Violencia de genero y desigualdad

  • Alrededor de un 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • Las Naciones Unidas definen la violencia de género como “todo acto de agresión dirigido a cualquier persona sobre la base de su sexo o género” y tiene en cuenta sus efectos a nivel físico, sexual o psicológico.
  • Además, no solo las agresiones se consideran violencia de género, sino también “las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

El machismo, definido como la idea de que el hombre es superior a la mujer por naturaleza, se manifiesta en múltiples relaciones sociales.

Por eso es común usar los términos violencia contra la mujer o violencia machista para hablar de violencia de género, ya que en la mayoría de los casos el hombre es el agresor y la mujer, la víctima.

Violencia de genero y desigualdad

Acabar con la violencia de género es una de las principales reivindicaciones del movimiento feminista.

Cristina Gallego

Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, la violencia de género y la violencia doméstica no son lo mismo.

La mayoría de las veces, la violencia de género se produce contra la mujer, tanto dentro como fuera de casa. Mientras que la violencia doméstica se da en el hogar y la puede sufrir cualquiera de los miembros de la familia.

Según datos de la OMS, un 38% de los asesinatos de mujeres son cometidos por la pareja de la víctima. Sin embargo, la mayoría de las mujeres ha experimentado alguna situación de discriminación y desigualdad tanto dentro como fuera de las relaciones de pareja.

Existen diferentes formas de violencia de género, aunque en todos los casos el agresor busca destruir la autoestima de la víctima para aumentar el control sobre ella.

Por un lado, la violencia física engloba cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de la víctima, con el riesgo de producir una lesión física.

Por el otro, la violencia psicológica incluye conductas verbales o no verbales que tienen como objetivo infravalorar, menospreciar o causar sufrimiento a la víctima y deteriorar su estabilidad emocional.

La violencia sexual se da en los actos forzados por el agresor, como las relaciones no consentidas, los abusos y las agresiones sexuales.

La violencia económica define aquellas situaciones en las que el agresor reduce o priva de recursos a la pareja, lo que perjudica su bienestar físico y psicológico y el de sus hijos. Un paso más allá se encuentra la violencia patrimonial: el robo o la destrucción de objetos, bienes y propiedades de la víctima.

La violencia social se basa en separar a la pareja de su familia y amigos, para privarla de apoyo y para aislarla.

Para prevenir la violencia de género es fundamental educar a los niños y las niñas para eliminar los estereotipos de género y promover valores como el respeto y la igualdad.

  1. Es necesario fomentar la empatía y desarrollar una autoestima equilibrada, basada en una relación igualitaria entre hombres y mujeres.
  2. Por último, también es importante sensibilizar a la población sobre la gravedad de este tipo de violencia, que en la mayoría de los casos queda silenciada: las propias víctimas no denuncian el maltrato por miedo y vergüenza a ser juzgadas por la sociedad.
  3. Por ese motivo, luchar contra la violencia de género es cosa de todos.

Violencia de genero y desigualdad

Una mujer participa en una manifestación por los derechos de las mujeres organizada por el movimiento #NiUnaMenos en Santiago de Chile.

Mario Ruiz / EFE

Información elaborada en colaboración con la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna

Violencia de genero y desigualdad

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La violencia contra las mujeres: causa y consecuencia de desigualdad | Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo

La falta de empoderamiento de las mujeres constituye una forma de desigualdad crítica. Y si bien existen múltiples barreras para el empoderamiento de las mujeres, la violencia contra mujeres y niñas es tanto una causa como una consecuencia de la desigualdad de género.

Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que aproximadamente una de cada tres mujeres y niñas en el mundo (el 35 por ciento) han experimentado violencia física o sexual a manos de su pareja o de terceros. Estos números, aunque impactantes, solo cuentan una parte de la historia.

La violencia de género es un fenómeno global que trasciende límites de edad, estatus socioeconómico, nivel educativo y situación geográfica. Pero, lo cierto es que todavía queda mucho por saber sobre su verdadero alcance.

Por ejemplo, solo 107 de 195 países disponen de datos sobre la violencia doméstica, un número que desciende a 56 cuando hablamos de cifras sobre violencia a mujeres a manos de terceros.

Pero incluso cuando existen datos, es probable que las cifras estén subestimadas, ya que es muy difícil recopilar información sobre la violencia de género, debido a que victimas sienten miedo al denunciar o se sienten avergonzadas.

Más allá de las víctimas, la violencia de género también tiene un impacto en la vida de muchas otras mujeres. El temor a la violencia puede impedir que continúen con su educación, trabajen o ejerzan sus derechos políticos.

