niño 3, 4, y también, aumentar la competencia motriz 5, Pese a las evidencias descritas, la sociedad actual se caracteriza por bajos niveles de AF durante la juventud 6, 7, Con el objetivo de identificar los niveles deficitarios de AF en jóvenes, algunos autores utilizan el término desorden por déficit de ejercicio (DDE). El DDE es el término utilizado para describir los déficits de AF saludable, inducidos por niveles bajos de ejecución de ejercicio físico de forma regular durante la juventud 8, 9, 10, Por otro lado, encontramos evidencias que apuntan que la CM, entendida como la capacidad de contextualizar las habilidades motrices para dar respuestas a problemas deportivos o cotidianos, incide en una mejora de la condición física saludable a medio y largo plazo 11, 12, 13, Aceptando la evidencia que ilustra la necesidad de aumentar la AF en la infancia y la adolescencia, y la relación que se establece entre la CM y la condición física saludable, nos cuestionamos: ¿Qué relación existe entre los déficits de CM en la infancia, y un estilo de vida, a corto y largo plazo, que incorpore la AF? ¿Existen métodos válidos y fiables para la detección del DDE? ¿El refuerzo de la CM, en la infancia y la adolescencia, a través de un trabajo neuromuscular integrado (TNI) podría ser la clave para promover un estilo de vida saludable a lo largo de toda la vida? El presente trabajo tiene un enfoque triple: 1) Definir la relación entre la CM y la práctica de AF saludable, 2) Justificar la necesidad de establecer un diagnóstico para el DDE) y 3) Proponer el TNI como metodología para mejorar la condición física y la CM de los niños y adolescentes. Competencia motriz: prevención del desorden por déficit de ejercicio. Hacia un estilo de vida saludable Desarrollo de la competencia motriz La CM es descrita y definida por varios autores 13, 14, 15, En este artículo, se entiende como la gestión y manifestación de la habilidad motriz (HM) como respuesta contextualizada. Ante un contexto, el sujeto debe valorar la calidad de su repertorio motriz para resolver, de forma eficaz y eficiente, problemas que le plantea el entorno cotidiano o deportivo. Por ejemplo, el salto vertical es la HM que permitirá al sujeto ser competente en la resolución de múltiples situaciones: coger un rebote de básquet en una situación 1 × 1 de ataque, ejecutar un bloqueo de voleibol en un contexto 1 × 2 de defensa, superar un obstáculo que está en su camino mientras se pasea por el monte aunque la perfecta ejecución de la habilidad motriz no asegura ser competente en todas las situaciones en las que la respuesta teórica es el salto vertical. De hecho, la eficacia también depende de la decisión tomada al respecto, de cómo se adapta la habilidad y de la capacidad para adaptarla. Siguiendo la lógica planteada hasta el momento, la HM se encuentra claramente condicionada por las capacidades coordinativas y las capacidades condicionales. Las capacidades son predisposiciones motrices que el sujeto debe desarrollar a través de las habilidades, es decir existe una relación de interdependencia entre ambos conceptos. Por ejemplo, la fuerza del tren inferior se mejora, entre otras habilidades, saltando; y a su vez, la calidad del salto mejora cuando aumenta la fuerza del tren inferior. Siguiendo con el ejemplo, saltando mejoramos la coordinación neuromuscular de los músculos implicados en la habilidad, y al mismo tiempo, la mejora neuromuscular mejora la calidad del salto. La concepción de CM que defiende el presente artículo solo puede explicarse desde la complejidad, entendiendo que la intervención en uno de los subsistemas influye en todo el sistema 16, 17, Con relación a lo que presenta la Figura 1, el artículo centra su atención en la necesidad de disponer de una riqueza y calidad motriz que pueden conseguirse a través del desarrollo de las habilidades motrices básicas (HMB), poniendo énfasis en las capacidades coordinativas (específicamente el control neuromuscular, definido por Fort y Romero 18 como aquella activación muscular precisa que posibilita una acción coordinada y eficaz durante las actividades físicas y deportivas) y en las capacidades condicionales (específicamente la fuerza y la resistencia). Figura 1. Relación entre competencia, habilidad y capacidad motriz. Base de la competencia motriz: habilidades motrices básicas El desarrollo motor son los cambios que se producen en el comportamiento motor humano a lo largo de la vida, los procesos que subyacen a estos cambios y los factores que les afectan 19, De este modo, el desarrollo de la CM, se asocia al período de crecimiento y maduración, pero también incorpora los períodos regresivos asociados al envejecimiento. Existen pocos modelos explicativos del desarrollo motor (e.g., Gallahue y Ozmun; Clark y Metcalfe) 15, 20, Proponemos un modelo explicativo del desarrollo motor ( Figura 2 ) que integra conceptos de los modelos Gallahue’s Triangulated Hourglass 15 y el Mountain of Motor Development 20, Figura 2. Desarrollo motor. Adaptación de los modelos Gallahue’s Triangulated Hourglass (Gallahue et al., 2006) 15 y el Mountain of Motor Development (Clark y Metcalfe, 2002) 20, La perspectiva de Gallahue, et al. describe la CM como proceso y producto. El proceso apunta como principales factores que inciden en el desarrollo de la CM: (a) los factores individuales (hereditarios, biológicos), (b) los factores contextuales (experiencia previa, aprendizaje, factores socioculturales, y (c) los factores de la tarea (características físicas y mecánicas, exigencia cognitiva). Por otro lado, el producto emerge de una relación interdependiente entre dichos factores con el crecimiento y la maduración del individuo. Dicha relación define un momento crítico de aprendizaje durante los años de desarrollo en que los niños y jóvenes son más sensibles a la adaptación inducida por la educación o el entrenamiento 21, 22, Por otro lado, el modelo de Clark y Metcalfe incorpora la idea que el individuo desarrolla solo algunas habilidades, y además, a diferentes niveles 20, En la Figura 2 se definen 5 fases de desarrollo motor, cada una de ellas limitada por un rango de edad que debe aceptar individualidades 15, a su vez, estas fases se concretan en unos estadios de desarrollo que se manifiestan de forma particular para cada habilidad y cada individuo. Desde el nacimiento hasta el primer año encontramos la fase de movimientos reflejos, en la que los movimientos involuntarios favorecen el conocimiento del cuerpo y la relación con el entorno. A continuación se define una fase de movimientos rudimentarios que dura hasta los 2 años, los reflejos tienden a desaparecer (estadio de inhibición refleja) para dar paso a los movimientos voluntarios aunque incontrolados y poco refinados (estadio de precontrol). La primera manifestación de dicho estadio es la marcha que se presenta como recurso principal para explorar y manipular el entorno, en consecuencia, al final del primer año de vida muchos niños son capaces de caminar sin apoyo. Siguiendo la evolución natural, se presenta la fase de HMB en la que cada habilidad se concreta en 3 estadios de desarrollo (estadio inicial, estadio elemental, estadio maduro). En primer lugar se van desarrollando y variando las habilidades de locomoción (e.g., correr, brincar y saltar) y equilibrio (e.g. cambio de ritmo, giro). Cuando la fuerza, el equilibrio y la coordinación motora mejoran, emergen otras habilidades como galopar y deslizarse. Posteriormente, con el tiempo y la práctica, la coordinación ojo-mano y ojo-pie mejora, en consecuencia, los niños comienzan a desarrollar habilidades comúnmente conocidas como habilidades de control de objeto (e.g. pasar, recibir, golpear, chutar). Aunque cabe destacar que cada habilidad sigue su curso, y por lo tanto coexiste el desarrollo de diferentes habilidades en diferentes estadios de evolución. La riqueza motriz del niño puede presentar las HMB de forma aislada o combinadas entre sí 19, 23, 24, Posteriormente, dichas HM se especializan en función del deporte o el contexto al que deben dar respuesta atribuyéndoles complejidad y especificidad 23, dando paso a las fases de habilidades motrices específicas (HME) y especializadas. Hemos explicado la CM a partir del desarrollo motor, proceso en el que las habilidades motrices básicas toman un papel relevante en cuanto a su función de base para la construcción de una motricidad compleja, específica, variada y contextualizada. Existen muchas investigaciones centradas en la descripción y categorización de las habilidades motrices básicas 19, 24, 25, 26, Tomamos como referente a Gallahue et al. que clasifican las HMB en: locomotoras, de manipulación de objetos, y de equilibrio 15 ( Figura 3 ). Figura 3. Habilidades motrices básicas. Relación entre competencia motriz y salud La Organización Mundial de la Salud (2010) recomienda que los niños y adolescentes acumulen 60 min diarios de AF moderada o vigorosa. Sin embargo, los informes epidemiológicos recientes indican que los niveles de AF están disminuyendo en la adolescencia y la juventud 6, 7 y estos comportamientos sedentarios pueden continuar en la edad adulta 27, De hecho, existen datos del estudio IDEFICS (2014) obtenidos con acelerometría en población española que indican que solo el 30% de los niños y el 12% de las niñas cumplen las recomendaciones de 60 min de AF diaria 28, Es importante destacar que esta disminución de la AF parece emerger a los 6 años 7, 29 momento a partir del cual el desarrollo de las HMB requiere una intervención de profesionales expertos para que propongan y guíen las actividades más complejas. Un reciente metaanálisis indicó que la inclusión de programas de AF orientados a la vivencia de experiencias ricas en HMB, desarrollados por