Una reciente encuesta de Gallup muestra que, de manera consistente, en todas las regiones del mundo, las mujeres se sienten menos seguras que los hombres, aunque los niveles de inseguridad varían significativamente según la zona geográfica.

Pero la violencia de género no es solo una causa de desigualdad, sino que también es consecuencia de ella.

En muchos lugares, se ve reforzada por leyes discriminatorias y normas sociales excluyentes que socavan la independencia y las oportunidades en el ámbito de la educación y los ingresos de mujeres y niñas.

Algunas veces, la violencia de género se asocia a cambios en las relaciones de poder dentro de los hogares y las comunidades, especialmente cuando hay un resentimiento contra las mujeres que se alejan de los roles convencionales.

Así, hoy en día, 49 países aún no tienen leyes que protejan a las mujeres de la violencia doméstica. En 32 países, los procedimientos a los que se éstas enfrentan para obtener un pasaporte difieren de los de los hombres.

Y en 18 países, las mujeres necesitan la aprobación de su marido para aceptar un trabajo.

Prácticas como el matrimonio infantil también están generalizadas en muchos lugares, especialmente en los países con bajo nivel de desarrollo humano, donde el 39 por ciento de las mujeres de 20 a 24 años se casaron antes de cumplir 18 años.

Asimismo, las estimaciones del Informe sobre Desarrollo Humano 2015, muestran que a pesar de que ellas realizan la mayor parte del trabajo global (un 52 por ciento), las mujeres afrontan desventajas tanto en el trabajo remunerado como en el no remunerado.

Realizan tres veces más trabajo no remunerado que los hombres (un 31 por ciento versus un 10 por ciento) y, cuando su trabajo es remunerado, ganan un 24 por ciento menos que sus homólogos masculinos.

El denominado “techo de cristal” profesional, se traduce en que las mujeres aún ocupan solo el 22 por ciento de los puestos de liderazgo en empresas y menos del 25 por ciento de los cargos políticos y judiciales de alto nivel.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Claramente resulta fundamental apoyar a las mujeres y niñas víctimas de la violencia, ya se trate de violencia doméstica o en el lugar de trabajo, por ejemplo, asegurando que tengan acceso a la justicia, a refugio y a protección.

Pero para romper el ciclo de la violencia de género, las intervenciones políticas deberían centrarse en el largo plazo, cambiando aquellas normas sociales que son discriminatorias; cerrando las brechas de género existentes en el nivel educativo, económico o social; y creando una mayor concienciación social acerca de la violencia de género.

Políticas innovadoras y ambiciosas que apuntan a resultados transformadores (como aumentar la participación de las mujeres en la comunidad) pueden llegar a cambiar las normas. Si bien las normas deben guiar el diseño de políticas y programas culturalmente sensibles, no deben limitar o socavar estas iniciativas.

Se han logrado avances en muchos frentes importantes, como el cierre de las brechas entre hombres y mujeres en la educación primaria; pero ha habido inercia y estancamiento en otros ámbitos, como el empleo.

Se necesita un esfuerzo mucho mayor para abordar los patrones de violencia que afectan a muchas sociedades y para que éstos no se perpetúen a través de las generaciones.

Recopilar más datos es un primer paso importante.

Justicia de género y derechos de las mujeres | Oxfam International

Cada día, las mujeres de todos los países del mundo sufren desigualdad y discriminación. Se enfrentan a situaciones de violencia, abusos y un trato desigual tanto en su hogar, como en su entorno de trabajo y sus comunidades solo por el hecho de ser mujeres. También se les niegan oportunidades para aprender, obtener ingresos, hacer oír su voz y liderar.

La mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres. En comparación con los hombres, tienen un menor acceso a recursos, poder e influencia, y pueden experimentar una mayor desigualdad debido a su clase, etnia o edad, así como debido a creencias religiosas y fundamentalistas.

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La desigualdad de género es un factor clave de la pobreza y menoscaba gravemente los derechos de las mujeres.

  • Las mujeres tan solo ocupan el 24% de los escaños parlamentarios a nivel mundial. En el ámbito municipal la situación es aún más grave, ya que tan solo ocupan el 5% de las alcaldías.
  • De media, en todas las regiones y sectores, el salario de las mujeres es un 24% inferior al de los hombres.
  • Casi dos terceras partes de los 781 millones de personas adultas analfabetas son mujeres, un porcentaje que se ha mantenido constante durante las dos últimas décadas.
  • 153 países tienen leyes que discriminan económicamente a las mujeres. En 18 de estos países, los maridos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen.
  • En todo el mundo, una de cada tres mujeres sufre o sufrirá violencias machistas en algún momento de su vida.

En Oxfam, entendemos la justicia de género como la igualdad y equidad total entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida. Como resultado, las mujeres, al igual que los hombres, pueden definir y contribuir al diseño de las políticas, estructuras y decisiones que afectan a sus vidas y a la sociedad en su conjunto.

Mejorar la legislación y las políticas es necesario, pero no suficiente. Si queremos poner fin a la pobreza y combatir la desigualdad, debemos transformar también las relaciones de género y poder, así como las estructuras, normas y valores sociales que las determinan.

Creemos que uno de los factores más importantes a la hora de mejorar de forma sostenida los derechos de las mujeres es que estas asuman el control y emprendan acciones colectivas, pues son una poderosa fuerza para poner fin a la pobreza de todas las personas.

Los derechos de las mujeres en el centro de todo nuestro trabajo

Tanto si estamos respondiendo a una situación de emergencia, como trabajando en proyectos a largo plazo con comunidades o haciendo campaña para lograr un cambio duradero, combatimos la desigualdad y la discriminación arraigadas que mantienen a las mujeres sumidas en la pobreza. Colaboramos estrechamente con organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres para abordar las desigualdades de género de forma eficaz.

Apoyamos a las mujeres en su lucha por la igualdad de oportunidades para acceder a empleos y salarios justos y equitativos que les permitan salir de la pobreza gracias a su trabajo.

Alzar su voz

Apoyamos a las mujeres en su lucha por acceder a los procesos de toma de decisiones a todos los niveles y promover su liderazgo y participación.

Acabar con las violencias contra mujeres y niñas

Trabajamos con organizaciones socias en más de 40 países para poner fin a las violencias contra las mujeres y las niñas cambiando las leyes y cuestionando prácticas culturales aceptadas que convierten a las mujeres en ciudadanas de segunda clase.

Lograr igualdad de género en las respuestas a emergencias

En todo el trabajo que realizamos en el ámbito humanitario, adaptamos nuestras actividades para cubrir las diferentes necesidades de hombres y mujeres, de tal forma que promovamos la igualdad.
 

Hemos sido testigos de los beneficios de garantizar un igual acceso a oportunidades laborales, a la salud, a la educación y a los procesos de toma de decisiones, así como de garantizar que las mujeres puedan vivir libres de violencia.

También hemos sido testigos de los beneficios que aporta que las mujeres y las niñas puedan hacer sus propias elecciones y hacer oír su voz de forma colectiva, así como de que las instituciones tengan en cuenta sus necesidades e intereses.

La justicia de género no es únicamente garantizar derechos fundamentales. También se trata de garantizar medios clave para lograr sociedades más justas y, así, erradicar la pobreza. Y todos y todas tenemos un papel fundamental que desempeñar para lograr que esto sea una realidad.

Violencia de género y las causas estructurales de la desigualdad

De acuerdo con las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres no es el resultado de actos aleatorios e individuales de mala conducta, sino que está profundamente arraigada en las relaciones estructurales de desigualdad entre mujeres y hombres. Se puede por tanto afirmar, sin lugar a dudas, que promover la igualdad de género es un objetivo fundamental para disminuir la violencia contra las mujeres.

En 2011, el Consejo de Europa adoptó, y abrió a la firma, el Convenio sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, más conocido como Convenio de Estambul, dónde se reconoció “la naturaleza estructural de la violencia contra la mujer como violencia de género”.

En 2014, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales publicó la encuesta hasta la fecha más completa a nivel europeo sobre violencia de género (FRA 2014). El informe, basado en 42.000 entrevistas realizadas en los 28 estados miembros de la UE, revela niveles alarmantes de violencia contra las mujeres.

Una de cada tres mujeres europeas es víctima de violencia física o sexual desde los 15 años de edad. Más en detalle, una de cada diez experimenta alguna forma de violencia sexual; una de cada veinte ha sido violada; y una de cada cinco experimenta violencia física y/o sexual por mano de su pareja o ex pareja.

Todavía hoy la violencia de género produce números inaceptables de víctimas mortales. Según los datos del portal estadístico de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en 2017 hubo 51 víctimas mortales de violencia de género.

La academia tiene el papel de aclarar conceptos, buscar las causas, cuestionar el estatus quo y proponer alternativas.

Para ello es necesario partir desde los datos. El 76% de la población española cree que la discriminación de género es muy baja o inexistente. Sin embargo, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística revelan la persistencia del sexismo institucionalizado.