especialistas en educación física, favorecen el desarrollo de la CM en los jóvenes 7, Las HMB son unidades elementales de movimiento necesarias para las actividades motrices más complejas, incluyendo deportes y actividades de ocio activo. Clark y Metcalfe indican que las HMB son el “campo base” de la montaña que conducen al desarrollo de las HME 20, La AF en la infancia contribuye al aumento del gasto energético, pero es aún más importante destacar que contribuye a crear un repertorio motriz 15, Existen estudios que presentan una relación positiva entre la práctica de AF y la CM de los niños 30, 31, 32, 33, 34, En consecuencia, los niños que no están expuestos a ambientes con oportunidades para mejorar las HMB tienden a ser menos activos durante la adolescencia. Esta realidad puede manifestarse en los hábitos de vida sedentarios durante la edad adulta 12, 19, Por lo tanto, se puede inferir que existe una relación entre la CM y los hábitos saludables de AF ( Figura 4 ) a corto y largo plazo. La CM favorece la aptitud física y puede reducir el riesgo de lesiones relacionadas con la actividad de jóvenes y adolescentes 13, Además, una buena CM contribuye a que los jóvenes dispongan de un mayor repertorio de opciones motrices en la que se sienten competentes para decidir respecto su estilo de vida 13, 15, 33, Ampliando esta idea Longmuir et al. apuntan que la educación física debe incidir sobre la CM, pero también sobre la motivación y la confianza, el conocimiento y la comprensión del valor de adherirse a un estilo de vida saludable 35, Figura 4. Los niños que realizan un trabajo neuromuscular integrado que incorporan una gran variedad de habilidades motrices básicas (HMB) con el objetivo de mejorar la salud y las habilidades motrices y deportivas podrían reducir el desorden por déficit de ejercicio y lograr un estilo de vida saludable durante la adolescencia y la vida adulta. En sentido opuesto, la incompetencia motriz o una baja adquisición de las HMB genera sentimiento de fracaso, baja autoestima e inseguridad en la práctica motriz 36, Estos sentimientos pueden llevar a una inhibición o inactividad progresiva que a la vez genera más incompetencia y menos adherencia a la AF. Esta reacción también puede explicarse desde la teoría de la autodeterminación de Ryan y Deci (2000) en la que la competencia, junto con la relación y la autonomía son las 3 necesidades básicas psicológicas que el individuo debe satisfacer para estar intrínsecamente motivado para hacer una actividad 37, Pese a que existen muchas formas para incrementar los niveles de AF de los jóvenes, no todas ellas contribuyen de igual forma al aumento de la CM. Por ejemplo, caminar o correr durante más de una hora al día —recomendación de la Organización Mundial de la Salud para llevar un estilo de vida activo— no favorece el desarrollo de la CM durante la infancia, ya que incide únicamente sobre un tipo de HMB. La bibliografía muestra evidencias de que el TNI es un tipo de AF que trabaja sobre secuencias de movimientos presentes en una gran variedad de actividades físicas organizadas, y no organizadas 38, 39, El TNI se define como un programa de ejercicio físico que incorpora tareas de fuerza, resistencia y de acondicionamiento físico generales (e.g., habilidades motrices básicas) y específicos (e.g., agilidad, estabilización dinámica, coordinación, pliometría) con el objetivo de mejorar la salud (e.g., disminuir la incidencia lesiva, aumentar la capacidad cardiorrespiratoria, disminuir la obesidad) y el rendimiento de las HMB y HME 38, 40, ¿Es posible identificar a los niños con baja competencia motriz o desorden por déficit de ejercicio? Desorden por déficit de ejercicio Actualmente existen herramientas capaces de cuantificar la inactividad física en la población joven. Pero en este artículo, en consonancia con lo que se ha desarrollado hasta el momento, se propone la utilización de un término más amplio que es el DDE. El DDE se atribuye a aquellos niños y adolescentes que presentan bajos niveles de AF regular (< 60 min/día) concebidos desde una perspectiva de salud 8, 10 y además bajos niveles de CM asociados a su estado madurativo. En este sentido, un niño puede cumplir con las recomendaciones de AF diaria (> 60 min/día) pero no tener desarrolladas las HM que corresponderían a su estadio madurativo. En relación con el apartado anterior, y debido a las relaciones simbióticas entre la AF y la CM en la juventud, es muy importante que las recomendaciones de AF para la infancia, además de actividades aeróbicas, también introduzcan ejercicios de fuerza y control neuromuscular 21, 22, 38 ( Figura 4 ). La recomendación de una AF centrada en la CM adecuada a la edad, segura, eficaz y divertida, debería ser el tratamiento para el DDE. Aunque el DDE puede manifestarse a través de signos y síntomas, índices y valores, que a menudo se utilizan para