Este es palpable en la infrarrepresentación de las mujeres en los gobiernos (Delgado 2016, Diz Otero y Lois Gonzalez 2016), la brecha salarial, la desigual distribución de las tareas domésticas y del uso del tiempo (Castaño Tierno 2016) y la persistencia de la violencia de género (García Sánchez 2016, Lombardo y Rolandsen 2016).

Los datos sugieren que el sexismo sigue reproduciendo formas ocultas de discriminación, y, sobre todo, que la discriminación está normalizada y, por esta razón, no es percibida como tal.

¿Qué significa “género”?

  • Para entender el problema de la violencia de género, es necesario aclarar por lo menos qué entendemos por género.
  • El género es el conjunto de estructuras sociales a través de las cuales se construyen lo masculino y lo femenino, y se representan socio y culturalmente a hombres y mujeres.
  • Estas estructuras configuran los cuerpos, los comportamientos, las opciones, las aspiraciones y los deseos de mujeres y hombres (Butler 1990.
  • Debemos reconocer que las estructuras de género definen y constriñen tanto a la feminidad como a la masculinidad dentro de una posición dicotómica y enfrentada.

Es crucial destacar que género no es sinónimo de mujeres. No sólo las mujeres tienen un género, sino también los hombres. No sólo las mujeres son definidas por el papel y las expectativas que socialmente se les atribuye. También los hombres lo son.

Cabe añadir que estas estructuras operan dentro de matrices complejas de jerarquización social donde la raza, la clase, la sexualidad y la localización geopolítica también juegan un papel imprescindible (Crenshaw 1989).

La Ley de Igualdad

Una mayor igualdad para las mujeres conlleva un mayor bienestar, no sólo para ellas, que constituyen la mitad de la población, sino también para sus hijos, sus parejas y compañeros de trabajo. La igualdad entre mujeres y hombres conlleva un mayor bienestar para la sociedad en general.

  1. Esta definición de género nos permite identificar como destinatarios de las políticas de igualdad y la eliminación de todo tipo de violencia de género no sólo a las mujeres sino también a los hombres.
  2. En este sentido la Ley de Igualdad que el año pasado cumplió 10 años de vida nos ofrece una excelente guía para identificar los elementos cruciales que producen las desigualdades entre hombres y mujeres y así modificar estas estructuras sociales institucionales y discursivas que mantienen la desigualdad.
  3. La Ley de Igualdad identifica distintos ámbitos de actuación: la educación, la igualdad en los medios, el derecho al trabajo en igualdad de oportunidades, la infrarrepresentación política, la infrarrepresentación en los puestos de dirección, el uso del lenguaje sexista, la publicidad y el uso cosificado del cuerpo de la mujer.
  4. Para alcanzar un cambio social hacia la igualdad es necesario considerar que “lo personal es político” y que la división entre lo púbico y privado es ficticia (Olsen 1985).

De hecho, las causas fundamentales de desigualdad entre mujeres y hombres radican en la desigual distribución del trabajo doméstico y de las responsabilidades de cuidado (Okin 1989). En este sentido cobran especial importancia las medidas que faciliten la corresponsabilidad parental (La Barbera y Lombardo 2017, La Barbera 2019).

La Ley de Igualdad estableció como medida estrella un permiso parental de trece días para el padre. Esta medida se ha demostrado a toda luz insuficiente.

Así la Ley 9/2009 estableció la ampliación a cuatro semanas del permiso exclusivo para el padre pero, por razones de austeridad, su presupuesto no fue aprobado hasta 2017. Además, la Ley de Igualdad modificó el Estatuto del Trabajador para permitir la conciliación familiar (art. 37).

Sin embargo, diez años después, se puede afirmar rotundamente que la conciliación familiar todavía no es una realidad en España (García Mateos c. España, TEDH 2013; Betriu Montull c INSS, CJUE 2013).

Las empresas tienen unas jornadas de trabajo muy largas y poco flexibles y el mundo laboral está dominado por la así llamada política del presencialismo.

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Según datos del INE, madres y padres están con sus hijos una media de dos horas al día durante la semana. La mayoría de este tiempo, ya de por sí muy escaso, lo disfrutan solo las madres.

Hacia la transformación de las causas estructurales de la violencia de género

La violencia de género es la manifestación mas grave de la desigualdad entre mujeres y hombres. Esta es el resultado de un entramado complejo que incluye la socialización y la educación, los medios de comunicación, el lenguaje, la representación política, los puesto de dirección, las jornadas laborales y los permisos parentales.

Las medidas penales son un instrumento que permite llegar solo a la punta del iceberg, castigar conductas individuales y proteger a las víctimas.

Garantizar su correcta implementación y garantizar que los operadores del derecho tengan las competencias de género necesarias es imprescindible, pero no es suficiente (La Barbera 2017).

Para construir una sociedad justa y disminuir toda formas de discriminación hacia las mujeres, incluyendo sus formas más graves y odiosas, es necesario abordar las causas estructurales de la desigualdad (CEDAW 1979).

Poner en el centro de la agenda política la igualdad y abordar las causas estructurales de la desigualdad en todos los niveles es vital y urgente.

Hemos avanzado mucho pero estamos todavía muy lejos (Foro Económico Mundial 2017).

“La violencia contra las mujeres es una manifestación de las desigualdades de género”

(Transcripción de la Columna de Karina Batthyányen InfoCLACSO – 30 de marzo 2022)

#CLACSO2022

Al día de hoy, para nuestra Conferencia #CLACSO2022, tenemos más de 3.500 conferencistas, panelistas y ponentes que van a participar de todas las actividades (más de 1.

000) que estamos programando: tendremos diálogos magistrales, paneles, foros, mesas, talleres de formación, feria del libro, festival de cine y actividades culturales que acompañan el desarrollo de la Conferencia.

A partir del 1 de abril se abre la inscripción general gratuita para quienes quieran asistir a la Novena Conferencia de #CLACSO2022 (https://conferenciaclacso.org/inscripcion_asistentes), no con ponentes, sino para poder participar y escuchar las mesas, los foros, los diálogos, el festival de cine, feria del libro, entre otros.

#Mesdelasmujeres

Finalizando lo que en CLACSO llamamos hace tres años Marzo Mes de las Mujeres, vamos a abordar una de las dimensiones más importante para la igualdad de género y también por tener consecuencias directas y dramáticas en muchos casos sobre la vida de las mujeres en América Latina y el Caribe. Me refiero específicamente a la violencia contra las mujeres.

Recordemos que la violencia de género es una manifestación de las desigualdades de género relacionadas con la forma en que se imponen estas desigualdades a mujeres y niñas a causa de la posición de dominación y subordinación que tenemos en la sociedad.

Y que la violencia de género se puede expresar en diferentes dimensiones: violencia física, sexual, emocional, económica, institucional, entre otras tantas formas.

Quizás las que más trascienden son la física y la sexual, pero no son las únicas dimensiones de violencia.

De acuerdo a los registros de Naciones Unidas, América Latina está con 14 de los 25 países que tienen los índices de crímenes contra las mujeres más altos del mundo. Y nuestra región es la segunda más peligrosa para las mujeres, solo la supera África.

De acuerdo a los datos del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la CEPAL, los 10 países con mayores tasas de femicidios cada 100 mil mujeres están en AL y está encabezado por Honduras, República Dominicana, El Salvador, Bolivia, Brasil, Panamá, México, Guatemala, Uruguay y Argentina. Estamos hablando de los países con mayores tasas de femicidios cada 100 mil habitantes en AL. Además, cuando miramos las edades de las víctimas de femicidio en la región, los datos recopilados en 18 países de nuestra América Latina muestran que si bien la violencia femicida se expresa con mayor intensidad durante las edades reproductivas de las mujeres, es decir, las edades en que las mujeres tienen hijos e hijas, en realidad esta violencia está presente durante todo el ciclo de vida de las mujeres.

De hecho, el número absoluto de casos más altos corresponde al tramo de edad entre 30 y 44 años, luego la siguen las adolescentes y las mujeres jóvenes entre 15 y 29 años. Aquí tenemos un impacto mayor de este tipo de violencia.

También hay un informe de ONU Mujeres que analiza 13 países desde la situación de pandemia, plantea por medio de una encuesta realizada que dos de cada tres mujeres padecieron alguna forma de violencia o conocían una mujer que había padecido violencia durante la pandemia.

Es un dato que nos tiene que llamar profundamente a la reflexión. En los 13 países de todo el mundo, hay dos que son de América Latina: Colombia y Paraguay. Insisto: Dos tercios de las mujeres declaran padecer o conocer alguna mujer que padece estas formas de violencia.

El femicidio es la expresión más extrema, brutal e irreversible de las desigualdades que afectan los derechos humanos de las mujeres, pero sabemos bien que no es la única.

Durante la pandemia esta violencia contra las mujeres aumentó, incluso algunas de las medidas que se tomaron a inicio de la pandemia fueron completamente ciegas al género y a la violencia de género.