diagnosticar algunas enfermedades (e.g., índice de masa corporal, capacidad pulmonar, FC, VO2máx en sangre, metabolismo de la glucosa), el DDE carece de una prueba específica o un marcador para diagnosticar dicha condición 10, Aunque cabe valorar el test Canadian Assessment of Physical Literacy (CAPL) que en una de sus dimensiones valora la competencia física a través de: una prueba de resistencia, una prueba de habilidades motrices, una valoración de fuerza (de prensión, de tronco y de tren inferior), el índice de masa corporal y el perímetro de cintura 35, En cualquier caso, para identificar aquellos jóvenes que presentan DDE asociados a consecuencias negativas sobre la salud a corto y largo término se precisan herramientas que además de cuantificar la AF desde un punto de vista energético (> 60 min/día), valoren la fuerza y el control neuromuscular necesarios para realizar sus actividades cotidianas y deportivas de forma competente 41, 42, Mejora del control neuromuscular y prevención del desorden por déficit de ejercicio El desarrollo de la CM se relaciona estrechamente con el concepto de control neuromuscular que se define como la activación neuromuscular precisa para desarrollar las actividades motrices de forma eficaz y coordinada 18, A su vez, el control neuromuscular se expresa con relación al estado de maduración biológica y desarrollo del sistema nervioso central del niño y adolescente, y también en relación a la calidad de las experiencias motoras vivenciadas hasta el momento 19, El sistema nervioso central experimenta un aumento masivo en melificación y conexión sináptica de los 2 a los 5 años de vida, y este proceso no se concluye hasta la maduración sexual o incluso la edad adulta 43, 44, Teniendo en cuenta esta información, las experiencias que promueven adaptaciones neurales pueden ser beneficiosas para el desarrollo de la CM, sobre todo antes de la pubertad —cuando el sistema nervioso central tiene más plasticidad— aunque continúa a través de los años de la adolescencia. Durante la pubertad, el sistema de control neuromuscular sufre una pequeña regresión debido al pico de velocidad de crecimiento (PVC), que se define como la tasa de crecimiento máxima en relación con la estatura 44, La edad cronológica del PVC varía considerablemente entre los jóvenes, pero se produce normalmente alrededor de los 12 años en las mujeres y de los 14 en los varones 45, 46, Por otro lado, es importante tener en cuenta que el aumento más rápido de la masa corporal paralelo a la mayor tasa de variación de peso, se produce aproximadamente 12 meses después de la etapa de crecimiento (PVC) 21, 47, Este incremento rápido del sistema esquelético y posterior crecimiento del peso corporal comportará un elevado estrés y exigencia sobre el sistema de control neuromuscular, ya que deberá adaptarse a las nuevas estructuras (e.g., tejido muscular y graso). A nivel deportivo, la variación de peso permitirá crear mayores adaptaciones estructurales (e.g., hipertrofia muscular) y en consecuencia, se mejorará la fuerza y la potencia muscular 48, Por dicha razón, este período se convierte en una etapa de gran riesgo de lesiones deportivas ya que la fuerza y potencia muscular desarrollada no siempre vienen acompañadas de un mayor control neuromuscular. Por lo tanto, el gran desarrollo musculo–esquelético durante la pubertad no se acompaña de la adaptación neuromuscular correspondiente, y pueden incidir sobre el desarrollo de patrones biomecánicos mayormente lesivos durante las acciones motrices y deportivas de alta intensidad 49, 50, De hecho, mecánicas anormales (e.g., valgo dinámico de rodilla) durante el aterrizaje de saltos, cambios de dirección o desaceleraciones se han relacionado con una alta tasa de graves lesiones de las extremidades inferiores en adolescentes (e.g., lesión del ligamento cruzado anterior) 48, 51, Como consecuencia práctica del párrafo anterior, actualmente se recomienda iniciar el TNI durante la infancia y la prepubertad, antes del período del PVC 48, justo en la etapa de desarrollo de las HMB. La finalidad de dicha formación es mejorar la eficiencia de la CM. La fortaleza de esta base permitirá avanzar con HM más específicas y más exigentes, desde la salud y para la salud. Propuesta de trabajo para la mejora de la competencia motriz en jóvenes: trabajo neuromuscular integrado Pese al aumento de niños y adolescentes con poca adherencia a las recomendaciones de AF saludable, y como consecuencia, la disminución de la CM de nuestros jóvenes, son muchos los estudios que han demostrado el éxito de los programas de entrenamiento neuromuscular integrado en la mejora del control neuromuscular en jóvenes (e.g., HMB) 38, 39, La Tabla 1 muestra los efectos de los programas de TNI en la juventud descritos por la literatura científica. Tabla 1. Efectos de un programa de entrenamiento neuromuscular en jóvenes

1. Optimiza y facilita el crecimiento y el desarrollo 21,60
2. Facilita la adquisición de la competencia en habilidades motrices básicas 5,56
3. Mejora la predisposición a participar en actividades físicas y deportivas variadas 61
4. Se relaciona con hábitos de vida saludables 12,60
5. Mejora los patrones de movimiento, el reclutamiento neuromuscular, el equilibrio, la propiocepción y la agilidad 62–64
6. Reduce los factores de riesgo de lesión e influye en la prevención de lesiones 51,53,58,
7. Mejora la condición física de los jóvenes en los deportes 64,65
8. Maximiza el éxito deportivo en la edad adulta 21,22,66
9. Favorece la participación en deportes a lo largo de toda la vida 67

A su vez, en los últimos años, son numerosos los estudios que evidencian la eficacia de este tipo de trabajo en la reducción de los factores de riesgo de lesión neuromuscular y biomecánicos, y en consecuencia, también la reducción de las lesiones deportivas en niños y jóvenes 51, 52, 53, 54,

  1. Además, es importante tener en cuenta que los niños que tengan un buen control neuromuscular y una buena CM aumentarán su confianza y autoestima durante la práctica de AF, que asociado a la disminución del riesgo de sufrir lesiones deportivas podrán aumentar la adherencia al ejercicio físico.
  2. Como ya hemos definido anteriormente, el TNI se define como un programa que incorpora tareas generales y específicas con el objetivo de mejorar la salud y el rendimiento de las HM y deportivas 38, 40, 55,