Porque las cuarentenas y los confinamientos para muchas mujeres se convirtieron en una trampa mortal encerradas con sus agresores y nos llevó a un aumento significativo de la violencia hacia las mujeres.

Tenemos algunos datos para América Latina durante el periodo de la pandemia: el 51% de las mujeres encuestadas en República Dominicana, el 44% de las mujeres encuestadas en Uruguay y el 41% de las mujeres encuestadas en México, declararon haber sufrido violencia sexual o violencia física en estos momentos de pandemia.

Entonces, creemos que debemos rápidamente seguir trabajando con políticas públicas que permitan superar esta pandemia que no es ocasional u ocasionada por un virus, sino que es una pandemia permanente de violencia hacia las mujeres. Esta temática de género siempre está presente en nuestras columnas.

-Pensaba la dificultad que estas temáticas sean tratadas de manera acertada en los medios de comunicación… La cantidad de veces que en muchos lugares vemos justificaciones de las situaciones de violencia contra las mujeres armando un circuito de cierta complicidad.

Absolutamente. Se ha trabajado mucho a nivel regional con los medios de comunicación para sensibilizar en torno a este tema, cómo se presentan las noticias, a no revictimizar y no invertir la carga de la prueba en los casos de violencia hacia las mujeres, pero queda mucho por recorrer. Porque lo más común aún sigue siendo el tratamiento en el sentido que tú lo mencionas.

Desde CLACSO estamos apostando también a trabajar en torno a este tema en todas nuestras áreas: en investigación, formación, conformaciones específicas en torno a la violencia de género y en acuerdos con organismos internacionales como la CEPAL sobre cómo medir la violencia hacia las mujeres o la violencia basada en género.

Es un tema en el que se ha avanzado pero queda mucho camino por recorrer.

Violencia de género y desigualdad

  • Hace escasos días saltaba a primera plana la noticia de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo en el que había una condena a dos personas por unos mismos hechos: una pelea entre una pareja (mujer y hombre), condenando de manera distinta a cada uno de ellos.
  • Hoy venimos a hacer un análisis de esta resolución.
  • De entrada, hemos de decir que, ajustándonos tanto a la ley como a la tendencia doctrinal de nuestro ordenamiento jurídico, cualquier agresión de un hombre a una mujer en la relación de pareja o expareja es un hecho constitutivo de violencia de género.

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Se entiende que los actos de violencia que ejerce el hombre sobre la mujer con ocasión de una relación afectiva de pareja constituyen actos de poder y superioridad frente a ella con independencia de cuál sea la motivación o la intencionalidad; por lo tanto, no es necesario acreditar una específica intención machista debido a que cuando el hombre agrede a la mujer ya es por sí mismo un acto de violencia de género con connotaciones de poder y machismo. Una definición amplia y completa que recoge el TS en su amplia doctrina sobre el tema.

Ahora bien, ¿qué pasaría si durante una discusión la mujer da un puñetazo a su pareja y él le da un tortazo?

Ciertamente, se han recogido estos hechos en la Sentencia del Tribunal Supremo nº 677/2018, de 20 de diciembre.

Comentemos brevemente esa sentencia.

El Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº2 de Zaragoza dictó sentencia en los siguientes términos: “Que debo absolver a Pablo Jesús y Palmira de los delitos de maltrato, previstos y penados en el artículo 153 pº 1 y en el artículo 153.2 del C.P. por los que se les acusaba”. Hay que destacar que no hubo parte de lesiones y ninguno fue a denunciar los hechos.

El Ministerio Fiscal interpuso recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Zaragoza, confirmando ésta la sentencia dictada en primera instancia. Sin abandonar el Ministerio Fiscal la causa, interpuso recurso de casación por infracción de ley (indebida inaplicación de los arts. 153.

1º y 153.2º del Código Penal) ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que casa la sentencia argumentando que no hay base legal para absolver porque sí que hay agresión mutua, aunque no existieran lesiones; esa conducta estaría tipificada en el art. 153 apartados 1 y 2.

A Pablo Jesús se le condena como autor de un delito del art. 153.

1º del Código penal con una pena de 6 meses de prisión, inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, privación del derecho a tenencia y porte de armas por tiempo de 1 año y un día y a la prohibición de aproximación a menos de 200 metros de Palmira, de su domicilio, lugar de trabajo y cualquiera frecuentado por ella y de comunicación por cualquier medio respecto del mismo por tiempo de un año y seis meses, adaptándose por las partes las medidas oportunas para su cumplimiento indisponible y costas.

A Palmira se la condena como autora de un delito del art. 153.2 del Código Penal la pena de 3 meses de prisión, más las penas accesorias que son las mismas que a Pablo Jesús.

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Podemos observar que por los mismos hechos a Pablo Jesús se le condena a una pena de 6 meses de prisión y a Palmira a 3 meses de prisión; ¿estamos ante un fallo ajustado a derecho? Es una cuestión en absoluto baladí y que hay que analizar detenidamente.

Los Magistrados del Tribunal Supremo tomaron una decisión, pero no todos estuvieron de acuerdo a la hora de dictar sentencia, por ello, la misma contiene un voto particular formulado por uno de los Magistrados, al que se adhieren otros dos Magistrados y una Magistrada.

El voto particular viene a explicar que, no toda violencia física en el seno de la pareja, debe considerarse necesaria y automáticamente como violencia de género recogida en el art. 153.1 del Código Penal.

Solo debe de aplicarse cuando el hecho sea “manifestación de la discriminación, de la situación de desigualdad y de las relaciones de poder del hombre sobre la mujer…”, es decir, cuando la conducta del varón no sea la de colocar a la mujer en un rol de inferioridad y subordinación en la relación y quebrar así el derecho a la igualdad, a la libertad y al respeto debido como ser humano en sus relaciones sentimentales.

Este voto particular lo que pretende es evitar extender el trato desigual al varón y a la mujer de una forma excesiva y automática. En esta sentencia aparece un trato desigual, por lo tanto, argumenta este Magistrado, que desde la perspectiva del art.

14 de la Constitución, se estaría yendo en contra el principio de igualdad ante la ley.

Además, afirma que no es discutible el nivel de preocupación que origina la violencia de género, y que por ello el legislador está acordando medidas de protección o disuasorias, entre ellas las de carácter penal, pero que hay que estar al caso concreto.

Ahora bien, nosotros pensamos que la sentencia se ha dictado aplicando los artículos correspondientes a los hechos concretos, por lo tanto, la sentencia se ajusta a Derecho; dicho esto, queremos que nuestros lectores se lleven a equívoco ni que nos posicionen en un bando o en otro, nada más lejos de la realidad.

A lo que nos referimos es que, como se podría decir coloquialmente, uno pelea con las armas que tiene a su disposición, y en este caso existe una ley (el Código Penal) que crea esta serie de problemáticas por no estar correctamente formulada.

Todo ello implica que, de nuevo, la sentencia se ha dictado de acuerdo a lo que la ley vigente establece.

Obviamente, desde un punto de vista lógico no tiene sentido que a unos mismos hechos delictivos se les aplique una pena distinta por el hecho de ser hombre o mujer, fundamentalmente porque en ningún momento hay superioridad por parte del hombre. Ya que de ser así, como ha ocurrido en este caso, estaríamos ante un claro supuesto de discriminación y desigualdad.

  1. Creemos que desde un punto de vista práctico, la mejor solución no es enfrentar posturas en los Tribunales españoles, y mucho menos dentro de los Magistrados del Tribunal Supremo porque crearía una inseguridad jurídica difícil de solventar.
  2. Una solución (de tantas posibles) sería añadir un artículo en el Código Penal que recoja un tipo penal donde podamos encajar una discusión de pareja en la que se produzcan agresiones recíprocas leves, con ello se respetaría el principio de igualdad y el de proporcionalidad; evitaríamos recursos innecesarios que lo único que hacen es alargar procedimientos, pasar el asunto de un Tribunal a otro sin que ninguno sepa bien cómo resolver.
  3. La polémica está servida.

Violencia y desigualdad de género en la ruta del bicentenario ~ Promsex

En 1822 el general don José de San Martín, a través de un decreto, señaló que el sexo femenino, había sido tratado con negligencia por el gobierno español, pero fue Simón Bolívar en 1825, el que estableció el primer colegio de educandas en el Cusco y el Gineceo de Lima, aunque sin presupuesto. Ad portas del bicentenario, las deudas con las mujeres persisten. Esta vez no se trata del conquistador, la deudora principal es la república.

Este 28 de julio, una vez más el presidente de la república se ha referido al drama de la violencia que enfrentamos millones de mujeres peruanas, donde un 57% entre los 15 y 49 años declara sufrir violencia a manos de su esposo o compañero, alguna vez en su vida; y el 38.

3% lo ha sufrido en los últimos doce meses.