El TNI deberá incidir inicialmente en la creación de una amplia base de HMB (e.g., saltar, girar, pasar) 15 para poder progresar posteriormente en las HME de cada deporte (e.g., revés en el tenis, tiro en el baloncesto) o propias de un estilo de vida activo (e.g., bailar, ir en bicicleta).

  1. Por lo tanto, en el momento que los niños y adolescentes son capaces de realizar HMB con confianza podrán progresar a realizar tareas de mayor complejidad, intensidad y exigencia neuromuscular.
  2. El TNI debe considerar la variedad, la progresión, y los intervalos de recuperación adecuados para cada tarea 39, 56,

De este modo, la piedra angular del TNI es la propuesta de tareas adecuadas a la CM de cada individuo, dirigidas por profesionales cualificados que entienden los principios fundamentales del desarrollo motor de los niños y adolescentes 57, ya que no existe un único protocolo de TNI adecuado a las individualidades (e.g., edad biológica, nivel de CM, sexo, genética, déficits neuromusculares) de cada niño o adolescente.

Teniendo en cuenta los principios de desarrollo motriz, Myer et al. recomiendan introducir el TNI centrado en la CM de los 5 a los 9 años, utilizando el juego como metodología para la mejora 48, El TNI seguiría progresando en la dificultad e intensidad de sus tareas durante la pubertad a través de la AF recreativa multideportiva.

En la etapa pospubertad empezaríamos a entrenar de forma específica para fomentar el desarrollo de las HM del deporte o AF escogida. La Figura 5 muestra una progresión del TNI basada en la evidencia científica actual desde la prepubertad a la pospubertad.

Figura 5. Progresión del trabajo neuromuscular integrado. Adaptado de Myer et al., 2013 48, La bibliografía que examina los efectos del TNI sobre el rendimiento físico y la prevención de lesiones incluye múltiples contenidos de trabajo neuromuscular (estabilidad dinámica, coordinación, fuerza, pliometría, velocidad/agilidad y resistencia a la fatiga) 40, 51, 58,

Pese a ello, es difícil evaluar cuál de ellos posee una mayor o menor contribución en la mejora de las HMB inicialmente y HME posteriormente. La Figura 6 muestra cómo los diferentes componentes del TNI pueden ayudar a consolidar las habilidades motrices básicas en primer lugar, para más tarde desarrollar las HME de una forma segura y divertida 59,

  1. Figura 6. Componentes del entrenamiento neuromuscular integrado.
  2. Adaptado y con el permiso de Fort-Vanmeerhaeghe et al., 2016 59,
  3. Conclusiones e implicaciones prácticas Los factores que condicionan la práctica de AF en los jóvenes y adolescentes son complejos, pero parece ser que la CM puede influir en un estilo de vida saludable a largo plazo y a la disminución del riesgo de lesiones.

Es necesario identificar los jóvenes con un patrón de DDE valorando la cantidad de AF que hacen diariamente, pero también la variedad y la calidad de la misma. En este sentido, será necesario ofrecer a los especialistas de educación física herramientas para establecer dicho diagnóstico.

Apuntamos que la incompetencia motriz en la juventud y la adolescencia predisponen a los individuos al DDE, la buena noticia es que puede combatirse a través del TNI. A medida que integramos el TNI en programas educativos (formales o informales) para la infancia y la adolescencia, estamos trabajando para la prevención de la inactividad física de la población adulta.

El responsable de diagnosticar el DDE, y diseñar y desarrollar los programas de TNI debe ser el especialista en educación física, debido a que domina el desarrollo de la CM como base para un estilo de vida activo y saludable. Conflicto de intereses Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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Un ejemplo de control de la motricidad fina es recoger un pequeño elemento con el dedo índice y el pulgar. Lo opuesto a control de la motricidad fina es control de la motricidad gruesa (grande y general). Un ejemplo de control de la motricidad gruesa es agitar los brazos al saludar.
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La autonomía motriz es la capacidad, la aptitud, la habilidad y la concientización de hacer comprensión del cuerpo en un tiempo y un espacio determinado, además es la forma libre, espontánea, independiente, creativa y emancipada de responder a la sociedad a través del cuerpo, bajo criterios que expresan la personalidad
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Tipos de habilidades motrices – Existen tres tipos de habilidades motrices: locomotrices, no locomotrices y manipulativas. Vamos a ver ejemplos de cada una de ellas:

  • Habilidades locomotrices : andar, correr, rodar, reptar, nadar, gatear, saltar o nadar.
  • Habilidades no locomotrices : girar, saltar, empujar, balancearse, colgarse o traccionar.
  • Habilidades manipulativas : recoger, lanzar o golpear.

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