Destaca la violencia psicológica y/o verbal (52,8%); la violencia física (29,5%), y finalmente, la violencia sexual (7,1%), que es un acto de coacción hacia una mujer para que realice actos sexuales que ella no aprueba u obligarla a tener relaciones sexuales (ENDES, 2019).

Ha dicho que creará 20 Centros de Emergencia Mujer Comisaría (CEM), con lo cual alcanzaría los 416 a nivel nacional. Eso está muy bien, pero la lucha contra la violencia hacia las mujeres no puede quedar circunscrita a la atención. Servicios como los CEM son necesarios, pero nunca serán suficientes.

No sirve de mucho implementar servicios para atender a las víctimas, cuando el mundo en el que transcurre la vida nos adoctrina para la subvaloración y subordinación en la que vivimos las mujeres y los sujetos femeninos, en una sociedad con altos índices de tolerancia social hacia estas violencias.

En el 2019, un 52,7% de mujeres y hombres peruanos están de acuerdo con la afirmación que una “mujer debe cumplir su rol de madre y esposa, después sus sueños”, un 34,9% con que “la mujer no puede tomar decisiones sin el permiso de su esposo o pareja”, y un 20,4% con que “aunque haya maltrato, una mujer siempre debe estar con su esposo o pareja”, entre otras más que alimentan el índice de tolerancia social de violencia contra la mujer hasta alcanzar el 58,9% y, que lejos de disminuir aumenta (ENARES, 2019).

Índice de tolerancia social con relación a la violencia contra la mujer

2013   2015 2019 (*)
Tolerancia hacia la violencia contra las mujeres 52,1% 54,8% 58,9%

Fuente: ENARES 2013-2015-2019, INEI.
(*) El cálculo de los Indicadores para 2019 ha variado, por modificaciones metodológicas, no son estrictamente comparables.

Un estudio transversal que recoge información sobre tasas de feminicidio por cada 100,000 mujeres de 14 países de América latina encontró que, cuanto mayor es la participación de las mujeres en el parlamento nacional y en la fuerza laboral generando sus ingresos, es significativamente previsible que la tasa de feminicidio disminuya (Saccomano, 2017). Es decir, que contrariamente a lo que viene ocurriendo en el Perú, a medida que las normas tradicionales de género que propician y toleran la violencia se vuelven más igualitarias, la violencia de género también disminuirá.

Se parte del supuesto que las sociedades con mayores niveles de desigualdad o brechas de género son terreno fértil para que prospere la violencia contra las mujeres, en tanto que estas carecen de poder como sujetos autónomos y grupo social.

Cuando las mujeres realizan trabajo remunerado observarán que hay una brecha salarial respecto a sus pares varones, que no es que estén bien pagados, pero nosotras estamos peor; ubicadas mayormente en el sector informal o de servicios donde campea la precariedad laboral y la cultura del emprendedurismo que normaliza las desigualdades sociales y responsabiliza individualmente por los fracasos, a la que se suman largas jornadas de trabajo doméstico no remunerado fundamental para la reproducción económica y el bienestar de toda la sociedad.

Son ellas quienes ocupan territorios y viviendas precarias, esas que el huayco se lleva un año sí y otro también, y que no podrán formalizar así COFOPRI entregue un millón de títulos; si se movilizan en transporte público serán acosadas y sus cuerpos tocados, no una, sino muchas veces; si conducen un auto, un concierto de voces y bocinas las mandarán a la cocina; si eres niña y lograste ir a la escuela es altamente probable que interrumpas tu trayectoria educativa por un embarazo precoz o forzado, producto de una violación sexual y la falta de acceso a la anticoncepción oral de emergencia o a un aborto terapéutico; pero si tienes condiciones de líder, eso es lo más peligroso, tu maestra llamará a tus padres y les dirá  “es una niña problemática, hay que moderarla o le irá mal en la vida”.

Desigualdades y deudas históricas que la pandemia ha hecho más evidentes y que, al igual que la anunciada reactivación económica, ya sea con Arranca Perú o con Trabaja Perú, no alcanzarán a las mujeres, pues las obras de construcción y mantenimiento de vías nacionales y vecinales casi no emplean mano de obra femenina, salvo para las paletitas del “pare” y “siga”; así como los anuncios de las políticas públicas que legará, pero sin implementar lo que ya se aprobó para la igualdad de género y urge, como el Sistema Nacional de Cuidados y la redefinición de la división sexual del trabajo. Y aunque el presidente hable de saldar las deudas históricas con miles de peruanos, esta no la ve.

Artículo publicado originalmente en la Revista Ideele el 04.08.2020.

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